La chica del dragón tatuado (2012): David Fincher recrea a la heroína del punk urgente y sacude un poco la mugre de la Suecia aristocrática

Imaginátelo. Allá por 2001, mientras por estas latitudes las cosas se prendían fuego, en las noches heladas de Estocolmo un periodista mata el insomnio escribiendo un extenso thriller policial, oscuro y efectivo, que se convierte en un éxito mundial al que él no asiste: se muere de un paro cardíaco sin ver su obra publicada. El boom de ventas apura a la maquinaria cinematográfica nórdica que despacha tres películas muy desparejas, que derrapan bajo la línea de lo pochocleable, pero sin embargo dejan una primera parte realmente buena. Recomendable. Y de golpe, sigamos imaginando un ratito más, en tu escritorio de Columbia Pictures te cae la responsabilidad de rehacer las películas sabiendo que les esperan taquillas gordas y miradas despiadadas. Entonces te preguntás: ¿cómo se encará una remake así?, ¿cómo desmarcarte del best seller literario y evadirte de aquella primera parte hecha en origen? Tirarle la responsabilidad a un tipo como David Fincher es una buena idea.
El jueves llegó a los cines “La chica del dragón tatuado” (2012), la remake made in Hollywood de “Los hombres que no amaban a las mujeres” (2009), la primera de las tres películas filmadas en base a las kilométricas novelas de la saga Millennium del sueco Stieg Larsson. Después de ver ambas versiones cinematográficas, se puede hablar de similitudes, diferencias, mejoras o desaciertos, pero cuesta entender para qué le cambiaron el título.
Dijimos ya que el capitán de la tarea reversionista es David Fincher, considerado uno de los realizadores en actividad más interesantes de los últimos años. El director de Red Social y Zodíaco resolvió el asunto de un modo convencional e hizo un recorte del libro original muy similar al que filmó el danés Niels Arden Oplev en 2009. Las diferencias hay que buscarlas en la mirada que vuelca Fincher sobre los protagonistas, en cómo decide cerrar la historia y también en cierto rescate del espíritu crítico con el que Larsson retrataba la mugre bajo la alfombra de la aristocracia sueca.
La chica del tatuaje del dragón relata la investigación del periodista Mikael Blomkvist (Daniel Craig) sobre la desaparición de una adolescente de la familia Vanger dentro de una exclusiva isla que sólo es habitada por sus parientes. Blomkvist viene de perder un juicio por calumnias con un magnate de la mafia, y decide aceptar el caso Vanger (al que es convocado por un patriarca de la familia) para alejarse e Estocolmo y descomprimir la presión sobre la revista Millennium, en la que publicó el artículo polémico. En el helado invierno de Hedestad, Blomkvist encara lo que parece un trabajo de escritorio (revisar archivos y fotos viejas hasta descular cómo la joven Harriet desapareció sin dejar rastros hace ¡¡40 años!!), aunque obviamente el entramado familiar de los Vanger va a hacer la cosa mucho más misteriosa, atractiva y peligrosa.
Nada de todo esto tendría sentido si no irrumpiese Lisbeth Salander, la heroína en estado de punk urgente que a los 23 años acumula más padecimientos que muchos en una vida entera, aunque ella (y la trama, claro) prefiera no hablar del macabro pasado que aún la aqueja. En parte, porque lo que le sucede durante la película basta para demostrar lo que es su vida (incluyendo una secuencia explícita de violación) y porque aún quedan dos partes más por delante en las que todo se irá develando. Lisbeth trabaja como investigadora privada (ilegal en las formas y en sus métodos) cuando es convocada por los Vanger para hacer un informe sobre Blomkvist. Luego el periodista tendrá acceso a este material y la buscará para que lo ayude a descular el misterio de Harriet.

En comparación con la película de 2009, Fincher sólo modificó algunas secuencias (amplió el vínculo de Lisbeth con su primer tutor, recortó toda referencia a su madre, y le dió mayor protagonismo a la hija adolescente de Blomkvist), cambió el final (haciendo que la peli resulte algo extensa) y acomodó algunos detalles para darle más solidez al thriller, a riesgo de resignar la sórdida atmósfera sueca que en el filme de Niels Arden Oplev se respiraba. Cal y arena del oficio de hacer remakes.
La mano del director se evidencia mejor en los personajes centrales. Su mayor logro es haber rescatado la coloratura de Blomkvist, al que (como lo habíamos anticipado) Daniel Craig le saca mucho más provecho que el anodino Michael Nyqvist, aún cuando tampoco se trate de una actuación descollante.
Lo de Lisbeth Salander era el gran desafío de la remake, y Rooney Mara lo resuelve bien: su criatura está a la altura de la que había compuesto Noomi Rapace y si leyeron los anteriores post sobre la saga original saben que es mucho decir. El tema es que Fincher elige abrirle un poco el caparazón y volverla una chica más sensible que puede, por ejemplo, pedirle a Blomkvist que le acaricie la espalda mientras hablan de trabajo. El vínculo entre los dos personajes es mucho más explícito, y ella termina mostrando las hilachas de una chica enamorada. La concepción que hace Fincher no es mala, aunque pisa el pasto respecto de la imagen que uno trae en la retina del personaje. A veces los directores se autoimponen la necesidad de “transformación” del personaje, cuando en todo Millennium Lisbeth lucha por cambiar el enviciado entorno que pretende controlarla, cuando no someterla.
Es probable que quienes no hayan visto las películas originales (posiblemente, una buena porción del público al que apunta la remake) queden satisfechos con esta Lisbeth. Yo prefiero la anterior. Lo escribo, y a la vez pienso que el resultado de la versión Fincher no está nada mal. Es que las aristas de un personaje tan rico y complejo, capaz que ponerse al hombro los baches de la historia original, y con el que se me hace cada vez más difícil ser objetivo, supera todas las adversidades. Dentro y fuera de la pantalla.
Por Demian Doyle
Arbol genealógico: “La chica del dragón tatuado” es la remake de “Los hombres que no amaban a las mujeres”. La trilogía de Larsson se completa con “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”. Las versiones originales de la primera y segunda parte se entrenaron en Argentina en 201o. La tercera nunca llegó a los cines.
La frase: Fincher desliza algunos trazos de la crítica a la sociedad sueca que hizo Larsson en sus libros. Durante el filme Blomkvist se entrevista con uno de los Vanger, un viejo facho que vive solo en una mansión tapiada de fotos personales con oficiales del nazismo. El viejo se queja de que ya nadie lo visita, y Blomkvist le retruca que pruebe cambiando la decoración. El tipo le dice que eso sería “hacer lo mismo que hacen ellos, esconder su pasado”. “¿Habla de su familia?”, pregunta Blomkvist. “Hablo de Suecia”, remata el viejo.
¿La misma piedra? Buena parte del desbarranco de la versión sueca de la trilogía se debió al cambio de director. En este caso, aún no está confirmado que Fincher siga al mando de la historia ni hay fecha de realización para las dos próximas partes. De seguir el bueno de David, el resultado final, casi con seguridad, superará a la original.
Trailer:









Dos buenos personajes. Dos buenas actuaciones. Motivaciones suficientes. Un conflicto que progresivamente va atrapando nuestro interés. Alta calidad de filmación y buenos recursos de técnicos. ¿Hace falta un milagro para que una pelicula no satisfaga con todo esto? Parafraseando al viejo
La alteración del tiempo es un recurso recurrente en el cine y sobran ejemplos de cómo una historia puede reestructurarse para ganar interés, engañar al espectador o esconder aquello que aún no conviene que se sepa. Aunque resulte obvio, si algo puede desarrollarse es porque el tiempo corre. Sobre esta base, y con un guión de orfebrería, Memento sorprende por la originalidad de su estructura narrativa, que ordena las secuencias en sentido inverso desde el final hasta el comienzo. La película, dirigida por Christopher Nolan, no tiene una gran historia y desnuda algunas contradicciones cuando uno vuelve a verla sin la sorpresa de la primera vez. Pero su singular atractivo la vuelve inoxidable y el desafío asumido no está sólo en desordenar el curso de las cosas sino que a la vez, mientras las hechos se desencadenan, la mente de su protagonista permanece detenida en el tiempo.
No voy a descubrir nada diciendo que el 11-S fue para la industria cinematográfica de los Estados Unidos una usina imparable de títulos que primero buscaron descubrir al “enemigo” y luego se abocaron a construirle una imagen a medida. Tampoco voy a ser original diciendo que la imposición de un enemigo con la triple I (insaciable, inescrupuloso e irracional) es un caballito de batalla de los gobiernos norteamericanos. O que también, la política del miedo necesita que ese enemigo sea tangible para que el miedo no se expanda al exceso del caos. Todo este repaso de obviedades desemboca en Traidor (2009), una película que no me pareció particularmente buena pero tampoco tan reprochable como otras de su estirpe, aunque su engañosa pretensión de thriller inteligente no escapa de los vicios propagandísticos de esta generación de cine. Incluso, de algún modo, quizás los potencie.
La primera frase de este post tendrá sentido mientras El secreto de sus ojos (2009) siga en cartel: vale la pena pagar una entrada para ver la nueva película de Campanella. Más allá del cortoplacismo, la idea vale más como concepto que como recomendación. A no confundir con aquella máxima de “es una película para ver en el cine”, porque eso la pondría en el mismo lugar que algún tanque hollywoodense plagado de efectos. Lo que tiene El secreto de sus ojos es una buena historia, que además está contada con sobriedad y que, como producto de Campanella, escapa al registro cotidiano e impregnado de sentimientos que mostró el director en las anteriores “El hijo de la novia” y “Luna de Avellaneda”. En este caso el guión tiene algo de policial y bastante de thriller, un tono oscuro y por momentos crudo, toques de comedia y romance, y por sobre todo un poker de buenos personajes y mejores actuaciones.