Posts etiquetados como ‘mamá’
28 Sep 2009 | Por romina | Claves: bebé, dormir, mamá, sueño | # Enlace permanente
Suena a poesía barata. Lo sé. Tampoco sé escribir otra. Pero por muy cursi que suene, es literal. El sábado me desperté a las 6:30, con los primeros hilos de luz en la cara, y oyendo el canto de los pajaritos.
Bruno durmió desde las 22 hasta las 7hs, milagro que sólo se había dado dos veces. Una, a sus cinco meses, en que se desperó a las 8hs, yu otra hace cinco semanas, en que durmió unas cuantas horas seguidas también, desde las 23:30 hasta las 6hs.
Parece que cada tanto me recuerda que es posible dormir toda la noche, para que tenga un poco más de paciencia y permita que la independencia la adquiera solo. Que cuando no me llame sea porque no me necesita, y no porque se ha resignado a que o acudiré.
Sé que hay tantas posturas como personas con el tema del sueño de los bebés, pero no negocio ni admito que la receta sea dejarlo llorar. Los argumentos, por otra parte, son tan flojos que cuanto más me quieran explicar, más entenderé lo absurdo e irracional que es.
“Que si no se va a creer que siempre estás ahí cuando te llama”, “Que te está tomando el pelo”, “que tiene que entender que no estás disponible todo el tiempo”. Bueno, cada cual que haga como le plazca. Yo quiero que mi hijo piense que sí estoy ahí cuando me llama, ahora y dentro de treinta años, como está disponible mi mamá cuando la llamo yo. Necesitar de alguien no es tomarle el pelo, yo también reclamo afecto de quienes más quiero, y el resto puede hacer lo que le venga en gana.
Queda un largo camino para finalizar la exigente primera infancia. Pero esa noche me recuerda que terminará, e incluso la extrañaré. Y me convence de que no ganaré en descanso a costa de su llanto.
11 Sep 2009 | Por romina | Claves: bebé, familia, hardín, maestra, mamá | # Enlace permanente
Gracias por romper con mis prejuicios. Por mostrarme que el trabajo no tiene por qué ser impedimento para la entrega desinteresada. Tanto teórico europeo preocupado por la mercantilización de las relaciones personales, casi me hace olvidar de las personas con nombre y apellido. De carne y hueso. Que hacen por los demás más de lo que “corresponde”. Que no trabajan a reglamento. Que son capaces de comprender, respetar la diversidad, las opciones personales.
Bueno, es injusto hablar en plural. Has sido vos la que me mostró esa cara de la moneda. Que apagó los temores que implicaba separarme de mi hijo por algunas horas. Que se ganó la confianza y el amor de Bruno. Que le abrió la puerta de nuevas experiencias.
Si este año pudimos trabajar un poco más -aunque yo todavía me encuentro descentrada-, cada artículo que escribamos debería tener una nota al pie con tu nombre. Porque no basta con encontrar el momento y el lugar sin Bruno. Hacía falta sentir que él lograría disfrutar esos momentos sin mamá y papá para concentrarnos en otras cosas. La incertidumbre no habría dejado que la cabeza se pusiera en marcha -bueno, tampoco es que funcione tanto-.
Para siempre formarás parte de nuestras vidas. Este año de grandes cambios para la vida de Bruno quedará siempre entre nuestros mejores recuerdos, y tu acompañamiento en las horas de jardín es un capítulo especial de este segundo año como mamá, papá y nene -diría bebé, pero me vas a retar por eso-.
Muchas páginas se han escrito sobre la imposibilidad de autosuficiencia de la familia nuclear. Los parientes, los amigos, los vecinos, el Estado, el mercado cuando cuando los anteriores no están o fallan, sostienen la provisión de bienestar que los miembros por sí solos no pueden darse.
Cuando nace un bebé comprendés que es cierto. Que no podemos resolverlo todo solos. Que es una tarea ardua, que es mucho el tiempo y mucho el amor para que sólo dos personas basten para dárselo. Por eso agradecemos que hayas sido vos la que formó parte de esa red de sostén para el cuidado y la educación de nuestro hijo. Porque no tuvimos la posibilidad de elegirte, pero te elegiríamos mil veces.
¡Feliz día!

19 Jul 2009 | Por romina | Claves: bebé, lactancia, llanto, mamá, sueño | # Enlace permanente
No me ayude diciendo que lo estoy haciendo mal. Que mi leche no lo alimenta y una vaca hará mejor lo que yo quiero hacer por mi cuenta. Que es muy pequeño y necesita un “suplemento”. Que es muy gordito y mi leche no le alcanza.
No me ayude diciendo que es muy mayor y ya “no la necesita”, porque usted bien podrían arreglarse con polenta y prefieren asado y vino tinto.
No me ayude a descansar diciendo que debería atenderlo menos. Que no lo malacostumbre a estar en brazos ni de día ni de noche. Que mejor dejarlo llorar para que se acostumbre a estar solo, ¿cuántas horas del día y de la noche pasa usted solo?
No me ayude a dormir ni destetarlo a costa de su llanto. Que no se va a “traumar”. Que no se van a a morir. Que no les pasa nada. Que “yo hice lo mismo con mis hijos y están lo más bien” -no me consta-.
No diga que mi hijo es un malcriado, porque entonces le preguntaré con mi peor mirada “¿Qué es lo que usted dice que estoy haciendo mal?”, y se quedará pasmado. Claro, la loca seré yo. Pero no le digo que es mal marido, mal empleado o mal ciudanano -y no necesariamente porque sea muy bueno-.
Resulta que estaba mal tenerlo upa “todo el día”. “Se hace” muy dependiente. Pero ahora es un caprichoso porque prefiere caminar. No me engañe. No le importa la independencia de mi hijo. Está pensando en la alternativa más cómoda para los adultos.
Cuántos silencios ayudarían más que las palabras socarronas. Que las vidas ejemplares de bebés de antaño que son hoy adultos por lo menos vulgares, cuando no desastrosos.
Sólo un abrazo. Sólo unos minutos para darle a mi hijo lo mismo que yo quiero darle, así puedo descansar un poco. Sólo el reconocimiento de un mínimo mérito en cada gramo que sube, en cada centímetro que crece, en cada habilidad que aprende, en cada sonrisa que regala a cualquier desconocido.
Gracias a todos lo que supieron comprenderlo en este tiempo. Y un encarecido silencio a los que no han sido capaces de hacerlo todavía. No a mí. Que siempre he sido muy tozuda y llevo quince meses ganando en seguridad, aunque las dudas nunca desaperecen.
Silencio y respeto frente a cada nueva madre, que después de nueve meses se encuentra perdida, porque siempre es más difícil de lo que parecía, porque todos parecen saber más que ella. Porque terminan cediendo ante el poder de los hábitos culturales que no consideran al recién nacido un ser con derechos, una persona capaz de sufrir y de necesitar algo más que comer y dormir -solo-. Porque acarician y consienten a su perro mientras piden que dejes a tu hijo llorar solo. No merecen crédito. No merecen respeto. Déjenlos hablar solos.
02 Jul 2009 | Por romina | Claves: bebé, lactancia, mamá, médico | # Enlace permanente
Volví. Después de meses de mucho trabajo, muchas enfermedades y poco sueño, el enojo me movilizó y aqui me encuentro para compartir nuevamente pequeños fragmentos de mi vida maternal.
Ayer fui a la odontóloga. La “muela del juicio” -será que todavía no tengo juicio, por eso no sale-, no tiene lugar para salir y luego de cinco años ha vuelto a molestarme e imflamar la encía. Habrá que extraerla, pero eso es otro asunto. Lo que aquí me convoca es la dulzura con que fui recibida por la sujeta que me atendió.
Luego de inspeccionar mi boca, me indicó antibióticos a vistas de los claros signos de infección en la maltrecha encía. Advertí oportunamente que estaba amamantando. Preguntó la edad del niño, a lo que respondí: “quince meses”. ¡Para qué! Ahí nomás soltó: “¡Ah, no!, suspendele y tomate esto”. Mi insistencia en que indicara algún antibiótico compatible con la lactancia no fue oída, y siguió escribiendo como si tal cosa.
Una vez terminada la receta insistí con el interrogante, y ante la visceral mala onda no me quedó otra que irme y arreglarmela por las mías. En la era de la información, no me iba a quedar con la palabra de la odontóloga mala leche.
La pediatra me dio el OK para tomar el medicamento sin interrumpir la lactancia, y más tarde consulté www.e-lactancia.org que indica un riesgo 0 para el medicamento en cuestión.
¿Tan difícil es aceptar que uno no puede saberlo todo? ¿Tan difícil es informarse? ¿Tan inaceptable resulta que un bebé de quince meses sea amamantado?
¿Ta intolerante se puede ser?
En nuestra sociedad “moderna”, tal actitud de discriminación frente a una práctica sexual o diversidad étnica-cultural, hubiera merecido una lluvia de denuncias ante el INADI. Sin embargo, la intolerancia está arraigada en los lugares comunes que devienen verdades y promueven el autoritarismo.
¿Con qué derecho la odontóloga “receta” el destete? ¿Con qué derecho desorbita sus ojos frente a los quince meses de mi hijo? El conocimiento da poder, y cuando se ocupa un lugar de conocimiento siendo ignorante, del poder nace el autoritarismo.
11 Feb 2009 | Por romina | Claves: bebé, gatear, gateo, independencia, mamá, niño independiente | # Enlace permanente
El título de este post tiene varios contenidos posibles. En primer lugar, creo que mi hijo salió medio barrabrava. En franca oposición al sedentarismo de su madre -que ahora mismo está aquí sentada escribiendo- mi hijo no para de moverse un segundo mientras esta despierto, e incluso se mueve bastante cuando está dormido. Incluso ha llegado a gatear dormido. Cuando lo ponemos en la cuna -lugar que ya ni recuerda que puede servir para dormir- se trepa de los barrotes y comienza a gritar como un desaforado y salta sin parar.
Ya había comentado que comenzó a gatear. Bueno, cada vez lo hace mejor. Esa nueva habilidad le permitió conocer mejor la casa, y pasar de uno a otro ambiente por sus propios medios. Es increíble cómo aprendió en poco tiempo a dominar el espacio. Cuando desaparezco de su vista sabe hacia donde voy y me sigue hasta el lugar. Lo llevo a otro ambiente y vuelve a donde estaba yo.
Esto último, lo hace todo el tiempo. Por un lado insiste en aquello que le interesa sin darse por vencido ante los obstáculos. El “NO” le resulta chistoso. Si lo apartas, protesta, llora, y finalmente vuelve. Por otra, desde ya que no dejó de interesarle estar conmigo y con su padre y siempre que puede corre -bueno, gatea- tras nuestros pasos.
No negaré que el ritmo es un poco cansador. Si bien no demanda el pegoteo de los brazos tanto como antes, está expuesto a peligros -y la casa toda está expuesta al peligro de él- y por lo tanto hay que vigilarlo permanentemente. Un breve rato en la cuna puede dar mínima tregua, pero sabiendo que no dura mucho.
Sin embargo, a medida que veo su desarrollo me convenzo de que no me estoy equivocando, al menos en ésto. Haber evitado andadores y corralitos, tenerlo en brazos siempre que pude y que lo pidió, dejarlo jugar en el piso aunque se ensucie y aunque haya que vigilarlo. Todo lo que, amenazan algunos, son signos de dependencia, por la cercanía con los cuidadores que implica, va siendo evidente que son signos de independencia. No necesita de un artilugio tecnológico para movilizarse. No está encerrado. Está simplemente en casa, igual que nosotros.
Estar atado y no protestar por ello no es ser independiente. Si lo es poder ir a dónde uno quiere. Como ayer el la madrugada, que solito se levantó de su colchón y se paró al lado de la cama para buscarme. No necesitó llorar, podía ir a donde yo estaba. Como hoy a la mañana que estaba en la cuna jugando, y comenzó su cántico de hinchada cuando entré en la habitación, hasta que me acerqué y lo traje conmigo. Como hoy a la noche, cuando llegué a casa, me vió y vino gateando hasta mí. Se trepó a mis piernas y nos unimos en un abrazo increíble. Y sus balbuceos exaltados e indescifrables parecen decir “yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más”…
22 Ene 2009 | Por romina | Claves: bebé, gatear, gateo, mamá, upa | # Enlace permanente


Es una tópica trillada en el mundo del acoso a la maternidad, que los brazos deben dosificarse y cuanto menos tiempo pasa en brazoz un bebé, mejor acostumbrado está. Interesante es preguntar mejor acostumbrado a qué. Tal vez a estar solo. A quedarse quieto en su cochecito porque sabe que nadie lo va a atender. A llorar desconsolado sin que nadie acuda. Vaya a saber.
El tono amenazante, además de la obviedad de que el bebé será toda la vida un dependiente afectivo que no puede valerse por sí mismo, es que pasará todo el tiempo en brazos y nunca querrá bajarse. Pues claro, seguramente, los niños que pasan mucho tiempo en brazos jamás aprenden a caminar… Vamos, ¿alguien puede creerse eso REALMENTE?
En fin, todo esto es para decir que mi bebé ha pasado muchísimo tiempo en mis brazos, todo el que pude y el que mis brazos aguantaron -y más también- y él me pidió. Sin embargo, un día que no puedo precisar, comenzó a desear otras cosas. Ahora claramente puedo identificar que me empuja para bajarse y conocer el mundo que se abre ante sus ojos. Hace casi dos semanas mi bebé comenzó a gatear.
Trepa escalones. Se para agarrado de la cama. Persigue juguetes. Toca todo lo que se presenta a su paso. No hace falta obligarlo a despegarse. No hace falta dejarso solo para que conozca el mundo. Solo se conoce la soledad. En cochecito no se aprende a gatear.
Ahora es un poco mas “independiente”. Tanto que en lugar de llorar y pedir mis brazos, gatea con velocidad al ritmo de ma-má, ma-má, y sale corriendo tras de mí.
10 Ene 2009 | Por romina | Claves: bebé, cuidar, hijo, jardín, madre, mamá, separación | # Enlace permanente
Esta mañana tuve la suerte de descubrir una nueva persona, que me suscitó unas cuantas reflexiones acerca de cómo es hoy la relación con los hijos. Sharon, que debe andar rondando los setentaylargos, una vieja vecina del barrio que yo no conocía. Primero, todos los lugares comunes frente al encuentro con un bebé. “¡Qué hermoso!”,” ¡Qué simpático!”, “¿Es sanito?”, “¿Come bien?”, “¡Qué grande es!”.
Pero Sharon superó los lugares comunes. Contó que sus cuatro (¡cuatro!) embarazos fueron una experiencia fantástica, que nunca se sintio tan bien y tan plena. Que se olvidaba de todos los malestares y se sentía mejor que nunca, con proyectos, con energía.
Luego, lo hermoso que es criar a los hijos y lo difícil que es desprenderse de ellos. “Para mí, cuando Daniel (su hijo mayor) empezó la primaria fue un duelo. Yo el primer día de clases no fui, lo llevó mi suegra. Yo no lo entrego, dije.”
Fue inevitable pensar que yo me desprenderé de mi hijo mucho antes. Que, si logramos inventar algo para este año, a más tardar el que viene, irá al jardín maternal veinte horas semanales. No logro imaginar cómo será esa vida.
Tengo unas cuantas obligaciones acumuladas sin cumplir. Para ponerme al día, deberé “entregarlo”. No sé cómo seré capaz de asumir ese desprendimiento.
Después de todo, tener un hijo es un desprendimiento permanente. Primero sale de tu cuerpo, luego de tus brazos, más tarde va a la escuela, y algun día saldrá de casa.
“Yo no lo entrego”, dijo Sharon hace cincuenta años. Ya estoy pensando que diré lo mismo en la puerta del jardín.
Yo no lloré mi primer día de jardín -tenía tres años-. Miraba azorada a los niños que sí lo hacían. Del otro lado, próximamente, me mirarán azorados a mí. Este desprendimiento no creo que lo asuma con tanta altura.
16 Dic 2008 | Por romina | Claves: bebé, madre, mamá, sociedad | # Enlace permanente
Todo empezó con las dos rayitas. Ahí nomás se apresuraron a anunciar “¡cuidado en el colectivo!” (viajo sola hace más de quince años), “es muy tarde para que andes sola” (no creo que acepten cambiarme el horario en el trabajo por mis siete semanas de embarazo), “no, esto no lo comas que es muy picante” (las mexicanas embarazadas, ¿Qué hacen?). Toda una serie de cuidados de menor de edad fueron in crescendo junto con la panza. A medida que las semanas pasaban, me iba convirtiendo poco a poco en una incapacitada.
Por supuesto, todos los cuidados estaban relacionados con la función social que estaba llevando a cabo con mi cuerpo. Pero eso era lo de menos, es decir, yo, era lo de menos. Una coetánea embarazada me comentó por la misma época que su obstetra le había dicho bromeando: “Vos sos el envase” ¿Cuánto había de cierto en ese pensamiento que pertenecía, parece, a unos cuantos más? Como si todas fuéramos un poco, madres subrogadas, el mundo entero se apropia de nuestra persona porque de ella depende una vida que, se supone, no nos pertenece.
Claro que esto no termina con la, ya por las 36 semanas, la prohibición de viajar en colectivo o los mensajes de texto cada cinco minutos. El nacimiento del niño, lejos de liberarnos del “cuidado” social, nos sitúa en el ojo de la tormenta, listas para ser blanco de toda clase de consejos, opiniones y sentencias a favor del niño, se supone.
“¡Ah ese chico tiene hambre! Hay que complementarle con una mamadera, algunos chicos lo necesitan. No irás a dejar que pase hambre, ¿no?” El club amigos de la lactancia y la autoestima materna tiene innumerables socios. Para colmo todos son seres queridos, en los que uno confía y a los que ama, lo cual no hace más que complicarlo todo.
Al mes y medio ya empezaron “¿Duerme toda la noche?” Enormes carcajadas eran la única respuesta posible, cuando mi hijo mamaba cada hora y media o dos, de día y de noche. Entonces, cuando una abre las puertas de su casa y de su corazón, y se decide a compartir generosamente estos asuntos de la vida privada, no recibe más que la sana competencia del resto de los bebés del pasado y del presente, que seguro ya duermen toda la noche. Seguramente ya están por conseguir trabajo y se mantienen solos. Aún peor, “es culpa tuya”, por no dejarlo llorar. Parece que a algunos –y son demasiados- pediatras, padres y otras yerbas, han sido iluminados con la maravillosa idea de que luego de haber llevado nueve meses a tu bebé dentro tuyo, de alimentarlo con tu propio cuerpo y dedicarle todas tus energías vitales, debés “educarlo” abandonándolo a su suerte en un cuarto oscuro, eso sí, con un chupete.
Ah, el chupete, capítulo aparte. Parece que es obligatorio. Es pecado mamar “demás” (demás para quién, qué saben cuánto quiere mi bebé). Más aún dormir el brazos o junto a los padres. Estos peligrosos signos de dependencia deben ser desterrados, y para eso parece que hay una fórmula mágica, el chupete. El niño que usa chupete y mamadera es más independiente que el que mama. ¿Quién se lo inventó? ¿Acaso no depende del chupete para no llorar y de la mamadera para alimentarse? La verdad es que la única que logra algo de independencia con estos recursos es la madre. Y ojo, me parece perfecto que los utilice. De hecho, mi hijo se alimenta con una mamadera con mi leche cuando yo no estoy. Lo que me fastidia es el engaño. NO HAY bebés independientes. Sin cuidados básicos, sencillamente, se mueren. Y cuanto más superen lo básico esos cuidados, mayor bienestar parecen tener.
Ni hablar de la situación crítica que viví hace algunas semanas, con mi bebé enfermo y encima sin saber muy bien lo que tenía por unos cuantos días. “No llores, que se lo transmitís al bebé” ¡Pero si él ya está llorando! Su piel ardía y se descamaba, lo pinchaban y limpiaban sus heridas arrastrándole una áspera gasa, su boca lastimada apenas podía succionar. Sus bracitos se movían y tironeaban la sonda por la que pasaban los antibióticos. Se encontraba en un lugar desconocido, frío y gris. Dormía mal y entrecortado. Yo no dormía nada. Ni podía pasar un bocado. Pero no tenía derecho a llorar. Eso sí, tenía que comer igual, porque de lo contrario él no podría alimentarse.
Ni hablar del pediatra que arremetió “Esto no es de dos días, lleva mucho tiempo y no se dieron cuenta” ¿Desde cuándo se ven las bacterias? Además, tomó mis manos sin pedir permiso y me revisó las uñas como hacían en la escuela en la década del ’30. Mis manos “sucias” eran motivo de enfermedad para mi hijo. También si pedir permiso, corrió a mi hijo de mi pecho para revisar si yo lo había contagiado, y aún más grosero, corrió mi remera y mi corpiño del otro lado para realizar la misma operación. Unos días después, con lesiones todavía en carne viva, me acusó de tomar a mi hijo con miedo. Finalmente, ya casi recuperado, tuvo la genial idea de pedirle al padre en mi ausencia –por suerte no le hizo caso- que no me dijera que al día siguiente le daban el alta, porque si pasaba algo me iba a deprimir. Escribía en una historia clínica a la vista de todo el mundo “posible alta mañana” y yo no debía saberlo. Debió avisárselo a todos los que pasaban y leían y, por supuesto, me comentaban.
Tampoco se quedó atrás la enfermera que insistía en que lo acostara en esa cama desconocida e insegura aunque se desgarrara en llanto, para abrir paso al personal de maestranza que debía limpiar el cuarto. No sabía que mis pies ocuparan tanto lugar. Capaz, si no era mucha molestia, se podía trapear primero una mitad y después la otra, y yo seguía con mi hijo en brazos. Lo único que lo consolaba y mantenía tranquilo en medio de esa situación traumática. Junto a la teta que, por supuesto, también fue objeto de crítica de la mencionada enfermera, que insistía en darle una mamadera porque no veía cuanto estaba tomando, y ella decía que “se estaba deshidratando”.
A los pocos días de llegar de la clínica, tratando de ordenar la casa después de terremoto, mi amorcito rociaba los zócalos del cuarto del bebé con veneno para insectos. Mi hijo, que no elige el momento para sus deposiciones, hizo caca y lo llevé rápidamente al cambiador. Todo el que cambió alguna vez a un bebé sabe que los movimientos descontrolados del niño hacen todo muy difícil y es casi un milagro poder limpiarlo. Pero al caballero, que por supuesto nunca cambió al niño en esas condiciones (mi hijo no elige cuándo, es de suponer, pero nunca hizo caca cuando yo no estoy), se le ocurrió decir: “metele”. Claro, tenía que apurarme (aclaro que se disculpó horas después). Además, no enojarme por la presión. Y hacer todo sola. No grites que le hacés más al bebé. ¿Qué más tengo que reprimir?
No puedo abrazarlo. No puedo darle de mamar “demasiado”. No puedo dormir con él. No puedo atenderlo cuando llora. No puedo llorar cuando estoy triste. No puedo gritar cuando estoy enojada. Y como si fuera poco, están los oportunos allegados que no dejan de preguntar, ¿y cuándo piensan tener el segundo?
25 Nov 2008 | Por romina | Claves: bebé, crecer, madre, mamá | # Enlace permanente
Supongo que debo registrar el acontecimiento. Aunque al igual que otros, si tiene una fecha precisa, se perdió por ahí. Cuando nació mi hijo me había propuesto registrar cada hito de su crecimiento en un diario, pero el tren de la cotidianeidad me pasó por encima. Los baños, la alimentación, las horas sin dormir, la ropa para lavar, la vuelta a al trabajo, etc. fueron ocupando todo el tiempo sin que pudiera registrar nada.
Además, algunas cosas ocurrieron de manera tal que no pueden inscribirse en una fecha precisa. Suceden de a poco, primero parece que no es cierto y luego se presentan más claras. ¿Cuándo sonrió por primera vez? ¿Cuándo siguió un objeto con la mirada? ¿Cuándo pudo tomar algo con sus manos? ¿Cuándo se dio vuelta boca arriba y boca abajo? ¿Cuándo se sentó solito? Los cambios no se suceden de un día al otro. Hay indicios, pistas que los anuncian hasta que un día, cuando uno se da cuenta, ya parece tarde.
Ayer dijo ma-ma. ¿Por qué digo que fue ayer? Ya lo había dicho, o dicho cosas parecidas. Comenzó a decirlo llorando, y sólo cuando lloraba lo repetía. Ayer lo dijo sin llorar. Lo repitió todo el día. Me respondió cuando se lo dije, una y otra vez. Ma-ma, ma-ma, ma-ma-ma-ma. Todavía es un sonido sin significado. Una alocución casi onomatopéyica común a todos los niños, que abre las puertas del mundo del lenguaje.
Me gustaría poder registrar el momento en que diga mamá dirigiéndose a mí, pero es una empresa difícil. Seguramente, como todos los cambios hasta ahora, se sucederá de a poco y sorprenderá si avisar. Al hablar, logrará poner en palabras sus deseos, sus sentimientos. Al menos parte de ellos. Yo, aún no encuentro las apropiadas para expresar lo que significa ser mamá.
19 Nov 2008 | Por romina | Claves: bebé, enfermo, hijo, mamá | # Enlace permanente
sí, por suerte mi hijito se está recuperando, todavía internado pero cada día mejor. todavía nos quedan varios días de clínica pero ya ha recuperado su sonrisa, su apetito y su carita de ángel.
Si todo sigue así, pronto será sólo un mal recuerdo. Sufrimos mucho, pero seguimos adelante. Hemos recibido mucho amor de toda la gente que tenemos cerca, y también de todos los amigos del blog. Tato amor junto nos dio las fuerzas necesarias para no caer en los momentos más dificiles, y por suerte salimos. Siempre juntos…
Gracias por tanto amor…
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