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Mujer y lienzo,ambos bellos

A la derecha, la foto de Lizzie Miller que ha llamado la atención del mundo porque se puede apreciar claramente un pequeño michelín(publicada en una revista del corazón)…A la izquierda un lienzo “Desnudo con toalla” de Rafael Ramírez, mostrando una mujer también bella…

OPINIÓN / Debe haber un cambio en nuestra sociedad de consumo, y reconocer, de una vez por todas, que Lizzie es una modelo normal
No es en absoluto parecida a esas otras modelos que aparecen en ‘pasarelas’ y revistas del ‘corazón’, y que se miran delgadas como palos de la luz eléctrica. Y es que la belleza no está en los huesos precisamente, sino en las naturales curvas hermosas que bordean el cuerpo humano de cualesquiera mujer. Lizzie es una de las muchas mujeres creadas por Dios, el Dios de todas las religiones.

Ésta es la belleza serena de una mujer joven, que mañana será mayor (es y será siempre Lizzie Miller). Con sus muchas luces y sus muchas sombras ocultas, que son maravillosas en la intimidad del amor pasional del ser humano. Cuando un hombre posee lo que siempre anheló, y una mujer entrega lo que ella es capaz de transmitir, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar rotundamente que ambos han compartido lo más maravilloso que existe sobre la tierra: el amor (hay palabras que llenan el alma y ésta es una de ellas), y en el amplio sentido de la palabra. ¡Felices ellos!

Y es que el amor es algo maravilloso, que merece ser vivido una y mil veces. Se puede vivir con pocos alimentos, se puede vivir con pocos amigos, se puede vivir con enfermedades crónicas, se puede vivir contemplando los horrores de la guerra, etc. Mas nunca jamás sin amor (hasta los pobres ‘perros callejeros’ necesitan unas migajas de amor).

“No es en absoluto parecida a esas otras modelos que aparecen en ‘pasarelas’ y revistas del ‘corazón’, y que se miran delgadas como palos de la luz eléctrica”

Ella es Lizzie Miller: su ‘antes’ no nos importa, su ‘después’ ha de venir. Lo importante es el ‘aquí y ahora’. La belleza serena de una mujer joven es la que estamos contemplando ‘aquí y ahora’. Contemplamos lo que ella quiso mostrar al mundo: su belleza natural -sin maquillajes ni operaciones-, como Dios la trajo al mundo. Saber qué ha hecho o quién ha sido será prudente conocerlo el día que haya de escribirse su biografía, sus memorias. Ahora es (mañana Dios dirá) Lizzie Miller, una modelo con cuerpo real y presente, que posó para la revista Glamour: ni más ni menos, ni menos ni más.

Este desnudo casto y hermoso, que lo es, de Lizzie Miller, me ha recordado un sueño que tuve (porque todos soñamos alguna vez), y que me desveló lo que puede ser la belleza desnuda de una mujer: “Desnudo femenino… belleza de mujer; posturas no escogidas que ojo quiso ver, y sólo vio belleza, desnudo de mujer; y sólo silueta… ciega niebla…, y se fue. Quizá un sueño tuve, soñé…, ¡ya no lo sé! Desnudo femenino…belleza de mujer”.

Desde luego, y a la vista de lo oído, uno se pregunta que quién no ha soñado alguna vez en la vida. Todos y cada uno de nosotros. Sueños libres, sueños muertos, sueños tenebrosos, sueños…, sí, simplemente sueños. “Porque vivir quiere decir soñar”. Todos, y cuando jóvenes, deberíamos haber asistido a una escuela para cultivar el amor dentro del matrimonio, donde la asignatura principal hubiese sido este aludido ‘amor’. Puesto que el amor es y son vivencias, experiencias, sentimientos, imaginaciones, cierta pequeña enfermedad de nuestro intelecto. Y soñamos, porque vivimos.

Mas lo que no muestra, y a entender no da, Lizzie Miller, es a esas modelos de pasarelas, que parecen seres muertos, trasplantados de otros mundos y que intento expresar en pocas palabras: “Muestra eres, semblante muerto… Con enlutados senos traslucidos y transparentes, amparados con ese jersey negro petróleo –de arpillera… y de rotos–, ajustado allá más del medio cuerpo. Muévete y muestra indiferencia con el rostro blanco de la muerte. Verás ávidos los ojos buscando fresca y joven carne, buscando común tu envoltura, buscando tu cuerpo a corazón abierto. Serán ellas fáciles presas, bolsillos huecos de tu riqueza. Al infinito olvidas la mirada, y un potente foco iluminado, ese jersey negro petróleo –de arpillera…y de rotos–, marcará para siempre tus pechos pezones rotos… ¡Lo conseguiste!: Eres modelo”.

“Ahora es Lizzie Miller, una modelo con cuerpo real y presente, que posó para la revista Glamour: ni más ni menos, ni menos ni más”

Y es que Lizzie Miller, la que contemplan mis ojos, es pasión hecha mujer. Es cuerpo hermoso, es cuerpo deseado, es cuerpo al desnudo sin enseñar nada prohibido, pero con el que todos soñamos siempre: ‘con lo prohibido’. Porque Dios lo puso para desearlo, gozarlo y respetarlo: creó la mujer a imagen y semejanza del hombre, y viceversa. Nuestra modelo en cuestión es una preciosidad, pero… hemos de dejarla en su sitio: en las portadas de las revistas. Pero es que “los sueños, sueños son”, que dijo Calderón de la Barca.

Porque es bueno hablar de pasiones, ya que se sigue muriendo de amor, muriendo de hambre, muriendo de hambre y sed de justicia… Hombres, mujeres, y para nuestra desgracia, se siguen arrojando por los acantilados próximos al mar, se siguen arrojando por los edificios en construcción próximos a sus propias viviendas, se siguen matando –poco a poco–, cuando acuden todos los fines de semana a beber mezcla de malos vinos y licores, y hasta emborracharse, consumiendo el éxtasis y ese sin número de pastillas químicas del sueño. Es siempre mucho mejor, y desde luego más saludable, el contemplar la belleza serena de una mujer: en nuestro caso particular se trata de la modelo Lizzie Miller, nada más y nada menos.

Debe haber un cambio en nuestra sociedad de consumo, y reconocer, de una vez por todas, que Lizzie es una modelo normal; en absoluto parecida a esas otras modelos que aparecen en ‘pasarelas’ y ‘revistas del corazón’, y que se miran delgadas como palos de la luz eléctrica. Y es que la belleza no está en los huesos precisamente, sino en las naturales curvas hermosas que bordean el cuerpo humano de cualesquier mujer. Lizzie es una de las muchas mujeres creadas por Dios, el Dios de todas las religiones.

Para contemplar la belleza serena de una mujer, y uno así lo entiende, no existen edades. Y me atrevo a decir más: Aquí y ahora no hay viejos, queridos amigos míos. Algunos de nosotros somos de ‘la tercera edad’, desde luego, pero nuestro deseo sexual persiste aunque ha pasado la frontera del rosa al amarillo. Es decir: de la juventud a la senectud. Así de sencillo.

No obstante, y con relación a las mujeres, Jean Amiel (diario íntimo II) dejo escrito: “La mujer quiere ser amada sin razón, sin motivo: no porque sea hermosa o buena o bien educada o graciosa o espiritual, sino porque es”. Y es que quien ama y respeta a una mujer está amando y respetando al mundo entero. No olvidemos que, si nosotros estamos pernoctando en este valle de lágrimas, se lo debemos a ellas. Detrás de un hombre hecho siempre se encuentra una mujer hecha. Dos bellezas de mujeres -de las miles que existen en este mundo de Dios-, una en ‘lienzo’ (pintura); la otra, en persona.

Mariano Cabrero es escritor

Mariano Cabrero BárcenaLa Coruña, 22 de mayo de 2011

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