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30 Sep 2009 | Por romina | Claves: bebé, carlos gonzález, crianza con apego, historia | # Enlace permanente
“Los chavales de hoy en día son los que menos afecto reciben de toda la historia”, así se titula una entrevista a Carlos González, pediatra catalán que se a convertido en referente de la crianza “natural” (entrecomillado porque lo de natural no me convence) o digamos, con apego, que me parece más preciso.
Me pregunto -con muy buena leche, aclaro- a qué historia se refiere Carlos González. La crianza que presenta como “natural” -es decir, como invariante histórica- forma parte de una construcción social que constituye más bien la excepción que la regla.
“¿La generación que menos afecto recibe de la historia?
Pues sí, por un motivo muy sencillo: nunca antes habían acudido niños de pocos meses a pasar 8 ó 10 horas en una guardería, un recurso que no existía hasta los años 50. Incluso hay quien cree que es una experiencia deseable, porque allí les estimulan. Como mínimo debemos aceptar una cosa: los niños de hoy pasan mucho menos tiempo con sus padres que hace unos años, que es precisamente lo que más quieren.”
Dar por sentado que en la guarderías no se recibe afecto es muy injusto con personas que en algunos casos entregan mucho de sí mismas por el bienestar de los niños que cuidan. Por otra parte, que lo mejor es estar con los padres es algo que los padres también deben responder. ¿Quién dijo que los padres siempre cuidan y que lo hacen bien? Por último y central, no es una novedad que a los niños los cuiden otras personas que no sean sus progenitores. La familia nuclear, mamá, papá y nenes cuidados por ellos (por ella), es cualquier cosa menos la invariante antropológica que se pretende presentar.
En Esparta los niños eran alejados de su madre al nacer, en las sociedades cortesanas eran entregados a nodrizas, en los países del tercer mundo las madres viajan a Estados Unidos y Europa para trabajar como niñeras de estos niños “carentes de afecto” mientras los hijos propios quedan al cuidado de otros parientes. ¿Por qué no preocuparse por el hijo de la filipina, que no ve a su madre por ocho años, antes que por el europeo que no la ve por ocho horas? LA historia y EL mundo son más extensos que nuestra imaginación.
“El milanés Pietro Verri escribió en 1777 que los hijos de las familias nobles de la época podrían haber hecho a sus padres los siguientes reproches: “No tengo que daros gracias por mi vida. Apenas había nacido cuando me arrancasteis del pecho de mi madre y me entregasteis a una nodriza mercenaria, casi como si tuvieras la sensación de que era indigno de nosotros practicar semejante deber natural. Me dejabais llorando descosoladamente, envuelto en bis pañales, que me impedía usar los músculos que debía desarrollar; me manteníais arrebujado en mis propios excrementos, tan apretado que a veces se me cortaba la circulación de la sangre y la respiración”
Cité extesamente el párrafo que retoman Kertzer y Barbagli en “Historia de la familia europea”, porque cuando le leí, con Bruno durmiendo encima mío y con unos cuatro o cinco meses, desde ya que el texto hirió mi sensibilidad. Hoy lo retomo sólo como ejemplo de una argumentación que me choca por falaz. Ya sea por ignorancia o por omisión, hay algo que falla al decir que “los niños de hoy” -existe tal cosa- son que menos afecto reciben en la historia. ¿En qué historia estamos pensando? ¿En qué niños? ¿Hay sólo una manera de recibir afecto?
Alguien podría decir, en referencia a la cita anterior, que en las familias campesinas la situación era distinta. Bueno, es cierto. Las nodrizas formaban parte de esas familias campesinas, tenían varios niños a su cuidado -más o menos los mismos que en una sala maternal- y su función quedó entrampada en el prejuicio de que su labor siempre era reprochable: “si cuida más a su niño que a su cliente, es una mala nodriza; si por el contrario, prioriza a su cliente, será una mala madre”.
Ni hablar de las nodrizas que, para ser supervisadas de cerca, eran trasladadas a las casas de sus patrones para atender exclusivamente al niño del amo, ¿nadie pregunta por el hijo biológico de la nodriza? ¿Quién lo alimento si su madre no estaba y no tenía recursos para contratar una nodriza, ya que su propia madre lo era? Decir que todos los niños eran amamantados porque “no imagina” otra forma de hacerlo hasta la generalización de las leches de fórmula, no es un ejercicio histórico sino un ejercicio de imaginación. Y como bien sabemos, la realidad supera la ficción.
No todo tiempo pasado fue mejor. Ni peor. Ni siquiera el presente es tan homogéneo como para atreverse a tamañas generalizaciones. Y ojo, que yo no pretendo argumentar en contra de esa forma de crianza que Carlos González promueve. Pero prefiero pensar que la elijo, que es una opción entre tantas que ha habido a lo largo de la historia, y no la que se ha practicado desde los orígenes de la humanidad hasta 1950, en que la participación masiva de la mujer en el mercado de trabajo y los laboratorios médicos vinieron a pudrirlo todo.
19 Jul 2009 | Por romina | Claves: bebé, lactancia, llanto, mamá, sueño | # Enlace permanente
No me ayude diciendo que lo estoy haciendo mal. Que mi leche no lo alimenta y una vaca hará mejor lo que yo quiero hacer por mi cuenta. Que es muy pequeño y necesita un “suplemento”. Que es muy gordito y mi leche no le alcanza.
No me ayude diciendo que es muy mayor y ya “no la necesita”, porque usted bien podrían arreglarse con polenta y prefieren asado y vino tinto.
No me ayude a descansar diciendo que debería atenderlo menos. Que no lo malacostumbre a estar en brazos ni de día ni de noche. Que mejor dejarlo llorar para que se acostumbre a estar solo, ¿cuántas horas del día y de la noche pasa usted solo?
No me ayude a dormir ni destetarlo a costa de su llanto. Que no se va a “traumar”. Que no se van a a morir. Que no les pasa nada. Que “yo hice lo mismo con mis hijos y están lo más bien” -no me consta-.
No diga que mi hijo es un malcriado, porque entonces le preguntaré con mi peor mirada “¿Qué es lo que usted dice que estoy haciendo mal?”, y se quedará pasmado. Claro, la loca seré yo. Pero no le digo que es mal marido, mal empleado o mal ciudanano -y no necesariamente porque sea muy bueno-.
Resulta que estaba mal tenerlo upa “todo el día”. “Se hace” muy dependiente. Pero ahora es un caprichoso porque prefiere caminar. No me engañe. No le importa la independencia de mi hijo. Está pensando en la alternativa más cómoda para los adultos.
Cuántos silencios ayudarían más que las palabras socarronas. Que las vidas ejemplares de bebés de antaño que son hoy adultos por lo menos vulgares, cuando no desastrosos.
Sólo un abrazo. Sólo unos minutos para darle a mi hijo lo mismo que yo quiero darle, así puedo descansar un poco. Sólo el reconocimiento de un mínimo mérito en cada gramo que sube, en cada centímetro que crece, en cada habilidad que aprende, en cada sonrisa que regala a cualquier desconocido.
Gracias a todos lo que supieron comprenderlo en este tiempo. Y un encarecido silencio a los que no han sido capaces de hacerlo todavía. No a mí. Que siempre he sido muy tozuda y llevo quince meses ganando en seguridad, aunque las dudas nunca desaperecen.
Silencio y respeto frente a cada nueva madre, que después de nueve meses se encuentra perdida, porque siempre es más difícil de lo que parecía, porque todos parecen saber más que ella. Porque terminan cediendo ante el poder de los hábitos culturales que no consideran al recién nacido un ser con derechos, una persona capaz de sufrir y de necesitar algo más que comer y dormir -solo-. Porque acarician y consienten a su perro mientras piden que dejes a tu hijo llorar solo. No merecen crédito. No merecen respeto. Déjenlos hablar solos.
02 Jul 2009 | Por romina | Claves: bebé, lactancia, mamá, médico | # Enlace permanente
Volví. Después de meses de mucho trabajo, muchas enfermedades y poco sueño, el enojo me movilizó y aqui me encuentro para compartir nuevamente pequeños fragmentos de mi vida maternal.
Ayer fui a la odontóloga. La “muela del juicio” -será que todavía no tengo juicio, por eso no sale-, no tiene lugar para salir y luego de cinco años ha vuelto a molestarme e imflamar la encía. Habrá que extraerla, pero eso es otro asunto. Lo que aquí me convoca es la dulzura con que fui recibida por la sujeta que me atendió.
Luego de inspeccionar mi boca, me indicó antibióticos a vistas de los claros signos de infección en la maltrecha encía. Advertí oportunamente que estaba amamantando. Preguntó la edad del niño, a lo que respondí: “quince meses”. ¡Para qué! Ahí nomás soltó: “¡Ah, no!, suspendele y tomate esto”. Mi insistencia en que indicara algún antibiótico compatible con la lactancia no fue oída, y siguió escribiendo como si tal cosa.
Una vez terminada la receta insistí con el interrogante, y ante la visceral mala onda no me quedó otra que irme y arreglarmela por las mías. En la era de la información, no me iba a quedar con la palabra de la odontóloga mala leche.
La pediatra me dio el OK para tomar el medicamento sin interrumpir la lactancia, y más tarde consulté www.e-lactancia.org que indica un riesgo 0 para el medicamento en cuestión.
¿Tan difícil es aceptar que uno no puede saberlo todo? ¿Tan difícil es informarse? ¿Tan inaceptable resulta que un bebé de quince meses sea amamantado?
¿Ta intolerante se puede ser?
En nuestra sociedad “moderna”, tal actitud de discriminación frente a una práctica sexual o diversidad étnica-cultural, hubiera merecido una lluvia de denuncias ante el INADI. Sin embargo, la intolerancia está arraigada en los lugares comunes que devienen verdades y promueven el autoritarismo.
¿Con qué derecho la odontóloga “receta” el destete? ¿Con qué derecho desorbita sus ojos frente a los quince meses de mi hijo? El conocimiento da poder, y cuando se ocupa un lugar de conocimiento siendo ignorante, del poder nace el autoritarismo.
03 Dic 2008 | Por romina | Claves: bebé, crianza, dormir, pediatra, pediatría, sueño, sueño bebé | # Enlace permanente
Hace unos meses, aproximadamente, una compañera criticó con agudo criterio el uso de argumentos médicos en un trabajo que estaba preparando sobre la licencia por maternidad. Lo central de la crítica era el carácter histórico y político de esos discursos, lo que hacia que se viera debilitado su valor de “verdad”. Me ayudó mucho a modificar -y descartar- gran parte del trabajo, pero ése es otro tema.
Con la curiosidad de bucar algún profesional que diga algo diferente a lo ya conocido sobre el sueño de los bebés, me adentré en los archivos de la Sociedad Argentina de Pediatría. En realidad, no encontré nada nuevo. Todos los artículos son más de lo mismo. Así que los que han tenido algún acercamiento con los más conocidos libros de divulgación sobre el tema sepan que no hay nada más. A nadie parece habérsele ocurrido nada intermedio, al menos, no escribirlo.
En fin, básicamente, en estos meses de maternidad y de lectura podría agrupar las posturas sobre el sueño en dos, muy extremas: por un lado, el ya citado Estivill, que diagnostica como “insomnio infantil por malos hábitos aprendidos” todo aquello que se diferencia de dormir once o doce horas seguidas, solo, sin ninguna ayuday totalmente a oscuras a partir de los seis meses; y por otro, lo acérrimos defensores del colecho, que consideran casi un abandono que un niño duerma sin su madre y/o padre.
¡Momento! La verdad es que, la mayoría de los niños de los que he tenido noticia, han dormido/duermen de manera diferente a estas dos antes citadas, y no se trata ni de enfermos ni de abandonados, sino de todos los bebés y niños “normales” que tratamos a diario. Cantos, cuentos, abrazos, compañia, y tantas otras ceremonias hasta que el niño cierra por fin los ojos son parte de esos “hábitos incorrectos” que producen el insomnio, según Estivill. Finalmente, cuando a hurtadillas nos apartamos de su cuna o cama, dejamos al pequeño indefenso y solo, según González y Jové, entre otros.
Domesticadores de bebés
Esto nos sería tan desconcertante si se limitara a las desordenadas góndolas de libros de supermercado. Los papers de los congresos pediátricos reproducen la misma lógica, sólo que con la “verba empacada”* del lenguaje científico. Al mejor estilo Demoliendo Papers , diversos pediatras presentan acabadas pruebas de que la terapia conductual del llanto es la única, o al menos la única aceptable, forma de hacer dormir a un niño. Con una frialdad que no he conocido en quien investiga la materia, agunos pediatras clasifican estos métodos conductuales con términos que saben disimular muy bien de qué se trata realmente: extinción total y extinción gradual. Extinción total significa ni más ni menos que retirarse de la habitación y dejar al niño solo, llorando, y no regresar más, sin importar cuánto llore ni por cuanto tiempo. La extinción gradual, con visos algo más humanitarios, permite a los padres ingresar cada tanto para corroborar que el niño no se haya golpeado la cabeza, vomitado (reacciones típicas ante la sensación de abandono) pero sin hablar ni tocar al niño, ni hacer nada más que “vigilar”. El tratamiento se completa eliminando la totalidad de la alimentación nocturna, por supuesto con el mismo recurso conductual.
Entienden que a los cuatro meses el niño debe dormir diez horas seguidas y a partir de los seis, doce. Todo lo que difiere de ello, debe tratarse con la terapia conductual. Las principales causas de la distorsión serían la falta de rutina y hábitos adecuados, a causa de la “falta de conocimientos maternos ” sobre cómo el sueño del bebé debe ser. Sí, leyeron bien, maternos. Esto es tema para el otro blog, pero parece que para los Dres. Milberg y Gerolg las madres son las únicas responsables de la crianza de los niños.
No son desde ya, los únicos que promueven la ideología de la madre equivocada. El antes citado Estivill está a la cabeza. Haciendo uso de su fama, una tal Monse Domenech publicó “¡A comer! Método Estivill para enseñar a comer”. Según la psicóloga y pedagoga, las madres malinterpretamos las señales cuando amamantamos o damos una mamadera a nuestro bebé recién nacido cada vez que llora, puesto que necesita alimentarse unas cinco veces. El pediatra deberá decir cuánto debe tomar y a qué hora. Como la succión es un acto reflejo, dice Domenech, el bebé tomará tenga o no tenga hambre.
Lamento tener una humilde prueba en contrario. Mi hijo llegó a mamar cada hora y media o dos al mes y medio, pico de crecimiento en que llegó a aumentar un kilo y 6 cm en 20 días. A los tres meses, sin ninguna imposición, ya había prolongado estos ciclos a tres horas, de día y de noche. Más tarde, a los cuatro meses y medio y para mi sorpresa, rechazó el pecho a las tres horas, a las tres y media y poco más de las cuatro. A partir de entonces, sus intervalos se hicieron de cuatro horas, de día y de noche. Más tarde de noche necesitó solo una vez. Luego volvió a las dos, en las que sigue hasta ahora. Esta prolongación no fue fruto de una obligación impuesta. Nunca quedó llorando hasta cumplir un horario y por eso logró “estirar” sus ciclos de alimentación. Seguramente mi producción de leche fue cambiando y su capacidad gástrica también. No fue necesario domesticarlo y su crecimiento confirmaba que las cosas iban muy bien.
Pero, al parecer, los profesionales gustan hace siglos de desautorizar a las madres. Ya les contaré de mi experiencia con mi hijo enfermo, que además de las dificultades propias de la situación, contó con un simpático personaje que hizo bastantes complicados unos momentos que de por sí ya lo eran. Será tema para otro post, pero las indicaciones médicas, sobre todo desde el siglo XIX, se han esmerado en formatear madre a medida de una sociedad domesticada. Es que si domestican a las madres, únicas o principales depositarias de la responsabilidad de educar a los hijos -al menos en la primera infancia-, creen asegurarse toda una sociedad domesticada. Por suerte, no somos tan fáciles como el perro, y llevará muchos discursos engañosos -si es que alguno lo logra- hacernos babear cuando suena el timbre.
16 Sep 2008 | Por romina | Claves: alimentación, bebé, lactancia, leche, pediatra, teta | # Enlace permanente
Mientras estaba embarazada estuvo muy lejos de preocuparme el tema de la lactancia. Creía que simplemente sucedía porque era lo natural que así fuera. Sólo me había informado un poco sobre las precauciones que deben tomarse en las primeras semanas para no perjudicar el patrón de succión. Básicamente evitar chupete y mamaderas. Ahí debí haberme avivado que no era todo tan evidente. El futuro padre no se convencía de no incluir en el bolso estos adjuntos presuntamente inevitables en la vida de un bebé. Finalmente, llegó nuestro hijo al mundo sin poseer chupetes ni mamaderas. Avanzamos un casillero.
Durante la internación conjunta, las enfermeras me indicaron algo paradójico, es decir una lactancia “a demanda” pero “con horarios”. Intentando cumplirla, pienso en retrospectiva que tal vez mi hijo sí lloró por hambre en algún momento, y en la debilidad de pensar que no podía alimentarlo acepté unas pocas mamaderas, de las que tomó mínimas cantidades. En realidad lo que debí haber hecho es ofrecerle más pecho.
Debo recordar que, además, se me impedía dormir con mi hijo, no sólo con discurso sino con infraestructura. La cama era muy estrecha, yo estaba muy dolorida y cansada y tremía no poder sostenerlo bien. Sólo unas horas de la segunda noche de internación junté fuerzas para dormirlo sobre mi pecho, yo sentada en el sillón del acompañante, para asegurarme que su llanto no fuera de hambre. Y durmió tranquilo. Yo también, aunque incómoda. Él quería estar conmigo. Yo con él. Parece que no era médicamente recomendable. Primer mal consejo.
Por suerte habíamos evitado esa compra que impidió proseguir con la debilidad en casa. Seguía respetando medianamente “los horarios de la demanda” pero el llanto de mi hijo era más sabio y me fue haciendo desistir de semejante absurdo. No faltó, sin embargo, quien aconsejara que hacía falta “complementar” su alimentación. Segundo mal consejo. Vale recordar que aumentó 1,100kg el primer mes, 1,600 el segundo y 1,100 el tercero. Su curva de crecimiento se disparó del promedio a partir del primer mes y sigue así. Lo mismo con la talla.
Al mes y medio comenzamos las consultas con su pediatra actual, que me preguntó si tenía fórmula guardada “por cualquier cosa”, y completó una orden para comprar leche “maternizada” de inicio para que tuviera “por si tenía que ir a hacer algún trámite” (sic). Tercer mal consejo.
En una reunión familiar, la mesa femenina estaba compuesta por madres de niños pequeños, y surgió el tema del destete. Todavía me quedaba muy lejos ese asunto, pero comenté que era un momento que me daba bastante temor. Al unísono sonaron los “no te preocupes”, “yo se la saqué de una, lloró una semana y al mes ya ni se acordaba de nada”. Cuarto mal consejo.
A los cuatro meses vino el aluvión de sugerencias para huir. Para mi sorpresa, como relaté en un post anterior, la pediatra indicó comenzar con la alimentación complementaria. ¿Y los seis meses de lactancia materna exclusiva? Quinto mal consejo.
Sumado a esto, me preguntó cuándo empezaba a trabajar, y me sugirió que le fuéramos dando alguna “mamonita” (me fastidia este sub-lenguaje) para que fuera acostumbrándose. Por supuesto, con fórmula. Sexto mal consejo.
Le manifesté mi idea de comenzar a extraerme leche para dejársela mientras no estaba. Me dijo que “si lograba hacerlo m felicitaba, porque era imposible y ella nunca había podido”. Nada de asesoramiento sobre métodos de extracción, cuidados con el almacenamiento, etc. Séptimo mal consejo y desaliento.
A todo esto había comprado un sacaleches que unos días después me dispuse a estrenar para entrenarme con tiempo. Me resultó muy difícil, mi mano se cansaba, y me llevaba casi una hora extraer 50ml. Recordando las palabras de la pediatra, estaba decepcionada y cada vez más cerca de darme por vencida. Gracias al séptimo mal consejo antes citado.
Por fortuna fui muy obstinada, y seguí buscando otros sacaleches, hasta que conseguí uno manual y no demasiado caro que decidí comprar para hacer un nuevo intento. En la segunda extracción llegué a 90ml en quince minutos. Hasta logré, en la madrugada, extraerme leche de un pecho mientras mi bebé succionaba del otro. Es la forma más efectiva que he encontrado de obtener una buena cantidad sin mayor esfuerzo.
Continuando con la última consulta, mi marido le comentó que no estaba durmiendo tanto como antes –o más bien, tan fácil como antes-. Preguntó cómo era a la noche, si le dábamos una “mamonita” –otra vez ese término-, y lo sugirió como el mejor remedio para acabar con todos los problemas del mal descanso –mío, claro; no de él-. Ahí me habló de “esas locas de la Liga de la Leche” que querían complicarnos la vida, y me dijo que ella me ofrecía una perspectiva más realista. Octavo mal consejo y terrible desaliento.
Luego le comenté que ya había probado una mamadera (con mi leche) y la había tomado muy rápido con el tamaño de tetina que ella me había sugerido. Le pregunté si no era recomendable probar con un tamaño menor para que la salida de leche se asemejara más a la del pecho y no desalentara la lactancia. Ahí fue cuando me dijo que ya tenía cinco meses, estaba muy grande, y si tomaba teta bien y si no que “no me hiciera drama”. Obsérvese el diálogo:
Pregunta de madre: -Un tamaño mayor de tetina, ¿no podría desalentar la lactancia? ¿Le hará daño que use una tetina más pequeña?
Respuesta de la pediatra: -Mirá, ya tiene casi seis meses, si toma bien y si no, no te hagas drama, ya es suficiente.
¿Y lo que yo pregunté? Noveno mal consejo y mucho más desaliento.
Ante esto último, no me quedó otra que, sin consultarlo con nadie, ya que ella no estuvo dispuesta a responder mi pregunta, cambiar la tetina que iba a dejarle esa tarde por una más pequeña. Y tomó la leche sin problemas.
Finalizando la consulta, mientras hacia algunas anotaciones sobre su desarrollo –con mi errada conducta alimenticia había aumentado 500 gramos en el último mes- me “alertó”: “¡Ojo con lo que leés en internet! Mirá que ahí escribe cualquiera y si no tenés los conocimientos suficientes te mareás con información que no podés absorber. La gente se enrosca leyendo, yo te diría que no leas tanto…”. “Pero esto que leí es una publicación de la Sociedad Argentina de Pediatría, y las recomendaciones de la OMS”, le respondí. ¿Será que esos también eran “cualquiera”, al igual de los Ministerios de Salud de veinticuatro países latinoamericanos? Tal vez yo soy muy ignorante y no entiendo. “Mejor dejá de leer y hacé lo que yo te digo, no te enrosques”. Décimo mal consejo y cierre brillante.
El fin de semana tuve mucha suerte. Encontré a Alejandra Mercado, una doctora que en la tarde del domingo tardó pocos minutos en responder mi consulta, y me alentó a continuar con la lactancia como lo venía haciendo. Desde aquí los aliento a “molestarla” y aprender de lo mucho que tiene para decir.
Hasta hace poco tiempo pensaba que los grupos de lactancia no tenían mucho sentido, que no valía la pena hacer de esto una militancia. Pero la experiencia me va diciendo lo contrario. La lactancia ha dejado de ser un hecho natural para convertirse en víctima de la ignorancia, un discurso pesudo-feminista, laboratorios interesados en vender sus productos, una pediatría represora, etc. Después de cincuenta años de intentos de reglamentar la lactancia la han herido de muerte. Nuestras madres perdieron conocimientos en manos de los consejos equivocados de “la ciencia”. Hoy debemos re aprender lo que ya sabíamos, y no abundan maestros. Por eso hoy reivindico a las “militantes de la teta”, aunque no soy una de ellas, por ahora. Sí, estoy convencida de que hace falta mucha educación, no sólo para que las mujeres elijan cuándo ser madres, sino para que sepan qué hacer cuando lo sean.
Hoy la lactancia materna es revalorizada en los sectores medios y altos, la inversa del camino tradicional que siguieron las anteriores generaciones. Los sectores más pobres no tienen acceso a la información, ni herramientas para cuestionar el discurso del médico, la situación socioeconómica y afectiva muchas veces no acompaña. Y allí donde más se necesitaría, la lactancia materna está faltando. Hay entonces, que doblar la apuesta. No sólo hace falta una “militancia de la lactancia”, sino una “política de la lactancia”. Ése sí que es un desafío para las políticas de género.
¿Alguien me acompaña?
01 Sep 2008 | Por romina | Claves: alimenentación complementaria, bebé, madre, mamá, pediatra, rutina, sueño | # Enlace permanente
¿Existe tal cosa? ¿Qué es ser una buena madre? ¿La más segura? ¿La que está más convencida de lo que es mejor para su hijo?
Más de un discurso pedagógico he visto, que recomienda a los padres mostrar, ante todo, seguridad. Y por supuesto, jamás echarse atrás en una decisión.
¿Es que los padres no se equivocan? ¿O que no debieran equivocarse? ¿Es razonable aconsejar algo imposible?
Hoy mi hijo cumple cinco meses. Cada día más vivaz, más hermoso y más grande. Podría alimentar mi ego arrojándome la mayor parte de los méritos al respecto. Pero los niños salen inteligentes “pese a sus padres y maestros”, dicen.
La verdad, hasta ahora no he hecho otra cosa que dudar. No estoy segura que mi forma de criarlo hasta ahora haya sido la mejor y la cuestiono todo el tiempo.
Las noches son cada vez menos difíciles. Ha llegado -como excepción- a dormir once horas de corrido, y habitualmente se despierta dos veces para alimentarse, y rápidamente retoma el tren del sueño, por diez u once horas. Esto tuvo un costo. Y aunque hoy parece para mí muy cómodo que su sueño haya evolucionado de este modo, no sé si fue lo mejor para él. A partir del mes y medio de vida, aproximadamente, comenzamos a atarnos un poco más a una rutina para el sueño. Baño entre las 19 y las 20hs, cenábamos y luego de la última mamada, lo ponía en el moisés a dormir. Lloraba muchísimo. Nunca lo dejé solo llorando. Me quedaba ahí al lado, cantando hasta que se dormía. En un comienzo el proceso duraba una hora o más. A veces se calmaba y dormía y rápidamente volvía a despertarse. Como además se estaba alimentando muy seguido, prácticamente no me quedaba tiempo para dormir entre una mamada y otra.
Semanas más tarde, identifiqué su momento de mayor sueño y los tiempos de su alimentación, de tal modo que comencé a intentar realizar todo el proceso antes de nuestra cena. Baño, leche y moisés. Descubrí que si lo acostaba despierto por lo general no lloraba al dejarlo en el moisés, pero al comienzo lloraba diez o quince minutos después hasta que se dormía. Eso también llevaba mucho tiempo. Dos horas desde el baño hasta que se dormía más o menos. La duración del proceso era incierto y resultaba difícil saber cuándo ibámos a cenar. Además, a las dos horas de dormido ya se despertaba con hambre otra vez.
Con el transcurrir de las semanas los tiempos se fueron acortando. Tanto que terminó siendo demasiado temprano para acostarlo. Entonces comenzamos lentamente a desplazar el horario del sueño. Eso fue a sus tres meses y medio, más o menos. Era importante que se acostumbrara a dormir un poco más tarde, ya que algunos días yo llegaría del trabajo a las 20:30, y debía esperarme despierto para el baño y toda la rutina del sueño.
En estos meses, nunca hemos estado fuera de casa pasadas las 20hs. He escuchado varias madres que viven como un suplicio la abolición de algunas saidas nocturnas, pero a cambio de eso he ganado mucho tiempo de descanso y de trabajo. Porque cada vez demanda más atención, y sólo me es posible trabajar cuando duerme, restándole tiempo al sueño.
Sin embargo, sigo dudando si no le hice daño tratando de conformarlo con mi canto cuando quería mis brazos. Muchas noches su llanto povocó el mío, y cuando vine a mi memoria su llanto de aquellos días, siento un dolor inexplicable.
Cuando lo llevamos a su anterior control médico, a los cuatro meses, la pediatra nos sugirió comenzar con la alimentación complementaria. La verdad es que la recomendación me tomó por sorpresa. No tenía asimilado dar ese paso antes de los seis meses.
Salí del consultorio dudando. Una mamá que se preocupa por la salud de su hijo debe hacer caso a las recomendaciones médicas. Pero -ya que se insiste tanto con la importancia de la seguridad- yo no estaba convencida-. Los primeros días traté de aplazar la compra de la silla para comer, ya que no era urgente comenzar. Luego busqué información que me orientara y despejara mis dudas. Leí una publicación de la Sociedad Argentina de Pediatría, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, y todos señalan los cuatro meses como mínimo deseable, pero los seis meses como el tiempo óptimo de lactancia exclusiva. Por ahora puedo decir que no comenzó con su alimentación complementaria a los cuatro meses. Tal vez en el transcurso de este mes comience con la rutina de la alimentación, lo más cerca posible de los seis meses.
Aún no he hablado con la pediatra. Espero que sepa entender mi cuestionamiento. Supongo que es un poco difícil tratar con un paciente -madre de paciente, en este caso- que no sigue recomendaciones al pie de la letra, pero no por desidia -porque en este caso bastaría un llamado de atención, sino porque pone en duda la fiabilidad de su saber. Podría, como hacen otras madres, decirle que estoy haciendo lo que ella me indica y hacer lo que me parece. Pero eso sin duda no será bueno para mi hijo. Ella como profesional necesita información clara para juzgar la evolucion de su crecimiento. Y si yo no se la doy, tampoco sabré si las cosas van bien, o hay que corregir algo.
Será un encuentro difícil. No quiero cambiar de pediatra porque realmente me inspira confianza y es muy afectuosa con mi hijo. Le dedica mucho tiempo y lo trata dulcemente. Me dio su celular para que la llamara ante cualquie problema. Por suerte hasta ahora no hizo falta. Espero que podamos entendernos, poder expresarle claramente mi parecer sin ser ofensiva con su saber. Doble saber, poque es pediatra y mamá.
Creo no haberme equivocado al no introduci la alimentación complementaria todavía. Pero jamás me hubiera imaginado “no haciendo caso” a la indicación médica, tratándose de mi hijo. Los adultos solemos ser menos cuidadosos con nosotros mismos. Pero mi bebé depende de mí y no puede decidir por sí mismo qué es lo mejor para él. Lo estoy haciendo yo, y eso es una gran responsabilidad. Tan grande que tal vez no dé la talla.
¿Alguna vez tuvieron dudas sobre qué era lo mejor para sus hijos?
04 Ago 2008 | Por romina | Claves: criar, educar, estivill, mamá, sueño bebé | # Enlace permanente
Algunos habrán visto que mi mamá se extendió muchísimo en su comentario de ¿A quién escuchar?, y como realmente creo que vale la pena leerlo lo paso a formato de post para compartirlo y que todos los que entren al blog lo lean. Y también comenten.
Hola Queridísima Romina!!!
En primer lugar, quiero expresarte mi profundo agradecimiento y mi orgullo, que también tu Abu Magdalena ha sentido hondamente, al conocer tu artículo “¿A quién escuchar?” …
Verdaderamente, soy extraordinariamente privilegiada, tengo una gran madre y una maravillosa hija …
Ciertamente, comentás la sabiduría de tu Abu Magdalena en vinculación a la educación, y, realmente, es así … ¿qué hubiera sido de mí si mi mamá hubiera decidido hacer caso a los consejos de “quienes más sabían”? …
Yo, “eternamente distraída” en las clases de Matemática, inmersa en el mundo de las letras y del arte …. Gracias a mi madre, que se empeñó en brindarme mayor educación, tuve la posibilidad de ahondar en todo lo que bellamente puedo amar, porque lo conozco -”Nadie ama aquello que no conoce”- …
Comencé con “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca, que se convirtió entonces en uno de los principales estímulos de mis lecturas, que luego desembocaron en Tolstoi, Chejov -entre otros-, y en los filósofos como Platón, Aristóteles… También la música incentivaba mi espíritu con Tachaicovsky… Vivaldi… Gershwin….
Un mundo maravilloso se abrió ante mí a través de la educación secundaria, que sumado a mis propias inquietudes de formación, me preparó para la educación superior y… para la vida …. Creo que todo ello fue moldeando mi sentir y, sin duda, ha influido en mi corazón de madre …
Toda la dedicación que tuvo mi mamá -tu Abu Magdalena- y la prioridad que dio a la educación de sus hijos -tu tío Raúl y yo-, es la maravillosa experiencia en que se fundamentaron mis actitudes como madre, con el gran apoyo de tu papi, que, tal como vos decís, también se ha dedicado con amor a acompañar el sueño de sus hijos, a cambiarlos, a jugar y pasear con ellos ….
Desde ya, recibí una respuesta inconmensurable de tu parte, queridísima Romina, y, como te decía antes, tanto tu Abu Magdalena como yo, tenemos el orgullo y el gozo de vivir tu experiencia como madre …
Vivir hoy, la emoción enorme de compartir las vivencias de mis hijos, Romina -como mamá- y Paulo -como papá-, con sus hijos Bruno y Andrés, es grandiosamente incomparable…. Por ello, GRACIAS!!!!!
Bien, es menester hacer un comentario sobre el “Método Estivill” …..
En el 730 a.C., en Esparta -la ciudad estado de la Antigua Grecia-, la férrea disciplina comenzaba desde el nacimiento. Cada vez que nacía un bebé, una comisión de ancianos lo examinaba minuciosamente. Si el recién nacido tenía cualquier defecto o parecía débil, incluso los cortos de talla no aprobaban el examen y eran arrojados por un barranco desde el pico del monte Taigeto.
Más tarde, desde los cinco o los siete años de edad, el niño era arrancado del hogar familiar, a partir de entonces y hasta los veinte años de edad, entraba a formar parte de los cuarteles juveniles donde era duramente instruido en las artes de la guerra.
En el Siglo XI d.C., a los niños dedicados a Huitzilopochtli, patrono de los aztecas, se les extraía el corazón por el abdomen o se les abandonaba en cuevas hasta su muerte por inanición.
Para los sacrificios al dios Tlaloc, los aztecas degollaban o ahogaban a los niños.
Para los aztecas las profusas lágrimas de los niños al ser inmolados eran un augurio de abundantes lluvias.
En el Siglo XXI, “el Método Estivill”, “Duérmete niño” . . . Se presenta como “la gran solución” para que los padres “tengan posibilidad de emprender, con estos primeros pasos, la maravillosa tarea de educar a sus hijos” …
Lo que no debemos hacer para dormirlo:
-Cantarle
-Mecerlo en la cuna o en los brazos
-Pasearlo en cochecito
-Darle palmaditas o acariciarlo
-Darle el biberón o agua
-Ponerlo en nuestra cama
Si estas recomendaciones fallan…
En el supuesto de que estas medidas fallen, el Dr. Estivill propone un plan alternativo al que llama la reeducación del sueño. Pasos a seguir:
- Los padres y cuidadores deben mostrar en todo momento firmeza y seguridad ante el niño.
-Reemplazar en la habitación del niño, la figura del padre, la madre o de ambos, utilizando un dibujo, un muñeco, un móvil o un objeto querido por el niño. Explicando al niño que este objeto cuidará de él por la noche.
-Si el niño emplea chupete, dejar varios sobre la cuna para que pueda encontrar alguno durante la noche.
-Poner a dormir al niño, separarnos de él una distancia prudencial y sin tocarlo desearle buenas noches, con un discurso que dure aproximadamente 30 segundos.
- Al salir de la habitación, apagar la luz y dejar la puerta abierta.
-Una vez que el niño empiece a llorar, los padres deben permanecer alejados de la habitación y volver a ella, en función de la tabla de tiempos -expresados en minutos-, que irá variando a medida que pasen los días. Cuando toque acudir a consolar al niño, siempre tendrá que ir uno solo, manteniendo una distancia que impida que el niño le toque, y explicándole (en no más de 10 segundos) que sus padres no le han abandonado y que únicamente le están enseñando a dormir.”
Dice Ernesto Sábato: “La búsqueda de una vida más humana comienza por la educación”.
¿Es posible considerar que el “Método Estivill” apunta a la búsqueda de una vida más humana? Evitando los primeros contactos con los padres, la compañía, el abrazo, el afecto, las caricias, las palabras …. Ciertamente, todo ello, es esencial, es el pilar de la educación…
En vinculación con la importancia que reviste el ámbito familiar, Paulo Freire decía: “Yo aprendí a leer y escribir en el patio trasero de mi casa, a la sombra de los árboles de mango, con las palabras de mi realidad, más que con las de la realidad más amplia de mis padres. Mi pizarra fue el suelo, y utilicé palos como tizas. (…)
Los textos, las palabras y letras de ese contexto estaban encarnados en el canto de los pájaros; en el movimiento de las ramas sacudidas por los fuertes vientos que anunciaban la tormenta; en las aguas de lluvia que jugaban con la geografía . . .
También formaba parte del contexto de mi realidad inmediata el universo lingüístico de mis mayores, y la expresión de sus creencias, gustos, temores y valores, que vinculaba mi realidad a otra más amplia cuya existencia yo ni podía sospechar.
Es importante añadir que leer mi realidad, que siempre fue básico para mí, no me hizo crecer prematuramente, al estilo de un racionalista vestido de niño. El hecho de ejercitar mi curiosidad infantil no la distorsionó, como tampoco el de comprender mi realidad hizo que me burlara de su misterioso encanto. En esta cuestión mis padres me estimularon mucho. Ellos me introdujeron a la lectura de la realidad en un determinado momento de esta rica experiencia de comprensión de mi mundo inmediato. Descifrar la realidad fue algo que emergió con naturalidad de la lectura de mi realidad particular; no fue algo sobreimpuesto.” (Freire)
Comparto parte de mi propia experiencia, honrando la memoria de mi padre en las palabras de Rosseau, al decir: “Recuerdo con dulcísima emoción la memoria del virtuoso ciudadano de quien recibí la vida y que con frecuencia me habló cuando era niño, sobre el amor y el respeto que era debido a mi prójimo. Lo veo todavía vivir de su trabajo y alimentar su alma con las verdades más sublimes (…) Veo a su lado a su hijo querido que recibe las tiernas instrucciones del mejor de los padres . . .”
“Es difícil que una educación mezclada con amor quede perdida para siempre.” “Mi padre, lo confieso con alegría”, fue un incansable trabajador, cuyos principios generosos y desinteresados constituian su mayor orgullo, “y no hay país donde las gentes más honradas no hubieran buscado su trato, incluso con frutos.”(Rousseau, 1775)
También mi madre, desde nuestro hogar, siempre supo transmitirme que sólo la educación me haría libre –aún tengo la alegría de manifestárselo y ella de recibirlo con orgullo-.
Hoy, a mi modo, disfruto humildemente de esa libertad, al tener la posibilidad de expresarlo, y he intentado transmitir a mis hijos esos valores, con el más hondo sentido de la maravillosa evolución como misión indelegable de las generaciones para el crecimiento integral de la Humanidad.
Ahora, también gozando de la Bendición de mis nietos: Bruno (3 meses) y Andrés (2 años y medio), con todo nuestro amor, sumaremos experiencias de abuelos y padres, para entregarles a nuestros amadísimos niños un camino claro hacia su formación, como incentivo primordial para –como decía Ingenieros- “admirar la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes”, a fin de emularlos y así contribuir, Unidos, a la construcción de una Sociedad más Humana y más Justa.
14 Jul 2008 | Por romina | Claves: bebé, educar, estivill, madre, sueño | # Enlace permanente
Porque cuando niño, porque cuando niño
me acunaba en tangos la canción materna.
La cumparsita
¿Madres eran las de antes?
Resultaría muy difícil fechar con precisión el momento, pero del mismo modo que los sonidos guturales diero paso al lenguaje; el arte rupestre a la escritura; la caza y la recolección, a la agricultura; la maternidad pasó de ser un instinto que venía con la mujer en sus genes, para convertirse en un rol aprendido. Imagino que este paso habrá dado su mayor salto adelante cuando, en medio de la revolución sexual, los métodos anticonceptivos cada vez más accesibles y efectivos permitieron a un número de mujeres cada vez mayor, postergar y/o elegir el momento en que se convertirían en madres.
El caso es que hace siglos a ser madre se aprende. En el XIX, las clases pudientes procuraban mujeres educadas que pudieran luego ser buenas madres. Por educada se entendía que leyera, tocara el piano, conociera algo de arte -la ciencia no es maternal- y así podría introducir a los hijos en el mundo del conocimiento, tarea que, cerca de la pubertad, sería delegada a profesores especializados.
Madame Bovary manda al demonio ese modelo, y pese a haber sido educada en las artes y las letras para ser buena madre y esposa, prefiere los placeres de la carne y así le va a su hija, que termina siendo una pobre hilandera huérfana. La ficción reafirma los valores de la época, Emma no los cumple y toda su familia, ella incluida, pagan las consecuencias. Nunca entendí el juicio a Flaubert, cuando la novela es, en definitiva, muy crítica de su propio personaje y no hace más que reafirmar los valores imperantes en su época. ¿Por qué pensar que alentaba la promiscuidad en las románticas lectoras, cuando la protagonista acaba suicidándose porque su vida se torna inmanejable?
Bueno, me fui de tema, pero cité a Emma porque era la madre que no había que ser en el siglo XIX, y porque me cuesta mucho borrar lo que escribo. Mi punto es que cada vez más, aunque no siempre del mismo modo, diversos discursos llueven a las recién llegadas a la maternidad, diciéndoles cómo tienen que ser y en que consiste ese nuevo rol.
En una sociedad tradicional, las otras madres de la familia eran las educadoras por antonomasia de la recién llegada. A lo largo del siglo XX fueron ganando espacio la medicina y la psicología, que desde el consultorio privado primero y desde los medios de comunicación masiva después, indicaban el “deber ser” indispensable para que los hijos fueran sanos física y psíquicamente, y de provecho para la sociedad.
Ser mamá hoy
Hace un tiempo nos invade un arsenal de TV por cable, libros de góndola de hipermercado, revistas y webs que nos ¿ayudan? a ser buenas madres. Tienen una cosa en común: salvo extrañas excepciones, todos se presentan como verdad acabada. Son, sin embargo, enormemente divergentes. De ahí la pregunta del comienzo.
Expertos que nos arrojan títulos y best sellers por la cabeza nos indican cuándo bañar, con qué alimentar y cómo dormir a nuestro niño, estableciendo reglas generales que no valen en ninguna disciplina humana.
De este zoológico llama mi especial espanto un tal Dr Eduard Estivill, que nos enseña a enseñar a dormir a nuestros niños. Si, enseñar, en negrita. Pue según el académico, los bebés, cuando nacen, “no saben” dormir. Increíble, lo hacen 16 a 18 horas diarias, pero… ¡no saben!
Esta pedagogía consiste básicamente en que el bebé debe dormir solo, sin ayuda alguna, a más tardar a los seis meses, aunque debería “saber hacerlo” antes. No contento con eso, debe dormir “de un tirón” once o doce horas, y dos más de siesta. Y esto aunque cueste un llanto desgarrador, vómitos y golpes en la cabeza que en lo más mínimo deben conmovernos.
El ya citado sujeto indica que a lo seis meses a más tardar, el niño no necesita alimentarse más que cuatro veces por día, a las 8, 12, 16, y 20 horas. Se imaginan, en Argentina, millones de bebés comiendo y durmiendo todos a la misma hora. Que se olviden esos intolerantes de no permitir parejas con bebés en los edificios de departamentos. ¡Pero si parece una novela de Orwell!
Pues si esta ciencia ficción no cobra vida en tu niño, entonces padece (sic) “insomnio infantil por hábitos incorrectos”. La enfermedad coniste en que el bebé no es capaz de conciliar el sueño solo, a oscuras, en su propia habitación, por un período ININTERUMPIDO de once o doce horas.
A estas alturas te estarás preguntando en qué consisten esos hábitos incorrectos que, para “curar” al niño han de erradicarse. Paso a citar, y no podrán reprimir la sorpresa:
“LO QUE NO DEBEMOS HACER PARA DORMIRLO. Cantarle. Mecerlo en la cuna. Mecerlo en brazos. Pasearlo en cochecito. Darle una vuelta en coche. Tocarlo o dejar que nos toque el cabello. Darle palmaditas o acariciarlo. Darle un biberón o amamantarlo. Ponerlo en nuestra cama. Dejarle trotar hasta que caiga rendido. Darle agua.”
El expero afirma que si el niño por la noche llora, o ya con algo de lenguaje adquirido, pide agua o leche, no tiene hambre ni sed, si no “insomnio infantil por habitos incorrectos”. ¿Qué debe hacer entonces, mamá, papá? Ante todo, no darle lo que pide. Evidentemente, beber y alimentarse don malas costumbres que deben erradicarse pronto. En una semana a más tardar, el niño estará acostumbrado y no pedirá nada. Vale recordar que a fuerza de dietas estrictas, las anoréxicas pronto se acostumbran a “no tener hambre”, y creen no necesitar más alimento. El niño, más indefenso aun que un enfermo, no se lo niega a sí mismo, sino que sus padres se lo niegan.
Si una vez establecida la rígida rutina, el niño no duerme solo, es decir, solo en cuarto donde no hay nadie más, soportando como su mamá, papá, hermano, perro, etc. desaparecen de repente, algo anda mal. El bebé ha etablecido asociaciones incorrectas. Si se durmió en compañía de su mamá, estableció un hábito incorrecto: reemplacémosla por un oso de peluche. Si se durmió mamando, estableció un habito incorrecto: coloquésmosle un chupete. Si se durmió en bazos de alguien que lo quiere mucho, estableció un hábito incorrecto: a meterlo en la cuna a como dé lugar.
Si todo se hace correctamente, pronto el pequeño de tres meses debería dormir toda la noche de corrido, y conciliaría el sueño sin presencia ni ayuda de nadie. Aunque si no es así, todavía es temprano para diagnosticar el “transtorno”.
De todos modos, vamos al meollo del “método”. La crisis sobrevenía si lloraba al colocarlo en su cuna. ¿Qué hacer entonces? Decirle que lo quieren mucho pero tiene que dormir solo. Se retiran de la habitación y vuelven periodicamente utilizando una tablita de tiempos que indica cuanto puede soportar el llanto el niño. en esas visitas, que no pueden superar los 30 segundos, los padres no pueden tocarlo, para lo que se colocan a una distancia de un metro si el niño ya está en edad de estirarse para alcanzarlos -sí, parece la formación de la colimba-.
Si el pequeño es más grande aún, el doctor sugiere colocar una valla en la habitacion para que no pueda de ningún modo salirse de ella. Sí, una valla, como la que usa la federal para “disuadir” manifestantes. Si no lo creen, veánlo ustedes mismos.
Merece especial atención una de las indicaciones que el “doctor” da al papá del niño: “no contestando nunca a lo que él te dice”. ¿Imaginan mayor desvalorización que esa? ¿Cómo esperaremos que dialogue con nosotros, nos cuente lo que le pasa, encuentre en nosotros la respuesta a sus dudas, si decidimos “no contestar a lo que nos dice”? La crueldad ni falta que hace comentarla, y un tipo dictando a su padre las palabras que debe decir a su hijo es poco menos que ridículo.
Pero la realidad es otra. Estivill vendió millones de ejemplares y cobra por hacer lo que aquí vieron. Es decir, si tu hijo padece la enfermedad por él mismo inventada, que consiste en que el pequeño de dos años necesita que su mamá le cante un poco para quedarse dormido, entonces el bueno de Estivill va a tu casa y por una linda suma en euros (ya que esto es en España) te enseña a enseñarle dormir a tu hijo.
El método nació en Estados Unidos, de la mano de un tal Feber. Obsérvese una mención al mismo en la comedia “Los Fockers”, en que Robert de Niro está feberizando a su nieto, a quien se ve solito llorando en la cuna sin que nadie acuda por él. Los Fockers ofrecen el modelo opuesto, llevado a un extremo risible, pero aun así moralmente más aceptable.
La crítica más rápida que podría recibir es que mi debilidad impide soportar el llanto de mi hijo y entonces, muy egoísta, me resisto a educarlo. Pero podemos citar sobradamente quién es el egoísta aquí, y qué valores promociona el método.
Vean primero el anuncio del método en el video “La pesadilla de unos padres que no pueden dormir”. Si el centro de atención es el niño, por qué no titularlo “El dolor de un bebé que padece insomnio infantil por hábitos incorrectos”.
Y el libro aporta más pistas. Un primer tema respecto al sueño es dónde debe dormir el recién nacido. El doctor señala: en la cama con sus padres (definitavamente descartado aún cuando está enfermo); en su cuna, pero en la habitación de los padres; o, por último, “En su propio dormitorio. Si no queréis renunciar a vuestro espacio propio o cualquier ruidito que haga (gorjeo, ronquido, etc.) os sobresalta impidiendo vuestro descanso, nada os impide instalarlo en su propia habitación, siempre y cuando podáis oírlo.”
Pues si no quieren renunciar a vuestro espacio propio ni quieren ser “molestados” por ningún “ruidito”, ¿para qué demonios molestaron a este niño trayéndolo al mundo?
La proximidad entre el bebé y sus padres u otra persona que lo cuide previene la muerte súbita, principal causa de muerte en bebés sanos menores de seis meses Justamente esos “ruiditos”, que despiertan sobre todo a la madre, permiten seguir bien de cerca el estado del niño. Pero claro, si esos ruiditos lo molestan, entonces deje al niño a su suerte, lo suficientemente lejos como para que sólo se escuche un llanto desesperado, al que, por otra parte, en pocos meses siquiera deberá acudir.
No contento con ello, Estivill logra encontrar el lado negro de uno de los principales signos de desarrollo de los niños: la adquisición del lenguaje.
Nos alerta: “cuanto más mayor sea el crío, más capacidad tendrá para utilizar dos «armas» muy peligrosas en vuestra contra: [una de ellas es] la palabra. A medida que el niño va creciendo y adquiriendo vocabulario, las cosas se complican, ya que es capaz de manipular a sus padres mediante el lenguaje.” La otra es la habilidad física. Según Estivill, la motricidad sana de un niño no es un signo de buena salud, si no un obstáculo para su adiestramiento.
Y aclara al pie de página: “Una advertencia: los niños con problemas de sueño suelen comenzar a hablar temprano. Aprenden vocablos «clave» para lograr que sus padres les hagan caso. ¿Quién le niega agua a un hijo sediento? Pues enteraos, lo más probable es que no tenga sed.”
En definitiva, si su hijo sabe dcir “agua”, no debe celebrar el logro. El suspicaz manipulador ha adquirido una nueva herramienta de dominación.
¿Para qué seguir? Si el espanto ha despertado curiosidad, se puede acudir directo a la
fuente.
Y entonces, ¿a quién escuchar?
Es un lugar común que el conocimiento da poder. Ta vez, más que el conocimiento, el reconocimiento de su posesión sea la mayor herramienta de poder. Una función, un título universitario, permiten decir a unos lo que deben hacer otros. ¿Garantiza eso que sepan más?
Estivill, con su título y su reconocimiento público y sus apariciones televisivas y sus best sellers, se arroja la autoridad de indicar a los padres como “educar” el sueño de los hijos.
¿Quiere decir eso que sabe? Es justo, razonable y ético poner en cuestión ese conocimiento. Los discursos de los expertos sobre la educación de los niños pasean entre los Ferber y los Focker con mucha soltura. Todos parecen verdad acabada. Para todos, hay un opuesto que se equivoca por completo.
Estivill acusa, aunque sin decirlo, de necias e ignorantes a las cientos de generaciones que hicieron dormir a sus hijos meciéndolos y cantándoles. Con una soberbia inédita declara que el niño que llora no tiene sed ni hambre, si no “insomnio infantil por hábitos incorrectos”, sutil nombre científico de una enfermedad llamada “los bebés necesitan atención”.
En mi memoria suenan para siempre los cantos de mis abuelos y mi papá, los cuentos y las poesías de mi mamá.Una manga de ignorantes, según Estivill.
“María Santa Ana, por qué llora el niño…” todavía veo a mi abuela cantándole a mi hermano, y la imagino haciendólo también conmigo. El domingo, después de tantos años, la vi, con el mismo cariño de siempre, abrazando a mi sobrino y a mi hijo. Está introduciendo la semilla de la enfermedad del insomnio infantil por hábitos incorrectos, al permitir que se duerman con su reconfortante abrazo.
Se merece un homenaje especial. Tuvo la sabiduría de mandar a freír churros a algunos especialistas y decidir por sí misma que era lo mejor para la educación de sus hijos. A mi tío querían atarle la mano izquierda para que superara su anormalidad y escribiera con la mano derecha. Con mucho esfuerzo consiguió una indicación médica que obligara a las maestras a dar por tierra con esa práctica que hoy consideramos descabellada. Cuando mi mamá terminó la primaria, le dijeron que no valía la pena mandarla al secundario. Que mejor aprendiera a coser, a bordar, o que hiciera un curso de peluquería. “No le daba la cabeza”. Haciendo caso omiso a la machista y absurda indicación, no sólo la inscribió en la escuela secundaria, si no que eligió una escuela privada, confirmando lo importante que era la educación para ella. Sin duda, nadie haría hoy las recomendaciones que le hicieron a ella hace cincuenta años. ¿Y si las de ahora también estuvieran equivocadas?
Semanas atrás, recuerdo que mirando a mi hijo, mi abuela dijo “siempre quise saber lo que piensan los bebés, qué misterio”. Yo le dije, “Y… no lo vas a saber nunca”. Bueno, que equivocadas estamos. Estivill sí lo sabe, dice agua pero no tiene sed, llora pero no tiene hambre, es un manipulador que quiere importunar a sua padres. Mi abuela, con sus dos hijos, seis nietos y tres bisnietos, reconoce con humildad la imposibilidad de saber qué pasa por la cabecita de nuestras pequeás criaturas. Estivill, desde su consultorio de Madrid, me dice desde el saldo del supermercado lo que piensa mi hijo.
¿Alguien duda la respuesta a la pregunta del comienzo? Si quiero saber cómo debo ser com madre, tengo dos referentes: mi mamá y mi abuela. A las dos, GRACIAS.
PD: Un pedido especial. Mami, leéle esto a abu.
Y ustedes, ¿qué consejos han recibido? ¿cuáles son sus referentes?
26 May 2008 | Por romina | # Enlace permanente
La sanitarista: crear un clima tranquilo, darle un baño a útima hora, sostener una rutina de horarios, distiguir espacios de día y de noche, mantener la habitación donde duerme el bebé oscura y libre de ruidos, el bebé debe dormir en su cuna o moisés y conocer el lugar donde duerme, por lo tanto no hay que acostarlo dormido.
Resultados obtenidos: Bañarlo todos los días en el mismo horario es una complicación terrible, intenté sostenerlo unas tres semanas pero por ahora estoy vencida. Sin contar que buena parte de estos días, el baño, en lugar de relajarlo, lo llevaba a una escalada de llanto que solo se detenía ofreciéndole alimento. Una vez creado el clima, lo acostaba en el moisés, espacio de soledad que no soporta más de media hora, y de vuelta a empezar de cero…
La pedagógica tradicional: Hay que acostarlo y dejarlo llorar. Llorará quince minutos, media hora… a la larga se duerme.
Resultados obtenidos: Ni ebria ni dormida lo intento. Probé una versión aggiornada, que consistía en cantarle hasta que se duerma, sin levantarlo del moisés. Durante cuarenta minutos mi resistencia emocional se fue desgastando junto con mi voz. Lloraba tan fuerte que dudo que me escuchara. Mi voz sonaba cada vez más atragantada por la angustia, hasta que me vencí. Llorando yo también, lo levanté de la cuna, y se durmió en cinco segundos. Era tanta mi angustia que no quise tratar de dejarlo en el moisés nuevamente, me sentía culpable de hacerlo sufrir tanto y se quedó conmigo.
La afectuosa: Cantarlo y arrullarlo un largo rato, hasta que esté profundamente dormido. Puede llevar más de media hora. Luego colocarlo en su moisés sigilosamente para que continúe el sueño.
Resultados obtenidos: Mis brazos se acalambran y adormecen, el niño se duerme profundamente, respira pausado y tranquilo. entonces me decido y lo acuesto en el moisés, despacio, muy despacio… e instantáneamente abre sus ojos y comienza a llorar. Me he propuesto intentarlo con la suficiente perseverancia, repitiendo el procedimiento hasta que finalmente se duerma. Finalmente he pasado largas horas sin dormir hasta que tiene que alimentarse de nuevo, y todo vuelve a empezar… A mi papá le funcionaba, vi cómo hacía dormir a mi hermano y ahora lo repite con mi sobrino. Pero como no hay dos bebés iguales.. con Bruno no ha habido caso de este modo, que consideraba el único razonable y efectivo.
La new age (ausencia de normas): ¿Para qué te preocupás por la habitación, si va a dormir con vos? En absoluta oposición a los descriptos más arriba, algunos se empeñan en mencionar que no es posible ni necesario despegarse un poco del niño y generar espacios de mutua independencia. Cuentan tranquilos cómo sus hijos de cinco, seis, ¡diez! años comparten la cama matrimonial, dejando ésta de serlo por su nueva función de “cama familiar”.
Resultados obtenidos: Si ha dormido conmigo, es sólo de forma casi involuntaria, cuando he conciliado el sueño primero que él, pero de ningún modo es la idea institucionalizar las excepciones.
Ahora estamos en una etapa superadora parece. Con paciencia y perseverancia, lo acuesto en el moisés después de alimentarlo, y canto hasta que se duerma. A veces lo acuesto dormido depués que comió, pero se despierta. Otras lo sostengo un rato para asegurarme que no llora por otra cosa, y nunca lo acuesto llorando, así, si llora un poco en el moisés, sigo intentando sin temor a que le esté pasando algo y no darme cuenta.
Lleva tiempo, pero lo vamos logrando. Con media hora de canto, más o menos, se duerme por tres. Poco a poco, seguramente, habrá menos tiempo de canto y más de sueño. Ya veremos como sigue el proceso. Hasta ahora, todo es muy imprevisible, aunque cada vez menos, parece.
¿Qué sugerencias les han dado para hacer dormir a sus niños? ¿Pusieron alguna en práctica?
15 May 2008 | Por romina | # Enlace permanente
En esos días de angustia de incertidumbre, mientras yo no sabía que hacer parecía que todos los demás sí. Una gran ayuda realmente. Mi hijo seguía llorando y yo me sentía cada vez más inútil.
Pero claro, en un país en que todos opinan de fútbol sin haber tocado una pelota, sobre política mientras viajan 500 kilómetros para no votar, de medicina porque alguna vez se enfermaron… ¿Cómo no iban a opinar de aquello que se supone saben todos?
Casi todos han sido padre/madres. Mal que mal, sus hijos crecen, se alimentan, van a la escuela, y algunos hasta llegan a ser profesionales. Entonces, ¿cómo no creer que han hecho lo que se debe hacer? ¿Y que hay que seguir sus pasos para obtener idénticos óptimos resultados?
Aquí van algunas de las ideas/sugerencias que recibimos en esos días, y que otros nos contaron que recibieron en su momento, cuando sintieron esa misma incertidumbre:
- Ese chico tiene hambre. Con tu leche no le alcanza. Preguntale al médico qué leche le tenés que dar. Necesita una mamadera. Los dos pediatras que lo vieron me dijeron que estaba perfecto y se estaba alimentando muy bien. Nació con 3,280kg, y a sus 44 días pesaba 5,050kg. ¿Cómo que no le alcanza?
- Acá es muy grande, debe estar pasando frío. Nutriendo mi conocimiento en web especializadas leí de diversas fuentes que la temperatura ideal para el bebé es de 20ºC, y que con una prenda más que un adulto está suficientemente abrigado (esto último lo había comentado ya el pediatra de piso cuando estábamos internados). Aclaro que en un otoño fantástico, las temperaturas de esos días rondaban en Mardel los 23ºC.
- Llora de noche, tiene el “sueño cambiado”, tenés que cambiarle el sueño. Dale un baño a la tardecita. Todavía no se le había caído el cordón y me sugerían bañarlo… Pero claro, de bebés saben todos.
- Cuando tiene el sueño cambiado lo tenés que pasar por debajo de la cama y sacarlo por el otro lado. Este delirio irracional no me llegó a mí directamente, sino que se lo sugirieron al carnicero de enfrente cuando su hijo lloraba por las noches y no dormía. Lo contó como parte de esas sugerencias inconducentes que uno recibe cuando los bebés lloran.
- Debe tener gases. Esta, creo, era la más acertada en esos días, pero vean las múltiples soluciones que se ofrecen al respecto: Tenelo upa panza abajo, hacele masajes en la panza, apoyalo con la panza sobre el hombro, dale golpecitos en la espalda, más todas las que leí en las web especializadas… La más alocada también me llegó del carnicero, que veo se trataba con gente muy rara en sus primeros meses de padre: cuando tiene gases lo tenés que hacer rodar por la cama. A diferencia de la anterior, según cuenta, ésta funcionó. Aclaro que no la probé. “Los gases sirven como explicación tranquilizadora”, comento un buen amigo que comprende la situación. Una visión más humilde e interesante. ¡Al fin uno que no sabe por qué llora! Leí una tesis similar en una de estas webs (http://www.planetamama.com.ar/view_nota.php?id_nota=246&id_etapa=35).
Respecto a esto último, tomo el lugar de todos los que he criticado anteriormente y me atrevo a hacer mi propia sugerencia. después de mucho ensayo-error con mi pobre hijo, alreredor del mes comencé a ejercitarlo de la siguiente: acostado, sobre la cama o el cambiador, estiro bien sus piernas y luego las flexiono sobre su abdomen. Ahí comienza la expulsión de todo lo que le molestaba en su pancita. ¡Ojo que puede venirse con todo!
¿Qué sugerencias les han dado para calmar el llanto de su hijo?
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