OTOÑO EN BUENOS AIRES (Por Hostel Buenos Aires)
Los cafés de Buenos Aires: siempre son un buen refugio cuando empieza a caer la tarde y el viento frío del Río de la Plata sopla. También son una opción ideal para esas lluvias repentinas que paralizan la ciudad. Los café porteños son calentitos, acogedores. En especial los de la Avenida Corrientes (pensamos en El Gato Negro, La Giralda, La Paz y otros tantos). Una mesa cerca de la ventana para perder la mirada entre la gente que se apura por llegar a su casa y una taza de café caliente para aferrar con las dos manos y olvidar el frío.
Un paseo por los Bosques de Palermo: al igual que cualquier área verde, nos recuerda cómo el cambio de estación modifica la naturaleza. Volvemos a pisar hojas muertas, los árboles se cubren apenas con lo que les queda de marchito y una pareja resiste el frío abrazándose en un banco. El puente blanco sobre el lago del Rosedal nos transporta a un paisaje campestre y el agua que corre por debajo, fresca, calma, se agita solo con esas hojas que siguen cayendo.
Un poco de jazz: no sólo de tango vive el porteño. El jazz argentino tiene más de 80 años de tradición y grandes músicos. El otoño es una gran estación para disfrutarlo, porque convoca a la intimidad de un ambiente cerrado. Pensamos en Thelonious (Salguero esquina Guemes, Palermo) o Notorious (Callao 966, Congreso), algo de luz baja, un trío de piano, contrabajo y batería con sabor de latin jazz, algo de buen bourbon para acompañar y nuestro pié intentando seguir el ritmo frenético de la banda. Autumn leaves, un standard infaltable para la ocasión.
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