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!SIÉNTETE A GUSTO CON TU CUERPO!

Sentirse a gusto con el propio cuerpo fomenta una dieta sana.

La mayoría de nosotros ha pensado -o piensa- que cuidarse con las comidas y ejercitar diariamente es consecuencia de la baja autoestima o la disconformidad con nuestra imagen corporal.

Sin embargo, recientes estudios afirma lo contrario, ya que aquellos que se encuentran satisfechos con su propio cuerpo, independientemente de su peso corporal, son quienes más se cuidan.

La investigaciones en el campo de psicología indican que sentirse a gusto con sí mismo contribuye a la felicidad de la persona, y al mismo tiempo, tener una percepción positiva del propio físico favorece la adopción de hábitos alimentarios saludables, lo cual repercute positivamente sobre la figura.

La razón por la cual una mayor autoestima se asocia con una dieta más saludable involucra la alimentación intuitiva que desarrollan los individuos que se sienten conformes con su cuerpo.

Es decir, al estar satisfecho con su aspecto físico, existen menos factores psicológicos que influyen en la alimentación diaria, y ésto permite que la persona coma sólo por necesidad física, y deje de hacerlo cuando sus señales fisiológicas lo indican.

Los investigadores evaluaron a mujeres y hallaron que aquellas que se aceptaban tal como eran y estaban satisfechas con su cuerpo se alimentaban mejor, y por supuesto, una dieta sana también incide positivamente en su aspecto físico.

Lo importante a resaltar es que si no nos queremos, no nos cuidamos, y llevar un estilo de vida sano es cuidar el cuerpo, la mente y evitar el desarrollo de enfermedades.

Por lo tanto, nuestro objetivo debe ser tener una percepción cada vez más positiva de nosotros mismos, aceptarnos tal cual somos y cuidar los que nos pertenece.

Tal vez este ciclo no se inicie con una mayor autoestima, pero sí es seguro que llevar una dieta sana, ejercitarse regularmente y dedicar un momento al día para relajarnos y disfrutar nos ayudará a vernos mejor y vivir con más salud.

Fuente: Vitonica.com

PERSONALIDAD “D”, FACTOR DE RIESGO CRONICO

Más de la mitad de los hipertensos responden a este perfil psicológico.

En las personas retraídas y propensas a ver siempre “el vaso medio vacío”, el aparato cardiovascular es más vulnerable.

El corazón no será el centro de las emociones, como creían los antiguos y como cantan los boleros, pero sí es, por diferentes mecanismos que aún están por ser dilucidados del todo, un epicentro que sufre las consecuencias de lo que pasa en el sistema nervioso.

Lo que sí parece cada vez más claro es que si estar de mal humor, triste o enojado –o todas esas cosas a la vez– pasara a ser lo normal, si estar preocupado fuera una constante aunque no hubiera motivos, y si además resultara muy difícil compartir los sentimientos con las demás personas, nos estaríamos cargando a cuestas otro importante factor de riesgo de enfermedad coronaria o de hipertensión arterial, entre otras enfermedades crónicas que involucran al aparato cardiovascular.

La relación se sospecha desde hace tiempo, pero actualmente varios científicos intentan medir la importancia epidemiológica de este factor de riesgo, definido como una combinación entre vulnerabilidad al estrés negativo (disestrés) que se manifiesta como una “afectividad negativa” (pesimismo, malhumor, sensación de infelicidad y preocupación constante) y cierta dificultad para el contacto social, a la que los estudiosos dieron en llamar personalidad tipo D.

Aunque cada una de estas características de la personalidad parecen afectar al corazón también por separado, es la combinación de ambas lo que funcionaría de forma sinérgica, potenciando mutuamente sus efectos.

La personalidad tipo D (de distrés, que es el estrés relacionado con la sobrecarga de preocupaciones, más que el estrés desencadenado por el esfuerzo físico) comenzó a ser estudiada como factor de riesgo cardiovascular a fines de la década del noventa, aunque recién en el año 2005 el investigador Johan Denollet publicó en la revista Psychosomatic Medicine la guía DS14, que es la que se utiliza para identificar con precisión este tipo de personalidad y evaluar el grado de riesgo que puede representar para los pacientes cardíacos.

“La personalidad tipo D representa un importante factor de riesgo que los cardiólogos deberán tener en cuenta en sus pacientes, sobre todo para las enfermedades crónicas, a diferencia de la depresión, que supone otro tipo de riesgo”, aseguró en su reciente paso por Buenos Aires la doctora Angelique Schiffer, investigadora del departamento de Psicología Médica de la Universidad de Tilburg, Holanda, y coautora de trabajos realizados junto con Denollet sobre este tema.

Schiffer participó como disertante en el XVI Congreso Mundial de Cardiología que tuvo a la Argentina como sede, en mayo pasado. Allí resumió, en base a la investigación clínica realizada hasta la fecha, todo lo que hoy se sabe sobre la relación entre el corazón, las arterias y la personalidad tipo D.

Mientras la persona con depresión tiene más riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, el “paciente D” es más propenso a contraer afecciones crónicas del aparato circulatorio. El dato más significativo para demostrar su influencia es que de una población de personas hipertensas estudiada por los expertos, el 53% resultó coincidir con el perfil descrito como “D”.

“La prevalencia de esta característica de la personalidad en la población general va del 13 al 24%, según cada uno de los estudios, por eso es significativo que entre las personas con cardiopatías isquémicas haya habido de un 25 a un 36% de pacientes tipo D”, señaló Schiffer como ejemplo.

También entre el 24 y el 45% de las personas con arritmias, el 35% de los que tienen problemas en las arterias periféricas y hasta casi el 30% de los trasplantados de corazón, según dijo, podrían echarle la culpa a su “carácter D”.

Relaciones múltiples

Los estudios poblacionales realizados por estos investigadores europeos determinaron que tener una personalidad tipo D no tiene que ver con la edad, ni con la condición socioeconómica, ni con el nivel de educación formal. Y no implica padecer depresión, aunque sí es un factor predisponerte. También predispondría a padecer ansiedad, bajos niveles de autoestima y disforia.

Aunque cabe aclarar que hay investigadores –como el realizado por Martine Habra en 2003– que son críticos con respecto a la importancia de este rasgo del carácter en la salud y afirman que no hay evidencia concluyente de sus efectos sobre las enfermedades cardíacas, otros estudios relacionan a la personalidad D, además, con hiperactividad fisiológica, activación del sistema inmunológico y respuestas inadecuadas a los tratamientos aplicados por el cardiólogo.

Schiffer aseguró, por otra parte, que los pacientes tipo D con insuficiencia cardíaca reportan más síntomas de su enfermedad y se preocupan más por esos síntomas, pero consultan menos.

En su estudio publicado en 2005, Denollet sugiere que las personas con un alto grado de inhibición social tienden a inhibir los signos que pudieran hacer ver a los demás cómo se sienten, como una estrategia para contener las emociones, pero que es justamente esa inhibición la que se relaciona con una reactividad cardiovascular y con un alto grado de variación del ritmo cardíaco.

“Además de ser una relativa falencia para implementar estrategias más adecuadas para regular las emociones, el incremento de la vulnerabilidad por este «estrés interpersonal» es, por sí mismo, una característica promotora de enfermedades”, subraya.

La inhibición social ha sido relacionada con altos niveles de catecolaminas (hormonas del estrés, entre las cuales se encuentra la adrenalina) y con aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Y produce una activación del nervio simpático (regulador de los procesos vitales y otros fenómenos orgánicos) que es la que produciría su efecto sobre el sistema inmunológico, que se registra a nivel de las citoquinas, enzimas que actúan en los procesos inflamatorios.

De hecho, la especialista holandesa planteó la acción por esa vía como posible vía de reducción del riesgo desde la química. Además de una psicoterapia que ayude a ver que hay otras formas de tomarse la vida.

Marcelo Rodríguez

Para identificarse como “D”

Para conocer el grado de riesgo cardiovascular que implica cada una de las afirmaciones que conforman el test DS14, diseñado por el belga Johan Denolle en base a investigaciones clínicas con más de 2500 pacientes, es necesario conocer muchos otros datos, porque la ponderación varía según la edad, el sexo, el estado clínico y muchos otros factores.

Pero para saber cuán cerca se está de la “personalidad tipo D” y empezar a pensar cómo cambiar de estilo de vida, las 14 afirmaciones –cada una de las cuales deberá ser calificada con sinceridad como “falsa”, “casi falsa”, “neutra”, casi verdadera” o “verdadera” según sea el caso– son las siguientes:

1.– Establezco contacto fácilmente cuando conozco gente.
2.– A menudo, “me ahogo en un vaso de agua” por asuntos insignificantes.
3.– Suelo hablarle a extraños.
4.– A menudo me siento infeliz.
5.– Me irrito con frecuencia.
6.– En las relaciones sociales a menudo me siento inhibido.
7.– Tengo una visión pesimista de las cosas.
8.– Me cuesta iniciar una conversación.
9.– Frecuentemente estoy mal de ánimo.
10.– Soy una persona cerrada.
11.– Prefiero poner distancia respecto de los demás.
12.– A menudo me encuentro preocupado por algo.
13.– A menudo me siento decaído.
14.– No encuentro cosas apropiadas de las que hablar al socializar.

Fuente: LaNacion.com.ar


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