La profecía del 11-11-11 (2011): otro día en el planeta Tierra, otra peli en el debe

El segundo viernes de noviembre pasó sin dejar signos de rehabilitación espiritual ni destrucción material, ni mayor amargura que el empate de local con Bolivia. Ante esta realidad irrefutable, la permanencia en cartel de La profecía del 11-11-11 resulta casi tan inútil como postear algo sobre la película. Pero mi fe no recae sobre la numerología sino sobre el potencial aún existente de hacer un cine de terror que valga la pena ver. Que evidentemente no es éste.
Lo peor del linaje de películas a las que 11-11-11 representa no tiene vínculos con el trazado paralelo de una realidad que la vacía de sentido y la derrumba al ridículo. El terror comercial es mayormente una tonta trampa que abusa de la demanda de un público cautivo dispuesto a ver historias con poca y nada de renovación. Aquí lo que se suma es puro vicio: el oportunismo cortoplacista de subirla a la cartelera unas semanas antes de que se cumpla la fecha que lleva por título. Creanme, no hay nada más.
Sin ánimo de enumerar clishés, la historia nos trae a un escritor exitoso que viene golpeado por la trágica muerte de su mujer y su hijo en un incendio, y que empieza a encontrar la curiosa (y luego desesperante) presencia del número 11 en la mayoría de los hechos macabros que oscurecen su vida. Unos días antes del 11-11-11 es convocado por su hermano a España, ya que su padre está por morir. Padre y hermano son líderes religiosos de una iglesia alternativa que se derrumba ante lo que, ellos creen, es la debilidad de los canales para hacer llegar su mensaje. Días antes del llamado, Joseph Crone sufre un accidente y se salva de milagro. En el hospital, una anciana chamuscada se le acerca y le advierten que no atienda el llamado. El, que es capaz de vender millones de copias de un diaro íntimo y no tiene más que rechazo hacia la religión, atiende. Y aunque no mantiene vínculos con su familia y hasta alimenta algunos rencores, viaja.
Decir que 11-11-11 es del tipo de películas que homologaba la grilla del canal Z o I-Sat, incluso por el tono azulado de la filmación, sería desprestigiar a los thriller ertóticos berretas que supieron conseguir asilo en algún lugar de la botonera. Los males de Crone y su familia no despiertan siquiera el instinto vouyerista más bajo. Están desterrados del mundo del interés.
Todo lo que sucede durante los 70 minutos iniciales del filme fue dicho y visto en muchas otras pelis de un modo más convincente, y tal vez lo único que tenga algún anzuelo para fanáticos del género son los minutos finales donde todos los temores se resuelven y las sorpresas que esconde 11-11-11 salen a la luz. Que pueden sorprender o no, según lo despierto que uno haya llegado a esa instancia de la historia.
Por Demian Doyle
Trailer:



Mala, mala, mala…