Archivo para la categoría ‘Hostel Histories’
Julio 7, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: Hostel in Argentina, Lost in the Downtown | # Enlace permanente
Caminaba sin rumbo por mi barrio adquirido, sintiéndome un okupa a gran escala, de hecho la escala es tan grande que soy un okupa sin techo, un homeless, vaya paradoja y contradicción y pensaba – “ Es maravilloso ver el amanecer en los vidrios espejados de las torres que dan al Río de la Plata a las 5 p.m., raro fenómeno de la nueva urbe espejada. Es también un placer caminar por la calle Florida y ver shows gratuitos de tango, rock, funk y ska sin tener que tomar un avión que vaya de la Costa Este a la Costa Oeste, todo está ahí, en esos 1100 metros de largo que tiene la calle, de calidad superlativa algunos, para apurar el paso otros”.
Decido irme del ritmo frenético de Florida y doblo por Tucumán hacia el Bajo y me lo cruzo, impecable, de saco y corbata, la tarjeta que permite ingresar a las grandes empresas colgando de su cintura como un nuevo fetiche post postmoderno, ese estúpido sentido de pertenencia al banquete de otro cuando el pordiosero eres tú.
Flashbacks a borbotones y cada fotograma que componía esa película mental, nada tenía que ver con el tipo que conocí meses atrás. En ese tiempo tenía cara de canción grunge, flaco, rubio, rasgos finos pero descuidados, daba la sensación de ser un “high society junkie”, alguien que se había caído del sistema por error u omisión (siempre propios).
Todos los días, en una rutina casi psicótica se paraba en la esquina de Tucumán y San Martin y pateaba el cesto de residuos varias veces. Un día le pregunté ¿Por qué lo haces? Solo me miró, una sola vez y se alejó caminando. Shit!!. Cada vez que recuerdo esa mirada tengo ganas de patear ese cesto yo también…..y hoy me lo cruzo así, la vida en 180º. Cara o Cruz. Yeah!
Quizás fue su tiempo de furia y quién soy yo, el humilde dueño del aire de San Nicolás, uno de los más concurridos barrios de Buenos Aires, para impedírselo. WTF!! Hmm…..Well.
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Mayo 13, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial, Hostel in Argentina | # Enlace permanente
Esta historia es completamente real, sucedió hace algunos meses en Hostel Colonial, sólo cambié algunas cosas para preservar la identidad del protagonista y fué más o menos así:
Subió las escaleras y saludó efusivamente. El tipo daba la impresión de ser un viejo amigo, de esos que siempre vuelven a Hostel Colonial, pero no, jamás lo habíamos visto. Observaba todo y a todos. No paraba de hablar un solo instante. Se encendió la luz amarilla. Personajes tan amigables suelen despertar sospechas, será esa impronta tan argentina la que nos hace estar siempre alertas. Había que estar atentos, todo o nada podía ocurrir.
Conversó toda la tarde con quien quisiera oírlo, invitó cervezas, algún trago también y luego de tomar una ducha se acercó a recepción y preguntó cuantos huéspedes había alojados en el hostel. Pregunta poco habitual en un huésped. Luz roja encendida.
Salió con la información apenas balbuceada y en 30 minutos regresó con un gran pedido de comida para compartir con huéspedes y staff de Hostel Colonial. Desconcierto, era tan amable. Aquellos que estuvieron en Buenos Aires ese mes de Marzo, saben que fue así. Una gran comilona, seguida por una de las fiestas más memorables que tuvieran lugar en el hostel.
Mañana de Martes. Muy temprano. Se acercó con su equipaje, que en realidad era sólo un bolso. Preguntó si adeudaba algo, chequeamos la habitación y se fue con una gran sonrisa no sin antes dejar un sobre cerrado dirigido a la dirección del hostel.
Horas después, preguntamos por este personaje y nos topamos con el sobre. De puño y letra decía “Gracias por recibirme, gracias por no preguntar, gracias por la onda y por compartir mi regreso a la vida, encontré un lugar al cual volver. De corazón. Nando de Uruguay”.
En la misma hoja membretada, en letra de imprenta y entre otros datos, decía que Nando era VIH negativo.
Creo que todos sentimos el mismo alivio que él, otra historia de Hostel Colonial, Buenos Aires, Argentina, otra historia de gente, en este caso la de un tipo que encontró en nosotros una puerta para volver a empezar y esa puerta, para vos, siempre estará abierta.
Hasta pronto. Jorge
Mayo 7, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial, Hostel in Argentina, Lost in the Downtown | # Enlace permanente
It’s just a man, not the exception, not the rule. Paul is always in the corner of Florida and Lavalle streets. His sentence of battle: “Change, change, change dollars, euros, reales.” Always the same words. Every day, all day.
In the evening his voice sounds completely broken. Change. His life needs a change. He wants to stop being a “little tree”, that is their work on the street. He did not see me. He did not see anyone. I just want to greet him. It seems exhausted. It´s fed up with the dogs who try to urinate. He smiling me.
Hi Matt. Goodbye Paul.
Es sólo un hombre, no es la excepción, tampoco la regla. Pablo siempre está en la esquina de las calles Florida y Lavalle. Su frase de batalla: “Cambio, cambio, cambio dólares, euros, reales”. Siempre las mismas palabras. Todos los días, todo el día.
Al atardecer su voz suena completamente rota. Cambio. Su vida necesita un cambio. Quiere dejar de ser un “arbolito”, ese es su trabajo en la calle. Él no me ve. Él ya no ve a nadie. Yo sólo quiero saludarlo. Parece agotado. Está harto de los perros que intentan orinarlo. Me sonríe.
Hola Matt. Adiós Pablo.
Abril 8, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial, Lost in the Downtown | # Enlace permanente
Buenos Aires, Argentina………
….Eran 10, estaban siempre en la placita del Obelisco, un día tomaba sol y contaba taxis cuando el líder se me acercó, 9 años, regordete, cabello rizado, un pequeño Buda Maradoniano y dijo – Hoy jugamos con los de Plaza Lavalle, 11 contra 11 y vos vas a ser nuestro arquero. Fui a jugar fútbol. Ganamos, comimos unas naranjas y Nahuel, así se llamaba, me abrazó y me dijo – Nos vemos mañana. Todos los días paso por el Obelisco. Perdimos. Siempre los busco pero ya no están….
….They were 10, they were always on the Obelisk square, a day took sun and counted taxis when the leader approached me, 9 years old, plump, curly hair, a small Maradona´s Buddha and said – Today we play with the Plaza Lavalle boys, 11 to 11, you going to be our goalkeeper. I went to play soccer. We won, we went to eat some oranges and Nahuel, so called, hugged me and told me – See you tomorrow. Every day trip around the Obelisk. We lost. They are no longer.
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Marzo 25, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Hostel Colonial | # Enlace permanente
Buenos Aires Inside. Iconografía despojada de perplejidad. Nada escapa a la mirada del Panóptico, podría ser asfixiante, pero es liberador, la Metrópoli está ahí, despertando el instinto voyeur, lista para ser observada.
Buceando en el Riachuelo, no hay fotogramas que devuelvan sonrisas. Sólo fotogramas. Son tan elementales y tan bellos que lastiman la retina.
Los olores son caleidoscópicos, inexorablemente te sumergen en un viaje multicolor sin destino fijo, ideales para perderse en ellos, tan complejos en sabores y texturas.
Edificios gigantescos como paraejércitos de hormigón, listos para fagocitar a otros más pequeños y antiguos, casi como la vida real a escala humana, pero no, es sólo una fantasía, contrastan, pero pueden convivir.
El río marrón es la sumatoria de otros ríos, se agiganta y ruge, en su placidez da miedo, utopías de tsunamis en la fuente de Lola Mora, rumbo al norte, vista privilegiada desde el Luna Park.
El Obelisco omnipresente, juguete erótico, en cada click regala un orgasmo, sin discriminar preferencias sexuales ni pasaportes, grito ahogado en la postal de mi ciudad.
Avenidas, autos, trenes, subtes, palabras, más palabras y gente, mucha gente, sinfonía de carne sudorosa y hierros, atronando chirriante en Si Bemol.
Babel despótica y única, en versos, en ceros y unos y también en papel.
Una Flor de Metal, un Puente de Madera, el Fuego Porteño, habrá que ver su destino en el Año de la Rata, el zoodíaco no puede fallar, sólo si llueve.
Cien barrios tiene Buenos Aires y todos admiten subdivisión, ya habrá tiempo para actualizar el Tango que los homenajea. Palermo Valley es la nueva adquisición, Start Me Up suena en las calles arboladas pero no es Jagger el lenguaráz que recita estrofas 2.0.
Y hablando de Tango, la tribu definitivamente cambió, la carraspera mutó sincopada por un halo electrónico y el malevo ritual luce tan andrógino que Gardel dejó caer un mechón de pelo azabache sobre su rostro, Piazzola suena en una Les Paul y el bandoneón de Troilo repica furioso tambores rioplatenses.
Tribus urbanas, cambia el mundo, Argentina, pero la necesidad de pertenencia sigue siendo la misma, única.
Evita, Primera Dama ausente. Paralelismo temporal. Seguramente adoptaría a estas nuevas tribus y las invitaría a una charla en algún cafetín de la calle Cangallo, sin Perón obviamente.
Maradona, Borges, Sábato y Guevara, sí, El Che, mantienen un diálogo imposible, por la genialidad, por la verba, por el destino de remera y por el simple idiota que se fagocita al genio amado.
Buenos Aires queda ahí, muy cerca de la idea, pegando la vuelta a la razón. Buenos Aires es Argentina y no, sólo se refleja en sí misma.
Buenos Aires es un guiño cómplice en este gran burdel planetario. Sólo hay que estirar la mano y te robará el alma.
Buenos Aires Inside.
Mozo. Otra vuelta más. Invita Hostel Colonial.
Marzo 17, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: Hostel Colonial | # Enlace permanente
Un Hostel. Era impensable en la primera mitad de los 90´ un alojamiento de este tipo en Buenos Aires. Argentina salía de la hiperinflación y entraba en el proceso de convertibilidad, esa época de realismo mágico en que pensamos que el peso argentino era una moneda más fuerte que el dólar. Es más, en toda Sudamérica el concepto era casi desconocido. Hostel? Hostal? Nada.
En la actualidad hay muchos hostels en la ciudad, los hay muy buenos, hay algunos con mucha onda, también están los
“Papá, quiero ser un empresario cool!!!” y están las viejas pensiones que subidas al colectivo de otros, aprovechan la coyuntura y a la palabra Hotel le agregaron la “S” y borraron por completo la palabra “Familiar”.
Hostel Colonial es sin duda el único nativo 2.0 (autobombo) en Buenos Aires, pero esa es otra historia.
Días pasados leía unos escritos y llegué a la conclusión de que el origen de
Hostel Colonial tiene una historia y esta es al menos una parte de ella:
Para fines de los 80´acumulaba en sólo 4 años unos cuantos viajes de mochila, 7 para ser preciso, podía ser Vancouver o la Patagonia, Zihuatanejo o San Luis, Berlín o Iquique y obviamente Brasil.
Todos en albergues juveniles, algunos como en México, más cercanos a tolderías pero albergues al fin.
Enero 1991. Seis tipos con el pelo muy largo corremos por la Terminal de Ómnibus de Retiro. Dani, Marcelito, Norby, El Oso, Gus y yo. Llegamos sobre el límite horario. Costera Criolla. Buenos Aires – Río de Janeiro. 38 horas de viaje. Los conductores arrojan literalmente nuestras mochilas dentro del portaequipaje, mala cara y surge el primer problema. Los asientos comprados ya están ocupados y los tipos no se dan por enterados, única opción, al fondo, sobre el motor.
On the road, rumbo a Brasil, incómodos y con calor, el aire acondicionado sólo resistió unos 200 km., pero como dijo uno de los conductores sonriendo, al llegar a Río de Janeiro se solucionaría.
Paramos infinidad de veces en bodegones de una ruta polvorienta y en mal estado (actualmente, en partes es una autopista), casualmente en todos los lugares, el sándwich más barato y abominable cotizaba en Libras Esterlinas. Discusión bastante áspera con los conductores, algún tironeo y otra vez al camino.
En Paso de los Libres, Corrientes, bajamos para hacer los trámites migratorios y por sugerencia de los clowns que manejaban nuestro destino tuvimos que sacarnos toda la ropa y entre risotadas, los Gendarmes nos revisaron hasta el hartazgo, era de noche cuando subimos nuevamente al micro.
El puente, Uruguayana, ya estábamos en Brasil y la cosa empezaba a cambiar. La próxima parada sería en el
“Posto é Restaurante Buenos Aires” , no extrañábamos, sólo que allí trabajaba desde hacía unos años Cachito, un viejo amigo del barrio. Jugábamos de locales. Los conductores seguían sordos ante nuestros reclamos y nosotros decidimos enmudecer. Nuestro próximo diálogo fue por señas o con las manos, según la interpretación. “El Oso” hizo lo suyo, era con 27 años el veterano del grupo, yo llamé a mis socios en Buenos Aires y varias cosas se ordenaron. Llegamos finalmente a Río de Janeiro, frescos y sentados en nuestros asientos, las muecas socarronas que nos acompañaron durante casi todo el periplo habían desaparecido junto a algunas sillas de ese comedor.
No era una Pousada, el lugar elegido era un Albergue de la Juventud, Lonely Planet no existía, Internet se venía y la palabra hostel seguía siendo un error de sintaxis.
Gente muy cool de todo el mundo, chicos, chicas, música y como marco la Bahía de Botafogo.
Todos estábamos ahí por una razón:
“Rock in Río II”. Muchos iban a ver a New Kids on the Block, otros como nosotros, íbamos a la
“Noche de los Metaleiros”, el 20 de Enero. Antípodas musicales, pero mucha onda en la interacción. La ciudad estaba convulsionada pero en paz. No era explosiva, era efervescente.
Playa, sol, hectolitros de cerveza, amigos que aún conservo y un espectacular partido de “futebol de praia” junto a Igor Cavalera, baterista de Sepultura.
Por las noches había fiestas en el albergue que indefectiblemente culminaban en la playa, con la banda políglota a pleno. Todos nos conocíamos, no importaba si hablabas español, inglés, alemán o hebreo, nos unía un denominador común: Compartir la experiencia.
Pasaron los NKOB y llegó el día. El Maracaná era realmente un infierno y eran recién las 10 a.m.. Tirabas un alfiler y rebotaba, 120.000 rockeros y en medio de la marea humana, recuerdo haberme cruzado a César Fuentes Rodríguez, editor de la revista Madhouse, un clásico para los cultores del género en la Argentina.
Lobao (Dios!! Era tan malo que hasta Wikipedia lo excluyó de su lista de participantes), Queensryche, Sepultura, Faith No More, Extreme, Megadeath, Judas Priest y Guns and Roses, aún con Izzy Stradlin y presentando a Matt Sorum. La grilla justificaba la presencia desbordante. La idea era estar debajo de la torre de sonido, pero la multitud te llevaba a pasear por todo el estadio que ya estaba colapsado. Encuentros con gente que paraba en albergues de Ipanema y Leblón y una idea que comenzaba a surgir.
Cerca de las 3 a.m. del 21 de Enero, exhaustos pero felices volvíamos para Botafogo. En bondi. En Río. Turismo aventura urbano, si es que ello existe.
Los días subsiguientes fueron una mezcla, acopio de información, estado de rock y Carnaval. Mangueira, Portela, Scolas do Samba, clubes, sensualidad y ritmo y así casi sin pensarlo llegó el día. Se terminó.
Buenos Aires. Argentina. Febrero 1991. 6 a.m.. Parado en la esquina de Tucumán y San Martín. José abría La Posada de 1820, reclamaba sus Garotos y me ayudaba con la mochila, en tanto yo miraba hacia arriba y pensaba qué buen lugar para instalar un albergue.
Buenos Aires. Febrero 2004. En la esquina de Tucumán y San Martín. Tucumán 509 para ser preciso, hay un albergue de la juventud.
Hostel Colonial Buenos Aires. 13 años después de ese viaje iniciático y de tantos más.
Hostel Colonial, una idea que se concretó y va por más, todo lo demás, bueno, ya prescribió.
In Memorian: Dani Corletti – 1969-2007. “Porque los trenes nocturnos pasan así, veloces, fugaces y seguramente en donde estés, fumando tu cigarrillo con estilo, sonará esa maldita canción” Ahora sí. Chau.
Febrero 14, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial | # Enlace permanente
Billy y Meche, dos a perderse (un cuento de ficción)
FLIGHT 505 MAD – BUE – 12 Horas de vuelo. Poca actividad, el I-Pod a buen volumen. Arribo, en Madrid son las 4 p.m., en Buenos Aires las 11 a.m., maldito reloj, no coincide con la hora del I-Phone.
Ezeiza, retiro de equipaje, migraciones, taxi, taxi, taxi, tax… siii.
Rumbo a Hostel Colonial, hostel famoso en la ciudad, casa histórica, recepción, check in, llegué dice Meche. Quiero Buenos Aires. Voy a devorarme sus calles, San Telmo, La Boca, Palermo, baja la escalera, un saltito y Billy dice Jelou!.
Ella no habla inglés, el tampoco español. Ninguno de los dos se parece a un puto tema de Arjona. Ella mira y se va, los ojos de él también.
Pasaron horas, el se fumó la tarde, ella bebió un poco de sol, mierda, Arjona que vuelve.
Volvieron a mirarse. Cervezas. Música. Noche y plan de mañana.
Ninguno habló de Creamfields.
Mañana. Breakfast. Walk. Obelisco click, Casa Rosada, click, Cabildo, click, click, click.
Se reconocen compañeros de viaje, del propio, sin compartirlo o quizás si, sólo un poco.
Deciden poner fin al tour políticamente correcto, cambio de planes y se dejan engullir por Buenos Aires.
Tango, Dulce de Leche, Maradona, Evita y Gardel, se los perdieron a todos, no los buscaron.
No buscaron encontrarse, simplemente pasó y los días también.
Efímeros. Sin efemérides del trip porteño. Check out. Hasta siempre. Good bye my friend. Sin nostalgias, eso es un bien argentino. MSN? Twitter? Skype? Nada de eso.
Meche llega a Madrid, Billy a Toronto. Nosotros acá. Saudades de esa increíble libertad.
Yo también miraba Robotech (un cuento real)
El mundo de los viajes de mochila es así, imprevisible, insólito, irreverente al punto de vulnerar las estructuras de control, por momentos rayano con el desmadre, muy físico y poco formal. Personas que se convierten en verdaderos personajes, afortunadamente, la mayoría pintorescos, los menos, cuasi siniestros.
Todo comenzó así:
Llego al hostel, Hostel Colonial obviamente, ni tiempo para saludar en otra de mis fugaces incursiones. Sonó el timbre. Chequeamos por el visor del portero eléctrico y descubrimos a un chico de aspecto asiático. Abrimos.
Al subir la escalera, la cámara devuelve esta imagen: Ojos rasgados, delgado en extremo, pelo largo color fucsia furioso, remera con la cara de Scott Bernard (trip ochentoso) Do you remember Macross or Robotech? Bermudas anaranjadas y sandalias turquesa. Encandila.
La mochila triplica sus dimensiones al punto de no dejarlo pasar por la puerta. Personaje salido de un comic Manga, exótico y acalorado, ya que la temperatura en Buenos Aires no supera los 10º C por estos días.
- Where are you from? – pregunto.
- Japan – responde.
Sin mediar otra palabra y con la ficha de ingreso en su mano saca el revólver, sofisticado, mira láser buscando un blanco y comienza a jalar del gatillo.
- Maluco!!! – gritan unas chicas brasileras que están desayunando.
Todos al suelo, azorados e imaginando otra masacre juvenil, flashback recurrente.
Koshi (vamos a bautizarlo así) comenzó a reir a carcajadas y en su viaje lisérgico gritaba desaforado:
- Photo, photo, photo, this is a camera. La puta, pensé, arenga Gran Hermano al estilo Daisy May Queen por un japonés desquiciado, mal día para morir.
Reverendo hijo del sol naciente. Me incorporo de a poco con ganas de darle una paliza, todos temblamos aún. Me acerco lentamente y me para en seco y con tono marcial me dice:
- Hi, friend, I like this place – y me extiende la mano con una sonrisa de oreja a oreja.
Ahora entiendo porqué rien tanto con esos videos inclasificables que inundan You Tube.
Lo miro fijo y casi automáticamente replico:
- Welcome to Hostel Colonial.
En la radio comienza a sonar un temazo de los 80´, Soda Stereo, Hasta que pase el temblor, nunca un momento mejor musicalizado. End
Enero 24, 2008 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial | # Enlace permanente
No es la primera, tampoco será la ultima historia que publico en el blog con la autoría del Ingeniero Santiago Sánchez, Santi para nosotros, Santisan su pseudónimo. Santiago trabajó en
Hostel Colonial y captó como pocos situaciones vividas, momentos y personajes que han deambulado por el hostel y da sin pretenderlo una cátedra de recepción en este tipo de alojamientos, transformando esos fotogramas en historias que dan ganas de leer, aquí va otra, si quieren más busquen en las etiquetas del blog.
“La víspera de la Navidad del año 2.007 me encontraba yo cubriendo el turno nocturno en la recepción del Hostel Colonial. Habíamos estado brindando con un par de abundantes señoritas de Puerto Rico y un trío de muchachitos franceses. Seguramente, algunas horas más tarde, algún afortunado caería víctima de las primeras, mientras que los segundos, que ya empezaban a perder el plomo, serían presa fácil de Monsier Pastis y compañía. Eran ya casi las dos, y hacía rato que todos habían partido a la caza de aventuras navideñas. Yo por mi parte, intentaba combatir el aburrimiento y la soledad con un poco de televisión y algunos videos del You Tube. Afuera, un típico vendaval de verano, hacía presagiar una tormenta. Sonó un timbrazo. Me pareció extraño. Era demasiado temprano para que algún pasajero estuviese ya de regreso. Encendí el visor. Un rostro expandido ocupaba casi toda la pantalla. Una melena negra como la noche, conformada por una maraña de rizos colgantes, un bigote medialuna, y una barbilla filosófica, dejaba poco espacio para un rostro sonrosado. Una mirada seria, firme, y directa, me llegó hasta el alma y desafió mi hospitalidad. Dudé. Por cuestiones de seguridad, teníamos prohibido recibir pasajeros durante la noche. Sin embargo, en mis varios y variados trabajos, muchas veces yo había sometido a juicio propio las reglas de la casa (quizás por eso mis trabajos habían sido muchos y variados).
El cielo entero tronó. Una fuerte ráfaga sacudió el cristal del ventanal principal, y una ola de gotas impactaron sobre el mismo. El viajero intentó protegerse bajo el dintel. Fue un intento vano. Su humanidad necesitaba una superficie varias veces mayor. El timbre sonó una vez más. Su cabeza volteó hacia la calle como buscando otras opciones. Mi curiosidad le ganaba terreno a mis temores. Joder, después de todo… ¡era Navidad! “Come in”, dije con pretendida seguridad, a la vez que apretaba el botón del portero.
Inmediatamente sentí cómo la pesada puerta metálica golpeaba estruendosamente contra la pared del pasillo. Los pasos más pesados que haya escuchado jamás, empezaron a escucharse cada vez más cerca a medida que ascendían por la escalera. Por un instante se detuvieron. Algo golpeó contra el piso. Un momento después recomenzaron con más decisión. Me pregunté si, una vez más, había estado poco prudente al desobedecer. Un cuerpo grande, sana y robustamente obeso, se plantó como un roble en el vestíbulo. Una inmensa valija se dejó caer sobre el rústico piso de cemento alisado.
Con aire entrecortado balbuceé la clásica frase de bienvenida:“
Welcome to the Hostel Colonial”.“Buenas noches. Necesito una cama por un par de horas.”Su voz sonaba ronca, y su español, aunque muy pulido, no era nativo. Se acercó al mostrador y le entregué una lapicera y un formulario de registro. El pequeño movimiento, y el hábito de tratar de adivinar antes de saberlo la procedencia del pasajero, me reactivaron. Tal vez, nórdico, pues parecía un pirata. Además, un jeroglífico, probablemente celta, estaba estampado en su camiseta. Segundos después el misterio, o al menos el primero de ellos, quedaba develado. Era islandés, viaje largo sino el más, y su nombre era Leon Falkenort. Sonreí para mis adentros. Sí que el nombre le quedaba bien. Afinó la mirada, y la paseó por la estantería de bebidas ubicada a mis espaldas.“Sírvame un vaso de vodka por favor”. Le indiqué que se acomodara en una de las mesas y enseguida le acerqué la bebida. Dio un primer sorbo, se desparramó sobre la silla y habló una vez más: “Tráigame también la botella…y traiga otro vaso, que no es noche para beber en soledad.” Comenzamos a intercambiar palabras. Le pregunté donde había aprendido a hablar tan correctamente el español. Me explicó que debido a su trabajo, pasaba mucho tiempo viajando, y por fuerza, había tenido que aprender varias lenguas. Trabajaba para una consultora multinacional que hacía investigaciones de mercado para la colocación de productos específicos. El repentino tecnicismo de sus palabras contrastaba profundamente con su aspecto. Daba la impresión de ser un hombre más de avatares que de oficina. Sus dedos regordetes, parecían más aptos para manejar un martillo que una notebook o un nanocelular. Sin pedir permiso, y sin intenciones de pedir perdón, se liberó de unas pesadas botas embarradas, y sacó a ventilar un par de viejos calcetines agujereados. Sin dudas no daba el perfil del ejecutivo eficaz.Estiró las piernas y apoyó una de ellas en otra silla. También yo comencé a distenderme. La conversación se volvía fluida y de tanto en tanto el viajero soltaba una carcajada que, aunque no podía precisar de dónde -o quizás de cuándo-, se me hacía conocida. Una y otra vez me impresionaba con relatos y curiosidades sobre las cosas y las personas que había visto y conocido a lo largo de sus viajes. Probablemente inducido por sus palabras, conseguí descifrar el jeroglífico estampado en su pecho. Era simplemente la palabra COEXSIT, solo que la C, la X y la T, estaban representadas por una medialuna islámica, una estrella judía, y un crucifico católico. No recuerdo bien cómo fue, pero empezamos a hablar sobre mi trabajo. De allí pasamos al resto de mi vida, y volamos en retrospectiva.
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Diciembre 29, 2007 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial | # Enlace permanente
Hello my name is Aru. I am from Turkey. I have 23 years old and I am traveling through South America. I just got to Buenos Aires and found a totally pleasant
Hostel Colonial are right that the small places are very cozy, this site I have met people from different countries and I have suggested to continue my journey across South America, and good, the staff is very good and caring. It is a wonderful site, pleasant, comfortable, secure and clean.
Besides if you want to know the sites of Buenos Aires, the staff gives you references to go to places, I been in so many beautiful place, full of culture, theaters, museums, sites that you know, as a Caminito in La Boca or Casa Rosada, different places, Congress walk down port tree, and places to dance know women and men more cute and sexy. Even I do not know much of Argentina but that if returned to Buenos Aires, the most likely to return the following year I would be in the Hostel Colonial, as the price is very affordable all the year.
Kind regards, I want to returns very soon.
Att: Aru Jishaban
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Diciembre 19, 2007 | Por hostel-colonial | Claves: argentina, Backpackers en Buenos Aires, Hostel Buenos Aires, Hostel Colonial | # Enlace permanente
Time to evaluate what happened this year, begin to speak our visitors:
I used to hear about this city….with adjective such as wonderful, crazy,interesting…and many others.
Buenos Aires to me is just the City of Love!
During the two weeks I spent there I woke up every morning wityh the same emotions to discover this magic city.
At first me and my boyfriend just walked around downtown taking pictures in every single block.
We loved the arquitecchtural design. I n every area we found something completely different to enjoy.
At night the city has a totally different buzz as “Porteños” and Tourists step out to enjoy a delicious meal from one of so many beautiful restaurants, wether it be by the waterside or up a random side alley.
You just never no what you might stumble across next.
A Tango show with dinner and drinks is somenthing you must not miss on a visit to Buenos Aires.
And please as we all love to rock, there is just the classic for ever “Buenos Aires Hard Rock Cafe!
So many places to tick come to mind, but this one just to end my trip memory is the Winner!
After dancing the whole night in “Asia de Cuba´´ my boyfriend took me inside Puerto Madero and in such wonderful bridge he asked me to marry him!
Mmmm Buenos Aires my city of ,… to love ever… Hostel Colonial, thank you, we loves you.
Kelly Holston and W….from Sidney, Australia.
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