¿Cuál historia?
“Los chavales de hoy en día son los que menos afecto reciben de toda la historia”, así se titula una entrevista a Carlos González, pediatra catalán que se a convertido en referente de la crianza “natural” (entrecomillado porque lo de natural no me convence) o digamos, con apego, que me parece más preciso.
Me pregunto -con muy buena leche, aclaro- a qué historia se refiere Carlos González. La crianza que presenta como “natural” -es decir, como invariante histórica- forma parte de una construcción social que constituye más bien la excepción que la regla.
“¿La generación que menos afecto recibe de la historia?
Pues sí, por un motivo muy sencillo: nunca antes habían acudido niños de pocos meses a pasar 8 ó 10 horas en una guardería, un recurso que no existía hasta los años 50. Incluso hay quien cree que es una experiencia deseable, porque allí les estimulan. Como mínimo debemos aceptar una cosa: los niños de hoy pasan mucho menos tiempo con sus padres que hace unos años, que es precisamente lo que más quieren.”
Dar por sentado que en la guarderías no se recibe afecto es muy injusto con personas que en algunos casos entregan mucho de sí mismas por el bienestar de los niños que cuidan. Por otra parte, que lo mejor es estar con los padres es algo que los padres también deben responder. ¿Quién dijo que los padres siempre cuidan y que lo hacen bien? Por último y central, no es una novedad que a los niños los cuiden otras personas que no sean sus progenitores. La familia nuclear, mamá, papá y nenes cuidados por ellos (por ella), es cualquier cosa menos la invariante antropológica que se pretende presentar.
En Esparta los niños eran alejados de su madre al nacer, en las sociedades cortesanas eran entregados a nodrizas, en los países del tercer mundo las madres viajan a Estados Unidos y Europa para trabajar como niñeras de estos niños “carentes de afecto” mientras los hijos propios quedan al cuidado de otros parientes. ¿Por qué no preocuparse por el hijo de la filipina, que no ve a su madre por ocho años, antes que por el europeo que no la ve por ocho horas? LA historia y EL mundo son más extensos que nuestra imaginación.
“El milanés Pietro Verri escribió en 1777 que los hijos de las familias nobles de la época podrían haber hecho a sus padres los siguientes reproches: “No tengo que daros gracias por mi vida. Apenas había nacido cuando me arrancasteis del pecho de mi madre y me entregasteis a una nodriza mercenaria, casi como si tuvieras la sensación de que era indigno de nosotros practicar semejante deber natural. Me dejabais llorando descosoladamente, envuelto en bis pañales, que me impedía usar los músculos que debía desarrollar; me manteníais arrebujado en mis propios excrementos, tan apretado que a veces se me cortaba la circulación de la sangre y la respiración”
Cité extesamente el párrafo que retoman Kertzer y Barbagli en “Historia de la familia europea”, porque cuando le leí, con Bruno durmiendo encima mío y con unos cuatro o cinco meses, desde ya que el texto hirió mi sensibilidad. Hoy lo retomo sólo como ejemplo de una argumentación que me choca por falaz. Ya sea por ignorancia o por omisión, hay algo que falla al decir que “los niños de hoy” -existe tal cosa- son que menos afecto reciben en la historia. ¿En qué historia estamos pensando? ¿En qué niños? ¿Hay sólo una manera de recibir afecto?
Alguien podría decir, en referencia a la cita anterior, que en las familias campesinas la situación era distinta. Bueno, es cierto. Las nodrizas formaban parte de esas familias campesinas, tenían varios niños a su cuidado -más o menos los mismos que en una sala maternal- y su función quedó entrampada en el prejuicio de que su labor siempre era reprochable: “si cuida más a su niño que a su cliente, es una mala nodriza; si por el contrario, prioriza a su cliente, será una mala madre”.
Ni hablar de las nodrizas que, para ser supervisadas de cerca, eran trasladadas a las casas de sus patrones para atender exclusivamente al niño del amo, ¿nadie pregunta por el hijo biológico de la nodriza? ¿Quién lo alimento si su madre no estaba y no tenía recursos para contratar una nodriza, ya que su propia madre lo era? Decir que todos los niños eran amamantados porque “no imagina” otra forma de hacerlo hasta la generalización de las leches de fórmula, no es un ejercicio histórico sino un ejercicio de imaginación. Y como bien sabemos, la realidad supera la ficción.
No todo tiempo pasado fue mejor. Ni peor. Ni siquiera el presente es tan homogéneo como para atreverse a tamañas generalizaciones. Y ojo, que yo no pretendo argumentar en contra de esa forma de crianza que Carlos González promueve. Pero prefiero pensar que la elijo, que es una opción entre tantas que ha habido a lo largo de la historia, y no la que se ha practicado desde los orígenes de la humanidad hasta 1950, en que la participación masiva de la mujer en el mercado de trabajo y los laboratorios médicos vinieron a pudrirlo todo.
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Hola Romina ! Que buen análisis haces del tema. Adhiero a tus palabras! Un beso y mi voto!