Atrapada (2011): John Carpenter para dummies

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En un género tan bastardeado y ninguneado como el terror comercial, una película como Atrapada (2011) es como esos equipos que ganan con la camiseta. Viene de la mano de un maestro como John Carpenter, probablemente el mejor generador de climas de horror vivo, que no estrenaba un largo en nuestro país desde 2002. 

Que el padre de Michael Myers vuelva a sentarse en la silla de director es anzuelo suficiente para atraer a un público cautivo del que formo parte. Y es momento de bajar las expectativas: lo que aporta este Carpenter 2011 al género es una obra clishera y previsible, aunque ciertamente efectiva. El creador de Halloween reduce su regreso a una lección de terror para dummies: una peli provista de todos los recursos clásicos del género, usados cuándo y cómo se debe, que cumple con el (mezquino) objetivo que se plantea. Como quien vuelve a marcar presencia sólo con su presencia.

Kristen (la bonita y correcta Amber Heard) llega a un hospital psiquiátrico luego de ser arrestada por prender fuego una casa. Allí comienza una convivencia forzada con otras cuatro internas y un espectro fantasmagórico que acecha por las noches. Las chicas empiezan a desaparecer, mientras Kristen es sometida a una serie de experimentos electrotortuosos con los que se la pretende curar de su presunta locura. Naftalina en HD. Los climas atrapan, aunque los personajes se hundan en su unidimensionalidad, un poco por la chatura de la historia pero también por cuestiones que la trama resuelve en un desenlace que supera a la peli en general, incluso cuando ya lo hemos visto antes.

Atrapada (The Ward, según su título original) no sorprende ni plantea un gran misterio, pero tensiona. Allí está la mano de un viejo director que es puro oficio y sabe cómo hacer 90 minutos de cinta con un pasillo solitario, cinco chicas bonitas indefensas y un monstruo atormentado en mute. Una película así le plantea al género el dilema: siendo menos de lo que se podía esperar, le saca ventaja a la media actual. 

Carpenter ya está hecho. El problema es de los otros. 

Por Demian Doyle

Mirala si te gustó: Halloween, Identidad.

Para disfrutar: los climas de Carpenter están marcados por esa pulsión musical de sintetizadores que no envejece.

Trailer:

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Medianoche en París (2011): la caprichosa belleza de un pasado imperfecto

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Obsesivo, arbitrario y caprichoso. Nada alcanza para encuadrar a Woody Allen cuando se aboca a retratar sin solución de objetividad a sus musas y abandona adrede los hilos de la trampa ante nuestros ojos. Ahora que a Scarlett Johansson le llegó el descanso (aunque en algún plano Rachel McAdams la recuerde), su embelasamiento se reposa impudoroso sobre París. Y como París es París, y Woody es Allen, el resultado es encantador. Allen se proyecta en el guionista estadounidense Gil (Owen Wilson) y se echa a andar en caminatas solitarias por esas callecitas entrañablemente parisinas, mientras su prometida Inez (McAdams) deviene en una criatura incompatible (con casi todo) y se va desentendiendo de a poco de lo que le pasa a su conflictuado futuro esposo. En esos paseos, Gil descubre que al sonar las campanadas de medianoche pasa un coche antiguo que lo transporta mágicamente a esa París de 1920 de la que él está enamorado, y en la que es posible discutir con Hemingway, salir de gira con Scott y Zelda Fitzgerald, perderse en charlas surrealistas con Dalí y Buñuel o conocer el entramado del mal de amores que aqueja a Picasso mientras pinta un cuadro pésimo que la humanidad luego sublimará. En ese mundo donde los grandes artistas son también seres conflictivos y conflictuados, desmitificados y hasta parodiables, la vida es mágica ante nuestros  ojos, pero no ante los de aquellos personajes del ‘20 que añoran el pasado mejor que representaba la Belle Epoque. Y ya no les sigo contando porque llegamos al punto en que Medianoche en París (2011) viene a decir que todo tiempo pasado no fue mejor, sino que ese espíritu de coleccionistas de cosas antiguas que habita en muchos de nosotros nos empuja a mirarlo sin el realismo impiadoso que empaña las virtudes de nuestros días. Y aunque eso se aplique a París, a Gil (que con una excepcional actuación de Owen se proyecta como un espejo en el que Allen se mira con piedad), a la Belle Epoque o al Renacimiento, Woody no recoge el guante que tira y despliega una historia viciada de magia y charme surrealista, a la que París asiste como esa musa idílica que no se despeina, ni hace reproches ni tiene mal talante. Una obra previsible y deliberadamente caprichosa que, en complicidad, se disfruta y agradece.

Por Demian Doyle

Por tres: está es la tercera película de Woody Allen que se estrena en 2011 en Argentina. En febrero llegó Que la cosa funcione y en mayo, Conocerás al hombre de tu vida.

Ahora, Roma: su próximo filme será The Bop Decameron. Se está filmando ahora en la capital italiana y se estrenará el año que viene. El elenco incluye a Penelope Cruz, Ornella Mutti, Alec Baldwin, Roberto Benigni y el mismo Allen.

Trailer:

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Blue Valentine (2011): un retrato triste, bello y desesperanzado sobre las cenizas de un amor ordinario

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Blue Valentine se proyectó por primera vez en enero de 2010, en el Sundance Festival de los Estados Unidos. Desde entonces, recorrió decenas de festivales (Bafici 2011 incluido), se estrenó en buena parte del mundo, habitó cuanto sitio de descargas existe, compitió por un Oscar. En los cines argentinos desembarcó recién la semana pasada. Y como pasa con otras buenas películas, llegó tan sobrevaluada por la crítica que corre un riesgo de decepcionar que poco tiene que ver con sus propias virtudes. Vaya eso como experiencia personal.

El filme tiene todo para ser considerado “una película generacional”. Plantea la decadencia de una pareja joven (Dean & Cindy), condicionada por la vorágine y el infortunio, que de golpe se encuentra improvisando una familia por la llegada en paracaídas de una hija. Todo deviene en una vida que se parece muy poco a lo que soñaban. Y las diferencias agrietan la relación desde lo más básico: la actitud con la que cada uno lo toma. Dean está mucho mejor predispuesto a aceptar las cosas como son y seguir adelante. Cindy carga con todo el existencialismo posgrunge: decepción, tristeza, bronca en proceso de fosilización.

En lo formal, el relato traza un paralelo entre lo que fue la breve y apresurada historia de amor entre Dean y Cindy antes del nacimiento de Frankie, y el desbarranco en que se encuentra la relación cuando la cámara llega a retratarla. Este planteo no es meramente comparativo: Blue Valentine habla del amor contemporáneo como un ciclo secuencial en el que bastaría con ver el comienzo para entender el final. Lo que sucede en el medio fue salteado: uno puede suponer que allí está la rutina y la convivencia que todo lo tiñe de un color menos onírico. Pero la película no lo cuenta. Esa elipsis, en este caso, resulta tan argumental como lo guionado.

El juego entre el presente y los flashbacks se enlaza con fluidez y basta con ver si Cindy sonríe un poco o nada para entender si la historia habla del ayer o de hoy. En esa simpleza se esconde uno de los atractivos de la película: al ir y venir uno coteja las pequeñas aristas reales de una historia que evita los extremos porque no es idílica ni extraordinaria. No hay un gran amor, ni un odio visceral. El romance inicial es simple, bello y certero, y el hastío final se respira en una atmósfera agobiante pero fácil de reconocer como cotidiana.

Lo que pasa en la pantalla puede estar pasando en tu baldosa. O en la de al lado. Eso favorece la empatía entre la película y cualquier espectador de edad media: es un conflicto tan actual, cotidiano y universal que muy posiblemente te haga un link con una historia real.

Dos sólidas actuaciones de Ryan Gosling y Michelle Williams (el secreto mejor guardado de Dawson’s Creak) le permiten al director Derek Cianfrance componer una obra interesante y atractiva desde lo artístico. El tipo se las ingenia para extraerle instantáneas de una enorme belleza cinematográfica a una relación con pasaje al fracaso. 

Si uno no se deja encandilar por el chisporroteo inicial del enamoramiento entre Dean y Cindy (si pueden, vean la escena de la canción callejera en el trailer de abajo sin tentarse a sonreir), queda a la vista eso que cruza toda la historia. Es una mirada crítica, cruda desde lo estético y desesperanzada en lo conceptual, con la que Blue Valentine aborda sin contemplaciones a un amor en crisis hasta dejarlo desnudo y con las defensas bajas.

Por Demian Doyle

Anoten a Cianfrance: el director es un sub-40 que filmó su primera película a los 13, y que con su primer largo (Brother Tied) consiguió seis premios.

Mirala si te gustó: Generación X (un registro generacional más abarcativo en personajes y tópicos, pero menos profundo) y 500 días con ella (otra buena historia de un amor igual de equivocado, aunque menos compleja desde lo existencial y más comercial).

Trailer:

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Los Marziano (2011): un menú picante y divertido, pero que deja con hambre

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En su primera aparición fuerte en los estrenos mainstream de la semana, Ana Katz (sin duda una de las personalidades más interesantes de nuestro cine) presenta un film que es entretenido para ver, pero difícil de definir. Tan lejos de la comedia costumbrista simil Gasoleros como de la sátira picaresca de los ‘80, “Los Marziano” parece más un drama hecho comedia, que se permite ensayar también algunos pasos hitchcockianos de thriller y suspenso a través de las tramas secundarias.

El comienzo del film nos presenta a los personajes de Guillermo Francella y Arturo Puig como los principales ejes de acción: dos hermanos en malos términos, separados por deudas, peleas y estilos de vida, que viven refugiándose en su obstinación para no hacer frente a las fuerzas externas que buscan acercarlos. A partir de allí, con ciertos guiños irónicos sobre las aspiraciones bacanas de la clase ABC1 bonaerense (quienes hayan visto la interesante “Cara de Queso” quizás noten ciertos parecidos), Katz encausa su film desde la solidez de un planteamiento muy bien delineado, haciendo pie tanto en una red de tramas secundarias bien armadas, como en esa fuerza de atracción implícita que le imprime a la pantalla cada aparición de Francella.

En cuanto al ex hombre-del-bigote, hay que reconocer que para un tipo que estornuda y hace reir, no debe ser fácil encarar su personaje sin caer en el estereotipo del chanta porteño, con la tentación que implica el dar rienda suelta al histrionismo que tanto fruto le ha dado a lo largo de su carrera. Punto para Katz aquí. Contenida y acertadamente mesurada, la actuación de Francella es el motor que empuja la peli hacia adelante, apoyado también en las sólidas entregas de Puig, Rita Cortese y Mercedes Morán, a quien el papel de seudo diva de los suburbios le queda pintado.

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Con un elenco afilado y un esquema de tramas aceitado, “Los Marziano” sube la apuesta de entrada, elevando las expectativas en una propuesta que uno como espectador, al final de la película, no termina de entender: todo el ritmo que imprime de entrada, va desacelerando con el correr de los minutos, llevando la película a girar varias veces sobre sí misma, hasta llegar a un desenlace en punto muerto.

Quizás sea ahí donde el alma indie de la autora le juega una mala pasada, y la deja en offside frente a sus intensiones mainstream. La clara decisión de dejar abiertas el 90% de las cuestiones que abarca la peli es una jugada que puede ser celebrada (y premiada) en el Bafici, pero que en las pantallas industriales del hoyts Premium causan más indignación que aplausos (nadie paga la entrada para ver una película partida por la mitad).

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En parte es una alegría que la sra. Katz pise fuerte en las salas comerciales (con excelentes cifras de recaudación, vale la pena aclarar), pero con tanto talento a disposición, es una lástima que “Los Marziano” termine cerrándose en una película que parece más un corto a gran escala que un largometraje. Interesante y fuerte en actuaciones, pero con la impresión de necesitar un golpe de horno más.

Nicolás Doyle

Si te gustó, no dejes de ver: la ya mencionada Cara de Queso.

Trailer:

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Actividad Paranormal 2 (2010): es sólo cine de terror (pero me gusta)

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Paradigma calientabuta #1: todo éxito debe continuar. Tras el boom de la primera Actividad Paranormal (”la película más rentable de la historia”), la segunda amenazaba con reducirse a una continuación apurada para sacarle más fichas a la banca antes de que cambie de croupier. Y aunque algo de eso haya, y Actividad Paranormal 2 no entregue nada nuevo, los prejuicios con esta saga parecen no funcionar. Porque lo que funciona es la peli.

Si se la compara con la primera, a grandes rasgos podemos decir que AP2 genera menos suspenso, conserva el mismo clima de tensión increyente y tiene mayor impacto. Es una peli con más recursos, filmada a sabiendas de que su destino ya no era alguna proyección a deshora en un festival menor sino una taquilla cuantiosa. Será por eso que no hay tantos de esos momentos (aparentemente) muertos, que pretendían construir una segunda lectura a riesgo de enfriar el pochoclo. Esta segunda parte, con una estructura idéntida aunque ampliada a más personajes, va directo al grano.

La historia comienza cuando Daniel y Kristi Rey llegan a su casa con el recién nacido Hunter. Ali, hija de Daniel de un anterior matrimonio, los recibe mientras filma el ingreso de la pareja, el bebe y el espectador a la vivienda. Adentro hay escalera, pileta, sótano, tres habitaciones, una cocina grande e integrada al comedor, varias puertas y muchas puertitas. No pretendo virar este posteo hacia Mundo Inmobiliario: es que con el correr de los minutos todos estos espacios gozarán de la constante presunción de acávaapasaralgo. Las seis cámaras fijas que los Rey instalan apenas comienza la peli (tras un misterioso episodio en el que toda la casa aparece revuelta), harán lo mismo que aquella única filmadora puesta de noche en la habitación de AP: registar planos fijos en los que no pasa nada, hasta que… ya saben.

Actividad Paranormal 2 está planteada como una precuela y explica porqué le pasa todo lo que le pasa a la pareja de la 1. Es que Kristi es la hermana de Katie (protagonista original de la saga y con activa participación en esta continuación) y todo lo relatado en AP2 sucede seis meses antes que lo que contó AP.

Tal vez la mayor debilidad de la peli es que pretende naturalizar la filmación casera de situaciones que realmente cuesta creer que los protagonistas estén grabando. Kristi y Katie tienen una charla intimista (clave para la trama) en la que repasan su infancia, y una de ellas mientras habla y es reprendida por la otra, la filma en primer plano. ¿Alguien realmente hace algo así?

Y sin embargo, la trama se deja llevar y una vez que te enganchaste con la historia, querés saber qué pasa y esas cosas que te molestan, fluyen. AP2 explota (y este es su mayor mérito) la sensación de falsa subjetividad que uno como espectador siente tener, mientras anda escrudiñando la casa entre planos fijos y mal iluminados.

Al final, la precuela excede la historia original y nos da una yapa que abre la puerta de una nueva continuación. ¿Vale la pena? Dificil saberlo. Esta saga superó mi descreimiento inicial y ahora salió airosa de mis prejuicios segundopartitstas. Por lo pronto, hasta acá está bien.

Por Demian Doyle

Otro director: esta segunda parte no la dirigió Oren Peli, aunque sí la escribió y produjo. El director fue Tod Williams (”Una mujer infiel”)

Y sí: en Imdb ya hay un breve anuncio de una (presunta) tercera parte.

Les dejo el trailer (hasta para la promoción se valen de la primera):

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El turista (2011): un thriller desapasionado, una historia pobre, dos amantes que no despiertan nada

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Hay directores que se toman cinco años para pasar de una peli a la otra. Por esnobismo, obsesión, comodidad, falta de ideas, escasez de presupuesto. Nada de esto explica cómo un tipo salta de un filme como La vida de los otros,  sobrevaluado pero bueno al fin, a El Turista, uno de los clavos veraniegos que ahora con su afiche marketinero es un cazabobos en DVD.

Me resulta casi inabordable el análisis de esta anémica película de espías y persecusiones desde su director y guionista, el alemán Florian Henckel von Donnersmarck. Mejor subamos al árbol desde otra rama: Johnny Depp. Uno de esos actores que, con bemoles, garantizan cierta cuota de calidad en sus interpretaciones. Y aunque sus recursos se repitan, el tipo demostró que puede sacar buenos personajes sorteando pelis que no vale la pena ver.

Habrá que buscar en su incipiente papada los motivos de porqué se hizo cargo de este anodino Frank Tupelo. ¿Un pirata en tiempo de aburguesamiento? No, Johnny tampoco sirve.

Definitivamente lo mejor es entrarle a El Turista por el lado de Angelina Jolie. La señora Pitt no es musa de buenas películas. La tentación del primer plano de sus labios XL y sus curvas (lamentablemente) cada vez más anoréxicas condicionan demasiado a los directores, que terminan haciendo siempre “la nueva peli de Angelina”. Una pena. En todo sentido.

El Turista (fíjense lo que la estiré para hablar de la peli en sí) es un thriller malo, aburrido y previsible, en el que Jolie es una agente encubierta (Elise) que se enamoró de un ladrón fugado y muy buscado, al punto de que traiciona a sus jefes para protegerlo. Depp es un turista (Frank) que se cruza en su camino, un profesor de matemáticas que se pega a ella sin medir los riesgos a los que se expone. ¿El romance? Parece más bien una imposición del afiche. En la pantalla, Jolie y Depp no funcionan: son dos seres inífugos.

Si viste la muy mala Sr & Sra. Smith, esta es levemente superior. Si viste la pobre Pecado original, ésta es bastante peor (al menos Angelina y Antonio sí tenían química). Si no viste ninguna de las tres, date por hecho.

Por Demian Doyle 

Wall Street 2 (2010): Gordon Gecko, y el dolor de ya no ser

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Alguna vez leí un comentario de Kevin Kline, que decía que el mejor consejo que le podía dar a un joven actor que recién empieza es “sé sincero, seguí tu pasión y cuando hagas un personaje exitoso y te ofrezcan repetirlo una y otra vez, simplemente decí que no”. Ok, puede que sea poco honesto arrancar una crítica con un concepto prestado, pero me van a tener que perdonar, porque esta cita cuadra perfecto para abrir este post sobre Wall Street 2, y no hay forma de que la saque.

Para quienes no terminen de entender de qué hablo, venga un poco de memoria: corría el año 1987 cuando Oliver Stone presentó la primera parte de Wall Street, una película filosa como un sable samurai, sobre un ejecutivo financiero de los años ochenta, en la que Douglas simplemente la rompe. Amparado por un guión cargado de diálogos implacables, MD entrega un personaje brillante, tan odiable y atrapante a la vez, que canaliza a la perfección la visión que Stone buscaba plasmar sobre el mundo bursátil.

Una vez estrenada, la peli reventó las salas y Douglas se llevó su merecido Oscar a casa. El éxito fue tal que, 20 años después, director y actor volverían a unir fuerzas para traer nuevamente a la vida al gran Gordon Gecko, pero esta vez, las cosas serían muy distintas, tanto para el actor como para el personaje.

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Hay que decir la verdad: a “Wall Street 2” no le importa Gecko. El ex magnate ex convicto es apenas una figura secundaria dentro de la estructura de la peli, que mira desde el costado el desarrollo de la trama principal del film. Esta nueva aparición de GG no es más que una excusa para poder llevar adelante la verdadera intensión de esta película oportunista: revisar esa visión del mundo financiero que Oliver Stone plasmó en el film original, aprovechando el colapso económico global del 2009 para decir a su manera “vieron? yo les avisé que estos tipos eran una basura!”…en fin, rabietas de viejo de un gran director, al que cada vez cuesta más tomarse en serio.

Volviendo a la peli, con Gecko fuera de la ecuación principal, WS2 se torna en una especie de documental ficcionado sobre el accionar codicioso de las firmas financieras durante el reciente crack económico, encausando la historia en los vaivenes de un joven ejecutivo con problemas éticos, encarnado por el siempre solvente Shia LeBouf.

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De esta manera, Stone se apresura para contar desde una perspectiva inocente cómo se desenvolvieron los verdaderos culpables de la crisis, sin darse cuenta que por más que corra, de todas maneras llegará tarde: todo lo que nos interesaba saber al respecto ya nos lo contó Michael Moore, en la hiper recomendable “Capitalismo” (2009).

Más allá del fallido intento de esta secuela, me voy permitir cerrar el post con una recomendación para quienes no hayan visto la peli original: tómense el trabajo de hacerlo, y comprueben por ustedes mismos que hubo un tiempo en que Michael Douglas era un excelente actor, Oliver Stone era un director preciso e implacable, y Gordon Gecko era un personaje brillante.

Por lo menos así van a evitar quedarse con el sabor de boca de esta segunda parte, en la que los tres aparecen ya demasiado viejos para tomar el mundo financiero por asalto.

Nicolás Doyle

Rio (2011): aves de carnaval

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Al ritmo de un batuque selvático, los primeros minutos de Rio nos introducen en la historia de un guacamayo azul llamado Blue, el último macho de su especie, quien de pequeño sufre la desgracia de ser raptado por traficantes de aves. Extraído de su Brasil natal, el azar lo lleva a recaer en las manos de Linda, una niñita yanqui que termina convirtiéndose en su mejor amiga.

Hasta ahí, todo tranquilo.

Las aventuras comienzan 15 años más tarde, cuando la calma se ve interrumpida con la llegada de Julio, un atolondrado ornitólogo brasilero, que vuela hacia el norte del continente para encontrar a Blue, y convencer al pájaro y su dueña de viajar a Brasil para cruzarlo con Perla, la única hembra viva de la especie.

El infalible encanto de los clichés hará que Perla odie a Blue cuando se conocen, que la cosa se complique con la irrupción en escena de unos traficantes de aves, y que el resto de la peli continúe un desarrollo previsible hasta encaminarse a un infalible final feliz para todos.

Como verán, en cuanto a historia, personajes y demás, Rio cumple a la perfección con todos los cánones del género. Es graciosa, tierna y divertida, con una varieté de personajes atractivos y unos cuantos villanos de libro, a los que está bien que todo les termine saliendo mal. Nada nuevo bajo el sol carioca en este aspecto, pero no es para preocuparse… el plato fuerte en esta fiesta, viene por otro lado.

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A pesar de no ser más que el resto en ciertos aspectos y ser más de lo mismo en otros, esta peli ataca con una implacable batería de estímulos sensoriales que lo hace diferente, incluso único en lo que se ha visto hasta ahora en el cine de animación computada. Mientras otros representantes del género apuestan por el humor o el carisma de sus personajes, Rio se juega todas sus fichas en un pleno por el aspecto técnico/visual y, créanme, hace saltar la banca.

Desde el minuto cero, este film es un festival para los sentidos, que gracias a secuencias coreográficas de cientos de aves que cruzan los cielos de Rio de Janeiro al ritmo del carnaval más grande del mundo, transforma la sala de cine en un sambódromo.

Nicolás Doyle

El detalle: nunca sabremos cómo termina el partido Brasil-Argentina que pasan por la televisión carioca, pero parecía que nos estaban bailando… otra vez.

Soy el Número Cuatro (2011): ciencia ficción a la velocidad de la luz

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Antes de empezar a hablar sobre “Soy el número cuatro”, debo reconocer que fui a ver esta peli con más prejuicios que esperanzas. Quizás sea por la mala experiencia vivida con la saga Crepúzzzzculo, o quizás fuera toda la aureola de bodrio teen que emanaba de los afiches y los trailes, pero lo cierto es que antes de sentarme en el cine, tenía un fuerte presentimiento de que esta peli iba a ser un fiasco, aunque por suerte estaba equivocado: “Soy el…” es un film entretenido, que se acerca más a los clásicos de ciencia ficción de los 80’s, que a los culebrones de vampiros adolescentes que experimentamos últimamente.

La trama de “Soy el…” cuenta la historia de un tal John Smith, un joven alien procedente de un planeta extinto que, junto con un octeto de coterráneos, se esconden en la Tierra escapando de los morganosecuanto, unos tipos altos y feos, que se están tomando el trabajo de cazarlos uno a uno, en orden. El film, empieza con al muerte del número tres. Antes, la habían ligado los primeros dos. Ahora, llegó el turno de John…

En su escape/defensa, John llega a un pequeño pueblo de Ohio llamado Paradise, donde conocerá a su contraparte humana, Sarah, una compañera de colegio con un costado artie semi-explotado, que la vuelve irresistible para John. Mientras se focaliza en el desarrollo de esta historia de amor, “Soy el…” exhibe su lado más débil, en el que el tiempo de relato se enlentece, las actuaciones hacen agua y la pantalla se vuelve un gran copo rosa de algodón de azúcar, empalagoso y pegoteado por donde se lo mire, con alto riesgo de crepusculizarse.

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Pero afortunadamente, incluso en sus minutos más edulcorados, la peli mantiene sus intenciones de ciencia ficción, sin olvidar la premisa que dice que un film de este tipo debe, sobre todas las cosas, divertir. Y, una vez sobrepuesto al sinsabor romántico, retoma los aires aventurezcos para encaminarse hacia un final a puro lujo tecnológico, con golpes, tiros, explosiones y hasta un perro mutante del infierno. Todo lo que uno espera de un film así.

Lo dicho amigos, el número cuatro se termina configurando como un digno exponente del cine de ciencia ficción, y gracias a una velocidad de relato rampante y un entorno visual imponente, logra brindar un producto entretenido, con buenas vistas a lo que puedan agregar próximas entregas.

Nada mal para un film que, antes de los títulos iniciales, invitaba al prejuicio.

Nicolás Doyle

Próximas entregas: no hay fecha todavía para la nueva entrega, dado que el segundo libro de la saga recién se publicará en agosto de este año

Para ver en DVD: Atracción peligrosa (2010)

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Cuatro ladrones disfrazados de monjas estacionan su camioneta en una calle suburbana de Boston. Son pura adrenalina en estado cinético. Acaban de robar un banco y lograron escapar a una espectacular persecusión policial. Llevan un botín de mucha, mucha plata. Bajan confiados, escopeta en mano, y abren el baúl con la idea de cambiar de ropa y seguir la fuga. Pero ahí, en plena calle, descubren su error: estacionaron justo frente a un patrullero. Sentado al volante, solo y con el coche apagado, un poli de unos 50 años que es la burocracia en servicio los mira resignado. Indefenso. ¿Lo acribillarán? ¿O dejarán vivir a un tipo que ya piensa más en su pensión que en morir como un héroe?

Miradas inmóviles y unos pausados instantes culminan la escena. No importa si es la mejor de la película, pero explica porqué uno puede esperar que la carrera como director de Ben Affleck sea prolífica. En silencio, el poli y las monjas asesinas cruzan miradas en una quietud que contrasta con la vorágine previa y, tal vez por eso, habla por sí sola. Todo transcurre en la mitad de The Town (2010), el último filme de Affleck, que lo tiene como protagonista y director.

Les cuento en dos palabras de qué va esta peli: Doug MacRay (Ben Affleck) es un ladrón de bancos en Charlestown, el pueblo de donde más ladrones de bancos salen en Estados Unidos (según cuenta la peli). El tipo está en plena crisis: su “no sos vos, soy yo” se refleja en su rostro, en su desgano, y en esa intención de pegar un volantazo hacia la legalidad. Tras dar un golpe a un banco, que él supone será el último, intenta abrirse del negocio, pero sus amistades y viejos amores se vuelven en su contra y queda acorralado entre la mafia y el FBI. Si esto parece ser un problema, el verdadero conflicto de Doug es el amor: el tipo se engancha con Claire (Rebecca Hall), la gerenta del último banco al que roba, a quien se supone debía vigilar.

La peli es buena, y ya está editada en dvd, así que valga como sugerencia para ratos libres. Eso sí, nada de The Town, búsquenla con el ochentosísimo título que recibió en nuestro país: Atracción peligrosa. Es un thriller de acción que entretiene, y que además permite descubrir el potencial que tiene Affleck sentado del otro lado de la cámara. No es poco.

 Por Demian Doyle

El director: este es el cuarto trabajo de Affleck como director y su segundo largo. El anterior fue Desapareció una noche (2007). También dirigió dos cortos.

Adiós, Pete: en la peli hizo uno de sus últimos trabajo Pete Postlethwhite, a quien cada uno recordará por algún papel, y yo lo voy a traer a la memoria como Kobayashi, el secretario de Kaiser Soze en Los sospechosos de siempre. Su peli póstuma sería Killing Bono, que todavía no tiene fecha de estreno en el país.


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