Archivo para la categoría ‘Comedia’

Medianoche en París (2011): la caprichosa belleza de un pasado imperfecto

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Obsesivo, arbitrario y caprichoso. Nada alcanza para encuadrar a Woody Allen cuando se aboca a retratar sin solución de objetividad a sus musas y abandona adrede los hilos de la trampa ante nuestros ojos. Ahora que a Scarlett Johansson le llegó el descanso (aunque en algún plano Rachel McAdams la recuerde), su embelasamiento se reposa impudoroso sobre París. Y como París es París, y Woody es Allen, el resultado es encantador. Allen se proyecta en el guionista estadounidense Gil (Owen Wilson) y se echa a andar en caminatas solitarias por esas callecitas entrañablemente parisinas, mientras su prometida Inez (McAdams) deviene en una criatura incompatible (con casi todo) y se va desentendiendo de a poco de lo que le pasa a su conflictuado futuro esposo. En esos paseos, Gil descubre que al sonar las campanadas de medianoche pasa un coche antiguo que lo transporta mágicamente a esa París de 1920 de la que él está enamorado, y en la que es posible discutir con Hemingway, salir de gira con Scott y Zelda Fitzgerald, perderse en charlas surrealistas con Dalí y Buñuel o conocer el entramado del mal de amores que aqueja a Picasso mientras pinta un cuadro pésimo que la humanidad luego sublimará. En ese mundo donde los grandes artistas son también seres conflictivos y conflictuados, desmitificados y hasta parodiables, la vida es mágica ante nuestros  ojos, pero no ante los de aquellos personajes del ‘20 que añoran el pasado mejor que representaba la Belle Epoque. Y ya no les sigo contando porque llegamos al punto en que Medianoche en París (2011) viene a decir que todo tiempo pasado no fue mejor, sino que ese espíritu de coleccionistas de cosas antiguas que habita en muchos de nosotros nos empuja a mirarlo sin el realismo impiadoso que empaña las virtudes de nuestros días. Y aunque eso se aplique a París, a Gil (que con una excepcional actuación de Owen se proyecta como un espejo en el que Allen se mira con piedad), a la Belle Epoque o al Renacimiento, Woody no recoge el guante que tira y despliega una historia viciada de magia y charme surrealista, a la que París asiste como esa musa idílica que no se despeina, ni hace reproches ni tiene mal talante. Una obra previsible y deliberadamente caprichosa que, en complicidad, se disfruta y agradece.

Por Demian Doyle

Por tres: está es la tercera película de Woody Allen que se estrena en 2011 en Argentina. En febrero llegó Que la cosa funcione y en mayo, Conocerás al hombre de tu vida.

Ahora, Roma: su próximo filme será The Bop Decameron. Se está filmando ahora en la capital italiana y se estrenará el año que viene. El elenco incluye a Penelope Cruz, Ornella Mutti, Alec Baldwin, Roberto Benigni y el mismo Allen.

Trailer:

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Los Marziano (2011): un menú picante y divertido, pero que deja con hambre

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En su primera aparición fuerte en los estrenos mainstream de la semana, Ana Katz (sin duda una de las personalidades más interesantes de nuestro cine) presenta un film que es entretenido para ver, pero difícil de definir. Tan lejos de la comedia costumbrista simil Gasoleros como de la sátira picaresca de los ‘80, “Los Marziano” parece más un drama hecho comedia, que se permite ensayar también algunos pasos hitchcockianos de thriller y suspenso a través de las tramas secundarias.

El comienzo del film nos presenta a los personajes de Guillermo Francella y Arturo Puig como los principales ejes de acción: dos hermanos en malos términos, separados por deudas, peleas y estilos de vida, que viven refugiándose en su obstinación para no hacer frente a las fuerzas externas que buscan acercarlos. A partir de allí, con ciertos guiños irónicos sobre las aspiraciones bacanas de la clase ABC1 bonaerense (quienes hayan visto la interesante “Cara de Queso” quizás noten ciertos parecidos), Katz encausa su film desde la solidez de un planteamiento muy bien delineado, haciendo pie tanto en una red de tramas secundarias bien armadas, como en esa fuerza de atracción implícita que le imprime a la pantalla cada aparición de Francella.

En cuanto al ex hombre-del-bigote, hay que reconocer que para un tipo que estornuda y hace reir, no debe ser fácil encarar su personaje sin caer en el estereotipo del chanta porteño, con la tentación que implica el dar rienda suelta al histrionismo que tanto fruto le ha dado a lo largo de su carrera. Punto para Katz aquí. Contenida y acertadamente mesurada, la actuación de Francella es el motor que empuja la peli hacia adelante, apoyado también en las sólidas entregas de Puig, Rita Cortese y Mercedes Morán, a quien el papel de seudo diva de los suburbios le queda pintado.

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Con un elenco afilado y un esquema de tramas aceitado, “Los Marziano” sube la apuesta de entrada, elevando las expectativas en una propuesta que uno como espectador, al final de la película, no termina de entender: todo el ritmo que imprime de entrada, va desacelerando con el correr de los minutos, llevando la película a girar varias veces sobre sí misma, hasta llegar a un desenlace en punto muerto.

Quizás sea ahí donde el alma indie de la autora le juega una mala pasada, y la deja en offside frente a sus intensiones mainstream. La clara decisión de dejar abiertas el 90% de las cuestiones que abarca la peli es una jugada que puede ser celebrada (y premiada) en el Bafici, pero que en las pantallas industriales del hoyts Premium causan más indignación que aplausos (nadie paga la entrada para ver una película partida por la mitad).

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En parte es una alegría que la sra. Katz pise fuerte en las salas comerciales (con excelentes cifras de recaudación, vale la pena aclarar), pero con tanto talento a disposición, es una lástima que “Los Marziano” termine cerrándose en una película que parece más un corto a gran escala que un largometraje. Interesante y fuerte en actuaciones, pero con la impresión de necesitar un golpe de horno más.

Nicolás Doyle

Si te gustó, no dejes de ver: la ya mencionada Cara de Queso.

Trailer:

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Rio (2011): aves de carnaval

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Al ritmo de un batuque selvático, los primeros minutos de Rio nos introducen en la historia de un guacamayo azul llamado Blue, el último macho de su especie, quien de pequeño sufre la desgracia de ser raptado por traficantes de aves. Extraído de su Brasil natal, el azar lo lleva a recaer en las manos de Linda, una niñita yanqui que termina convirtiéndose en su mejor amiga.

Hasta ahí, todo tranquilo.

Las aventuras comienzan 15 años más tarde, cuando la calma se ve interrumpida con la llegada de Julio, un atolondrado ornitólogo brasilero, que vuela hacia el norte del continente para encontrar a Blue, y convencer al pájaro y su dueña de viajar a Brasil para cruzarlo con Perla, la única hembra viva de la especie.

El infalible encanto de los clichés hará que Perla odie a Blue cuando se conocen, que la cosa se complique con la irrupción en escena de unos traficantes de aves, y que el resto de la peli continúe un desarrollo previsible hasta encaminarse a un infalible final feliz para todos.

Como verán, en cuanto a historia, personajes y demás, Rio cumple a la perfección con todos los cánones del género. Es graciosa, tierna y divertida, con una varieté de personajes atractivos y unos cuantos villanos de libro, a los que está bien que todo les termine saliendo mal. Nada nuevo bajo el sol carioca en este aspecto, pero no es para preocuparse… el plato fuerte en esta fiesta, viene por otro lado.

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A pesar de no ser más que el resto en ciertos aspectos y ser más de lo mismo en otros, esta peli ataca con una implacable batería de estímulos sensoriales que lo hace diferente, incluso único en lo que se ha visto hasta ahora en el cine de animación computada. Mientras otros representantes del género apuestan por el humor o el carisma de sus personajes, Rio se juega todas sus fichas en un pleno por el aspecto técnico/visual y, créanme, hace saltar la banca.

Desde el minuto cero, este film es un festival para los sentidos, que gracias a secuencias coreográficas de cientos de aves que cruzan los cielos de Rio de Janeiro al ritmo del carnaval más grande del mundo, transforma la sala de cine en un sambódromo.

Nicolás Doyle

El detalle: nunca sabremos cómo termina el partido Brasil-Argentina que pasan por la televisión carioca, pero parecía que nos estaban bailando… otra vez.

Comer, rezar, amar (2010): comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia… dormirse en el cine.

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Como verán, este post es un poco más corto que nuestros comentarios habituales. Lejos de haberme tirado a chanta, la explicación tiene más que ver con un extraño sentido de moralidad: estoy comentando una peli que abandoné por la mitad, y como no me parece honesto analizar las estructuras cinematográficas de un film que no terminé de ver, me inclino mejor por compartir mi experiencia como espectador que intentó ver esta peli y sobrevivió para contarlo.

Como dije antes, abandoné “Comer…” por la mitad, o para ser más preciso, aguanté hasta que Julia Roberts reza en India, por lo que de acuerdo al título, habré visto dos tercios del film. Cargaré el resto de mis días con la pena de no haber visto a Julia amar en Bali, pero estoy seguro de que podré soportarlo.

La razón por la cual no terminé de ver la película es muy simple: me aburrió. Mucho. Muchísimo. Me aburrió lo suficiente como para abstraerme del hecho de que había pagado 8$ para alquilarla, plantar bandera y decir “hasta acá llegué”. Tengo varias justificaciones para respaldar esta afirmación pero, como ya dije, no me creo en posición de hacerlo. Si algún día me animo a terminar de soportar este embole de película, retomaré estas líneas y finalizaré este post inconcluso. Hasta entonces, si alguno de ustedes tuvo la fortaleza que yo no tuve y pudo ver la película entera, sus comentarios serán siempre bienvenidos.

Nicolás Doyle

Mirala si: te quedaste sin pastillas para dormir.

Si te gustó, no dejes de ver: “El descanso”, una buena comedia que también trata sobre personas que buscan una respuesta a su vida a través de un viaje.

Trailer:

Papá por accidente (2010): menos que su reputación, más de lo mismo

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Veníamos de comentar una comedia recomendable, y las rachas parece que son cortas. Previo al fin de semana fui a ver The Switch (acá, Papá por accidente). Si a Uds les llegó el mismo comentario que a mí, valgan estas líneas como atenuante: todo lo que escuché antes de verla vaticinaba una muy buena comedia. Y ese “muy”, amigos, exagera. Y rompe la racha.

La peli sigue la línea de las nuevas comedias que intentan reflejar de un modo liviano e inteligente (la más compleja de las combinaciones, tal vez) un conflicto frecuente en la población soltera cercana a los 40 años, de clase media urbana con buenos trabajos y mejor pasar económico: el tiempo de la paternidad. En realidad, y a contramano de lo que el título en español vende, el disparador es la maternidad: Kassie (Jennifer Aniston) quiere tener un hijo y como no tiene con quién, decide inseminarse eligiendo donante. Para quitarle dramatismo al asunto, una amiga le organiza una fiesta donde “el elegido” en un momento va al baño y dona. Así de simple. Ahí es donde estará el cambio (switch) al que hace mención el título original, o el “accidente” de nuestro crédito local: su mejor amigo y ex pareja, Wally, que se había ofrecido como donante pero fue rechazado por Kassie, entra muy borracho al baño. Por un accidente poco feliz (digo poco feliz y te miro a vos guionista perezoso) vuelca el frasco de la donación y para remediarlo, sin que nadie sepa… dona él. Después la peli vuela en el tiempo y también vuela Kassie, pero a otra ciudad, donde viven sus padres, con la idea de criar a su hijo en un ámbito más sano. El tema es que para el guión la independencia femenina dura lo que un cambio de secuencia. Y entonces ella vuelve siete años después, tácitamente superada por la crianza en soledad, trayendo consigo a un chico que se parece y mucho Wally, pero con serias intenciones de conocer mejor a Roland, el donante, que acaba de separarse.

Todo lo demás pueden imaginarlo sin correr riesgo de errarle por mucho. Fui a buscar una comedia inteligente, y me vi la nueva de Jennifer Aniston. Lo mejor es el personaje de Wally (interpretado por Jason Baterman), un interesante modelo de neurótico que empieza a conmoverse por ese pequejo espejo exterior que es su hijo. The Switch termina siendo discretamente entretenida, predecible, tonta por momentos, ingeniosa por otros pocos. Y así hasta que los títulos bajan y el dilema de clase media que nos persigue ya no es el tiempo de la paternidad, sino porqué se permite que una película se llame Papá por accidente si no tiene un bolo de Francella.

Por Demian Doyle

Recomedados en DVD: 500 días con ella (2009), o de cómo el amor todavía puede inspirar buenas películas

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Hablar bien de una romántica es como hablarle por primera vez a una chica que te gusta: no sabés por dónde empezar y sentís que vas a quedar como un estúpido, digas lo que digas.

Asumido el riesgo, esta vez no les vengo a ofrecer, les vengo a recomendar una película que se estrenó en los cines hace casi un año: 500 días con ella. Es una comedia romántica original y efectiva, que describe situaciones y sensaciones muy propias de esos amores que te pueden hacer tambalear. Y dejarte groggy.

En este caso, el que tambalea es el pobre de Tom. Tom Hansen, más precisamente. Un joven neoyorquino con más proyección que presente. Que, dice, no quiere establecer compromisos afectivos. Un ignoto arquitecto que se destaca (y se gana la vida) escribiendo frases para tarjetas de felicitación, y que está a punto de emprender 500 días que cambiarán de eje su vida. El punto de partida, el día 1, conoce a Summer (Zooey Deschanel).

Desde la perspectiva que nos plantea el director Marc Webb, resulta difícil no enamorarse de Summer. De un modo tan sensual como naif, y sin apelar a mayor intromisión que planos cerrados a pequeños gestos, nos convence de que Summer es la mujer que Tom necesita, la que la historia demanda y la que nosotros como espectadores queremos seguir viendo a su lado. ¿Quién es esta chica de sonrisa mágica llamada Zooey Deschanel? Te podría decir que laburó en Sí, señor, El fin de los tiempos y El asesinato de Jesse James por blablabla, pero al menos yo la recordaba más por ser una de las groupies amigas de Penny Lane en Casi famosos. Una morocha indudablemente bonita, aunque no tanto como su personaje: Summer no es sólo la belleza de Zooey, sino también la muñeca de Webb y la complicidad de una historia elaborada para que ella, sí, se corone en su trono de musa inspiradora. Es que el foco nos empuja, de algún modo, a mirar a través de los ojos de Tom.

Es por eso que los caprichos de Summer también generan molestia y enojo, y hacen sentir que esta chica debe haber sido consentida por todos sus novios desde la adolescencia, y por eso pondera su inconstantacia como si fuera algo heroico.

El relato no sigue una estructura lineal desde lo cronológico y las situaciones van y vienen en el tiempo dentro de los 500 días que empiezan cuando Tom conoce a Summer y terminan… el día 500. Así vemos a Tom y Summer chichoneando como adolescente enamorados en un local de amoblamiento para el hogar, o jugando a recordar la música de la serie “El auto fantástico”, y en la escena siguiente los tenemos sentados a la mesa de un bar discutiendo, mientras ella le reclama estar cansada de las peleas:  “Parecemos Sid & Nancy”, le reprocha haciendo alusión a la película que retrata la historia de ¿amor? entre el pistol Sid Vicious y su última novia, Nancy, los días previos a su  suicidio.

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La trama se vuelve dinámica y los diálogos fluyen entre ingeniosos y efectivos. No recuerdo haber visto nada que haya dirigido Webb, de hecho es un director joven con más futuro que pasado (hablamos del tipo que se va a poner a los hombros la próxima Spiderman). Me cuesta entonces establecer si es un (decente) deudor de, por ejemplo, Amelie o si simplemente elige homenajearla. Pero hay mucho del universo Poulan en el tono y recursos del relato. También hay algo en su musa (aunque en una versión más… arrancacorazones). Podrá ser una deuda o un homenaje, pero el resultado es convincente. A su manera, Webb retrata el amor desde una mirada atractiva e inteligente. El resto, es el correr de los días que (para bien o para mal) nos llevan del sueño a la realidad.

Por Demian Doyle

Recomendados en DVD: “Be Kind, Rewind” (2009)

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Hace ya algunos años, gracias a la sabia recomendación de un amigo, tuve la oportunidad de ver en DVD una recopilación de videoclips musicales realizados por un director francés. Desde Kyley Minogue hasta Foo Figthers, pasando por Radiohead, Paul McCartney y The Rolling Stones, entre varios, cada uno de los clips que componía el DVD era una pieza de genialidad cinematográfica. Ese director era Michel Gondry.

Para quienes no lo tengan de nombre, Gondry es el director responsable de “Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos”, película que permite entender a la perfección el enorme abanico de recursos cinematográficos con el que cuenta este director.

Cuatro años después de presentar “Eterno…”, Gondry llevó a la pantalla un guión propio sobre dos empleados de un videoclub de barrio que, por culpa de una disparatado accidente, borran todas las películas del negocio, y se ven obligados a reponerlas, filmándolas ellos mismos. Así nace “Be Kind, Rewind”.

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Este punto de partida le permite a Gondry delinar un film que, con apenas dos años de vida, ya cuenta con todos los elementos para volverse una película de culto, no sólo por la solidez y originalidad con que está contada, sino también por la cantidad enorme de guiños que emite hacia el espectador, hacia él mismo y, por qué no, hacia la historia misma del séptimo arte.

“Be Kind, Rewind” es una comedia original y refrescante, que permite disfrutar a pleno del talento cinematográfico de este alquimista de las imágenes que es Gondry. Vale la pena.

Nicolás Doyle

Trailer:

El hombre de al lado (2010): una mirada crítica sobre la clase media, el esnobismo y sus vicios enquistados

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Leonardo es un diseñador prestigioso. Vive en una casa que en sí misma es una obra de arte, ua pieza de admiración arquitectónica que los estudiantes deben ir a conocer (desde afuera) y la gente común se detiene a mirar (desde afuera, también). Una casa repleta de ventanas y luz. Mucha luz. Su vida, la de Leonardo y su familia, es tan impecable en lo estético como la casa hasta que un día se ve irrumpida por un hecho inesperado: un hueco en uno de los muros. Un vecino que vive ahí desde que nació (pero al que ni Leonardo ni los suyos conocen) le abre una ventana en la medianera del fondo de su casa. Una ventana entre mil que ya no produce admiración sino fastidio. Desde allá atrás la visión de su vida, tal vez, sea muy distinta.

El hombre de al lado es una (recomendable) película argentina dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat y protagonizada por Daniel Araoz y Rafael Spregelburg. Se estrenó en septiembre de 2010 en el circuito comercial, aunque ya el año pasado había girado por festivales y ganó el de Mar del Plata en noviembre (entre una lista mayor, e internacional, que puede consultar en el trailer que cierra este post).

Lo que entra en juego son esos dos personajes centrales que contamos, una obra maestra de la arquitectura  (la casa Curutchet de La Plata) y un pedido simple pero que con el correr del conflicto se aleja de cualquier solución. Víctor (Aráoz) pide que le deje tomar un poco de luz para su casa (”quiero un cachito de todo ese sol que vos no usas”, le reclama) , y Leonardo (Spregelburg) lidia con una mujer que le come la conciencia mientras le pide piquitos como toda muestra de amor. El tipo quiere seguir viviendo su vida bajo la cómoda necedad de sus parámetros. Sin innovar nada. Ni siquiera de punto de vista.

Esa mutua relación, más las relaciones que cada uno tiene en su vida, más la interacción de cada uno con las relaciones del otro, encaminan el desarrollo dramático y descargan una buena cantidad de segundas lecturas que enriquecen al fime, mientras la ventana media de vínculo ineludible. Leonardo quiere que la cierre, pero en el fondo es un cagón y no sabe cómo imponerse. Víctor está simplemente convencido de que no tiene nada de malo. Y uno, como espectador, deberá hacer equilibrio sobre la medianera hasta decidir de qué lado estar. Una definición que está más ligada a lo que los personajes y la situaciones representan, que lo que digan la ley, los códigos de copropiedad y el sentido común.

Decíamos que la pretendida ventana muestra otra visión de la vida de Leonardo, y no hay una literalidad en el relato, aunque basta con seguir cómo se van desnudando los conflictos cuando el abordaje cambia contra natura de ángulo. El hombre de al lado elabora una crítica sobre el esnobismo que extiende sus sombras sobre los vicios enquistados en la clase media. Sabe inquietar sin llegar a esa incomodidad que produce rechazo. Casi como Víctor, al que de antemano pensamos como un psicópata sudamericano… pero mejor vean la peli. Vale la pena.

Por Demian Doyle

La casa: la filmación se realizó en la casa Curutchet de La Plata, declarada monumento histórico nacional en el 87. Fue diseñada por el arquitecto suizo de origen francés Le Corbusier, considerado uno de los grandes renovadores de la arquitectura en el siglo XX.  Es su única obra en Sudamérica. Más data, imágenes y horarios de visita (a diferencia de la peli, sí, se puede visitar) en http://www.capba.org.ar/curutchet/casa-curutchet-presentacion.htm 

Trailer:

Recomendados en DVD: Lars y la mujer real (2007)

Lars es una persona retraída, que vive solo en el garage de la casa de su hermano, quien a la vez, está esperando un hijo. Habitante de un pueblo chico sin infiernos grandes, Lars es conocido por todos sus vecinos, quienes lo aprecian más allá de que nunca reciban de él más respuesta que una simple sonrisa o directamente una evasiva. Esa es la vida de Lars, tal cual la muestra el comienzo de “Lars y la mujer real”, la gratificante ópera prima de Craig Gillespie.

El film toma velocidad cuando el pobre Lars se ve desbordado por la presión de verse sometido a la imposición de una vida social que no sabe manejar. No soporta ir a trabajar, ni ir a cenar con su cuñada, ni que le presenten gente nueva. Por esta razón, y frente a la sorpresa de su hermano y su cuñada, el buen Lars rompe la monotonía de su vida con la noticia de que se encuentra en pareja con una mujer extranjera  llamada Bianca, a la que conoció por Internet. Ah, un detalle: Bianca es una muñeca de plástico.

A partir de esta situación el film empieza a brillar, tanto por su profundidad como por su originalidad. Porque la llegada de Bianca a la vida de Lars impacta con una onda expansiva en todo el pueblo, alterando en mayor o menor medida la vida de cada uno de sus habitantes, en una escalada social impensada para el asunto. Punto a favor del buen Gillespie, quien construye una gran historia sin exagerar, casi de modo minimalista, que va creciendo desde la nada como una bola de nieve hasta llegar a dimensiones impensadas.

Con una historia que ya de por sí es un acierto, también es para destacar la actuación de Ryan Gosling. El muchacho de “Diarios de una pasión”, logra una entrega maravillosa, con un personaje redondo al cual es imposible encontrarle un defecto de composición. Quienes ya la hayan visto, quizás coincidan conmigo en que el gesto de la sonrisa evasiva en que Gosling descansa su personaje cuando la presión lo abruma está a la altura del “okey” de Ray Man. Es simplemente genial, al igual que el resto del film.

Nicolás Doyle

Trailer:


Igualita a mí (2010): Suar quisiera ser grande, o al menos encontrar una musa que lo inspire un poquito más que la Bertotti

Igualita a mi

Si el manual del inmaduro describiese un modelo de chanta, habría una foto de Freddy. A los 41 años vive de noche, seduce chicas universitarias, evita los compromisos, labura poco, vive solo y es un maniático al que sólo le interesan dos cosas: hacer culto de su intimidad y conseguir una compañía femenina linda y joven para pasar la noche.

¿Qué le puede pasar a esta bon vivant modelo 2010 para que su vida dé paso a una comedia livianita y sin apuro? Que le caiga de golpe un compromiso al que no pueda quitarle el cuerpo. Por caso, enterarse de que es padre de una joven de 23 años (sí, justo lo que le había recetado el doctor). Ah, de yapa: la chica está embarazada así que próximamente será abuelo.

Este personaje estereotípico y ese disparador con blanco predecible resumen todo lo necesario para darse cuenta si uno quiere ver Igualita a mi (2010) y cuánto pochoclo comprar en caso de que la respuesta sea que sí. 

La nueva película de Suar, que ya anda por el medio millón de espectadores, es por sobre todo eso: la nueva película de Suar. Lamentablemente. En la anterior, Un novio para mi mujer (2009), el personaje protagónico también estaba escribo a medida del maestro yoda de Pol-ka, pero aquella Tana Ferro de Valeria Bertucelli lo eclipsaba y terminaba siendo la razón de ser de la película. Esta vez hay muy poco alrededor: lo de Florencia Bertotti es correcto, y sólo correcto; Claudia Fontán está bien, pero su personaje está concebido para acompañar y no para crecer. Y ya. Todo recae en un Suar que sobreexplota su simpatía (innegable, aunque auspiciada por ser el dueño de la pelota), y que actoralmente tiene pocas cartas que jugar.

Dirigida por Kaplan, el de Mosca & Smith, la peli transita el vínculo padre-hija por el camino de dos personajes forzados a descubrirse, y a construir la historia en común que su vínculo sanguíneo no tuvo. Aylin (Bertotti) es una hippie criada en El Bolsón que quiere conocer su pasado de un modo muy naif: acá no se ponen en juego cuestiones de identidad. Digamos que conocer a su papá le parece “buena onda”. Freddy, en su mundo, está demasiado preocupado por taparse las canas con tintura y por tener al día su cuenta en la barra de Tequila, aunque por eso deje de pagar las facturas de la luz. 

Sería un error esperar que una película así conmueva o sorprenda. Esta claro. Pero… 

Igualita a mi termina siendo excesivamente tibia  y genera una incómoda sensación de intrascendencia. Digo: si la historia no es gran cosa, los personajes no deslumbran y el final me lo imagino, pero igual pago la entrada… al menos divertime (ya lo aulló Cobain, Chueco, here we are now, entertain us). Los mohines de Suar ya son harto repetidos y encima esta vez carecen de inspiración. Hagamos memoria: el Gabriel Nielsen de Sin código cantaba Noelia en el auto, y por algún motivo era gracioso. El Tenso de Un novio para mi mujer de repente se sacudía al ritmo de Cristian Castro y transmitía un sentimiento. Este Freddy baila y canta en bata con una cuchilla en la mano mientras Aylin lo mira desde el balcón de enfrente… y cuesta regalarle la complicidad de una sonrisa. Esa falta de chispa termina conspirando contra Igualita a mi.

Como es sabido, hacer comedia es cosa seria. Para divertir y emocionar, hay que saber construir. Y esta vez, conmigo, el capricho cinematográfico de Suar no lo logró.

Por Demian Doyle

Mejor mirá: si leiste el post es obvio, pero Un novio para mi mujer es una comedia livianita, con un registro similar y mucho más divertida.

Trailer:

 


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