“Priest” arranca con todo. En un destacable prólogo animado de menos de 10′, resume miles de años de historia marcados por una sangrienta guerra entre humanos y vampiros, que se extendió durante siglos sin resultado cierto, hasta que la iglesia llamó a deberes a un grupo de super guerreros llamados Sacerdotes, especializados en matar chupasangres. Con la llegada de estos curas/ninjas, la pulseada se inclinó a favor de los humanos, quienes terminaron matando a la mayoría de los vampiros y encerrando al resto en reservas perdidas en el desierto, para que se pudran al sol por su cuenta, sin molestar.
Claro está, el fin del conflicto tampoco deja las cosas del todo bien para los humanos. Con la civilización devastada por la extensión de la guerra, el panorama que muestra “Priest” para la humanidad de posguerra es demasiado apocalíptico como para que la misma celebre mucho su victoria. Amontonados en ciudades destruidas y oscuras, los hombres viven ahora al servicio de la iglesia, representada aquí como una organización panóptica y viciada, que controla esa sociedad en ruinas a través del miedo, y comercializa seguridad a cambio de trabajo esclavo. Dentro de ese contexto, aparece el protagonista, un inexpresivo Sacerdote llamado Priest (se mataron), que busca salir del retiro para ir a rescatar a su sobrina, convenientemente raptada por vampiros, quienes al parecer, no estaban taaaaaan extintos después de todo…
Y… hasta ahí llegamos. Indagar más en la trama de la peli no vale la pena, porque a partir de allí, es todo muy pobre y lineal. A los ya conocidos cánones del cine apocalíptico (zombies o vampiros, lo mismos da), Priest suma unos poco pasajes de pelea a’lla Matriz, un mínimo de misterio y alguna que otra sorpresa en la trama con vistas al final. Una ensalada poco destacable, que podría ser una guarnición aceptable, pero que como plato principal seguro que te deja con hambre.
Con cuatro entregas de la saga Resident Evil y tres de Blade como antecedentes, nada de lo que Priest propone es original, ni siquiera la fallida intención de tomar lo mejor de cada una para potenciarlo. Priest es una peli apocalíptica de vampiros a dieta, demasiado anémicos como para presentar una amenaza respetable que nos haga saltar de la butaca de vez en cuando. En todo caso, gracias si apenas evita bostezos.
Nicolás Doyle
Mirala si te gusto: yo en tu lugar no la miraría, pero si insistís, mirala si te gustó Underworld, The Book of Eli o Resident Evil 3 (la mejor de la saga).
Si te gustó, mirá: Los comentarios de Guillermo Del Toro en el DVD de Blade 2. Marcan el ABC de una peli de acción apocalíptica.
Cuatro ladrones disfrazados de monjas estacionan su camioneta en una calle suburbana de Boston. Son pura adrenalina en estado cinético. Acaban de robar un banco y lograron escapar a una espectacular persecusión policial. Llevan un botín de mucha, mucha plata. Bajan confiados, escopeta en mano, y abren el baúl con la idea de cambiar de ropa y seguir la fuga. Pero ahí, en plena calle, descubren su error: estacionaron justo frente a un patrullero. Sentado al volante, solo y con el coche apagado, un poli de unos 50 años que es la burocracia en servicio los mira resignado. Indefenso. ¿Lo acribillarán? ¿O dejarán vivir a un tipo que ya piensa más en su pensión que en morir como un héroe?
Miradas inmóviles y unos pausados instantes culminan la escena. No importa si es la mejor de la película, pero explica porqué uno puede esperar que la carrera como director de Ben Affleck sea prolífica. En silencio, el poli y las monjas asesinas cruzan miradas en una quietud que contrasta con la vorágine previa y, tal vez por eso, habla por sí sola. Todo transcurre en la mitad de The Town (2010), el último filme de Affleck, que lo tiene como protagonista y director.
Les cuento en dos palabras de qué va esta peli: Doug MacRay (Ben Affleck) es un ladrón de bancos en Charlestown, el pueblo de donde más ladrones de bancos salen en Estados Unidos (según cuenta la peli). El tipo está en plena crisis: su “no sos vos, soy yo” se refleja en su rostro, en su desgano, y en esa intención de pegar un volantazo hacia la legalidad. Tras dar un golpe a un banco, que él supone será el último, intenta abrirse del negocio, pero sus amistades y viejos amores se vuelven en su contra y queda acorralado entre la mafia y el FBI. Si esto parece ser un problema, el verdadero conflicto de Doug es el amor: el tipo se engancha con Claire (Rebecca Hall), la gerenta del último banco al que roba, a quien se supone debía vigilar.
La peli es buena, y ya está editada en dvd, así que valga como sugerencia para ratos libres. Eso sí, nada de The Town, búsquenla con el ochentosísimo título que recibió en nuestro país: Atracción peligrosa. Es un thriller de acción que entretiene, y que además permite descubrir el potencial que tiene Affleck sentado del otro lado de la cámara. No es poco.
Por Demian Doyle
El director: este es el cuarto trabajo de Affleck como director y su segundo largo. El anterior fue Desapareció una noche (2007). También dirigió dos cortos.
Adiós, Pete: en la peli hizo uno de sus últimos trabajo Pete Postlethwhite, a quien cada uno recordará por algún papel, y yo lo voy a traer a la memoria como Kobayashi, el secretario de Kaiser Soze en Los sospechosos de siempre. Su peli póstuma sería Killing Bono, que todavía no tiene fecha de estreno en el país.
Una vez más, Denzel Washington tiene problemas con un tren. Después de la traumática experiencia a la que lo sometió John Travolta en Rescate del Metro 123, el actor de John Q vuelve a verse enredado en líos ferroviarios, aunque en este caso abandona la cálida comodidad de su oficina para correr detrás de un tren sin conductor que circula a casi 100 km/h, llevando consigo una importante cantidad de material inflamable. En palabras textuales del film, “un misil del tamaño del edificio Chrysler”.
Para ser honestos, Imparable no es un film que proponga nada nuevo. Todo empieza de la mano de una serie de eventos desafortunados que, cual tormenta perfecta, se complementan implacablemente para darle forma a un desastre total en potencia. Del otro lado, dos anti-héroes con claros problemas personales se tienen que encargar de corregir la torpeza de algunos y la negligencia de otros, para poder así evitar que este tren descarriado termine explotando contra una ciudad de casi un millón de habitantes, donde (obviamente) viven sus seres queridos.
Así que ahí van, el propio Washington y un tal Chris Pine (quizás lo conozcan de la última Star Trek, quizás ni lo conozcan), en busca del tren perdido. Y eso es aproximadamente todo lo que Imparable tiene para ofrecer. Como verán, una idea sencilla, pero no por eso menos efectiva.
Y quizás sea justamente en esa simpleza en donde se fortalece la propuesta de Imparable, dado que al no tener una trama secundaria que valga la pena atender, nos permite focalizar toda nuestra atención en la cabina de la locomotora que conduce el bueno de Denzel, siempre creíble, siempre admirable. Aquí no hay trasfondos misteriosos sobre terroristas, traidores a la patria ni infiltrados que intentan sabotear los esfuerzos del héroe. De hecho, lo más parecido a un malo que muestra Imparable es un ejecutivo de la empresa de trenes, cuya codicia lo empujar a actuar priorizando siempre los intereses de la compañía por sobre las vidas humanas en riesgo.
Pero no busquen más abajo, porque eso es lo más profundo que van a llegar. Esta peli cuenta con la elogiable honestidad de no pretender ser más de lo que es: como buen exponente del cine catástrofe, Imparable es un film lineal y directo, con muchísima adrenalina y una velocidad de relato vertiginosa. Ahora que lo pienso, no tan diferente al tren que persigue Denzel.
Vaya ironía.
Nicolás Doyle
Mirala si te gustó: Máxima Velocidad, la película por excelencia en cuestiones de medios de transporte desbocados y explosiones inminentes.
Si te gustó, no dejes de ver: Hombre en Llamas… mismo actor, mismo director, mejor resultado.
Todo empezó como un chiste. Durante el rodaje de aquella adictiva e inefable La balada del pistolero (Desperado, 1995), el director Robert Rodríguez bromeaba con el actor Danny Trejo sobre la posibilidad de filmar una película: la del Navajas, un asesino especializado en cuchillos que no era más que el personaje secundario interpretado por Trejo. Por entonces Rodríguez ya definía un modo de retratar historias violentas con humor y la recurrencia de extrapolar situaciones y personajes de una película a otra. Y al igual que su amigo Quentin Tarantino iba ganando el beneplácito de figuras de renombre que se prestaban a participar (sin ser protagonistas) en sus westerns siempre satíricos, sanguinolientos y hablados en spanglish.
Hace poco Rodríguez admitió que nunca se había tomado muy en serio eso de hacer una peli con el Navajas. Pero el chiste se volvió recurrente, más cuando Trejo se convirtió en su actor fetiche, y terminó filmando un falso trailer que se exhibió en 2007. Fue como parte de Grindhouse, aquel proyecto de cine clase b en continuado para el que se asoció con Tarantino. Ya entonces, la falsa película no se llamaba Navajas, sino Machete, porque el personaje definía su preferencia al uso de ya se imaginan qué. El trailer la rompió: fue una de las mejores ocurrencias de aquella movida tan grandilocuente como despareja. En los cines, en la edición en dvd, y sobre todo por Internet, el justiciero de los espaldas mojadas (como se llama despectivamente a los ilegales) explotó como una leyenda. Rodríguez sentía que algo pasaba: por la calle le preguntaban por el (supuesto) rodaje de Machete, y no por Sin City II.
Así, en 15 años, el chiste se hizo broma y la broma, película. Machete (2010), estrenada en la Argentina el jueves pasado, lleva impregnada esa entrañable atmósfera de pueblo caliente y atemporal que sabe transmitir Rodríguez, y destila la violencia, los excesos y la pasión por el cine clase b que definen al director. El largo incluyó gran parte de las escenas filmadas para el trailer de 2007, salvo aquellas que debieron ser modificadas cuando ingresaron al proyecto Robert De Niro, Don Johnson, Steven Sigal, Jessica Alba, Michelle Rodríguez y Lindsay Lohan.
Todos ellos asumen roles secundarios, importantes sí, pero funcionales al objetivo madre de ponderar la figura del protagonista. Machete, el personaje, recae claro sobre un Danny Trejo, que con 62 años y otros tantos surcos en su rostro consigue al fin su primer protagónico. Como bien lo definió Rodríguez, Trejo (que es estadounidense) tiene todo para ser la versión mexicana de Charles Bronson. Por eso no importó qué tanto cartel, trayectoria o fama tuviese el reparto, lo subió bien arriba en la marquesina. Y Trejo paga.
La historia se desarrolla en la frontera entre los Estados Unidos y México, donde fuerzas paramilitares ejercen un control violento sobre los ilegales que intentan cruzar desde el sur. Un exterminio sádico y despiadado. De ambos lados hay complicidades de policías y políticos corruptos, que ya tienen el control real de los pasos pero ahora quieren blanquearlo. Todos se encolumnan detrás del senador John McLaughlin (Robert De Niro), quien está en campaña para ser reelegido y pretende captar al electorado de derecha con un discurso que denigra a los inmigrantes (los define como plagas y los representa con comunidades de cucarachas). Su proyecto impulsa la electrificación de los pasos fronterizos y la creación de fuerzas de control. De ahí, claro, todos quieren morder.
El tal Machete, Machete Cortez, ha quedado sin tierra. De México, su patria, tuvo que escapar luego de que el poderoso Torrez (Steven Sigal) le tendiera una trampa y matara a toda su familia. Ya en Estados Unidos, sin documentos ni trabajo, es obligado a asesinar a McLaughlin. Lo que Machete no sabe es que quien le encarga el trabajo es un asesor del senador (Michael Booth, interpretado por Jeff Fahey), que está montando un falso atentado para revertir las encuestas que vienen muy pero muy mal.
Indocumentado, herido, y buscado por casi todos para matarlo, Machete se vincula con La Red, un grupo de mexicanos que desde Estados Unidos ayuda a sus compatriotas a cruzar. Allí conocerá a las morochas bonitas de la peli: Luz (Michelle Rodríguez), la líder de la resistencia; y la agente de migraciones Sartana Rivera (Jessica Alba), que anda investigando a la red. Ambas lo ayudarán de algún modo y también quedarán obnubiladas por este caballerote errante y violento pero con códigos. Tal vez sean la línea fundadora de las chicas Machete.
El cine clase b es un cine de excesos que sus fanáticos (como Rodríguez y Tarantino) ponderan y sobreactúan. En este caso la violencia es parte constitutiva del relato y sepan, si son impresionables, que sobran mutilaciones (Machete, ¿sí?), y escenas gore que no dudan en regodearse, desmesuradas, sobre la sangre. Así la película, siempre entretenida, le escapa al gran público por una elección casi caprichosa de Rodríguez. La historia planteada, los actores y los personajes tenían margen para desmarcarse de los códigos más estrictos del género. Pero está claro que no hacerlo es una decisión premeditada y que esa decisión es válida.
Entonces Machete no deslumbra, pero tampoco engaña y hasta supera las expectativas: es eso que uno va a ver, y un poco más también. Tiene un encantador perfume apocalíptico-romántico de una América atemporal, retratada en escenarios de origen colonial pero desarraigados de todo progreso. Por detrás y por delante, laten omnipresentes la violencia enquistada y las miserias de quienes ostentan un poder fáctico y espurio. Hay una interesante diferencia entre la perversión con que matan los corruptos y la parquedad (y hasta cierta economía de sadismo) con la que actúa Machete. Y hay también una mirada crítica sobre el conflicto fronterizo, bienvenida y atractiva, aunque sólo haga buceo de superficie.
Después del último machetazo, una placa negra con letras rojas anuncia dos secuelas: Machete mata y Machete mata de nuevo. A esta altura está claro que Rodríguez es un tipo serio cuando jode y jodón cuando habla en serio. Por eso sus chistes tienen una presunción de bipolaridad: pueden ser su última broma o un próximo estreno.
Por Demian Doyle
Versión infantil: no es la primera vez que Trejo interpreta a “Machete”: su personaje en la saga Mini Espías lleva el mismo nombre.
Santas herejías, Batman: cuando veas la peli, prestá atención al enfrentamiento entre Booth y el hermano cura de Machete. ¿Cuánto más cuestionada hubiera sido esa escena si se tocaran símbolos de una religión propensa a defenderlos y no del catolicismo?
Reírse de uno mismo: Lindsay Lohan tiene tal vez el rol más chico en la trama. Pero vale destacar cómo se ríe de sí misma jugando el papel de la hija adicta de Booth, y también la ironía que sugiere ese personaje, que tanto hace recordar a Molotov cuando canta: “aunque nos hagan la fama de que somos vendedores/de la droga que sembramos Uds son consumidores”.
Cuestion de trailers: acá te dejamos el trailer 2010 de la película y abajo, el trailer original que se usó en 2007 para Grindhouse.
Post corto sobre Salt (2010), la nueva de Angelina Jolie. ¿La historia? El viejo truco del doble agente (Estados Unidos vs. Rusia) pero aggiornado: la peli rescata la teoría del topo, ese espía secreto que se instala en un país enemigo, vive años, incluso décadas, hasta que un día comete su plan. Esa agente es o podría ser Evelyn Salt (Angelina Jolie, claro). ¿Es o podría ser? Sí. Es que si algo se propone la vertiginosa trama es poner en duda (tantas veces como sea posible) para qué lado juega esta femme fatal de golpes ligeros y vastos conocimientos de cualquier truco que sirva para matar. Y como el cometido de la película es entretener, cumple. Sin nada de complejidad, siembra incertidumbre sobre las intenciones de nuestra superagente. El déficit pasa por estar craneada como una mera plataforma de lanzamiento de una franquicia. Está claro que Salt tendrá próximas entregas: el problema es que se haga tan evidente mientras uno está viendo la primera. Me sorprendió, sí, el final. Sin dar detalles de cómo o cuando esperarlo, sólo digamos que es a la europea: en un momento la cámara se apaga y caen los títulos, pasando por alto el clishé de ponerle un moño al asunto. El resto es Angelina, en versiones rubia (…) y morocha (¡!). La peli, en resumen, es tan entretenida como servil a la misión de procear secuelas. Veremos cómo sigue.
Por Demian Doyle
Deja vu: Angelina pegando patadas en HD siempre tendrá algo de Lara Croft
Uno debería empezar diciendo que Los indestructibles (2010) cumple con todos los requisitos para ser una buena película de acción, aunque a esta altura de la vida ya se debe descontar que Sylvester Stallone, director & protagonista, sabe cómo trabajar el género.
O tal vez habría que empezar advirtiendo que no conviene dejarse llevar por las muchas promociones que intentan vender la peli como un dream team de la acción (empezando por el poster que acompaña este post). Porque el seleccionado internacional del tiro a mansalva y la pelea final mano a mano es funcional a una película planteada para que Stallone sea protagonista. El resto, salvo Jason Statham (el de El Transportador) que hace de ladero, es parte secundaria del equipo o sólo se anotó para un bolo.
Por donde uno empiece, Los indestructibles es una buena película de acción, basada en un grupo de mercenarios estadounidenses que trabaja haciendo trabajos en territorio ajeno por fuera de la ley. El asunto central es un conflicto en una isla sudamericana, Vilena, donde una dictadura militar financiada por un grupo estadounidense que supo tener lazos con el gobierno yanqui está masacrando gente a lo pavote y traficando drogas a gran escala. La trama podría parecer politícamente incorrecta, pero la cuestión no levanta tanto vuelo: en realidad Stallone y los suyos son contratados por la CIA para ir a lavar los trapos sucios. Espejito, espejito, cuál es el país prodemocrático.
Stallone y Statham están acompañados por Jet Li, Dolph Lundgren, Terry Crew y Randy Couture, además de un Mickey Rourke que no pelea pero se encarga de decir las líneas más interesantes del guión. Los nombres de los personajes los contamos en la próxima. Hay luchas cuerpo a cuerpo, persecuciones, explosiones espectaculares y mucho armamento… están todos los resortes que el género usa para entretener, y bien utilizados por cierto. Y hay un propósito de transformar a estos mercenarios, a través de una motivación más altruista que el dinero, disparada (cuando no) por el encanto de una mujer.
Personalmente pensé que me iba a encontrar con una mayor voluntad de autoparodia, pero de eso hay poquito. Lo más parecido es la escena en la que se juntan los cameos de Bruce Willlis (es el encargado de pedir extraoficialmente el trabajo en la isla de Vilena) y de Arnold Schwarzenegger (es la segunda alternativa para hacer el laburo, Stallone o él). El duelo sarcástico-verbal entre los ex Rambo y Terminator tiene alguna chispa, pero alas de plomo: quizás era demasiado pedir que el viejo Arnold, tan detestable como pésimo actor, entregue algo más que el combo carota dura + guiño de ojo.
Pero la peli cumple con su cometido. Quizás la mayor incógnita sea en qué va a terminar la cara de Stallone si se sigue operando. El final de Los indestructibles deja puertas y ventanas abiertas para una continuación. Allí podremos ver cómo se las ingenia el inoxidable Sylvester para convertir esta buena idea en algo más. Y claro, qué tan alto pueden llegar sus cejas.
Por Demian Doyle
Cuestión de títulos: siempre despotricamos contras las traducciones, pero esta vez el “indestructibles” coincide mejor con la peli que el concepto de “prescindibles” (The expendables) del título original.
Estar frente a una hoja en blanco dispuesto a escribir un comentario sobre esta película es como tener un enorme sándwich frente a uno y no saber por dónde hincar el primer mordisco: “Furia de Titanes” es tan pero tan mala, que todavía no sé por dónde pegarle primero. No es de indeciso, el problema está en que el abanico de opciones resulta tan amplio que hay que hacer un esfuerzo para ordenar un poco las ideas antes de comenzar a criticar esta película absurda. Pero bueno, igual vamos a intentarlo.
Para empezar, vamos a apuntar la primera patada a la idea general del film. A ver muchachos ¿a quién se le ocurre que, de la remake de una película pedorra, puede llegar a salir algo aceptable? Si la idea era mala hace 30 años, sigue siendo mala ahora, por más que la tecnología haya avanzado lo suficiente como para lograr ciertos trucos. Y ya que hablamos del tema, me encantaría que alguien me aclare adónde fue a parar el presupuesto multimillonario de este film, dado que para ser un tanque hiperpresupuestado, visualmente deja muchísimo que desear. Sí, desde los trajes rídiculos que le calzaron al pobre Zeus (demasiado parecido a un Caballero del Zodíaco) hasta la mediocridad de la animación de la Medusa (¿en serio esperan que creamos que eso es un ser vivo?), todo hace agua.
Aunque si vamos a hablar de que cosas hacen agua, no podemos dejar de lado las actuaciones: no se salva ni uno. No, ni uno. Están todos exagerados y poco creíbles, incluso grandes actores como Ralph Fiennes o Liam Neeson, que con sus pocos minutos de pantalla se las arreglan para echar por tierra su prestigio, solo para jugar un rato a los dioses griegos. Probablemente se hayan divertido mientras hacían ese film, pero apostaría lo que no tengo a que en este momento están en sus mansiones pateándose a sí mismos por esta pésima elección.
Ahora que vamos redondeando un poco más la idea, voy a aprovechar para hacer una aclaración: por favor, no tomen esto como un manifiesto intelectualoide de alguien que intenta separarse del cine pochoclero, porque no es así. Yo no fui arrastrado a ver esta peli, no me pagaron la entrada ni me pusieron un revolver en la cabeza para sentarme en la butaca. Fui con ganas, con la esperanza de revivir las viejas sensaciones de heroísmo que despertaba en mí el cine de aquellos Sábados de Superacción por Canal 11, allá en los años ‘80. Pero ni siquiera logramos eso, porque “Furia de Titanes” no solo es, por lejos, una de las películas más berretas y peor hechas que tuve la desgracia de ver en mucho tiempo, sino que además es terriblemente aburrida.
En resumen, amigos hoy trasnocheros, “Furia de Titanes” apesta, y dudo que en lo que resta del año lleguemos a ver otro film así de malo. Y aunque todavía es muy temprano para hablar de la peor película del siglo, yo no pierdo las esperanzas.
Nicolás Doyle
Mirala si te gustó: por el amor de Dios, no la mires…
Si te gustó, mirá: películas épicas como la gente, es decir, algo de la saga de “The Lord of the Rings”
La duda: ¿soy yo, o Sam Worthington es el peor héroe de acción de las últimas décadas?
¿Se acuerdan de Revancha, aquella peli de 1999 en la que Mel Gibson se volvía de golpe un hombre violento para vengar la muerte de su mujer? Bueno, si la vieron, es muy posible que les pase lo mismo que me pasó a mí una década después cuando vi Al filo de la oscuridad (2010): la recordé. Y con cariño.
Mel Gibson está de vuelta, mis amigos, y para su regreso a la actuación eligió un camino bien apisonado: el thriller disparado por la historia de un hombre que busca justicia y, a la par, venganza. Nada que vaya a revolucionar el séptimo arte, ni a ninguno de los otros seis; y una apuesta mucho menos ambiciosa que las que hizo como director. Porque vale decir que La Pasión de Cristo y Apocalipto, más allá de la dudosa calidad del resultado final, eran cartas fuertes jugadas en la primera mano. Acá el bueno de Mel se guarda tanto los ases que uno se queda dudando si en algún momento de la película los jugó.
En Al filo de la oscuridad, Gibson es Thomas Craven un policía que recibe de visita a su hija Emma (de unos 20 años), quien parece esconder algún problema serio de salud: vomita, se descompone y…. Y no mucho más, porque a poco de llegar, Emma es baleada en la puerta de la casa y muere. ¿Por qué la mataron? ¿Era un atentado contra ella o contra Thomas? ¿O hay algo detrás de ese deterioro físico que trajo Emma?
Allí están los interrogantes que echan a rodar la acción, porque se imaginarán que como buen policía Craven sale a investigar qué pasó con su hija, quién y por qué la mató. Su búsqueda, como también se imaginarán, no va estrictamente por los carriles de la ley, y en su camino aparecerán nuevos cadáveres, descubrirá las relaciones de su hija con activistas que él desconocía, y se acercará al secreto que da pie a todo, con cuestiones nucleares y de radioactividad de por medio.
La actuación de Gibson es otro de los interrogantes de la película (quizás el que más llama la atención), porque cuesta entender si le faltó convicción o timming para volver a ponerse al frente de la cámara. Pero creanme que durante la primera parte de la película Craven es un jugo aguado: no tiene gusto a nada. Recién sobre el final, ya con la acción desencadenada, parece encontrar la temperatura del personaje.
Mientras corre la venganza, la película plantea cómo la sociedad, y sus estructuras, atan a las individuos, y cómo se suelta uno cuando pierde todo aquello que le daba sentido a su vida. Algo así como que nadie es más peligroso e impredecible que quien no tiene nada que perder, pero planteado desde el grupo de pertenencia más primario: la familia. Otro hallazgo, ¿no?
Como thriller, Al filo de la oscuridad rasguña lo correcto, pero tiene demasiados altibajos como para que uno se enganche y palpite con la acción. Porque hay dos giros, tal vez tres, que sorprenden, despabilan y despiertan el interés por la historia de Craven (ahí estaban los ases). Pero el tono general de la película, el comienzo somnoliento de Gibson y una fotografía bastante berreta termina por conformar un producto que sin ser malo, resulta bastante fácil de prever y de olvidar.
Por Demian Doyle
Si te gustó, mirá: espero que el paso de tiempo no me traicione, pero si te gustó esta peli mirate Revancha.
Lo primero que hay que aclarar antes de comentar “Sherlock Holmes”, es que el verdadero protagonista del film no es el detective creado por Conan Doyle (no hay parentesco con los autores de este blog), sino el inglés nervioso sentado en la silla de director. Dato no menor, si se quiere entender realmente de qué tipo de película vamos a hablar.
Aclarado esto, charlemos un rato sobre Sherlock.
Como ya los medios se han encargado de marcar y remarcar, la versión de “Sherlock Holmes” con la que Guy Ritchie desembarcó en las salas es notablemente distinta a las anteriores representaciones cinematográficas del detective de Baker Street, mucho más adrenalínica de lo que uno podría esperar. Sin dudas, una apuesta muy original para la historia fílmica de Holmes, aunque no tanto para la historia fílmica de Ritchie.
De esta manera, mientras Holmes se aventura a correr, pelear, nadar, saltar y volar por los aires al ritmo de explosiones de alto calibre, Guy hace lo que mejor le sale, y entrega una visión que explota la faceta más salvaje del detective, con un nivel de ferocidad y demencia mayor que la de ese inglés modosito que aparece en las versiones de Hallmark.
Dentro de ese territorio, “Sherlock Holmes” ofrece lo mejor que tiene. El director británico lleva el tiempo de relato a la velocidad de la luz, mientras aprovecha para ostentar su enorme talento estético en la recreación de la Londres Victoriana y darse el gusto de incluir esos pasos de comedia que siempre le gusta ensayar en sus films, aún en los más violentos. Con todo esto, Ritchie arma lo que, en definitiva, uno siempre espera de él: una película electrizante, extremadamente entretenida, que se disfruta casi en su totalidad.
Ahora bien, reconocido eso, aclararemos otra cosa: la peli de Ritchie deja muchas expectativas sin cumplir. La apuesta por la adrenalina y los golpes de puño hace que Guy descuide inexplicablemente la necesaria cuota de misterio con la que debería contar cualquier historia digna del mejor detective de todos los tiempos.
Y eso es realmente una lástima, porque más allá de que “Sherlock Holmes” sea una peli disfrutable, más de uno se quedará con las ganas de sentarse en el cine a jugar un rato al detective, intentando develar los misterios a la par de Sherlock, que en el fondo, es una de las propuestas más divertidas de este tipo de films.
Ojala haya una próxima entrega, en la que Guy deje su ego de lado, y en lugar de hacer una peli sobreGuy Ritchie filmando Holmes se dedique finalmente a hacer una buena película sobre Sherlock Holmes. ¿Sería interesante, no?
Nicolás Doyle
El dato: según IMDB, ya se está preparando la sequela para el 2012
Hay actores de acción que nunca logran superar su estúpida vanidad, ni su complejo de musculoso que no se siente respetado como actor o el duelo por el corte de su cola de caballo. Es un género, naturalmente, ingrato con sus héroes. Hasta el bueno de Jason Statham, el actor que mejores productos de acción nos dio en el último tiempo, tiene su karma: no puede escapar a la ley de segundas partes no positivas. Ya pasó con la continuación de El transportador y ahora también con Crank 2, la aventura bizarra y alocada en la que su personaje es obligado a vivir vertiginosamente cada segundo de su existencia para evitar su propia muerte.
Necesariamente hay que mencionar aquella primera Crank de 2006 para poder explicar de qué va este segundo y fallido envío. La película original contaba la historia de Chev Chelios, un asesino a sueldo al que unos mafiosos le inyectan un veneno letal que va desacelerando su corazón hasta que finalmente deje de latir. Eso le daba a Chev una hora para poder cobrarse venganza de quienes le propinaron tan perverso final. Con una salvedad: para poder estirar unos minutos ese tiempo debía generar adrenalina… como fuera. El resultado fue una muy interesante película, vertiginosa como un trailer lisérgico, en la que Chelios consumía drogas, tenían sexo desenfrenado en la vía pública y provocaba peleas callejeras. Es ese tipo de película que se vuelve de culto y uno recomienda con reservas sabiendo que hasta el riesgo de quedar mal vale la pena.
Pero esta segunda parte, electrica como un videojuego pero sin interactividad, ya no sorprende y por momentos, agota (y aburre). Crank 2: Alto Voltaje empieza donde la anterior termina… pero Chev Chelios no ha muerto. Es rescatado por unos chinos que le extirpan su corazón (supuestamente esa es la base de su resistencia al veneno de la primera parte) y le ponen uno artificial a batería. Esta vez, entonces, la sed de Chev no será de adrenalina sino de electricidad y su motivo principal no será la venganza (aunque no se prive de ella) sino recuperar su corazón.
El tema es que la película no logra levantar temperatura más allá del ritmo frenético que ya es su razón de ser. Los malos aquí son unos chinos aliados a unos mexicanos (caracterizados como maras) y el modo de filmación juega con algunos elementos de animé que sugieren que los directores Marc Neveldine y Brian Taylor intentaron meterse de prepo en el mercado asiático. Los desnudos gratuitas y sin sentido son un exceso empalagoso y la película termina cayendo en una demanda de sexualidad tan exacerbada, que parece producto de una mente adolescente.
Ahí están los problemas que Crank 2 no sabe superar: la locura que tenía la original, ese ritmo frenético que cortaba la respiración, aquí pierde frescura. Statham le pone el cuerpo a un Chelios siempre dispuesto a todo y un poco más, y mientras abraza generadores de energía o hace un puente de la batería de un auto a su lengua, intenta que la trama gane un poco de altura. Pero el resultado es bastante decepcionante. Si no vieron la primera, veanla, y si la vieron y tienen un buen recuerdo no alimenten expectativas por este nuevo capítulo, que en la Argentina fue editado directamente en dvd.
Igual, siempre hay esperanzas: quizás como pasó con El Trasportador III, la próxima aventura de Chelios levante la puntería y retome el camino.
Hoy: Trasnoche! (H:T!) es un espacio para volcar nuestras impresiones sobre el cine que vemos, con sus buenas y malas películas, las desconocidas y las comerciales, los clásicos y aquellas que preferiríamos no haber visto nunca. La idea es simplemente recordar las horas que le robamos a la madrugada disfrutando de lo que nos gusta: el cine. Bienvenidos.
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