Gregory Bateson: un pensamiento complejo para pensar la complejidad

Para Bateson, la comunicación está determinada por el contexto en el que se produce. Toda comunicación, viene a decir, exige un contexto, porque sin contexto no hay significado, no hay valor diferencial que genere información (la información es una diferencia que hace la diferencia…). Bateson recrea una visión sistémica e interdisciplinar de los procesos comunicativos. La ‘metacomunicación’ o el ‘metamensaje’ es la evolvente del conocimiento que da sentido, contextualiza, clasifica la comunicación o el mensaje; incluso, crea vínculos o estructuras de diálogo con otros ambientes o contextos. Bateson concibe los procesos comunicacionales con un carácter circular y evolutivo, donde el feedback tiene una importancia decisiva.
Fundador en 1956 del Grupo de Palo Alto, California, donde se realizan importantes investigaciones sobre la Teoría de Sistemas aplicada al estudio de la familia.

En su propia definición, él se interesa en la historia natural de las ideas o -dirá mas tarde, en la ecología de la mente.

.Gregory Bateson busca sentar las bases para poder construir –complejamente- un modo reflexivo tal, que pueda dar cuenta de las complejidades que configuran el proceso de aquello que llamamos pensar, reflexionar, idear, etc., busca dar cuenta de cómo se configuran esos procesos mentales que suponemos “superiores” y sólo exclusivos del homo sapiens: nuestra consciencia “superior”, autoconsciencia, consciencia autobiográfica Al mismo tiempo él busca poner en evidencia que la acción de (auto-meta)reflexión que nos lleva a pensar sobre nuestro pensamiento (la conciencia superior), pese a la estética y a la simplicidad aparente -tanto del acto realizado como del “objeto” que observamos con dicha acción (auto-meta)reflexiva- no es un asunto simple . Para Bateson la (auto-meta)reflexión sobre nuestros modos reflexivos tiene profundas consecuencias en el modo de “sentir(se) (en el) mundo”.

¿Qué es una idea?; ¿Cómo se (con)forman las ideas de lo que nuestras ideas son?; ¿Qué vínculos nos unen a ellas?…

Busca con la (auto-meta)reflexión, complejizar aún más lo que ya es, bastante complejo. Ése es el asunto central y ésa será la “obsesión” que recorrerá toda su obra: complejizar la complejidad.

Para Bateson aquello que llamamos (y aceptamos como) “realidad” no es algo tan simple como para decir que esa “realidad” se “proyecta” o se “representa” en nuestras mentes. Las “ideas”, entendidas como reflejos internos de una “realidad” entendida como un mundo externo a nosotros, no le satisface en absoluto.

Para él, dicha “realidad”, no es sino una red muy compleja de relaciones, procesos, y también extrañas y paradojales interconexiones de diferentes planos, niveles y componentes, entre los cuales , nosotros estamos también comprendidos. Definitivamente nuestra “mente” no es un “espejo” en el cual se refleje un mundo exterior independiente a nosotros mismos, en Bateson la “realidad” es algo bastante más “denso” que algo así como un “objeto extendido” allí afuera de nosotros .Y asumir ello -de un modo profundo y experiencial , no puede tener sino consecuencias radicales en el modo de “sentir(nos) en el mundo”.

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“UN VASO NUNCA ES UN VASO”

Un vaso es un recipiente, es lo que contiene. Es un vaso de Whisky, canchero, ancho, chancho, con hielo, tintineante. Es un vaso de vino alcohólico, sobre la mesa de un barde cuarta, mástil del que se aferra un borracho tempestuoso. Es un vasito de caña, de ginebra, un Glup ardiente. Es un vaso de agua para reponernos de algo. Se dice: con agua. Pero es de agua. Es el agua que tiene y es también lo que no tiene. Es un vaso vacío: una cosa que espera la oportunidad de ser colmada, de servir, de tener sentido.

Es un vaso vacío en algún otro lado, que exige ser puesto en su lugar correspondiente.

O es un vaso con otros vasos esperando que lleguen visitas.

Un vaso es el lugar en el que está, por ejemplo, la alfombra, volcado, adormecido por los efectos de la fiesta. También es un edecán parado sobre la mesita de luz, junto el enfermo. Y en el baño es un farmacéutico. Y tirado al aire libre es una barbaridad de gente desaprensiva con el cuidado de los espacios públicos.

A veces, un vaso es un recuerdo de otros vasos, de otro juego. Un sobreviviente jubilado, clase pasiva en el viejo aparador o ex combatiente destinado a cumplir misiones sin prestigio.

Un vaso es el vaso que cada uno imagina, que es mucho más que un vaso. Es un vasito descartable, muy descartable de color resignado. Es un vaso alto transpirando frescura publicitaria de deseos paradisíacos.

Es un colorido gorrito de cumpleaños infantil, gorrito dado vuelta. Es un vaso irrompible, seguro alarde de la practicidad tecnológica, hasta que se rompe volviéndose una sorpresa.

Un vaso es una lente que nos permite ver las cosas más deformadas, haciéndonos creer que después las vemos tal cual son y no tal cual las vemos simplemente. Un vaso es un frío. Con el borde cascado un peligro, una incitación al suicidio.

También es una boca que aguarda el beso de otras bocas. Es una copa estirada que se siente de otra clase. Es una taza que pertenece a otro mundo. Es un balde para el caballo. Es una prueba de circo angustiante en las manitos de un nene. Es el cristal que lo hace fino o el plástico que lo abarata. Es un conjunto de moléculas unido por una minuciosidad olvidada, una pieza arqueológica que cuenta su versión de una cultura, otra estructura superada por el uso, otra industria de la repetición, una fuente de recursos que permite comprar cosas para poner adentro de otros vasos, una necesidad que vimos en oferta acá la vuelta, un delicado problema de embalaje, un medidor de torpeza en el lavado, un regalo de bodas, acaso un infinito que holgadamente nos supera.

Un vaso nunca es un vaso. Es la palabra vaso, sus letras, su sonido. Es una voz que dijo “vaso”, alguna vez… y lo sigue diciendo en cada vaso. Hasta puede ser la prueba de cuantas personas se reunieron allí, esa fatídica noche. O nada ¿vaso? ¿Qué vaso?

Un vaso nunca es un vaso. Y esto se puede comprobar haciendo el intento de encontrarse con exactamente un vaso y nada más que un vaso.

Tampoco será un vaso será un misterio.

 

Por Carlos Abrebaya

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“Los niños de hoy están enfermos de soledad” según Tonucci

Si existiera el título de niñólogo, Francesco Tonucci sería el gran pope de tal especialidad. Experto como pocos en escuchar las opiniones y necesidades de los chicos, fue el ideólogo de Ciudad de los Niños, proyecto nacido en su Roma natal en 1991 y que hoy se lleva a cabo en varias ciudades del mundo, entre ellas Buenos Aires, Rosario y Córdoba. “Los niños ven cosas que nosotros no vemos –asegura–. Los adultos están acostumbrados a gobernar teniendo en cuenta sus propias necesidades. El niño es capaz de entender las necesidades de todos. Si una ciudad se ajusta a las necesidades de los niños, es seguramente una ciudad mejor para todos.”

–¿Cuáles son los mayores males que aquejan a nuestros niños?
–Considero que la soledad es una gran enfermedad de los niños que viven en la ciudad. Nuestros hijos están solos porque suelen ser hijos únicos; están solos porque no pueden salir de casa y encontrarse con sus amigos; están solos porque no tienen tiempos ni espacios propios.
–¿Cuál sería la solución al mal de la soledad?
–Las soluciones que sugiere nuestra sociedad consumista son las de la protección dentro de una casa-fortaleza y un automóvil y la de comprar más (videojuegos, televisión, juguetes). Pero los niños no necesitan defensa ni juguetes, sino una ciudad que sepa acogerlos y unos padres que favorezcan su autonomía.
–Hablemos primero de los padres.
–En estas últimas décadas, parece que ha cambiado la interpretación del papel del padre. Antes estaba claro que un buen padre era aquel que favorecía a toda costa la autonomía de su hijo para volverlo cada día más capaz de afrontar las dificultades exteriores a la familia. Los chicos podían salir a la vereda para encontrarse con amigos. La calle, la plaza, el jardín, el barrio, la ciudad, el mundo. Este es el recorrido para crecer. Por eso se mandaba a los niños a jugar afuera, a la parroquia, con los scout para salir de campamentos. Hoy parece que un buen padre, en cambio, es aquel que sabe cuidar y proteger a su hijo exponiéndolo lo menos posible a los peligros.

–Se dice que los niños de hoy no se adaptan a la disciplina ni a las reglas.
–Las reglas… si tienen siempre a un adulto al lado, ¿por qué deberían desarrollar reglas? Si me acompaña a la escuela mi mamá, a mí no me toca preocuparme del tiempo. Si llego tarde, la culpa es de mamá. Los niños que van a la escuela solos son más puntuales. Se preparan solos y asumen responsabilidad. El niño es capaz de olvidarse de comer para no dejar un juego que lo apasiona. Es capaz de sufrir para jugar. Por lo cual si los adultos enseñamos a los niños a interesarse en algo, ellos asumen responsabilidades y elaboran reglas, conductas. Al contrario cuando los manejamos como paquetes, se vuelven tontos.

http://www.revistanueva.com.ar/numeros/00740/nota03/

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La familia y la escuela

La sociedad ha sufrido una evolución en los últimos tiempos que ha repercutido de forma directa en la familia y la escuela. Tanto es así que uno de los temas más destacados respecto a la educación en estos días es la colaboración entre ambas.

El papel de la familia ha ido evolucionando con la incorporación de la mujer al mundo laboral y con otros cambios de diversa índole, sobre todo política y económica. Esta ha pasado de ser la encargada única y exclusiva de la formación de los hijos e hijas, a delegar en la escuela parte de esta tarea. Estos cambios de la sociedad actual son rápidos y profundos. La complejidad, cada vez mayor, demanda una nueva visión educadora de la familia y la escuela, lo que exige su compromiso para trabajar unidas en un proyecto común. La familia como primer ámbito educativo necesita reflexionar sobre sus pautas educativas y tomar conciencia de su papel en la educación de sus hijos e hijas. La realidad actual se le escapa, y esto repercute en la vida del niño y la niña, lo cual conlleva a su vez problemas escolares y familiares que surgen a diario: desinterés, falta de motivación, dependencia, bajo rendimiento, fracaso escolar, violencia, etc., y no se pueden achacar a la sociedad en abstracto, a la familia, a la escuela o al alumnado, de manera independiente, sino que la interacción de todos ellos es la que propicia esta situación. La participación de los padres en la vida escolar parece tener repercusiones tales como:

  • Una mayor autoestima de los niños y niñas.
  • Un mejor rendimiento escolar.
  • Mejores relaciones padres/madres e hijos/hijas.
  • Actitudes más positivas de los padres y madres hacia la escuela

La escuela se sitúa en el segundo espacio, de vital importancia, en la vida de los niños y niñas. Entre sus objetivos se encuentra:

  • Fomentar la participación.
  • Cooperación.
  • Colaboración entre el alumnado.

En consecuencia, la puesta en práctica de los valores comunitarios y democráticos que se proponen en la familia y la escuela formarían parte de las experiencias y vivencias del alumnado, desde los dos ámbitos en los que interactúa cada día, configurando su identidad y autoconcepto. La educación no se puede fragmentar, y la familia y escuela son entidades paralelas y complementarias en este proceso, por ello la educación no tendrá éxito si no hay coherencia y comunicación en los dos ámbitos.

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¿La familia está disociada de la escuela?

Hoy en día nos encontramos con varios modelos de familias que se distancian mucho de aquél estereotipo: mamá, papá, hijo ehija.

La familia  cambió internmente a la vez se transformaron las relaciones que tenían con las otras instituciones.

La familia depositaba en la escuela, la segunda institución socializadora, la resignificación y ampliación de los valores y conocimientos validados y legitimados por la sociedad.

En estos tiempos se observa a la familia disociada de la escuela.

Encuentró una gran pregunta para nuestros tiempos es: ¿Cómo se recupera en la actualidad la integración anterior que había en la escuela y la familia?

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NEGACIÓN, RESIGNACIÓN Y DESAPEGO

Durante toda nuestra vida sufrimos, recorremos y pasamos por duelos. Todo duelo implica tres estadios o períodos en donde del tiempo no se puede hacer una única referencia. Estos son NEGACIÓN, RESIGNACIÓN Y DESAPEGO.

Cada momento tan particular y peculiar en cada persona, e inclusive algunas veces imposible de transcurrir.
Nos referimos a la pérdida de una persona únicamente, sino puede ser por las transformaciones corporales de nuestro cuerpo cuando somos adolescentes, el fin de un noviazgo, el desempleo, o una gran desilusión. Es decir una pérdida muy grande y de gran importancia para nosotros de un objeto personal.

El primer período, la negación, es donde no reconocemos el duelo y esquivamos ese gran problema. El segundo, es “darse cuenta” que ya no se puede recuperar aquello perdido, sin embargo aún lo necesitamos para reconfortarnos. Y por último, el desapego, o sea cuando reconocemos que podemos seguir viviendo con ello a lo que estabamos acostumbrados o con aquello que sentiamos como propio.

En la actualidad estos tres procesos pasan de largo porque la inmediatez hace que nos repongamos rápidamente. De alguna manera perdimos la manera de hacer “nuestros propios duelos” y eso no nos hace más fuertes, porque sin ellos es difícil seguir adelante.

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¿Nuestra sociedad separa el cuerpo del amor y la ternura?

¿Qué hace la sociedad con nuestros cuerpos? ¿Por qué la sociedad tiene interés en invertir sobre nuestras energías “reprimiéndolas”?, estas son algunos interrogantes que se plantea Reich.

Por eso plantea la importancia que tiene el cuerpo en la vida psicológica; como la sociedad nos afecta tanto corporal como psíquicamente; y la disociación entre sexualidad- amor-ternura que conduce a extremos como los matrimonios sin amor por razones tales como las economías o materiales o la presión social.

Entonces, Reich retoma el concepto de Freud “la madurez”, que es la capacidad de amor y trabajar creativamente.

Según él la sociedad obtura tales capacidades, instituye el matrimonio y a la vez lo margina, no favorece el amor, lo excluye incluso al igual que a la ternura de las relaciones en general, llegando al extremo del matrimonio compulsivo o peor aún forzado.

La dinámica social que opera en forma disociativa (separando cuerpo-amor-ternura) sometiendo a nuestros cuerpos a exigencias.

¿Qué ha hecho la sociedad de nosotros? y… ¿Qué hemos conformado nuestra sociedad?

¿Cuáles son los valores que resaltamos y construimos?

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posmodernidad en la educación

En la actualidad se observan varios problemas a los que los idóneos y cientistas de la educación “responsabilizan” al período posmoderno y a las transformaciones que se han venido produciendo. Lo que llevó principalmente a replantear nuevos modelos de individuo, familia, escuela, trabajo y sociedad.

“En el primer modelo, del que hablan Herrera Torres, Moisés y Leyton Gutierrez, Alma dice que: los adultos definen las metas y objetivos elementales que deben ser asimilados por los niños. Uno de los problemas que plantea este modelo es definir el paso de la tutela a la independencia, ya que al ser los adultos quienes deciden por los niños se corre el riesgo de prolongar la dependencia y la inmadurez de los mismos.”

En el modelo de la educación como enseñanza donde se apuntaba a que los docentes sólo sean transmisores de conocimiento, sin que sea su responsabilidad inculcar valores a los alumnos. “A priori, este modelo parece presentar ciertas bondades referidas sobre todo al respeto por la diversidad de la sociedad actual. Sin embargo, si este pensamiento se radicaliza, nos podría situar frente al peligro de producir toda una generación de individuos amorales, egoístas y faltos de sentido crítico.”[1]

Entonces es una sociedad posmoderna que origina neuróticos adultos, que responsabilizan todos sus problemas a sus padres, por lo que no fueron o por cómo les ilusionaron con falsos “futuros”.

En el modelo de la educación como libre desarrollo se busca que el niño vaya descubriendo el mundo por sí mismo, elaborando sus propias ideas de los valores y de las normas sociales sin intervención de los adultos. Este modelo surgió como respuesta a la educación basada en estilos autoritarios que recibieron los padres de estos niños. Pero los efectos perniciosos de los extremos se hacen notar. Zarazaga refiere a Michaux para explicar el fracaso de este modelo según el cual la psicología de estas carencias estaría dominada por tres elementos: la debilidad del yo, la organización caprichosa y el sentimiento de inseguridad. El resultado más común de los que son educados bajo este modelo es el siguiente: niños caprichosos, egoístas, rebeldes y con escasa capacidad crítica.

El último modelo, el de la educación como iniciación plantea la necesidad de educar a los alumnos a vivir su vida con responsabilidad, basada en normas y valores propios que en muchos casos son compartidos. Aquí se plantea el dilema de cómo enfocar la intervención del adulto sin que ésta suponga la imposición de sus valores.”[2]



[1] Herrera Torres, Moisés y Leyton Gutierrez, Alma E. (Coords.) (2004). Tradición y valores en la posmodernidad: Los nuevos retos de la educación. México: ITESM-CREFAL.

[2] Op.cit

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¿Qué nos pasa del otro lado…

¿Qué sabemos de educación? Y ¿Qué nos falta por aprender?

Hoy repasando mi bigrafía escolar, me di cuenta que sabemos un montón de educación porque la vivimos en carne propia. Pero nadie nos enseño a observar nuestro proceso educativo desde otra mirada que no sea la del alumno.

Si hacemos memoria nos damos cuenta que siempre nos dieron indicios de la realidad educativa desde otra óptica, pero no lo supimos ver, ahora con unos cuantos años más nos damos cuenta que no todo era pizarrón y tiza, sino que existían problemas, crisis y otras cuestiones. ¿Qué debemos hacer para mirar un poco más profundo y observar que nada ha cambiado, que los problemas siguen existiendo o que se han agravado, o que por nuevas leyes la “escuela” se ha tenido que hacer cargo de los problemas de otras instituciones?

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“INTERROGANTES QUE NOS LLEVA A PENSAR CÓMO Y DÓNDE ENSEÑAMOS”

Nuevos planteos se presentan ante la crisis educativa, o ante lo que llama Jaime Etcheverry “La tragedia educativa”, pero es realmente una tragedia… y si es una tragedia: ¿Qué hemos hecho como actores participes de la educación? ¿Hay salidas? ¿Es realmente una tragedia educativa, sin salidas positivas? ¿No existe más que la salida anunciada? ¿Qué otros planteos se pueden hacer a la educación? estas y más preguntas nos hacemos aquellos que pensamos en la educación como una herramienta para la vida…para desmenuzar y entender mejor la realidad y el presente que se nos impone.

Lo bueno es que nos estamos planteando estos interrogantes… pero sería mejor si comenzamos a buscar altenativas para pensar una educación “para todos”, así sea como dijo Sarmiento, “eduquenlos, sino es por caridad, al menos eduquenlos por miedo”, porque es la sociedad la que se está formando en las aulas, y no es una “guardería”.

Enseñemos a aprender a aprender, en un mundo que se transforma, aaprender a hacer donde tenemos que trabajar, pero principalmente enseñemos al placer, al esfuerzo de lo que significa aprender.

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