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El Rati Horror Show (2010): Piñeyro revuelve el avispero con un documental tan bueno como necesario

A veces la realidad funciona como una zapatilla que nos queda chica: lastima y lastima hasta formar callos que nos hacen inmunes a ella. Es duro, pero cierto. Todos los días pasan frente a nuestros ojos noticias durísimas, que sin embargo, apenas generan una indignación pasajera, que no sirve para cambiar nada. Y así, las cosas siguen.

Este comentario, que poco tiene que ver con cine, intenta funcionar como introducción de la temática de “El Rati Horror Show”, el nuevo documental/denuncia de Enrique Piñeyro, que apunta deliberadamente a traspasar los callos que nos hacen inmunes a la realidad, y volver a generar en el espectador ese sentido de indignación y sorpresa repulsiva que ciertos temas merecen.

En esta oportunidad, el director de “Fuerza Aérea S.A.” centra su documental en el episodio conocido como “La masacre de Pompeya” (enero del 2005), el cual incluyó una persecución policial que terminó con un saldo de 3 muertos, atropellados por el auto perseguido por la policía. Luego de una excelente introducción a base de un collage de la cobertura que los medios de comunicación realizaron en su momento, Piñeyro comienza a delinear la hipótesis central sobre la que versará el resto del documental: en este cuento, amigos, nada es lo que parece.

Aprovechando una mayor variedad de recursos (se puede notar un importante salto de calidad entre “Fuerza…” y este film), y bajo el infalible amparo de una investigación fulminante, el director se planta frente a la situación como un boxeador metódico que, en lugar de buscar el KO de entrada, va asestando los golpes exactos en los momentos justos para madurar de a poco lo que termina siendo una victoria por puntos indiscutida.

Cuando nuestro cine nos da el gusto de invitarnos a un evento como el estreno de películas como “El Rati Horror Show”, no hay que perder la oportunidad. Créanme, este es un film que hay que ver. No solo por la denuncia, la investigación y lo actualmente dolorosa que resulta, sino porque más allá de lo salvaje del tema central del documental, “El Rati…” sigue siendo un producto cinemátográfico, y como tal, les aseguro que no tiene fallas.

Piñeyro confirma su talento y termina configurando una película que necesitaba ser realizada y que debe ser vista. El director cumplió con su parte, ahora nos toca a nosotros.

Nicolás Doyle

Mirala si te gustó: cualquier documental de Michael Moore… este film la va en ese estilo.

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Las viudas de los jueves (2009): instantáneas de un mundo privado

Detrás de sus rejas, los countries guardan historias tan ordinarias y extraordinarias como las de cualquier barrio abierto. Pero algo las hace más relevantes, lo sean o no: son accesibles para unos pocos. Si no, repasen los casos policiales en los countries y verán cómo un crimen repercute diferente según de qué lado de la barrera caiga la víctima. ¿Cuánto menos se hubiese escrito, cuánto menos hubieramos sabido de María Marta y Carrascosa si el baño del pituto fuese parte de un departamento en Caballito? Las novelas y guiones que se acercan a este mundo privado cuentan de antemano con la complicidad de ese costado fisgón que todo espectador lleva consigo: son un puente hacia situaciones ajenas para quienes vivimos de este lado del cerco perimetral.

Con diferentes propósitos, pero con el mismo fin de registrar un fenómeno nuevo en términos relativos, años atrás pasaron por la cartelera “Cara de queso” y “Una semana solos”, ambas centradas en las problemáticas de chicos y adolescentes en los barrios privados de los 80’s y 90’s respectivamente. Las viudas de los jueves (2009), en cambio, hace foco en conflictos de adultos, girando en un círculo en el que las apariencias, el dinero, la hipocresía y la muerte construyen ese escenario ficticio en el que transcurre la vida de los personajes.

“Las viudas…” es una película de estructura coral, con relaciones que se van entablando generalmente de a pares. El Tano (Pablo Echarri) y Teresa (María Celentano) son el centro neurálgico del relato, él porque es el hombre orquesta, empresario de mediana edad que maneja sus negocios desde el country, hace mucha plata comprando seguros de vida de enfermos terminales y manipula sus relaciones desde el dinero. Ella es el molde de la mujer apariencia, un ser que en su exterior vive en standby. Ronnie (Leonardo Sbaraglia) es un desocupado social (todos saben que no tiene trabajo hace tiempo) y su mujer, Maby (Gabriela Toscano) es la única trabaja para sostener a la familia: vende casas en el country. Martín (Ernesto Alterio) es un empresario en las malas, que se queda sin trabajo y no sabe cómo decirselo a su mujer Lala (Gloria Carra), posiblemente la que mejor cuadra en el papel de tilinga ABC1. Y por último, los recién llegados al country, Gustavo (Juan Diego Botto) y Carla (Juanita Viale), quienes cargan un secreto que se develará a medida que vayan entablando relación con sus nuevos vecinos.


El entrecruce de estos personajes y de los dos únicos adoslescentes de la historia (el hijo de Ronnie y la hija de Martín), irán cargando a la película en los dos costados más elaborados de la trama: el drama y la cuestión country.

En este punto, hay que detenerse un poco y comparar lo que se propone el guión de “Las viudas…” y el libro original de Claudia Piñeiro. Porque la novela sobre la que se basa el filme tiene un trama policial siempre latente: cuando empieza a desarrollarse la historia, el Tano, Gustavo y Martín aparecen muertos en una pileta. ¿Qué pasó? ¿Cómo? ¿Suicidio? ¿Asesinato? ¿Accidente? Estas incógnitas se irán develando a cuentagotas y al final llegarán todas las respuestas. Mientras, el misterio juega de fondo para cargar el mayor interés sobre la cuestión country. La película no aprovecha este anclaje policial, a tal punto que de hecho lo desmerece: el comienzo es idéntico, pero lo que pasó aquella noche alrededor de la pileta del Tano parece no importar. Y en eso, la que hace agua es la adaptación.

En otras palabras, Las viudas de los jueves es una novela menor que tiene como principales armas una redacción ágil (simple, muy capitulada y corta en sus partes), que mete las narices en un mundo que a la mayoría de los potenciales lectores le resulta inaccesible y que mantiene la intriga de la trama policial hasta el final. La peli, en cambio, se extiende demasiado en los silencios, pocas veces logra levantar ritmo y encima, pasa a valores la trama policial.

A pesar de todo esto, y de que claramente no me gustó, “Las viudas de los jueves” es una película de buena factura y que, como registro de época, es un producto válido. La apuesta por el drama en este caso es un riesgo, y aunque desde este blog auspiciamos los riesgos, el producto final no atrapa y la sobrecarga sobre la cuestión sexual me parece un desatino injustificado. Hay actuaciones destacadas (Celentanto y Sbaraglia arman dos muy buenos personajes, Echarri y Alterio cumplen y Viale sorprende en algunas escenas) y tiene ese encanto vouyerista de quien revuelve el plato ajeno. Con eso, claro, no alcanza.

Por Demian Doyle

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Música en espera (2009): cine express para pasar un buen momento

¿Dónde están las musas? ¿Quiénes son? ¿Cuál es el secreto para conseguir sus favores? Imposible saberlo. Es más sencillo acercarse por el lado de la negativa (el listado Salmón de los “no son” contempla desde mujeres ausentes hasta canciones urgentes), pero lo que sí son es una enigma absolutamente intangible. Y la búsqueda puede decantar en la desesperación.

No es difícil imaginarse a un compositor en huelga de inspiración deambular por la vida sin encontrar la chispa de la creación y que, de golpe, su musa aparezca en el lugar más insólito: la musiquita de espera del teléfono de un banco. En esa situación podemos encontrar al personaje de Ezequiel (Diego Peretti) cuando comienza la comedia argentina Música en Espera (2009): tiene dos días para componer la banda de sonido de una película y no tiene nada. Ni una nota. Pero fugazmente es alcanzado por la inspiración, mientras pasea por los internos del banco intentando en vano cancelar una entrevista con el gerente. Obviamente, para que esto dispare una película algo tiene que pasar y lo que pasa es que Paula (Natalia Oreiro, interpretando a una mujer independiente a punto de ser madre y soltera) atiende del otro lado de la línea y entonces la música de espera deja de sonar. Y así las musas desaparecen.

Música en Espera es una comedia simple, que combina enredos, toques románticos y pasajes de grotesco al estilo español (tiene algunos planos que parecen extirpados de Torrente). Cae justo en el molde del cine express para satisfacer la menos ambiciosa: corta, entretenida y livianita. En ese contexto, es efectiva y entretenida. Más allá de esa liviandad de la que hablaba, la película arma un juego que se alimenta entre el guión, sus guiños y los diálogos , encarando la idea de la creación y la copia. Ezequiel acaba de separse de un socio, que hace mucha (pero mucha) plata haciendo música para publicidades plagiando temas conocidos, al estilo de “Yo tengo fe”. El juego retroalimentado de la peli es que hay planos de cine español como les dije, algún homenaje a Hitchcock y otras “inspiraciones” ajenas que sirven para construir la historia. Ojo: no hablo de robo. Es el juego y la peli así lo propone.

Los personajes están construidos sin pretensión de que luego tengan un desarrollo que nos sorprenda y es allí donde más se notan las costuras más groseras del guión. Peretti y su personaje encajan mejor en el juego y funcionana bien en la comedia, Oreiro acompaña y Norma Aleandro (hace de la mamá de Paula, que llega de España a conocer al futuro padre de su nieto…) camina un poco la peli para darle más cartel. En definitiva, lo que propone Música en espera es un cúmulo de situaciones, varias graciosas y otras forzadas, que al final formulan un producto lindo. Esa es toda su ambición. Y en ese sentido, cumple con lo que se propone.

Por Demian Doyle

Mirala si te gustó: Déjala correr.

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