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Fernando busca su identidad en Catamarca – 1973

Mi nombre es Fernando Abel EDEN CARRIZO. Según consta en mi partida de nacimiento, nací en San Fernando del Valle de Catamarca, el 12 de enero de 1973, puede que esta fecha se haya modificado por consejo de un tal Dr. Racedo que intervino en mi falsa filiación, para dificultar un posible futuro rastreo.Mi madre de crianza se llamaba Clara Estela de María CARRIZO, oriunda también de Catamarca, se radicó tempranamente en Capital Federal. A sus 46 años ya casada e imposibilitada de gestar un hijo y complicada para poder adoptar por vía legal, recurrió a su cuñada “Porota”, quien le había comentado que tenía por vecina a “Cuti” o “Yurili”, una influyente trabajadora social y/o partera que oficiaba de tal en el Viejo Hospital San Juan Bautista y aparentemente también conectada con la Casa Cuna de Catamarca, para que si se enteraba de alguna mujer que no quisiera o pudiera criar a su bebé intercedieran y se lo cedan a ella. Y así fue como todo ocurrió.Ésta mujer le comunicó a tía “Porota” que un nuevo ser venía en camino y mi madre biológica por determinada razón -que desconozco – iba a desprenderse de mí al nacer. Enterada de esto mi madre “Clarita” viajó a Catamarca.En una de las esquinas de Caseros y Rojas de la capital catamarqueña, en la otrora casa de la partera o trabajadora social – hoy transformada en una consultora de agrimensores-, supe que se reunieron un par de veces para acordar mi entrega: (la dueña de casa) “Cuti/Yurilli”, (su vecina de Caseros y Prado) tía “Porota”, quien iba a convertirse en mi madre del corazón y mi madre biológica con una súper panza -allí estaba yo-. De ella los únicos datos que poseo es que por entonces tenía entre 18 y 22 años, el cabello muy oscuro, algo lacio y por debajo de los hombros, y que posiblemente quien me trajo al mundo o su madre hayan estado ligadas laboral y/o familiarmente a la Sra. Partera o Trabajadora Social.
A fines de 2005 retorné a mi provincia para intentar reencontrarme con la verdad acerca de mi identidad, pero no fue sencillo, percibí que un pacto de silencio seguía vigente en bocas y conciencias de estas dos mujeres: “Cuti” y “Porota”.La “Cuti” negó haber sido mi partera y me dijo ante testigos que ella sólo había puesto y conducido su auto para sacarme del Hospital San Juan Bautista y llevarme a casa de mi tía, negando saber quien fue la parturienta y deslindándose del caso, aseverando que la que movió todos lo hilos fue una compañera suya que había fallecido apodada “La Gringa”, una tal “Castillo de Moya” y de quien no quería que se ensucie “su buen nombre y honor”…Hoy por hoy también descarto la primera historia que me contase mi tía apenas destapada la olla, quien ni siquiera se hace cargo de habérmela dicho, siempre fue así, dice y se desdice, miente…, sobre que mi progenitora era una joven estudiante del interior de Catamarca radicada de San Fdo. del Valle. Quizá sí sea cierto que no haya querido verme a la cara para no encariñarse.A mis 19 años tuve una revelación, nadie me lo dijo, quizá fue el llamado de la sangre -como comunmente se dice-, yo agregaría el llamado de la verdad, de lo que es justo y necesario, indispensable para casi todo ser humano. Aquella madrugada a mediados de noviembre del ‘93 mi vida se vio bifurcada entre lo conocido y aquello que se me revelaba, que siempre se me ocultó.
Aclaro que no me mueve en lo más mínimo ningún sentimiento de odio, rencor o venganza, que solamente necesito conocer de una buena vez mi origen, sin juzgar, ni pretender más que un encuentro con alguien de mi sangre para que me ayude a reconstruir mi pre-historia y así poder seguir adelante, tranquilizar mi mente y continuar en paz con mi vida. Quien pueda tener datos puede escribirme a buscamosidentidad@gmail.com o a fernandoeden@gmail.com