La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2010): de cómo hacer una segunda parte sólo con la inercia… o Lisbeth + 10

Uno termina de ver la película y se pregunta, ¿qué sería de las versiones cinematográficas de Millenium sin Lisbeth y su perturbada existencia?
La respuesta es obvia, nada, porque la historia se basa en ella. Aunque esta vez sea más evidente. Ya desde un título de longitud poco habitual para la cartelera comercial, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, nos anticipa que todo girará en torno a una chica. Lisbeth, esa punkiheroína nórdica de pasado oscuro, presente duro y futuro de redención.
“La chica….” es la segunda parte de la saga Millenium (la primera y recomendable fue “Los hombres que no amaban a las mujeres“), fue estrenada en Suecia en 2009, pero recién llegó a nuestro país en este invierno 2010, aprovechando el furor por la trilogía póstuma de novelas del periodista Stieg Larsson. Retoma muchas de las cuestiones que quedaron pendientes en “Los hombres…” y vuelve a la carga sobre otros puntos que, como espectactadores, tal vez podríamos haber dado por cerrados. En otras palabras, desde la reincidencia elige profundizar en los personajes en vez de avanzar en la historia. ¿Una buena elección? Interesante, aunque con resolución (cinematográfica) poco feliz.
Los dos protagonistas son los mismos que en ”Los hombres…” y transitan esta segunda parte por caminos paralelos que se unen cuando… bueno, vean la película si quieren saberlo, sólo les adelanto que aquí poco hay de amor. De Lisbeth ya hablamos y vamos a seguir hablando, en cambio de Mikael Blomkvist vamos a ocuparnos poquito y nada. No por dejados, sino porque es muy poco lo que aporta el personaje (recordemos: el periodista que en la primera parte se reivindica luego de perder un juicio ante un empresario millonario e influyente). Y ni hablar de la anémica contribución del actor sueco Michael Nyqvist, que nos regala una caracterización descartable.
Breve paso por la trama: la revista sueca Millenium (donde trabaja Blomkvist) decide publicar una investigación de un joven periodista, Dag, sobre trata de mujeres, particularmente chicas de Europa del este. Dag es el blanco fácil de la trama: no sólo es un desconocido para el espectador sino que está de novio con una joven y entusiasta investigadora que acaba de terminar un libro también dedicado a desenmascarar a quienes explotan el comercio de mujeres. A poco de conocerlos, uno se pregunta cuánto falta para que aparezcan muertos, y pronto la trama se encarga de satisfacer la inquietud. El brutal doble crimen se da casi en simultáneo con la muerte del abogado Nils Bjurman, aquel que se encargaba de la supervisión legal de Lisbeth. El que abusa dos veces de ella en la primera peli, ¿se acuerdan?
A esta altura del post creo que es necesario aclara que para ver “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” es imprescindible haber visto “Los hombres que no amaban a las mujeres”.
La muerte de Bjorman carga las sospechas sobre Lisbeth. Y aunque se desconozca su paradero, le achacan las tres muertes. Los caminos de Lisbeth y Blomkvist, una vez más, tenderán a cruzarse y justo cuando uno empieza a preguntarse porqué hay tanta animosidad contra ella, la trama se encarga de explicarlo. Si vieron la primera y leen el título de la segunda, les sobran las pistas.
Y llegamos entonces al nudo donde la expectativa previa se vuelve una mochila pesada. Encaré “La chica…” después de haber visto (y disfrutado) “Los hombres…” Si uno viene con esa inercia, se pasan de largo varias cuestiones demasiado precarias de la trama; situaciones que en una novela venezonala serían berretas (pero como es cine europeo son “arbitrarias”) y estoy pasando por alto ciertas actuaciones y efectos visuales que están por debajo de la línea de lo profesional.
El hecho de que la trama se meta con la trata de mujeres enciende una expectativa que la película después no cumple. Lejos de ser un tema central, termina cumpliendo un papel funcional: una mera excusa para seguir abordando la vida de los protagonistas.
Y a pesar de todo esto, Millenium engancha. Será ese dejo oscuro y perverso, ese retumbar de la venganza, esos escenarios nórdicos… o simplemente será Lisbeth, tan frontal y propensa a mostrar su escasa desnudez delantera como a dejar caer su coraza para exponer que en el fondo es sólo una chica con demasiados quilombos.

Meses atrás recomendamos “Los hombres que no amaban a las mujeres”. No vamos a hacer lo mismo con “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Es una película menor, sostenida por una historia potente y un personaje que cogotea por encima de resto. Sin grandes frases ni exhibiciones actorales: es sólo una cuestión de actitud lo que hace de Lisbeth lo más rescatable de la película (aunque Noomi Rapace ya parezca irremplazable). Esperemos que para la tercera parte, el resto acompañe un poquito más. La historia de Larsson tiene demasiadas aristas como para resignarse con sólo conformar.
Por Demian Doyle
Mirala: si viste “Los hombres que no amaban a las mujeres” y si te gustó “Negocios entrañables”
Cambio de director: esta segunda parte de la saga no la dirigió el danés Niels Arden Oplev sino el sueco Daniel Alfredson, que también se hizo cargo de la tercera entrega. El tono es similar aunque menos explícito que su antecesor y con un final que tiene detalles gore y hasta bizarros que, en el contexto de la saga, quedan fuera de lugar.
Ejercicio de memoria: cuando vean la peli, diganme si no se les cruzaron las imagenes de Iván Drago (el ruso de Rocky IV) y del Dr. Loomis (Halloween) al ver a dos de los personajes. ¿Homenaje a la sueca?
Trailer:


Suena interesante, pese a no ser recomendada 100%. Tengo ganas de ver la “1″, eso seguro. El trailer no seduce mucho. Además, enterrar a una mujer viva y que logre zafar ya lo vimos en Kill Bill hace tiempo je. Abrazo!