10 RAZONES PARA NO HACER DIETA

Consideradas casi un ritual por aquellos que luchan contra los kilos, cada vez surgen desde la ciencia más voces contrarias a las dietas clásicas y restrictivas. Por qué es mejor olvidar viejos mitos y aprender a comer… que vivir a lechuga y agua

10 ideas falsas


1. Hacer dieta es la mejor manera de perder peso

En realidad, casi siempre ocurre lo contrario. De hecho, una revisión de investigaciones internacionales publicada el año pasado por la revista American Psychologist concluyó que las dietas hipocalóricas (menos de 1000 calorías diarias) no son efectivas en el largo plazo. Según este trabajo, que incluyó 30 estudios con 2 mil pacientes, entre el 35 y el 70 por ciento de ellos recuperaron al año los kilos que habían bajado.

Por otra parte, las dietas, si no están acompañadas de un trabajo de reeducación y contención, suelen fracasar. El mejor tratamiento consiste en cambiar la química y los hábitos, algo que no se modifica simplemente con una dieta.

2. Todo es cuestión de calorías

¡Abajo la tablita! O, mejor dicho, hay que armar otra, que preste atención no sólo a las calorías, sino también al poder de saciedad de los alimentos, que se mide según un nuevo parámetro: el índice glucémico (IG).

“Se trata de un indicador de la capacidad de los comestibles de elevar el azúcar en sangre después de ser ingeridos”, explica la nutricionista Mónica Katz. Cuanto más alto sea ese pico y cuanto menor sea el tiempo en alcanzarlo, más rápida será la secreción de insulina por parte del organismo y menor su poder de producir saciedad. Por lo tanto, a igual número de calorías, es mejor un alimento con bajo índice glucémico (que provoca mayor saciedad). Por ejemplo, el pan fresco en lugar de tostado, o una banana antes que una manzana.

3. Para adelgazar hay que eliminar pan, pastas y postres

Otro mito que cae. Las dietas que prohíben alimentos están destinadas al fracaso. Y numerosos estudios científicos lo avalan: según recientes investigaciones, se necesitan 19 alimentos diferentes por semana para no tener carencia de nutrientes. Además, toda dieta debe tener 50% de hidratos de carbono: legumbres, cereales, frutas, verduras y pastas.

De la mano de este nuevo concepto, algunos alimentos “malditos”, como los fideos, son con justicia reivindicados: es que la culpa no era de ellos, sino de las salsas. Hoy se pueden incluir en el menú una o dos veces por semana, con algún aliño liviano (de tomates o crema). Los que quieren adelgazar deben preferir los “moñitos” o “tirabuzones” a los spaghetti largos, ya que tienen un índice glucémico más bajo, y por eso mismo causan mayor saciedad.

4. Para bajar de peso hay que eliminar grasas y aceites

Grave error: si el cerebro no recibe grasa y glucosa, dispara la sensación de hambre. “El hipotálamo no sabe de dietas: si le faltan hidratos o lípidos, pone al organismo en sistema ahorro, para que consuma menos”, dice la doctora Katz. Además, los aceites proveen ácidos grasos esenciales, que el organismo no los fabrica (y los incorpora mediante alimentos) para la formación de las hormonas y las membranas de las células. Los lípidos también participan en la absorción y el transporte de vitaminas liposolubles y son fuente de energía. Lo que sí es cierto es que hay que consumirlos con moderación (aportan 9 calorías por gramo) y preferir los de origen vegetal (girasol, maíz, soja, uva, canola, oliva y chía). Otras grasas menos saludables pero que igualmente se pueden consumir en forma ocasional son manteca, margarina, mayonesa y cremas.

5. Hay que comer hidratos de carbono y proteínas en comidas diferentes

Las llamadas “dietas disociadas” han resultado ser una estafa para muchos nutricionistas. No hay ninguna prueba de que comer hidratos de carbono y proteínas por separado sea bueno para la digestión o ayude a bajar de peso. Además, muchos de los alimentos más beneficiosos (las frutas secas, las legumbres, etc.) contienen ambos elementos a la vez. ¿Cómo hacemos para separarlos?

Una vez más, la mejor dieta es aquella que incluye la mayor variedad de alimentos, y aquí la regla del 5 x 5: cinco porciones al día de frutas y verduras combinando cinco colores según la estación y la imaginación. Salirse de la mixta-de-lechuga-y-tomate- con-manzana-de-postre, para sumar más verde (rúcula, espinaca, zapallito), rojo (cerezas, frutillas), violeta (repollo, uvas, berenjena), amarillo (morrón, pomelo), naranja (naranjas, duraznos, calabaza) y blanco (papa, mandioca).

6. Los alimentos dietéticos ayudan a hacer dieta

Atención: son un arma de doble filo. Muchos estudios demuestran que, con la excusa de que son “light, bajas calorías, dietéticos”, la gente tiende a consumirlos en mayor cantidad que si se tratara de productos normales. Sin defenestrarlos, hay se recomienda acudir a ellos, pero con cautela. Light no siempre es sinónimo de dietético. Generalmente, los productos light tienen un 30 por ciento menos de calorías o la mitad de las grasas que su versión original. Pero no son cero calorías. Del mismo modo, no es lo mismo “light” que “bajas calorías”, porque existen alimentos “light” reducidos en sodio, pero con la misma cantidad de grasas e hidratos. O sea, hay que leer las etiquetas y prestar atención a las porciones.

7. Adelgazar es una cuestión de voluntad

Lamentablemente, esta concepción errónea, que no toma en cuenta que la obesidad es una enfermedad crónica y compleja, ha traído mucho sufrimiento a quienes la padecen. La obesidad tiene muchos componentes de adicción en los que se involucran factores bioquímicos, emocionales, culturales y genéticos.

La psicóloga Teresa Panzitta afirma que lo fundamental es distinguir las sensaciones de hambre y saciedad (a menudo tergiversadas en el obeso) y el registro de un “stop”, que existe, pero que no puede aceptar. “Esta es la sensación de frustración que aparece cuando sienten que siguieron comiendo y en realidad no se sintieron satisfechos. Uno está lleno, pero no es eso lo que buscaba”, afirma.

8. Para quemar calorías hay que anotarse en un gimnasio o salir a correr

No necesariamente. De hecho, pensar esto es la mejor manera de postergar el inicio de un programa de descenso de peso. Lo que cuenta hoy es un “estilo de vida activo” que implique moverse aun sin zapatillas ni jogging.

Así como se ha instalado la idea de dosificar las comidas durante el día, otro tanto debe hacerse con la actividad física. Lo ideal es hacer 30 a 40 minutos diarios de ejercicio, repartidos en seis oportunidades: al levantarse, antes de ir al trabajo (dejar el auto o bajarse del subte o colectivo unas 10 cuadras antes), en el trabajo dos veces (movimientos de pies y de hombros que se pueden hacer en la silla, caminar un rato, subir y bajar la escalera), al volver a casa y por la noche, por ejemplo, levantando las piernas mientras miramos tele. Si estos movimientos se hacen con música, tanto mejor.

9. Para adelgazar no hay que comer de noche

Esta idea no tiene ningún sustento científico. Si bien se recomienda cenar frugalmente (por ejemplo, evitar carnes grasosas o salsas pesadas), y separar la comida de la hora de dormir, irse a la cama con hambre es sinónimo de ganarse un insomnio (o un atracón nocturno).

En realidad, las calorías no saben de horarios y se queman y almacenan durante las 24 horas. Además “durante la noche hay un aumento de la grelina, una sustancia que favorece el depósito de grasa y se segrega en el estómago cuando está vacío”, explica la doctora Katz. Por otra parte, “cuando no hay presencia de nutrientes en el estómago también bajan los niveles de leptina, que es la hormona que disminuye el hambre y aumenta el gasto metabólico”.

10. Si se duerme menos, se adelgaza

Hoy se duerme, en promedio, seis horas diarias, dos menos que en los años 70. Y quedarse despierto mirando televisión, chateando, o salir hasta la madrugada, aunque tengamos que ir al trabajo o al colegio a las 8, se paga con kilos de más en la balanza.

Diversas investigaciones (entre ellas, una de la Universidad de Bristol, en Gran Bretaña, que revisó una decena de estudios anteriores) demuestran que dormir menos de 7 horas se relaciona con un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. “Esto ocurre justamente porque en las personas con hábitos nocturnos y que duermen en forma insuficiente aumenta la grelina y disminuye la leptina”, explica Katz. Y como se vio en el punto anterior, el cóctel de grelina en alza y leptina en baja favorece la obesidad en lugar de combatirla.

10 razones para no hacer dietas


1. Cuanto más rápida es la dieta, más velozmente se recupera el peso perdido

Es el famoso “efecto rebote”. O subir como en avión lo que se bajó trabajosamente por la escalera. Para evitarlo, hay que tratar de ir más despacio y paso a paso: “Hoy, el éxito de un tratamiento para adelgazar implica perder el 10% del peso inicial y mantenerlo por lo menos un año”, dice la nutricionista Mónica Katz. El abordaje moderno es ir por etapas. Así, el cuerpo y la mente se adaptan al nuevo estado.

2. Después de la privación, llega el atracón

Dice la nutricionista Mónica Katz: “Cualquier dieta que uno haga y luego deje, vuelve a subir. Y cuanto más estricta haya sido la dieta, mayor será la suba de peso. Porque hay una revancha del cuerpo y de la mente”.

Por otra parte, confirma la psicóloga Teresa Panzitta: “Toda restricción incrementa el deseo”. Por eso, hacer dietas restrictivas provoca un aumento de los pensamientos obsesivos respecto del cuerpo y de la comida, y con esto se genera un círculo vicioso de prohibiciones y atracones difícil de cortar.

3. Vivir a dieta hace funcionar al organismo en “modo ahorro”

Desde el punto de vista fisiológico, el organismo está preparado para la escasez, no para la sobreabundancia de alimentos y estímulos como la que existe hoy. “Esto hace que, ante la falta de alimentos, el metabolismo se vuelva automáticamente más lento para gastar menos calorías”, explica la nutricionista Mónica Katz. Y, a la vez, dispara señales de hambre para alertarnos de que debemos comer para recargar energías.

4. La mayoría de las dietas no son saludables

Según el metaestudio publicado por American Psychologist, “las dietas hipocalóricas no aportan la cantidad de nutrientes necesarios para un buen funcionamiento del organismo”. Y adicionalmente a esto, “tampoco generan mejoras en los niveles de colesterol, hipertensión o glucosa en sangre”. Razón de más para no embarcarse en ellas.

5. Muchas dietas van a contramano de las costumbres y los hábitos sociales

Comer es un hecho social que va mucho más allá de lo fisiológico. Implica sentarse a la mesa y compartir con otros. El hecho de comer cada vez más solos y apurados, o frente al televisor en lugar de hacerlo a una mesa, también predispone a la obesidad, ya que se pierde la noción de las porciones y las cantidades. Por otra parte, toda dieta que implique horarios o tipos de alimentos diferentes de los que consumimos habitualmente se vuelve muy difícil de seguir y rápidamente se abandona.

6. Cuando una dieta fracasa, sobrevienen la frustración y la culpa

Estos sentimientos disparan el deseo de comer como forma de expiación, lo que no hace sino “alimentar” un fatídico círculo vicioso. “Si bien existe una luna de miel”, en la que la dieta se cumple y se baja de peso, después el obeso no aguanta más y vuelve a subir”, dice la psicóloga Panzitta. “Y esto no le pasa porque se autoagrede, es transgresor o se porta mal. Le pasa porque el estar permanentemente a dieta hace que surjan actos de rebeldía por la comida. Por eso, muchas conductas compulsivas se originan, en realidad, en años y años de dietas.”

7. Las personas delgadas no viven a dieta

Simplemente adquirieron hábitos saludables de alimentación, que van desde la compra de los alimentos hasta la forma de cocinarlos, la de comerlos, y el equilibrio entre las calorías que ingieren y las que consumen.

8. Las dietas provocan estrés

Nuestro organismo está preparado para estresarnos frente a la falta de alimento. Pero este mecanismo de supervivencia que nos salvó de morir de hambre en el pasado, hoy se nos vuelve en contra por la superabundancia de alimentos y los múltiples estímulos que nos incitan a comer (la publicidad, los medios, el aburrimiento).

Y este estrés, que se suma al estrés cotidiano de nuestra vida, hace que paradójicamente recurramos a la comida como forma de calmarnos. Con lo que, otra vez, alimentamos el círculo vicioso.

9. El descenso de peso logrado por las dietas raramente se mantiene en el tiempo

Y esto lo saben muy bien todos los gorditos, que conocen y han probado todo tipo de dietas. Con cualquiera de ellas se puede bajar de peso. Lo difícil es mantenerse. Volviendo al metaestudio de American Psychologist: “A los cuatro años de haber emprendido la dieta, entre uno y dos tercios de las personas recuperaron más peso que el que tenían antes de empezarlas”. Francamente, desmoralizador.

10. La obesidad es demasiado compleja para curarla con una dieta

La obesidad tiene componentes genéticos, hereditarios, culturales, hormonales, metabólicos y emocionales, que requieren un trabajo interdisciplinario. En tanto, “el éxito de un tratamiento para adelgazar es la distancia entre nuestras expectativas y el resultado –dice Mónica Katz–. Por lo tanto, hay que plantearse objetivos reales y no ideales, preparar un ambiente seguro (sin tentaciones a la vista), y saber que, como todo aprendizaje, requiere tiempo y esfuerzo. No hay magia.”

Fuente: La Nación Revista
Autora: María Naranjo

DIETA MEDITERRÁNEA, UN SEGURO DE VIDA

Ser fiel a este tipo de alimentación reduce el riesgo de muerte y enfermedades graves

CRISTINA G. LUCIO

MADRID.- Además de mantener alejadas las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, la dieta mediterránea también nos protege de una mortalidad prematura o de sufrir Parkinson y Alzheimer. Lo confirma, una vez más, una revisión de estudios que esta semana publica la revista ‘British Medical Journal’.

Aunque numerosas investigaciones habían señalado ya los beneficios para la salud de una alimentación rica en frutas, verduras, cereales y aceite de oliva y baja en carnes rojas y productos lácteos, un equipo de científicos de la Universidad de Florencia quiso analizar en profundidad el papel de esta dieta en la prevención de enfermedades.

Para ello, revisaron el caso de más de un millón y medio de individuos que habían participado en 12 estudios internacionales, en los que se había evaluado, en ocasiones durante periodos muy prolongados, la relación entre este tipo de dieta y el desarrollo de gran número de enfermedades y trastornos.

Cuanto más estricta, mejor

Los resultados de la investigación mostraron que seguir una dieta mediterránea de forma estricta se asocia con una reducción considerable de las posibilidades de sufrir una muerte prematura o relacionada con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Además, seguir este tipo de alimentación también aleja el Parkinson o el Alzheimer, según los datos de este trabajo.

En concreto, los más fieles seguidores de este régimen presentaban un riesgo de fallecer por cualquier causa o a raíz de un problema cardiovascular un 9% más bajo. La reducción era de un 13% en el caso de las enfermedades neurológicas y de un 6% en el cáncer.

“Todas las principales asociaciones científicas ya recomiendan de forman encarecida el consumo de una dieta Mediterránea para reducir el riesgo de enfermedad. Desafortunadamente, pese a esa promoción mundial, se está produciendo un cambio progresivo hacia hábitos alimenticios distintos a los de este régimen, incluso en los países que baña el Mediterráneo”, comentan los investigadores en su trabajo.

Estos autores insisten en la necesidad de promover este tipo de dieta y sugieren que utilizar un ‘test de adherencia’ a este tipo de alimentación “podría servir como herramienta preventiva para reducir el riesgo de muerte en la población general”, concluyen.

Fuente: elmundo.es

DIETA PARA CELÍACOS

Conocer la celiaquíaEl gluten está prohibido

La intolerancia a ciertos compuestos alimenticios puede acarrear serios problemas de salud si se ignoran las prohibiciones y no se establece una dieta restrictiva. La celiaquía es una enfermedad crónica e incurable que, una vez detectada, prohíbe el consumo de un elemento muy presente en las comidas que preparamos diariamente: el gluten.

Los celíacos están sujetos a obligaciones alimenticias que deben respetar de por vida para no tener mayores complicaciones. La ingesta de esta proteína resulta fatal para el intestino delgado del paciente, lesionando la mucosa o recubrimiento interno e impidiendo que los nutrientes sean absorbidos. La función intestinal resulta esencial para nuestro organismo y sin ella estamos expuestos a deficiencias óseas, sanguíneas o nerviosas muy serias.

Los cuatro cereales vetados
La genética tiene mucho que ver con la aparición de la enfermedad celiaca, no obstante, todavía no se sabe muy bien por qué se genera este mal. Si bien el problema puede surgir de repente entre los 30 y los 40 años, la mayoría de los casos se da en las primeras comidas del bebé. Antes, los preparados infantiles conocidos como ‘potitos’ incluían gluten en su composición, puesto que se trataba básicamente de papillas de cereales.

Algunos de los elementos que constituyen determinados cereales son las gluteínas y las prolaminas, componentes que desencadenan la aparición de la celiaquía cuando un bebé comienza su alimentación por medio de estas papillas o purés. Los cuatro cereales que contienen los desencadenantes de la enfermedad son el trigo, el centeno, la cebada y la avena.

Cuidado con la alimentación
Aunque pudiera parecer fácil desterrar estos cereales de nuestra dieta, la práctica es más complicada de lo que parece a simple vista. Existe gran cantidad de productos que cuentan con derivados de estos cereales en su elaboración: desde el simple pan hasta cualquier rebozado pasando por tartas o empanadas. La harina de trigo es uno de los ingredientes más utilizados en la cocina y está totalmente prohibida para el celiaco.

Actualmente, la información sobre esta intolerancia es muy extensa y existe gran cantidad de asociaciones oficiales y no oficiales que se encargan de aconsejar a los recién llegados al mundo del ‘no al gluten’ y también a las madres preocupadas porque a sus niños pequeños se les ha diagnosticado celiaquía tras una biopsia intestinal. La lista de alimentos no permitidos crece día a día y, muchas veces, las etiquetas de los productos pasan por alto mencionar al gluten como tal.

Posibilidades realmente amplias
El cuidado por saber qué es exactamente lo que se come debe permanecer presente siempre y éste es uno de los aspectos que más deprime al celíaco, puesto que le da la sensación de que se está perdiendo cosas muy sabrosas. El ejemplo lo tenemos en los niños que, padeciendo esta enfermedad, no entienden por qué sus amigos pueden comer bollería industrial o bolsas de ciertos aperitivos y ellos no. Se trata de una tarea muy dura para las madres que siempre tendrán que vigilar lo que comen sus hijos hasta que tengan conciencia plena de lo que significa su enfermedad.

A pesar de que existen muchos alimentos apetitosos que no son permitidos en la dieta del celiaco, esto no significa que todos estos placeres culinarios no puedan ser probados. Lo único que hay que hacer es adaptar las recetas de los preparados, sustituyendo los ingredientes prohibidos por los permitidos.

En lo que se refiere a repostería, por ejemplo, los bizcochos o las magdalenas pueden comerse, siempre y cuando las harinas de su composición sean especiales para celiacos. Lo mismo pasa para los salados: no podremos pedir una pizza o comernos una hamburguesa o degustar un plato con determinadas pastas en un restaurante, pero sí podemos hacerlo en casa con nuestra propia masa, nuestro propio pan y nuestra propia pasta con cereales permitidos.

Las posibilidades culinarias de los celiacos son tan amplias como las de una persona que no sufra esta dolencia, lo único que debemos hacer es dedicar el suficiente tiempo a la cocina como para elaborar las recetas sabrosas, pero cambiando los ingredientes. Si no tenemos tiempo, el mercado ya se ha preocupado de crear un gran catálogo de alimentos especiales para celiacos.

No hay que confundir la celiaquía con un lastre, ya que el celiaco puede comer prácticamente de todo: carne, pescado, huevos, verduras, legumbres, hortalizas, frutas, arroz, maíz, soja, patata… Para ayudar a los que padecen esta enfermedad, hemos recogido una serie de recetas básicas para que los celíacos no se priven de nada.

Algunas recetas básicas
Lo primero que hay que conseguir es harina. Existen dos mezclas de harinas para cocinar que se tendrán preparadas previamente a la elaboración de recetas más complicadas. La primera mezcla consta de dos harinas: la fécula de maíz y la harina de arroz.

Tamizaremos bien las dos harinas, teniendo en cuenta que, a cada kilo de harina de arroz, le corresponden 650 gr. de fécula de maíz. La otra mezcla incluye una harina más, la de tapioca. Las proporciones de esta mezcla de tres harinas son las mismas que de harina de arroz y fécula de maíz, más medio kilo de tapioca.

Pan

Ingredientes:
• 1 kg. de la mezcla de las tres harinas,
• 150 gr. de mantequilla,
• 100 gr. de levadura sin gluten,
• 600 cc. de agua,
• 5 cucharadas de leche en polvo,
• un poco de azúcar,
• sal.

Elaboración
Una batidora o máquina especial para hacer pan es un instrumento cuya compra resulta muy rentable, teniendo en cuanta que el celiaco no puede comer el pan típico que se vende en cualquier panadería. Debe ponerse el agua tibia en el recipiente donde vaya a hacerse la masa con los ingredientes. Se le añade al agua la levadura y la mantequilla, y se va añadiendo poco a poco la mezcla de harinas tamizadas mientras se bate, además del resto de los ingredientes. Se le da forma a la masa y se coloca en una bandeja del horno donde se extenderá previamente un poco de harina. El horno se precalentará y se dejará allí la masa hasta que esté dorada.

Bizcocho

Ingredientes:
• 4 huevos,
• 4 cucharadas de azúcar,
• 4 cucharadas de harina de maíz,
• 50 gr. de mantequilla,
• una cucharada de levadura sin gluten,
• ralladura de limón.

Elaboración
Se separan las claras de las yemas y, éstas últimas, se baten junto con el azúcar, la ralladura de limón y la mantequilla. Se mezcla la harina de maíz y la levadura en polvo mientras las claras se montan a punto de nieve. Una vez que están montadas las claras, se une la mezcla de harina y levadura y, al momento, las yemas. Es importante que esta unión se realice sin batir, mezclando suavemente con una espátula con movimientos envolventes, de abajo a arriba. Se coloca todo en un molde engrasado en el horno que previamente habremos calentado. Se deja hacer unos 25 minutos a fuego medio y se controla si ya está, metiendo un tenedor y comprobando que sale limpio. Se deja enfriar a temperatura ambiente.

Masa para pizza

Ingredientes:
• ½ kilo de la mezcla de tres harinas,
• 350 cc. de agua,
• una cucharada de azúcar,
• 75 gr. de mantequilla,
• sal,
• 50 gr. de levadura sin gluten.

Elaboración:
En una licuadora, batidora o máquina de hacer pan (también se puede hacer a mano, pero tendremos que emplear mucho esfuerzo, como con el pan), poner el agua tibia con la mantequilla derretida y la levadura. Añadir la mezcla de harinas, la sal y el azúcar. Amasar bien, extender con el rodillo, y poner sobre una placa de horno espolvoreada con harina de maíz o mezcla de tres harinas. Cubrir con ingredientes ‘permitidos’ y meter en el horno precalentado hasta que la masa esté hecha. El catálogo de productos que podemos utilizar es enorme, pero tendremos cuidado con los productos envasados, leyendo antes las etiquetas.

Torrijas a la crema

Ingredientes:
• 8 rebanadas de pan de molde sin gluten,
• ½ bote de leche condensada,
• una cucharada de harina de maíz,
• un huevo,
• 3 yemas de huevo,
• aceite,
• azúcar,
• canela en polvo.

Elaboración:
Se disuelve la leche condensada en cuarto litro de agua. Después separamos la corteza de las rebanadas de pan, las cortamos en cuatro trozos y las remojamos en la mitad de la leche. A continuación, se mezclan las yemas con la harina de maíz disuelta en un poco de agua fría y el resto de la leche. Se cuece al baño maría removiendo continuamente hasta que la crema espese. Se deja enfriar y se reparte sobre la mitad de las rebanadas de pan. Se cubren con el resto de las rebanadas mojadas en huevo batido y se fríen en abundante aceite caliente. Para evitar que nos queden aceitosas, las pondremos a escurrir sobre un papel absorbente. Finalmente se espolvorean con azúcar y canela.

Bollos caseros

Ingredientes:
• 6 cucharadas rasas de azúcar,
• 6 cucharadas rasas de aceite frito y frío,
• 6 cucharadas de leche,
• ¼ sobre harina sin gluten,
• un sobre de levadura sin gluten,
• un trozo de pan sin gluten,
• ralladura de limón.

Elaboración:
Freír el trozo de pan sin gluten en aceite y dejar enfriar el aceite. Batir los huevos y añadir la leche, el azúcar, la ralladura de limón y el aceite frito. Mezclarlo en un bol con la harina y la levadura en pequeñas cantidades. Volcar a la batidora y seguir añadiendo la harina y la levadura hasta completar. Continuar batiendo hasta obtener una masa homogénea. Como esta harina es distinta a la normal, la masa queda más pegajosa. Se aconseja freír la masa a ‘pegotitos’, con la ayuda de una cuchara, como si fueran buñuelos. Empezar a freírlos en aceite y rebozarlos después en azúcar molida.

Receta enviada por Carmen María Villanueva López

Redacción/Facilisimo.com

!SIÉNTETE A GUSTO CON TU CUERPO!

Sentirse a gusto con el propio cuerpo fomenta una dieta sana.

La mayoría de nosotros ha pensado -o piensa- que cuidarse con las comidas y ejercitar diariamente es consecuencia de la baja autoestima o la disconformidad con nuestra imagen corporal.

Sin embargo, recientes estudios afirma lo contrario, ya que aquellos que se encuentran satisfechos con su propio cuerpo, independientemente de su peso corporal, son quienes más se cuidan.

La investigaciones en el campo de psicología indican que sentirse a gusto con sí mismo contribuye a la felicidad de la persona, y al mismo tiempo, tener una percepción positiva del propio físico favorece la adopción de hábitos alimentarios saludables, lo cual repercute positivamente sobre la figura.

La razón por la cual una mayor autoestima se asocia con una dieta más saludable involucra la alimentación intuitiva que desarrollan los individuos que se sienten conformes con su cuerpo.

Es decir, al estar satisfecho con su aspecto físico, existen menos factores psicológicos que influyen en la alimentación diaria, y ésto permite que la persona coma sólo por necesidad física, y deje de hacerlo cuando sus señales fisiológicas lo indican.

Los investigadores evaluaron a mujeres y hallaron que aquellas que se aceptaban tal como eran y estaban satisfechas con su cuerpo se alimentaban mejor, y por supuesto, una dieta sana también incide positivamente en su aspecto físico.

Lo importante a resaltar es que si no nos queremos, no nos cuidamos, y llevar un estilo de vida sano es cuidar el cuerpo, la mente y evitar el desarrollo de enfermedades.

Por lo tanto, nuestro objetivo debe ser tener una percepción cada vez más positiva de nosotros mismos, aceptarnos tal cual somos y cuidar los que nos pertenece.

Tal vez este ciclo no se inicie con una mayor autoestima, pero sí es seguro que llevar una dieta sana, ejercitarse regularmente y dedicar un momento al día para relajarnos y disfrutar nos ayudará a vernos mejor y vivir con más salud.

Fuente: Vitonica.com

¿QUÉ CAUSA LA ANEMIA?

¿Qué es la anemia?
La anemia ocurre cuando su sangre no tiene suficiente hemoglobina. La hemoglobina es una proteína dentro de sus glóbulos rojos que transporta oxígeno desde sus pulmones hacia el resto del cuerpo. Una causa común de anemia es no tener una cantidad de hierro suficiente. Su cuerpo necesita hierro para fabricar hemoglobina.


Síntomas de anemia


  • Frecuentemente no hay síntomas.
  • Palidez
  • Sensación de cansancio
  • Sensación inusual de “falta de aire” al hacer ejercicio.
  • Latidos del corazón acelerados

¿Qué puede causar niveles de hierro bajos?
Una serie de cosas pueden hacer que sus niveles de hierro estén bajos:

Falta de hierro en la dieta. Este problema ocurre principalmente en los niños y en las mujeres jóvenes. Los niños que toman mucha leche y no comen alimentos ricos en hierro, y las mujeres jóvenes que siguen dietas que “están de moda” corren el riesgo de tener deficiencia de hierro.

Fases de crecimiento acelerado. Los niños menores de tres años crecen tan rápido que sus cuerpos tienen dificultad para mantener el nivel apropiado de hierro que ellos necesitan.

Embarazo. Las mujeres que están embarazadas o que
están lactando necesitan 2,5 veces más hierro que los hombres. Esa es la razón por la cual a las mujeres embarazadas se les hace una prueba para determinar si están anémicas y por la cual tienen que comer más alimentos ricos en hierro o tomar diariamente tabletas de hierro.

Pérdida de sangre. Esta es una causa común de anemia por deficiencia de hierro en los adultos. Las menstruaciones fuertes pueden causar anemia. La pérdida de sangre también puede ser causada por el sangrado interno, usualmente en las vías digestivas. Una úlcera duodenal, colitis ulcerativa, cáncer, o tomar aspirina o un medicamento similar durante largo tiempo puede causar sangrado en su estómago o intestinos. Esta es la razón por la cual es importante determinar la razón para un nivel de hierro bajo.

¿Cómo se diagnostica la anemia?
Hable con su médico si usted piensa que puede tener anemia. Probablemente le harán una prueba de sangre para diagnosticarle si tiene anemia. Se pueden requerir otras pruebas para determinar qué es lo que está causando la anemia.

¿La anemia puede prevenirse?
Algunos tipos, como aquellos ocasionados por deficiencias en la dieta, pueden prevenirse. Usted puede ayudar a prevenir este tipo de anemia asegurándose de comer comidas que sean ricas en hierro. Mire el cuadro de abajo para ver una lista de alimentos ricos en hierro.

Comidas con un alto contenido en hierro

  • Hígado y otras carnes
  • Mariscos
  • Frutas secas como albaricoques, ciruelas pasas y uvas pasas.
  • Nueces
  • Granos, especialmente las habas.
  • Vegetales verdes y con hojas tales como espinacas y brócoli.
  • Melaza
  • Granos enteros
  • Panes y cereales (fíjese en la etiqueta) fortificados con hierro.

¿Cómo se trata la anemia?

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Depende de lo que causa la anemia. Por ejemplo, si la causa de la anemia es la pérdida de sangre en cantidades altas, la causa de la pérdida de sangre deberá ser tratada. Si la anemia es el resultado de una dieta con un contenido bajo de hierro, su médico puede recomendarle hacer cambios en la dieta o tomar tabletas de hierro.

¿Cómo puedo aumentar el hierro en mi dieta?
Su cuerpo absorbe mejor el hierro que está en las carnes. El comer una pequeña cantidad de carne junto con otras fuentes de hierro, tales como vegetales, le puede ayudar a obtener aún más hierro a partir de estas comidas. Tomar tabletas de vitamina C o comer alimentos ricos en vitamina C —tales como frutas cítricas o jugo de frutas— al tiempo que se comen alimentos ricos en hierro o tomarse una tableta de hierro le puede ayudar a su cuerpo a absorber mejor el hierro.

Algunos alimentos bloquean la absorción de hierro. Estos incluyen el café, té, yema de huevo, leche, fibra y la proteína de soya. Trate de evitarlos cuando esté comiendo alimentos ricos en hierro.

¿Las tabletas de hierro pueden ocasionar problemas?


Las tabletas de hierro pueden causar malestar estomacal, acidez estomacal y estreñimiento. Asegúrese de mencionarle a su médico acerca de cualquier malestar que usted note. Los consejos en el cuadro de abajo le pueden ayudar a disminuir el malestar.



Consejos para tomar tabletas de hierro

  • Tome las tabletas con comida.
  • Empiece despacio. Trate de tomarse 1 tableta cada día durante 3 a 5 días, luego 2 tabletas cada día hasta que ya no le moleste esa cantidad. Aumente el número de tabletas hasta llegar al número que su médico le recomendó.
  • Si tiene estreñimiento aumente la cantidad de fibra en su dieta. Esto vale la pena aun cuando la fibra pueda interferir con la calidad de absorción de hierro por parte de su organismo. De todas maneras usted podrá absorber algo de hierro y esto es mejor que no tomar nada de hierro si usted lo necesita.
  • No se tome las tabletas de hierro antes de acostarse si le causan malestar estomacal.
  • Si un tipo de tabletas de hierro le causa problemas hable con su médico acerca de probar con una fórmula o marca distinta.

Fuente: FamilyDoctor.org

COMER SANO, ESTAR SANO

Comer constituye una de las actividades familiares y sociales más importantes. Al seleccionar los alimentos y planear nuestras comidas estamos influidos por la historia, la cultura y el medio ambiente, así como por nuestro paladar.

La comida resulta una fuente de gratificación y placer que, combinada con la buena nutrición, es un componente vital para la salud y la calidad de vida. Una alimentación saludable influye en el crecimiento, desarrollo y rendimiento escolar, y facilita el trabajo de los adultos muy activos. Pero,


¿Que significa comer sano?

Se trata de comer en forma moderada, alimentos que proporcionen un equilibrio de nutrientes. Cada alimento posee uno o más de ellos, por lo tanto la variedad ayudará a obtener lo que el cuerpo necesita.

Alimentarse saludablemente no es comer de todo en abundancia, ni hacer dietas, ni privarse de algunos alimentos. Es tratar de elegir alimentos de origen vegetal, como cereales, legumbres, hortalizas y frutas, lácteos preferentemente descremados y carnes magras, como también controlar el consumo de los alimentos que contienen muchas grasas, azúcar y sal.

Óvalo nutricional

Entre los nutrientes fundamentales para la salud se encuentran el agua, los hidratos de carbono, las proteínas, las grasas, los minerales y las vitaminas. La edad, el sexo, la altura, la cantidad de ejercicio realizado y el estado general de salud determinan las cantidades de nutrientes que el cuerpo necesita.

Una alimentación variada incluye diariamente, aunque en diferentes cantidades, alimentos de los cinco grupos según el ovalo nutricional.

El ovalo nutricional sugiere la variedad de los alimentoscotidianos y de las proporciones del consumo de alimentos necesarias para lograr una alimentación rica en nutrientes.

La forma de lectura del ovalo es en sentido inverso a las agujas del reloj. Al comienzo se encuentra el agua, después sigue el consumo de hidratos de carbono complejos. Luego sugiere alimentos que contienen menor cantidad de hidratos de carbono, pero incorporan proteínas, grasas y gran contenido vitamínico. Al finalizar el recorrido del ovalo, los alimentos contienen proteínas y grasas. Y el último contiene mayormente grasas e hidratos de carbono simples.

En líneas generales, con respecto al valor calórico total la alimentación diaria debe incluir:

• Hidratos de Carbono 50 – 60 %
• Proteínas 12 – 20 %
• Grasas 25 – 30 %

Alimentos preferidos

Comer sano depende fundamentalmente de los hábitos alimentarios, las posibilidades económicas, los conocimientos que se tienen acerca del valor nutricional de los alimentos y la manera en que se preparen para que conserven sus propiedades nutricionales y organolépticas (que se puedan percibir por los sentidos, es decir, color, sabor, olor, textura). Para poder elegir con una base de conocimiento es conveniente repasar las propiedades de cada grupo de alimentos:

• Las harinas integrales y refinadas obtenidas de cereales como maíz, trigo, avena, arroz, cebada, se utilizan para la elaboración de productos panificados, galletitas, pastas, etc. Estos aportan una gran fuente de energía: hidratos de carbono complejos, proteínas vegetales, fibras, vitaminas del complejo B, fósforo, potasio, magnesio y selenio. Además, contienen bajas cantidades de grasas y nada de colesterol.

• Las legumbres – arvejas, porotos, lentejas, garbanzos, chauchas – contienen proteínas de origen vegetal, hidratos de carbono complejos y fibras, al igual que los cereales no poseen grasas saturadas ni colesterol, es por eso que se sugieren que se consuman en mayor proporción.

Saber elegir

• Las hortalizas constituyen una óptima fuente de hidratos de carbono, fibras y vitaminas. Las hortalizas de color amarillo, anaranjado, rojo y verde intenso son ricas en betacarotenos, sustancias que en el cuerpo se transforman en vitamina A.

• Las frutas frescas proveen de vitaminas, minerales y fibra, además de agua e hidratos de carbono simples. Los duraznos, damascos, melón son una excelente fuente de betacoroteno y los cítricos, el kiwi y las frutillas aportan alta cantidad de vitamina C.

• La leche es un alimento muy completo por la cantidad de nutrientes que contiene, aporta proteínas esenciales de alto valor biológico, hidratos de carbono, grasas, vitamina A, D y del complejo B, y minerales como calcio y fósforo. Los lácteos son la principal fuente de calcio para cubrir las dosis diarias recomendadas.

• La carne vacuna, de aves y pescados aportan proteínas esenciales y grasas. También vitaminas del complejo B, principalmente la B12. Además suministran minerales como hierro, zinc, cobre, selenio, potasio y fósforo. Es aconsejable elegir los cortes magros o retirar la grasa visible. El pescado tiene la ventaja de tener menos calorías, grasas y colesterol. Además es una fuente de minerales y vitaminas del complejo B, A y D.

• Los huevos, a pesar de su mala fama, son aconsejables debido a que la clara contiene una gran fuente de proteínas esenciales y la yema aunque tiene fundamentalmente grasas y colesterol, contiene hierro y vitaminas A, D, K.

• El azúcar, si bien se consume frecuentemente en infusiones- café, té, yerba mate, etc.- en gaseosas, golosinas, postres, etc., se debe usar con moderación ya que aportan calorías en gran proporción.

El presente artículo de difusión fue elaborado por la Ingeniera en Alimentos Claudia Teisaire.
Fuente: Programa Calidad de los Alimentos Argentinos/ Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de Argentina.

PERSONALIDAD “D”, FACTOR DE RIESGO CRONICO

Más de la mitad de los hipertensos responden a este perfil psicológico.

En las personas retraídas y propensas a ver siempre “el vaso medio vacío”, el aparato cardiovascular es más vulnerable.

El corazón no será el centro de las emociones, como creían los antiguos y como cantan los boleros, pero sí es, por diferentes mecanismos que aún están por ser dilucidados del todo, un epicentro que sufre las consecuencias de lo que pasa en el sistema nervioso.

Lo que sí parece cada vez más claro es que si estar de mal humor, triste o enojado –o todas esas cosas a la vez– pasara a ser lo normal, si estar preocupado fuera una constante aunque no hubiera motivos, y si además resultara muy difícil compartir los sentimientos con las demás personas, nos estaríamos cargando a cuestas otro importante factor de riesgo de enfermedad coronaria o de hipertensión arterial, entre otras enfermedades crónicas que involucran al aparato cardiovascular.

La relación se sospecha desde hace tiempo, pero actualmente varios científicos intentan medir la importancia epidemiológica de este factor de riesgo, definido como una combinación entre vulnerabilidad al estrés negativo (disestrés) que se manifiesta como una “afectividad negativa” (pesimismo, malhumor, sensación de infelicidad y preocupación constante) y cierta dificultad para el contacto social, a la que los estudiosos dieron en llamar personalidad tipo D.

Aunque cada una de estas características de la personalidad parecen afectar al corazón también por separado, es la combinación de ambas lo que funcionaría de forma sinérgica, potenciando mutuamente sus efectos.

La personalidad tipo D (de distrés, que es el estrés relacionado con la sobrecarga de preocupaciones, más que el estrés desencadenado por el esfuerzo físico) comenzó a ser estudiada como factor de riesgo cardiovascular a fines de la década del noventa, aunque recién en el año 2005 el investigador Johan Denollet publicó en la revista Psychosomatic Medicine la guía DS14, que es la que se utiliza para identificar con precisión este tipo de personalidad y evaluar el grado de riesgo que puede representar para los pacientes cardíacos.

“La personalidad tipo D representa un importante factor de riesgo que los cardiólogos deberán tener en cuenta en sus pacientes, sobre todo para las enfermedades crónicas, a diferencia de la depresión, que supone otro tipo de riesgo”, aseguró en su reciente paso por Buenos Aires la doctora Angelique Schiffer, investigadora del departamento de Psicología Médica de la Universidad de Tilburg, Holanda, y coautora de trabajos realizados junto con Denollet sobre este tema.

Schiffer participó como disertante en el XVI Congreso Mundial de Cardiología que tuvo a la Argentina como sede, en mayo pasado. Allí resumió, en base a la investigación clínica realizada hasta la fecha, todo lo que hoy se sabe sobre la relación entre el corazón, las arterias y la personalidad tipo D.

Mientras la persona con depresión tiene más riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio, el “paciente D” es más propenso a contraer afecciones crónicas del aparato circulatorio. El dato más significativo para demostrar su influencia es que de una población de personas hipertensas estudiada por los expertos, el 53% resultó coincidir con el perfil descrito como “D”.

“La prevalencia de esta característica de la personalidad en la población general va del 13 al 24%, según cada uno de los estudios, por eso es significativo que entre las personas con cardiopatías isquémicas haya habido de un 25 a un 36% de pacientes tipo D”, señaló Schiffer como ejemplo.

También entre el 24 y el 45% de las personas con arritmias, el 35% de los que tienen problemas en las arterias periféricas y hasta casi el 30% de los trasplantados de corazón, según dijo, podrían echarle la culpa a su “carácter D”.

Relaciones múltiples

Los estudios poblacionales realizados por estos investigadores europeos determinaron que tener una personalidad tipo D no tiene que ver con la edad, ni con la condición socioeconómica, ni con el nivel de educación formal. Y no implica padecer depresión, aunque sí es un factor predisponerte. También predispondría a padecer ansiedad, bajos niveles de autoestima y disforia.

Aunque cabe aclarar que hay investigadores –como el realizado por Martine Habra en 2003– que son críticos con respecto a la importancia de este rasgo del carácter en la salud y afirman que no hay evidencia concluyente de sus efectos sobre las enfermedades cardíacas, otros estudios relacionan a la personalidad D, además, con hiperactividad fisiológica, activación del sistema inmunológico y respuestas inadecuadas a los tratamientos aplicados por el cardiólogo.

Schiffer aseguró, por otra parte, que los pacientes tipo D con insuficiencia cardíaca reportan más síntomas de su enfermedad y se preocupan más por esos síntomas, pero consultan menos.

En su estudio publicado en 2005, Denollet sugiere que las personas con un alto grado de inhibición social tienden a inhibir los signos que pudieran hacer ver a los demás cómo se sienten, como una estrategia para contener las emociones, pero que es justamente esa inhibición la que se relaciona con una reactividad cardiovascular y con un alto grado de variación del ritmo cardíaco.

“Además de ser una relativa falencia para implementar estrategias más adecuadas para regular las emociones, el incremento de la vulnerabilidad por este «estrés interpersonal» es, por sí mismo, una característica promotora de enfermedades”, subraya.

La inhibición social ha sido relacionada con altos niveles de catecolaminas (hormonas del estrés, entre las cuales se encuentra la adrenalina) y con aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Y produce una activación del nervio simpático (regulador de los procesos vitales y otros fenómenos orgánicos) que es la que produciría su efecto sobre el sistema inmunológico, que se registra a nivel de las citoquinas, enzimas que actúan en los procesos inflamatorios.

De hecho, la especialista holandesa planteó la acción por esa vía como posible vía de reducción del riesgo desde la química. Además de una psicoterapia que ayude a ver que hay otras formas de tomarse la vida.

Marcelo Rodríguez

Para identificarse como “D”

Para conocer el grado de riesgo cardiovascular que implica cada una de las afirmaciones que conforman el test DS14, diseñado por el belga Johan Denolle en base a investigaciones clínicas con más de 2500 pacientes, es necesario conocer muchos otros datos, porque la ponderación varía según la edad, el sexo, el estado clínico y muchos otros factores.

Pero para saber cuán cerca se está de la “personalidad tipo D” y empezar a pensar cómo cambiar de estilo de vida, las 14 afirmaciones –cada una de las cuales deberá ser calificada con sinceridad como “falsa”, “casi falsa”, “neutra”, casi verdadera” o “verdadera” según sea el caso– son las siguientes:

1.– Establezco contacto fácilmente cuando conozco gente.
2.– A menudo, “me ahogo en un vaso de agua” por asuntos insignificantes.
3.– Suelo hablarle a extraños.
4.– A menudo me siento infeliz.
5.– Me irrito con frecuencia.
6.– En las relaciones sociales a menudo me siento inhibido.
7.– Tengo una visión pesimista de las cosas.
8.– Me cuesta iniciar una conversación.
9.– Frecuentemente estoy mal de ánimo.
10.– Soy una persona cerrada.
11.– Prefiero poner distancia respecto de los demás.
12.– A menudo me encuentro preocupado por algo.
13.– A menudo me siento decaído.
14.– No encuentro cosas apropiadas de las que hablar al socializar.

Fuente: LaNacion.com.ar

¡ALERTA! OSTEOPOROSIS

¿Qué es la Osteoporosis?

En España, unos 2.000.000 de personas sufren descalcificación de los huesos, o sea osteoporosis. En el proceso de esta enfermedad se van perdiendo poco a poco minerales, más que nada calcio, de los huesos (por ejemplo en vértebras o en caderas). ¿Por qué causa sucede esto? O más importante aún: ¿Qué puede usted hacer para contrarrestarlo? Este informe le proporcionará más información.

Osteoporosis significa literalmente: Porosidad ósea. Hablamos de osteoporosis cuando la masa del hueso se ha reducido de manera tal, que fácilmente pueden surgir fracturas. Sobre todo vértebras, muñecas y caderas pueden romperse por pequeños accidentes o golpes.

¿Quiénes son susceptibles a la Osteoporosis?

Ya desde hace miles de años, la osteoporosis fue un fenómeno conocido tanto en mujeres como en hombres. Es una equivocación comprensible pensar, que la osteoporosis es una afección típicamente femenina. Es verdad que más del 70% de los pacientes de osteoporosis son mujeres. Sin embargo, también los hombres que no hacen ejercicio físico o casi nada, son susceptibles de sufrir osteoporosis.

No obstante, esto no implica que todas las personas hayan de padecer dicha enfermedad. Hay varios factores que aumentan el riesgo de su aparición:

  • la menopausia (temprana)
  • la herencia
  • la diabetes y las afecciones de la glándula tiroides
  • la absorción demasiado limitada de calcio
  • la alimentación carente de vitamina D
  • la falta de luz solar
  • la falta del ejercicio físico
  • el consumo excesivo de la cafeína (el café)
  • fumar
  • el consumo excesivo de sal en la alimentación
  • el consumo excesivo de alimentos ricos en fosfatos
¿Cómo surge la osteoporosis?

Contrariamente a lo que creen muchos, los huesos sí que están formados de tejido vivo. Esto lo prueba el hecho de que crecemos y de que después de una fractura, el hueso vuelve a unirse (bastante rápido).
A medida que envejecemos, los huesos van perdiendo su solidez.

La proporción existente entre formación y descomposición ósea depende de la edad.

Antes de cumplir 20 años prevalecen los procesos de formación ósea: Crecemos y los huesos se estabilizan. Cerca de los 25 años, poco a poco, se va descomponiendo más tejido óseo del que se forma. Los huesos pierden masa y la altura corporal disminuye. Debido a varias causas, este proceso natural de descomposición puede desarrollarse demasiado rápido:

  • La alimentación no contiene suficientes nutrientes para crear un tejido sano óseo; y/o
  • el estímulo para la formación de huesos sólidos, es decir, el ejercicio físico, no existe en medida suficiente.
Para las mujeres hay que añadir una causa más:

Los estrógenos – cierto grupo de hormonas sexuales femeninas- procuran que los huesos de la mujer almacenen la mayor cantidad posible de calcio en el período de fertilidad. Después de la menopausia, ya casi no hay producción de estrógenos. Durante los dos primeros años de la menopausia los huesos pierden, por lo tanto, una cantidad bastante grande de calcio. Esto puede – también si otros factores de riesgo juegan un papel – llegar a causar osteoporosis, solo en caso de que, antes de esta fase de la vida, la masa ósea sea insuficiente y los huesos no lo bastante sólidos.

¿Cómo puede usted prevenir la osteoporosis y qué puede usted hacer si ya la padece?

La respuesta es muy sencilla: A través de una alimentación rica y bien equilibrada y de ejercicio.

La alimentación debe ser rica en componentes para la formación de los huesos y el ejercicio sirve como estímulo para aumentar la masa del hueso.

Ya se sabe, que únicamente el calcio no es suficiente para la formación ósea. Para ello, además, se necesitan muchos otros componentes. Desgraciadamente, estos no están siempre presentes en medida suficiente en nuestra alimentación cotidiana. Fuera el calcio, los huesos requieren por ejemplo magnesio, zinc, silicio, cobre, hierro, manganeso y boro. ¡Todos minerales! Además casi todas la vitaminas del grupo B, las vitaminas K y D y sobre todo la vitamina C, están implicadas y juegan un papel muy importante en la creación del tejido conjuntivo de los huesos.

Pero aún no es todo:
Los aminoácidos (componentes de proteínas) también tienen su importancia. Forman el esqueleto del tejido conjuntivo óseo y sirven de estímulo para la producción de ciertas hormonas, que, en su turno, juegan un papel dentro del metabolismo de nuestros huesos.

En lo que respecta al ejercicio, el consejo de los expertos es hacer ejercicio físico durante por lo menos una hora al día. Parece mucho, pero ya subir una escalera, ir andando al supermercado o trabajar en el jardín son formas de ejercicio.

Si es necesario un fisioterapeuta o un entrenador físico, éste puede elaborarle un programa de entrenamiento adecuado. Lo que sí es imprescindible es ejercicio regular: ¡regular pero no demasiado intenso!

Fuente: Nutricion.net