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28 Sep 2009 | Por romina | Claves: bebé, dormir, mamá, sueño | # Enlace permanente
Suena a poesía barata. Lo sé. Tampoco sé escribir otra. Pero por muy cursi que suene, es literal. El sábado me desperté a las 6:30, con los primeros hilos de luz en la cara, y oyendo el canto de los pajaritos.
Bruno durmió desde las 22 hasta las 7hs, milagro que sólo se había dado dos veces. Una, a sus cinco meses, en que se desperó a las 8hs, yu otra hace cinco semanas, en que durmió unas cuantas horas seguidas también, desde las 23:30 hasta las 6hs.
Parece que cada tanto me recuerda que es posible dormir toda la noche, para que tenga un poco más de paciencia y permita que la independencia la adquiera solo. Que cuando no me llame sea porque no me necesita, y no porque se ha resignado a que o acudiré.
Sé que hay tantas posturas como personas con el tema del sueño de los bebés, pero no negocio ni admito que la receta sea dejarlo llorar. Los argumentos, por otra parte, son tan flojos que cuanto más me quieran explicar, más entenderé lo absurdo e irracional que es.
“Que si no se va a creer que siempre estás ahí cuando te llama”, “Que te está tomando el pelo”, “que tiene que entender que no estás disponible todo el tiempo”. Bueno, cada cual que haga como le plazca. Yo quiero que mi hijo piense que sí estoy ahí cuando me llama, ahora y dentro de treinta años, como está disponible mi mamá cuando la llamo yo. Necesitar de alguien no es tomarle el pelo, yo también reclamo afecto de quienes más quiero, y el resto puede hacer lo que le venga en gana.
Queda un largo camino para finalizar la exigente primera infancia. Pero esa noche me recuerda que terminará, e incluso la extrañaré. Y me convence de que no ganaré en descanso a costa de su llanto.
03 Dic 2008 | Por romina | Claves: bebé, crianza, dormir, pediatra, pediatría, sueño, sueño bebé | # Enlace permanente
Hace unos meses, aproximadamente, una compañera criticó con agudo criterio el uso de argumentos médicos en un trabajo que estaba preparando sobre la licencia por maternidad. Lo central de la crítica era el carácter histórico y político de esos discursos, lo que hacia que se viera debilitado su valor de “verdad”. Me ayudó mucho a modificar -y descartar- gran parte del trabajo, pero ése es otro tema.
Con la curiosidad de bucar algún profesional que diga algo diferente a lo ya conocido sobre el sueño de los bebés, me adentré en los archivos de la Sociedad Argentina de Pediatría. En realidad, no encontré nada nuevo. Todos los artículos son más de lo mismo. Así que los que han tenido algún acercamiento con los más conocidos libros de divulgación sobre el tema sepan que no hay nada más. A nadie parece habérsele ocurrido nada intermedio, al menos, no escribirlo.
En fin, básicamente, en estos meses de maternidad y de lectura podría agrupar las posturas sobre el sueño en dos, muy extremas: por un lado, el ya citado Estivill, que diagnostica como “insomnio infantil por malos hábitos aprendidos” todo aquello que se diferencia de dormir once o doce horas seguidas, solo, sin ninguna ayuday totalmente a oscuras a partir de los seis meses; y por otro, lo acérrimos defensores del colecho, que consideran casi un abandono que un niño duerma sin su madre y/o padre.
¡Momento! La verdad es que, la mayoría de los niños de los que he tenido noticia, han dormido/duermen de manera diferente a estas dos antes citadas, y no se trata ni de enfermos ni de abandonados, sino de todos los bebés y niños “normales” que tratamos a diario. Cantos, cuentos, abrazos, compañia, y tantas otras ceremonias hasta que el niño cierra por fin los ojos son parte de esos “hábitos incorrectos” que producen el insomnio, según Estivill. Finalmente, cuando a hurtadillas nos apartamos de su cuna o cama, dejamos al pequeño indefenso y solo, según González y Jové, entre otros.
Domesticadores de bebés
Esto nos sería tan desconcertante si se limitara a las desordenadas góndolas de libros de supermercado. Los papers de los congresos pediátricos reproducen la misma lógica, sólo que con la “verba empacada”* del lenguaje científico. Al mejor estilo Demoliendo Papers , diversos pediatras presentan acabadas pruebas de que la terapia conductual del llanto es la única, o al menos la única aceptable, forma de hacer dormir a un niño. Con una frialdad que no he conocido en quien investiga la materia, agunos pediatras clasifican estos métodos conductuales con términos que saben disimular muy bien de qué se trata realmente: extinción total y extinción gradual. Extinción total significa ni más ni menos que retirarse de la habitación y dejar al niño solo, llorando, y no regresar más, sin importar cuánto llore ni por cuanto tiempo. La extinción gradual, con visos algo más humanitarios, permite a los padres ingresar cada tanto para corroborar que el niño no se haya golpeado la cabeza, vomitado (reacciones típicas ante la sensación de abandono) pero sin hablar ni tocar al niño, ni hacer nada más que “vigilar”. El tratamiento se completa eliminando la totalidad de la alimentación nocturna, por supuesto con el mismo recurso conductual.
Entienden que a los cuatro meses el niño debe dormir diez horas seguidas y a partir de los seis, doce. Todo lo que difiere de ello, debe tratarse con la terapia conductual. Las principales causas de la distorsión serían la falta de rutina y hábitos adecuados, a causa de la “falta de conocimientos maternos ” sobre cómo el sueño del bebé debe ser. Sí, leyeron bien, maternos. Esto es tema para el otro blog, pero parece que para los Dres. Milberg y Gerolg las madres son las únicas responsables de la crianza de los niños.
No son desde ya, los únicos que promueven la ideología de la madre equivocada. El antes citado Estivill está a la cabeza. Haciendo uso de su fama, una tal Monse Domenech publicó “¡A comer! Método Estivill para enseñar a comer”. Según la psicóloga y pedagoga, las madres malinterpretamos las señales cuando amamantamos o damos una mamadera a nuestro bebé recién nacido cada vez que llora, puesto que necesita alimentarse unas cinco veces. El pediatra deberá decir cuánto debe tomar y a qué hora. Como la succión es un acto reflejo, dice Domenech, el bebé tomará tenga o no tenga hambre.
Lamento tener una humilde prueba en contrario. Mi hijo llegó a mamar cada hora y media o dos al mes y medio, pico de crecimiento en que llegó a aumentar un kilo y 6 cm en 20 días. A los tres meses, sin ninguna imposición, ya había prolongado estos ciclos a tres horas, de día y de noche. Más tarde, a los cuatro meses y medio y para mi sorpresa, rechazó el pecho a las tres horas, a las tres y media y poco más de las cuatro. A partir de entonces, sus intervalos se hicieron de cuatro horas, de día y de noche. Más tarde de noche necesitó solo una vez. Luego volvió a las dos, en las que sigue hasta ahora. Esta prolongación no fue fruto de una obligación impuesta. Nunca quedó llorando hasta cumplir un horario y por eso logró “estirar” sus ciclos de alimentación. Seguramente mi producción de leche fue cambiando y su capacidad gástrica también. No fue necesario domesticarlo y su crecimiento confirmaba que las cosas iban muy bien.
Pero, al parecer, los profesionales gustan hace siglos de desautorizar a las madres. Ya les contaré de mi experiencia con mi hijo enfermo, que además de las dificultades propias de la situación, contó con un simpático personaje que hizo bastantes complicados unos momentos que de por sí ya lo eran. Será tema para otro post, pero las indicaciones médicas, sobre todo desde el siglo XIX, se han esmerado en formatear madre a medida de una sociedad domesticada. Es que si domestican a las madres, únicas o principales depositarias de la responsabilidad de educar a los hijos -al menos en la primera infancia-, creen asegurarse toda una sociedad domesticada. Por suerte, no somos tan fáciles como el perro, y llevará muchos discursos engañosos -si es que alguno lo logra- hacernos babear cuando suena el timbre.
04 Nov 2008 | Por romina | Claves: bebé, crecer, dormir, mamá, sueño | # Enlace permanente
…no puedo dormir. Si, no han leído mal. La verdad es que dormir con mi bebé encima es cansador, incómodo y pronto, también caluroso. También, por otra parte, es muy hermoso verlo dormido. A veces esbozando una pequeña sonrisa, o alguna vez hasta una carcajada, si llegar a despertarse. Dormido en mis brazos, y sonriendo, ahí estoy segura que está feliz.
Ayer, el nuevo métdo improvisado sin muchas reflexiones ni apuestas a largo plazo, no funcionó tan mal. Me acuesto con él. Lo amamanto acostado y queda planchado ahí nomás. La primera noche que lo intenté llevó una hora. Ayer no tanto. Eso sí, algo fundamental: NADA DE LLANTO.
Así, tiró poco más de tres horas. Pude cenar con mis dos manos libres, y luego trabajar un poco. A las doce, antes que la computadora se convirtiera en zapallo, me fui a dormir. En realidad, apagué todo segura que no llegaría ni a acostarme. Podría haber dormido una hora y media más. Pero no pude. Estaba segura que pronto se despertaría. Me asomaba a cada rato por encima de mi almohada, a ver si en la oscuridad llegaba a distinguirlo.
Al final, cuando volvió a despertarse yo estaba bastante despabilada, así que pude intentarlo una vez más.Tomó sólo veinte minutos. A las dos horas, otra vez igual, y así estuvo en la cuna hasta las seis de la mañana. Luego, conmigo hasta las nueve.
Contada si conocer las dos semanas anteriores parece una noche terrible, pero la verdad es que resultó excepcionalmente tranquila. Si todo marcha bien, con el correr de los días, se acostumbrará otra vez a dormir sin mí y se despertará dos veces a lo sumo, igual que antes de esta petit crisis.
Pero ahora falta algo más. yo soy la que se tiene que acostumbrar a dormir sin él. Con toda la incomodidad, los dolores y las posturas forzadas, tener a mi bebé a mi lado me da tranquilidad. Dejarlo ir no es fácil. Y si bien sé que a largo plazo lo mejor es que se adapte a esa pequeña distancia entre mi cama y la de él, también tengo que hacerlo yo.
Lo tengo un poco más difícil, porque soy quien tiene que tomar las decisiones. Marcar dos camino que parecen paralelos, pero no lo son. Vamos pegaditos, luego iremos de la mano, y tarde o temprano me soltará y caminará solo. Incluso, tal vez, lo pierda de vista. Y desearé que me llame desde lejos para decirme dónde y cómo está. Y me costará conciliar el sueño, pues no podré vigilar si está a salvo.
23 Jul 2008 | Por romina | Claves: bebé, boca arriba, dormir, muerte súbita, vida | # Enlace permanente
Hace bastante venía pensando en hablar de este tema un poco incómodo pero que creo, es mejor tener presente. Seguramente habrán escuchado la horrible noticia de esa beba sana que falleció en su cuna en una guardería.
El lugar común de este tipo de accidentes es el ahogo con el propio vómito al estar acostado boca arriba, pero las últimas investigaciones han demostrado que en verdad, la posición boca abajo es la más peligrosa para el posible ahogo, ya que el esófago queda encima de la tráque y entonces es posible el episodio. El vómito puede formar parte, pero no es causal del síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). Veáse el gráfico siguiente.

La medicina actual no es capaz de predecir qué niños tienen riesgos concretos de sufrir muerte súbita, pero el análisis probabiblístico ofrece indicadores claros de cuáles son las conductas de riesgo. Se concluye entonces estas principales recomendaciones:
- Acostar al bebé BOCA ARRIBA exclusivamente, no boca abajo y tampoco de costado, ya que puede voltearse y quedar boca abajo.
- No sobreabrigarlo.
- Evitar la exposición al humo del cigarrillo durante el embarazo, y no fumar en los ambientes donde permanece el bebé. Preferentemente, no fumar en casa, o en el lugar donde pasa la mayor parte del tiempo.
Hasta aqui lo básico. No pretendo hacer una nota científica, porque la medicina no es mi especialidad. Estoy pensando como mamá, en el infinito dolor de perder un hijo.
Y pienso, ¿está realmente difundida a toda la población esta información? Hace algunas décadas acostar a los bebés boca abajo era lo más habitual, y es mucha la gente que sigue haciéndolo.
El temor al ahogo con el vómito -que no está probado sea la causal de muerte- y la creencia de que el bebé duerme más cómodo, favorecen esta opción. La idea de la comodidad se relaciona con la duración de los períodos de sueño en una y otra posición. Boca abajo, el bebé siente más calor y recibe menos oxígeno, lo cual es muy problable que prolongue los períodos de sueño,y por eso mismo es más riesgoso. La lactancia materna, que regula los patrones de sueño en períodos más cortos, también es un factor preventivo del SMSL.
Pro eso, y volvemos al post anterior, no es lo ideal ni meritorio que un bebé menor de seis meses duerma diez o doce horas seguidas. Si erróneamente se lo ha forzado a esto, seguramente se acostumbrará, pero la única ganancia en ello es la comodidad de los padres.
La intermitencia más corta entre sueño y vigilia colabora al sano desarrollo físico e intelectual de bebé, que en sus primeros tres meses duplica su peso al nacer, lo cual no se logra comiendo cuatro veces al día y duermiendo toda la noche de corrido. La calidad de la leche materna, además, mejora por las noches, con el descanso de la madre. Y si no les parece extraño que un bebé duerma doce horas de corrido, imaginen que efectos tendría para un adulto dormir dos o tres días de corrido sin alimentarse.
Volviendo a nuestro amigo Estivill, su “método” fomenta la insensibilización de los padres ante el llamado de los hijos. Y si promueve no acudir rápidamente al llanto, mucho menos a pequeños ruidos que pueden resultar signos de alerta que SALVAN VIDAS. Estivill, además, ve con total naturalidad que un recién nacido duerma lejos de sus padres:
“Si no queréis renunciar a vuestro espacio propio o cualquier ruidito que haga (gorjeo, ronquido, etc.) os sobresalta impidiendo vuestro descanso, nada os impide instalarlo en su propia habitación”
Esos ruiditos cualquiera son los que, en cercanía de los padres, despiertan -seguramente a la mamá, que duerme en estado de alerta ante la proximidad de su bebé- y pueden salvar al niño sacándolo de la cuna, despertándolo y colocándolo erguido. Pero claro, parece mejor no ser molestado.
Los episodios de muerte súbita del lactante se producen cuando el niño está solo, por eso es tan importante minimizar estos tiempos, y asegurarnos que podemos escuchar los pequeños ruiditos, no alejandonos demasiados y no tapándolos con otros sonidos más fuertes -televisión o música a alto volumen-. Aunque parezca obsesivo, cada vez que se nos cruce por la cabeza, nada nos impide asomarnos y ver si todo sigue bien.
En Argentina,en 1998 comenzó la campaña de reeducación para acostar a los bebés boca arriba. El único recuerdo que tengo de ello es un mensaje radial. Nunca vi nada a respecto en TV ni gráfica. Tampoco está del todo claro que los profesionales de la salud estén lo suficientemente comprometidos con el tema.
Durante la internación conjunta, luego del nacimiento de mi bebé, las enfermeras del área de neonatología acostaron a mi bebé de costado, recomendando esa como la mejor posición. En su primera visita al pediatra, las recomendaciones que guardo por escrito señalaban indistintamente la posición boca arriba o la de costado para dormir. Este folleto, que incluía otras recomendaciones sobre el cuidado del recién nacido, está impreso por un laboratorio que produce, entre otros medicamentos, las vitaminas que se indican a los bebés hasta el año de vida.
En las siguientes visitas a otro pediatra, nunca se me preguntó sobre la posición en que dormía ni se hizo recomendación alguna. Debo suponer que no son lo únicos, y que muchos de los padres que hacen dormir a sus bebés boca abajo o de costado no han recibido información suficiente. Los principales responsbles de brindarla, son los profesionales de la salud.
Algunas veces, entendiendo, como se me había indicado, que las posiciones de costado y boca arriba eran igual de seguras, hice dormir a mi bebé de costado en su primer mes de vida. Por esa época nunca dormía más de dos horas seguidas. Hasta que sobresaltada y notando que hacía muchas horas que estaba durmiendo, lo encuentro boca abajo, sobre su brazo. No había sostenido la posición en que lo habia dejado, aunque estaba sostenido por una manta enrollada -recomendación que también había recibido durante la internación-.
Me asusté mucho, me sentí culpable de haber cometido semejante error, y nunca más lo hice dormir en otra posición que no fuera boca arriba. Más tarde leí que las mantas enrolladas para sostener la posición del bebé no sólo no resultan efectivas, sino que son un factor más de peligro, puesto que el niño puede ahogarse con las mantas sueltas.
Durante estos meses, dediqué mucho tiempo a informarme sobre distintos aspectos que hacen al cuidado de mi hijo. Así llegué a leer bastante sobre este tema, que apenas había escuchado nombrar antes, y sobre el que no recibi ninguna información por parte de los profesionales que atendieron a mi hijo.
¿Puede estar supeditado a la voluntad y posibilidades de los padres el acceso a la información? Evidentemente no. Y tampoco puede estar supeditada la distribución de información a la voluntad individual de cada profesional. El Ministerio de Salud de la Nación debe establecer normas que lleven a que todos los profesionales cumpan con su obligación, y no sólo lo hagan si les parece. y si dudan que estamos sometidos a esas voluntades individuales, vean esta carta escrita por un pediatra, que bien podría ser el de nuestro hijos.
Más allá de los defectos del sistema, la Educación establecer estándares mínimos de enseñanza, que limiten de algún modo los antojos del individuo maestro/profesor. Algo similar debería implementarse en medicina. Por ejemplo, protocolos de medicina cumplibles e instituciones de salud cuya organización no lleve a los médicos a “despachar” a sus pacientes, con ingresos que desalienten la superposición de obligaciones, para así poder dedicar el tiempo suficiente a cada uno, en particular en ámbitos con poco acceso a la información y menor capital cultural.
En Argentina, 1 de cada dos mil nacidos vivos pierde la vida en su primer año a causa de la muerte súbita. La mayor parte de estos casos se da entre el segundo y el cuarto mes de vida, y luego de los seis meses sólo el 10%.
Sólo uno tuvo incidencia mediática, y lamentablemente, estamos habituados que a la desgracia difundida por televisión siga la toma de conciencia. Esperemos que baste con una. Que los medios se comprometan a llevar a cabo acciones educativas en lugar de culpabilizar posibles responsables -que no significa que no los haya, porque un bebé vigilado es un bebé a salvo-. Pero el 80% de los casos de muerte súbita ocurren cuando lo bebés están al cuidado de sus padres.
Por eso mi deseo como mamá es que nos comprometamos a reducir los riesgos, y a no evitar los temas incómodos, dolorosos o desagradables. También nos tocará algún día hablarles sobre el HIV, y es feo pensar en una enfermedad que causa la muerte, pero flaco favor le haríamos a nuestro hijos escondiendo nuestra cabeza en la arena.
Quisiera que junto a las campañas de reparto de preservativos a los adolescentes, haya otra de las mismas dimensiones en impacto y movilización, para concientizar acerca de las precauciones a tomar frente a este dolor inexplicable que implica la muerte de un bebé.
El silencio y la ingnorancia no nos ayudarán en nada. Un abrazo a Camila y sus papás, aunque no puedo alcanzar a imaginar el dolor interminable que los acompañará siempre.
Mientras nadie lo hace por ustedes, les recomiendo informarse accediendo a estos vínculos
Sociedad Argentina de Pediatría
SIDS Argentina
20 May 2008 | Por romina | Claves: dormir, llanto | # Enlace permanente
No en vano el tema del sueño es recurrente en las preocupaciones de los padres, y por lo tanto en las preguntas acerca de cómo marcha el experimento. Difícil recuerdo para los que ya fueron padres y temor para los que no lo han sido aún, es el no poder dormir. Un NO PODER que va tomando distintos matices. No poder dormir de corrido unas cuantas horas, no poder dormir sólo, no poder dormir a oscuras, no poder dormir tranquilo, no poder dormir a horarios normales… cada uno habrá experimentado las suyas.
Por supuesto nosotros repetimos ese camino, y en estos días uno de los mayores desafíos de la tarea de padres es lograr dormir y que duerma el bebé.
Recuerdo que la primera noche que pasamos en casa los tres, parecía bastante sencillo el tema. El niño se despertó sólo una vez en toda la noche y no presentó ninguna objeción a dormir solo en su cuna.
Progresiva (o regresiva)mente la situación fue cambiando y entre la segunda y tercera semana de vida. Sobrevinieron largas noches de llantos cuya razón desconocía, paseos por toda la casa buscando consuelo sin hallarlo.
En una segunda etapa todo parecía normalizarse de a poco. Después de almientarse, Bruno dormía en su moisés por un par de horas, para luego alimentarse otra vez y dormirse rápidamente luego.
Pero era demasiado temprano para pensar que el de sueño era un tema resuelto. Las últimas semanas he loigrado en el mejor de los casos es que duerma en el moisés la segunda mitad de la noche, ya que se niega sistemáticamente a dormir solo, y al final de unos cuantos intentos, yo me duermo primero que él. Cuando logro que se quede en el moisés sin llorar, es después de una hora de tarareo ue también termina por vencerme de sueño. Con suerte me queda una hora para dormir antes que tenga hambre otra vez…
¿Cómo hacen/hacían ustedes para dormir a sus hijos? ¿es posible que duerman solos sin llorar?
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