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La reina en el palacio de las corrientes de aire (2011): he llegado hasta el fin con los brazos cansados

la reina en el palacio

Tres partes, un comienzo promisorio, el cambio de director, un circuito comercial impredecible en Argentina y una resolución por debajo de las expectativas. Las versiones cinematográficas suecas de la saga Millenium resultan una experiencia atrapante de entrada, pero despareja y finalmente, decepcionante. Dicho esto desde un punto de vista desapasionado y netamente cinéfilo: no leí los policiales originales de Stieg Larsson y desde desconocimiento este post no pretende trazar comparación alguna.

Es sabido que Larsson murió a las 50 años en 2004 sin llegar a ver sus novelas publicadas y que en los últimos años se convirtió en uno de los escritores policiales más vendidos del planeta. Las películas de sus tres libros se estrenaron originalmente en Suecia en febrero, septiembre y noviembre de 2009, en simultáneo con la explosión del furor por las novelas que el periodista sueco escribía como diversión por las noches. La primera parte la dirigió el danés Niels Arden Oplev y es una película recomendable, las dos secuelas estuvieron a cargo del sueco Daniel Alfredson y son dos productos evidentemente inferiores, que se desinflan por culpa sus propias liviandades y terminan resolviedo una historia oscura y de conflictos complejos de un tan simple que adormila el interés logrado.

Tal vez para el público argentino el mayor misterio de la saga escandinava haya sido dónde, cómo y cuándo se iban a poder ver las películas: la primera (“Los hombres que no amaban a las mujeres”) se estrenó en febrero de 2010 cuando ya se conseguían hacía tiempo copias en DVD, la segunda (“La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”) llegó a los cines pocos meses después aprovechando el éxito de su antecesora y la tercera, la que ahora nos ocupa (”La reina en el palacio de las corrientes de aire”), directamente no pasó por las salas y se editó en DVD en mayo de 2011.

“La reina…”  desarrolla el proceso judicial contra la protagonista y alma mater de la saga, Lisbeth Salander, acusada del asesinado de su padre, Alexander Zalachenko, y eso trae consigo la investigación del entramado político detrás de este poderoso y perverso personaje paterno. El periodista Mikael Blomkvist (un poco menos apático que en la 2) sigue detrás del caso y mientras prepara una publicación que denuncia el accionar de una sociedad secreta que operaba con Zalachenko, aporta pruebas para la defensa de Lisbeth.

La película es tan lineal en su relato que cuesta encontrar un atajo para abordarla con una esperanza de suspenso. Lo que sucede resulta demasiado lógico y desprovisto de matices,las resoluciones de los pequeños y grandes conflictos son tan simples que se perciben obvias.

El resultado de este final de trilogía es flojo y destiñe a la totalidad de la historia: es como completar una buena película con dos telefilmes precoces para llegar con la lengua afuera a colarlas en el éxito de la novela original.

A fin de año se estrenará en los Estados Unidos la remake de “Los hombres que no amaban a las mujeres”, dirigida por David Fincher (”Red social”, “Pecados capitales” y “El club de la pelea”) y con Daniel Craig en el papel de Blomkvist. Viendo los antecedentes, la única que la tiene complicada es Rooney Mara, quien deberá competir con la Lisbeth que Noomi Rapace sostuvo con lucidez durante toda la trilogía. Por lo demás, la remake tiene todo servido para ser mejor.

Por Demian Doyle

Trailer:

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La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2010): de cómo hacer una segunda parte sólo con la inercia… o Lisbeth + 10

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Uno termina de ver la película y se pregunta, ¿qué sería de las versiones cinematográficas de Millenium sin Lisbeth y su perturbada existencia?

La respuesta es obvia, nada, porque la historia se basa en ella. Aunque esta vez sea más evidente. Ya desde un título de longitud poco habitual para la cartelera comercial, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, nos anticipa que todo girará en torno a una chica. Lisbeth, esa punkiheroína nórdica de pasado oscuro, presente duro y futuro de redención.

“La chica….” es la segunda parte de la saga Millenium (la primera y recomendable fue “Los hombres que no amaban a las mujeres“), fue estrenada en Suecia en 2009, pero recién llegó a nuestro país en este invierno 2010, aprovechando el furor por la trilogía póstuma de novelas del periodista Stieg Larsson. Retoma muchas de las cuestiones que quedaron pendientes en “Los hombres…” y vuelve a la carga sobre otros puntos que, como espectactadores, tal vez podríamos haber dado por cerrados. En otras palabras, desde la reincidencia elige profundizar en los personajes en vez de avanzar en la historia. ¿Una buena elección? Interesante, aunque con resolución (cinematográfica) poco feliz.

Los dos protagonistas son los mismos que en ”Los hombres…” y transitan esta segunda parte por caminos paralelos que se unen cuando… bueno, vean la película si quieren saberlo, sólo les adelanto que aquí poco hay de amor. De Lisbeth ya hablamos y vamos a seguir hablando, en cambio de Mikael Blomkvist vamos a ocuparnos poquito y nada. No por dejados, sino porque es muy poco lo que aporta el personaje (recordemos: el periodista que en la primera parte se reivindica luego de perder un juicio ante un empresario millonario e influyente). Y ni hablar de la anémica contribución del actor sueco Michael Nyqvist, que nos regala una caracterización descartable.

Breve paso por la trama: la revista sueca Millenium (donde trabaja Blomkvist) decide publicar una investigación de un joven periodista, Dag, sobre trata de mujeres, particularmente chicas de Europa del este. Dag es el blanco fácil de la trama: no sólo es un desconocido para el espectador sino que está de novio con una joven y entusiasta investigadora que acaba de terminar un libro también dedicado a desenmascarar a quienes explotan el comercio de mujeres. A poco de conocerlos, uno se pregunta cuánto falta para que aparezcan muertos, y pronto la trama se encarga de satisfacer la inquietud. El brutal doble crimen se da casi en simultáneo con la muerte del abogado Nils Bjurman, aquel que se encargaba de la supervisión legal de Lisbeth. El que abusa dos veces de ella en la primera peli, ¿se acuerdan?

A esta altura del post creo que es necesario aclara que para ver “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” es imprescindible haber visto “Los hombres que no amaban a las mujeres”.

La muerte de Bjorman carga las sospechas sobre Lisbeth. Y aunque se desconozca su paradero, le achacan las tres muertes. Los caminos de Lisbeth y Blomkvist, una vez más, tenderán a cruzarse y justo cuando uno empieza a preguntarse porqué hay tanta animosidad contra ella, la trama se encarga de explicarlo. Si vieron la primera y leen el título de la segunda, les sobran las pistas.

Y llegamos entonces al nudo donde la expectativa previa se vuelve una mochila pesada. Encaré “La chica…” después de haber visto (y disfrutado) “Los hombres…” Si uno viene con esa inercia, se pasan de largo varias cuestiones demasiado precarias de la trama; situaciones que en una novela venezonala serían berretas (pero como es cine europeo son “arbitrarias”) y estoy pasando por alto ciertas actuaciones y efectos visuales que están por debajo de la línea de lo profesional.

El hecho de que la trama se meta con la trata de mujeres enciende una expectativa que la película después no cumple. Lejos de ser un tema central, termina cumpliendo un papel funcional: una mera excusa para seguir abordando la vida de los protagonistas.

Y a pesar de todo esto, Millenium engancha. Será ese dejo oscuro y perverso, ese retumbar de la venganza, esos escenarios nórdicos… o simplemente será Lisbeth, tan frontal y propensa a mostrar su escasa desnudez delantera como a dejar caer su coraza para exponer que en el fondo es sólo una chica con demasiados quilombos.

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Meses atrás recomendamos “Los hombres que no amaban a las mujeres”. No vamos a hacer lo mismo con “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Es una película menor, sostenida por una historia potente y un personaje que cogotea por encima de resto. Sin grandes frases ni exhibiciones actorales: es sólo una cuestión de actitud lo que hace de Lisbeth lo más rescatable de la película (aunque Noomi Rapace ya parezca irremplazable). Esperemos que para la tercera parte, el resto acompañe un poquito más. La historia de Larsson tiene demasiadas aristas como para resignarse con sólo conformar.

Por Demian Doyle

Mirala: si viste “Los hombres que no amaban a las mujeres” y si te gustó “Negocios entrañables”

Cambio de director: esta segunda parte de la saga no la dirigió el danés Niels Arden Oplev sino el sueco Daniel Alfredson, que también se hizo cargo de la tercera entrega. El tono es similar aunque menos explícito que su antecesor y con un final que tiene detalles gore y hasta bizarros que, en el contexto de la saga, quedan fuera de lugar.

Ejercicio de memoria: cuando vean la peli, diganme si no se les cruzaron las imagenes de Iván Drago (el ruso de Rocky IV) y del Dr. Loomis (Halloween) al ver a dos de los personajes. ¿Homenaje a la sueca?

Trailer:

Los hombres que no amaban a las mujeres (2009): la fortuna favorece a los valientes



“Los hombres que…”
era un ejemplo de esas joyas que no tienen la suerte de llegar a nuestras salas de cines, pero que aguardan pacientemente en las bateas no hollywoodenses del videoclub amigo, para recompensar a aquellos audaces que se animen a bucear fuera de lo obvio. Lo era, hasta que el éxito mundial de la novela original le permitió llegar (tarde) a la cartelera comercial.

Basada en la primera entrega de la serie de best sellers escritos por el escandinavo Stieg Larsson, “Los hombres que…” es un thriller muy bien compuesto, con una alta dosis de suspenso, que da el puntapié inicial a la trilogía “Millenium”, que se completará con “La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina” y “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, ambas a estrenarse en un futuro incierto.

En este primer acto tenemos el placer de conocer a Mikael Blomkvist, un periodista de investigación sueco que, al caer en desgracia tras perder un juicio por difamación, es contratado por un empresario multimillonario para que investigue la desaparición de su sobrina, hecho ocurrido hace más de 40 años. En el camino, Blomkvist se cruzará con la inesperada ayuda de una joven hacker llamada Lisbeth, un personaje atrapante que lentamente se irá adueñando del protagonismo del film.

A partir de allí, a medida que nuestros protagonistas avanzan en su investigación, la peli comienza a adquirir progresivamente un curso más dramático y atrayente, que la distingue de las convencionalidades del género, mientras aprovecha para pasear la historia por denuncias sociales pasadas y presentes. Este combo permite que los 148 minutos de duración fluyan sin obstáculos, y por más que la trama nos lleve a toparnos de frente con situación extremas, hay un sentido de la realidad muy bien planteado durante toda la película, que se desarrolla con la maestría propia de quien sabe lo que está haciendo.

Dicho esto, no sorprenderá a nadie si cierro este comentario con la recomendación de ver “Los hombres que…”, pero sería una lástima no hacerlo: es un film que vale la pena, tanto por las cualidades propias como por todo lo bueno que se insinúa para las próximas entregas.

Nicolás Doyle

Mirala si te gustó: Los ríos color púrpura o El nombre de la rosa .
Si te gustó, mirá: las próximas dos entregas de la saga, que ya están filmadas aunque aún no tienen fecha de estreno en la Argentina.

Criaturas de la noche (2009): la bella fábula de la eterna chupasangre y el suequito anémico


Y un día llegó. La sueca Let the right one in (que amagó con el título Dejame entrar y finalmente desembarcó bajo el más subjetivo Criaturas de la noche) tuvo su estreno comercial en la Argentina luego de una extensa cadena de postergaciones que comenzó casi a principios de 2009.

Aunque la catalogaron como película de terror (¿por qué? ¿porque hay un vampiro?), Criaturas de la noche es en realidad un drama, agridulce y bello, que retrata los conflictos de dos personajes marginales. Son dos chicos y uno de los dos, ella, es vampiro.

Estos dos son los personajes centrales de la historia y, a excepción de un grupo de chicos que aparecen seguido en escena, el resto entra y sale sin que sepamos demasiado de ellos. De algunos, incluso, sólo percibimos en los detalles quienes son. No es casual: estos dos chicos son, de distinto modo, resultado de una sociedad en la que no encajan. Y en la que nadie les presta demasiada atención.

Aquí el vampirismo no es encarnado por seres grandilocuentes, como en las épicas peleas contra hombres lobos que nos suele mostrar el cine, ni tampoco por los emos supercool de la saga Crepúsculo. Aquí tiene el cuerpo de una niña de 12 años (”tengo 12 años, pero hace mucho tiempo que tengo 12 años”) llamada Eli, que se esconde de día en una bañera y de noche sale a saciar su sed. De sangre, pero también de contención.

El personaje central de la trama es Oskar, un chico de 12 años (el de la foto con la navaja), hijo de padres separados, que pasa la mayor parte del día encerrado en su soledad. En el colegio es acosado por tres compañeros que lo humillan sistemáticamente y él, no se defiende. Algo se esconde detrás de su actitud anémica, aquella en la que asume el dolor como parte de un sufrimiento inevitable. Hay algo y la trama lo sugiere con elocuencia suficiente para entenderlo sin que se explicite el conflicto, pero mejor que contarlo es ver la película.


El encuentro entre estos dos preadolescentes se va dando en forma progresiva y a medida que crece la confianza entre ellos, descubriendo similitudes en sus conflictos, se alimenta la calidez de un filme que contrapone esta relación con la gelidez de los demás vínculos y la frialdad de la atmósfera invernal de un pueblo nórdico cubierto de nieve, retratado por una fotografía impecable.

Ambos tienen motivos para no querer llevar la vida que llevan y en la compañía del otro van descubriendo un amor tan confuso como sus propias identidades sexuales (ella es una vampiro y él, ya dijimos, lleva a la rastra una carga conflictiva importante). La aceptación del otro (de ahí el Dejame entrar del título que no fue) constituye un desafío clave. “Huir es sobrevivir, quedarse es morir” le escribe Eli en una mensaje tras dormir (sólo dormir) juntos una noche. En ese mensaje se esconde el mayor deseo y una de las principales motivaciones de los personajes: creer que es posible algún día dejar de ser quienes son.


Para los fanáticos de las pelis de vampiros, vale aclarar que hay cacerías nocturnas y varios elementos típicos de este subgénero, pero es sólo un elemento de la trama y no su centro.

Inevitablemente a Criaturas de la noche le cae encima el peso de la expectativa que generó estreno demorado y las excelentes críticas con las que llegó. Como en un post anterior (el de MR 73) no vamos a recomendar esta peli desde H:T!. En este caso particular, quienes hacemos este blog no coincidimos con el veredicto. Sin embargo, y esto ya como opinion personal, considero que se trata de una pelicula valiosa, un buen producto de cine europeo al que vale la pena ver, porque sutilmente nos conduce al interior de dos pequeños seres, que pelean contra conflictos mucho más grandes que ellos. Lo que a fin de cuentas los engrandece.

Por Demian Doyle

Si te gustó mira: Lilja-4-ever

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Gomorra (2008): un rejunte de historias que aburren.

Gomorra llegó a las pantallas (o en este caso, a mi reproductor de DVD) con muchísimas credenciales. Se hablaba de una novela best seller, de denuncias sobre el accionar actual de la mafia italiana, de los atentados contra la vida del autor, de los vínculos con la política, etc etc. Se hablaba en general, de un film duro y muy violento, pero imperdible.

Bueno, nada de eso, señores. Gomorra es, antes que todo lo que se ha dicho, una película aburrida… o mejor dicho, un rejunte de historias que aburren.

Y ojo, que no quiero poner en duda el producto en general, porque seguramente el libro sea interesante y valga la pena invertir tiempo y dinero en él, pero a mi entender, el problema en este film está dado por el tratamiento cinematográfico anémico que se le dio a una historia con un potencial enorme. Para ser más claro, Gomorra funciona muy bien como una denuncia audaz del panorama napolitano actual, pero falla profundamente como película.

Ya desde el minuto cero, la trama invita a pasear por la rutina diaria de varios malvivientes a través de recursos y formas que simulan una estética documentaloide, con especial referencia a los filmes clásicos del neorrealismo italiano (véase Roma Ciudad Abierta, de Rossellini).

Así se presenta una media docena de tramas paralelas, todas ellas situadas en los suburbios mafiosos de Nápoles, que entre el tedio que genera la falta de un conflicto central, se las arreglan para aportar algunas actuaciones destacables y dos o tres situaciones bien planteadas (no dejen de ver la secuencia de iniciación en la mafia del pequeño Toto, sin dudas lo mejor de todo el film).

Pero no mucho más que eso: todos los elementos de interés que se podrían haber explotado quedan malgastados ante el aburrido planteo de las tramas y la falta de de una buena historia que tome al espectador de la mano y lo lleve de paseo por la realidad cruda que se quería denunciar… quienes hayan visto “Ciudad de Dios”, sabrán de lo que hablo.

Nicolás Doyle
Si te gustó no dejes de ver: Tropa de Élite.

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MR 73 (2009): corazones desesperanzados removiendo la mugre de la sociedad

Louis Schneider está sentado a la mesa de un bar con la joven Justinne. Los dos tienen sus motivos para estar allí, pero ambos pueden resumirse en cierto aire de venganza, de desquite o de revancha. Schneider es un policía marsellés en decadencia, Justinne es hija de un matrimonio salvajemente asesinado 25 años atrás. Ella quiere saber más detalles de lo que pasó, cómo murieron, porqué los mataron. Necesita cargarse de aquello que apenas vio cuando era chica. Schneider le advierte que los policías manejan verdades que no quieren ser escuchadas. Pero la chica no duda: para eso acudió a él, para escuchar sin maquillaje lo sucedido aquella noche. Sin movilizarse, ni modificar su tono de voz, Louis relata cómo el asesino primero mató al padre de Justinne y tras eso sodomizó y violó brutalmente a su madre en la cocina, para luego prepararse una carne al horno. Se sentó a la mesa y cenó sin apuros, presumiblemente, mientras la mujer aún agonizaba.

Esa crudeza de hechos e imágenes es el patrón elegido por la francesa MR 73 (2009), un policial que llegó hace unos días a la cartelera porteña. Una película que no le escapa a cierto grado de morbosidad y que privilegia la composición de sus personajes por sobre la acción. Lo que retrata son seres profundamente desesperanzados, que se mueven removiendo la mugre del lado más putrefacto de la sociedad.

Deciamos que la película no da prioridad a la acción y eso se nota en el tempo pausado de este filme francés, que por momentos puede resultar un poco lento. Hay pocas persecusiones (una muy importante para la trama se confunde con una parodia) y algunos momentos angustiantes, mechados con flashbacks. Que son impactantes y macabros.

El personaje principal es el policia Louis Schneider (Daniel Auteuil), un tipo sumido en un alcoholismo severo que lo empuja a una vida miserable: en plena borrachera es capaz de secuestrar un micro de linea sólo para que el conductor lo lleve hasta su casa. Al despertar, tras haberse meado encima, no recuerda nada. Schneider ha perdido toda esperanza y ha caido en una depresión crónica tras sufrir una tragedia personal (que no conviene revelar) por la que siente una culpa opresiva. Hay un único motor en su existencia: la investigación de una serie de casos de mujeres violadas, torturadas y luego asesinadas.

Paralelamente corre la historia de Justine (Olivia Bonamy), la chica que vio cómo mataban a sus padres, y que ahora recibe la noticia de que el asesino está a poco de ser liberado. El tipo, Charles Subra, tiene un vasto historial de delitos que justifican su cadena perpetua, pero ahora dice querer salir a reparar los males que ha hecho, porque se ha redimido desde que se convirtió en un hombre de fe.

Pero lejos de la redención, en el universo de MR 73 ningún personaje guardar la menor cuota de esperanza y un hombre de fe no tiene otro destino que darse de nariz contra el fracaso.


La fotografía, como buena película europea, es deliciosa y reitera en varias secuencias el uso del blanco y negro o de colores matizados. Las actuaciones son impecables, especialmente la de Daniel Auteuil, que tiene un registro policial neo-noir similar al de Al Pacino cuando todavía quería actuar. Y el desarrollo de la trama es sutil en el goteo de datos y contundente en sus golpes de efectos, que es cierto, a veces pegan demasiado bajo.

No les voy a recomendar MR 73 porque tampoco creo que valga una recomendación. Pero sepan que es una buena película, interesante, muy oscura y cruda, que podrá resultar buena o no según el tipo de cine que les guste ver.

Por Demian Doyle

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JCVD (2008): Jean Claude viene a ofrecer su corazón

Fiel a la actualidad de su protagonista y alma mater, JCVD (2008) no pasó por los cines y llegó recientemente en formato dvd trayendo un proyecto cinematográfico inefable, con buenas intenciones y pretensiones mal llevadas. Se trata de un filme en primera persona de Jean Claude Van Damme (supongo que ya se explicaron las siglas del título) que se basa en una breve trama de ficción para desplegar algunos guiños autoridiculizantes y líneas de diálogo e incluso monólogo en las que el actor belga explaya opiniones, impresiones, descargos sobre el medio, sus vicios y sus males.

¿Cómo llega uno a sentarse 90 minutos frente a la tele a ver una película en la que Jean Claude Van Damme le cuenta al mundo sus verdades? No tengo respuestas que puedan servirles, pero en mi caso fueron dos los motivos. Uno: el cúmulo de películas de acción de JCVD que pasaron por mi adolescencia y a las que recuerdo con especial cariño. Dos: la promesa de un producto de corte europeo (es una producción francesa y se nota en las cuestiones de estilo), que utiliza la idea del metalenguaje como arma de atracción.

La trama cuenta que Van Damme está en las malas y que sus películas dejaron los primeros planos para convertirse en productos clase B con destino de dvd y cines del mercado asiático. La ficción comienza con la falsa filmación de una película en la que el actor de “El gran dragón blanco” debe desatar una extensa batalla en una sola toma y encima, cuando termina de hacerla, una parte del decorado se cae y arruina todo lo filmado. El joven director (asiático) está jugando a los dados sin siquiera mirarlo, mientras Van Damme le pide que por favor considere que ya está cerca de los 50 años y no puede filmar semejante secuencia de un solo tiro. Sin levantar la vista del blanco de sus dardos (una foto con las famosas letras de Hollywood, cuac) el director casi que lo ignora y le responde una vaguesa a través de una traductora.

Bueno, ya tenemos la primera escena y bastante idea de cómo viene la mano. Cansado, Van Damme llega a su camarín, se sienta de cara a la cámara y mira de frente como quien va a dar comienzo a un monólogo. Lo que empieza, entonces, es la película.


La trama luego hace base en un episodio policial, una toma de rehenes en la que Van Damme queda involucrado. En resumen, lo que pasa es que la policía cree que él es el ladrón que toma el banco, los ladrones lo utilizan para intentar zafar (uno lo desafía, otro lo idolatra) y los demás rehenes esperan que él reaccione y los salve.

Durante toda su carrera, pero especialmente después de convertirse en estrella, Van Damme se empecinó en componer personajes físicamente fuertes pero con una pretendida carga sentimental pocas veces bien desarrollada. Algo en su pasado lo convertía en un ser golpeado que accionaba a veces por venganza y otras por el deseo altruista de conseguir justicia. La fama que lo encandiló, el éxito que se le volvió esquivo, las drogas que casi le cuestan su equilibrio mental y la disfuncionalidad de su propia familia… todo ese pasado, que es su historia, está cargado en el personaje protagónico de este filme. Que básicamente es él.

La idea, aunque interesante, no resuelve cómo escapar al efecto Van Damme: sus películas se apoyan sobre la acción y sobre el costado humano de sus personajes, pero el desarrollo de ambos ingredientes pocas veces consiguen el equilibrio justo. En otras películas el resultado fue abiertamente malo. JVCD, en cambio, peca de cierta hibridez. En muchos otros títulos, le hemos pedido a Jean Claude que no quiera demostrar si es actor (y que deje de ponerse en bolas, claro) y que simplemente nos brinde acción. Pero esta vez sí hubiese sido bueno explotar mejor el costado humano del personaje. Entrada la película, en medio de la toma de rehenes, hay una escena con un tono netamente teatral, un monólogo en el que Jean Claude habla de la fama, las drogas, su familia, las exigencias del público y de la vergüenza que sintió por ser un tipo infeliz siendo exitoso. Un buen recurso, con algunos momentos logrados, pero que corre apurado para que la acción vuelva a explotar. Una lástima.

La película arma un buen juego: muestra a Van Damme sin pestañear ante los ficticios ladrones que le apuntan con un arma, pero muy nervioso ante una hija a la que no sabe cómo hablarle. Lo primero ya lo vimos mil veces. Lo segundo daba para más.

Por Demian Doyle

Mirala si te gustaron: El gran dragón blanco, Cyborg, Sin Salida, Timecop y todas aquellas películas que hicieron de Van Damme una estrella del cine de acción en los 80’s y primeros 90’s.

Si te gustó mirá: ¿Quieres ser John Malcovich? (le pasa el trapo, claro).

Historial: la película pasó en noviembre de 2008 por el festival de cine de Mar del Plata y en setiembre de 2009 se editó en dvd.

Archivo H:T! de escenas: el genio de Kurt Cobain según Gus Van Sant en Last Days

Admito que para que estas escenas resulten interesantes, uno tiene que sentir cierta atracción artística por el Dogma 95 y por Kurt Cobain. Si no les interesan ambas cosas, les advierto, no le den play a las escenas de abajo porque se van a aburrir y mucho…

Ahora, si coinciden con ambos intereses, lo que acá les posteo es parte de la interpretación que hizo Gus Van Sant de los últimos días del músico, aquellos que precedieron al escopetazo con el que terminó su vida, en la película Last Days (sin vueltas, Ultimos días). En rigor, la historia es la de un músico ficticio de nombre Blake, un joven de carrera ascendente que escapa de un programa de rehabilitación y llega a una inmensa casa en el bosque donde están recluidos los integrantes de la banda de grunge en la que él cantante y lider. O sea.

En medio de la película, desde afuera de la casa, la cámara enfoca una ventana y en su interior aparece por momentos la figura de Blake, mientras se escucha el sonido de diferentes instrumentos que al unirse van formando una melodía desgarradora. En los extras de la edición en dvd, se puede encontrar la visión de otra cámara fija dentro de la habitación que muestra explícitamente lo que allí sucede (la escena no es idéntica, de hecho es más larga, pero sigue un parámetro bastante similar). De un modo u otro, y aunque a nivel artístico la peli sea al menos cuestionable, lo que vale aquí es el modo que utiliza Van Sant para sugerir una visión del genio artístico de su personaje. No hay que pasar por alto que durante todo el resto de la película lo pinta como un espectro vacío de sentido, que deambula por la casa, y se pierde por el bosque preso de su paranoia portando un rifle de caza, mientras que los seres que lo rodean sólo se acercan a él por interés. Pero en una sola toma, Van Sant resignifica al personaje y lo carga de sentido. Y en esa toma, desprolija y sin diálogos, la cámara habla sola. Acá, van las dos escenas, saquen sus conclusiones.


La Ola (2009): la semilla del mal siempre está ahi, acechando

La teoría naturalista que Rousseau nos legó en el “Contrato Social”, allá por el siglo XVIII, decía que el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe. ¿Así de maleable puede ser el humano? Bueno, creo que en determinado momento de la vida y ante ciertas circunstancias, sí. La semilla del mal está en todos y la lucha interna se dirime en dejarla crecer o cortarle las raices como a un bonsai. Pero mi opinión no es lo importante; lo que vale es plantearnos el tema. Como lo hace La Ola (Die Welle), una interesante película alemana que por fin llegó a la cartelera luego de romper la taquilla en su país el año pasado. El filme juega con una consigna madre: si hoy es posible el desarrollo de un régimen autárquico como el del nazismo.

Fiel al estilo de las críticas de este blog, pasemos a lo formal: la trama. En un colegio secundario, en Alemania, un profesor llamado Rainer Wenger queda a cargo de un proyecto especial que originalmente se basaría en el anarquismo pero, por peleas internas entre profesores, termina recayendo sobre una temática bien distinta: el autarquismo. Paremos un minuto en la figura del profesor para ver algunos símbolos que pone en juego la peli: el tipo es un pelado (pelado, pelado, tipo skin) de unos cuarentaypico, desarreglado y amante del rock de protesta, que se planta frente a los alumnos con sus remeras de The Clash y Ramones. Cero formalidad y actitud de adulto pospunk.

Ante la desidia de los alumnos, que no quieren saber nada con volver sobre un tema que ya han visto infinidad de veces, Rainer descubre algo: los chicos piensan que es imposible que un regimen como el del Tercer Reich vuelva a instaurarse en la sociedad actual. Tomando esto como base, empieza a hacer de sus clases una muestra práctica de cómo funciona una sociedad autárquica: cada concepto (la necesidad de un lider, el sentimiento de grupo, la homogeneidad como idea de igualdad) es aplicado al curso. Y los alumnos, tras alguna deserción y tibias oposiciones, irán encontrando en esa forma de sociedad un modelo atractivo.

La peli se pone realmente interesante a medida que los chicos caen en la trampa del fascismo y empiezan a embanderarse. La idea principal es original y su desarrollo logra atrapar la atención con recursos válidos, ágiles e inteligentes. Tiene el mérito de poder reflexionar sobre una cuestión social compleja a la carrera: sin profundizar del todo, nunca deja de avanzar sobre el tema que se propone y plantea varios focos más allá de la idea principal que la peli necesita para que la trama corra. Sobre el final, las verdades y consecuencias del experimento van a darle a varios de los personajes finales lógicos, no sin cierta simbiosis histórica, aunque fue sin dudas la parte de la peli que menos me impresionó. Quizás porque me enganché mucho con lo que venía viendo, quizás porque hubiese preferido otro desenlance. Pero es una cuestión de gusto personal. Lo cierto es que La Ola bien merece ser vista. Es entretenida, inteligente, tiene un valor que este blog venera (es decir, una cosmovisión sin ADN hollywoodeano) y encima, empieza con un tema de los Ramones sonando fuerte. ¿Se le puede pedir algo más?

Por Demian Doyle

Basada en un hecho real: en una entrevista publicada en Clarín el 18 de agosto, el director de la película, Dennis Gansel, explicó: “La historia original sucedió en 1967, en una secundaria de Palo Alto, en los Estados Unidos -dice-. Un maestro, en el marco de una clase sobre la Segunda Guerra, le mostró a sus alumnos un filme sobre Auschwitz. Los estudiantes lo vieron, quedaron shockeados y comenzaron a preguntarle cómo fue posible que existiera un régimen como el nazismo. Y el profesor decidió hacer este experimento para demostrarles cómo era posible. Lo que hicimos fue actualizar la historia a la Alemania de hoy porque mucha gente allí cree que algo como el nazismo nunca puede volver a suceder. Pero puede”.

Trailer:

Manuale d´amore (2005): de cómo aprender lo que es inexplicable



Miedos, ilusión, esperanza, pasión, dolor. Las reaccciones que el amor puede generar son tantas, como instancias tienen las relaciones entre hombres y mujeres. Buscando captar las emociones propias de este sentimiento, Manuale d’amore (Italia) explora cuatro de los estadíos por los que atraviesa el amor y así divide por cuartos los tempos del filme: el enamoramiento, la crisis, la traición y el abandono.

La película tiene una estructura coral, con relaciones que se eslabonan desde pequeños encuentros casuales, que dan continuidad y reencausan la trama. El tono de la historia, con humor y algunos guiños complices con el espectador, le va imprimiendo a los personajes una multiplicidad de colores. Que son desparejos, es cierto, pero terminan por componer un cuadro entrañable y emotivo, en el que conviven el joven Tommaso buscando la atención de la bella Giulia; los cada vez menos compatibles Barbara y Marco alejándose de las soluciones de sus problemas de pareja; el momento en que la infidelidad entra a la vida de Ornella y su marido; y finalmente el pobre Goffredo, quien transita en soledad un abandono inesperado.

Más entretenida que dramática, y con una fotográfía particularmente bella por momentos, la película tiene buen ritmo aunque ciertos baches conspiren contra el interés que las dos primeras historias saben construir. Igual queda claro el mensaje: desde la conquista hasta la ruptura (y la muerte que separa) el amor es complejo, contradictorio e inevitable.

Por Demian Doyle

Para ver si les interesa: les dejo acá los primeros minutos de la peli, para que vean si les interesa. Aviso: está doblado al español, pero por ahora no encuentro la versión en italiano subtitulada. Igual para ver si les cierra la historia, puede servir.