Posts etiquetados como ‘discépolo’

POESÍA, SUB-LITERATURA, MARGINALIDAD

En el amplio marco que va desde comienzos de los años 20 hasta fines de los 40, el desarrollo simultáneo de formas musicales como el tango, la industria discográfica conexa, el cine y la radio, permitió el nacimiento de figuras profesionales muy características, dotadas de gran autonomía y de una gran capacidad para fijar sus propios cánones, al margen, frecuentemente, de los modelos y prejuicios de la denominada “cultura superior”, aunque muchas veces se pueda distinguir con suma claridad la presión de ciertos modelos y el ambivalente sentimiento de “reverencia” que inspiran determinadas convenciones poéticas o culturales.
Entre estas figuras parece de singular interés la emergencia de de los letristas de tango, como Pascual Contursi, Samuel Linning, Celedonio Estaban Flores, José Gonzalez Castillo, Enrique Cadicamo, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Francisco García Jiménez, Homero Exposito, etc…hitos de un proceso que va de la bohemia a la profesionalización y que tiene directa pertinencia con todo un sistema “productivo” (integrado por orquestas, bailes, giras, grabadoras, editoriales, revistas, cancioneros, radiotelefonia, etc) y al mismo tiempo con un aparato de control gremial (SADAIC) que se ocupa de regular y encauzar las relaciones artísticas, profesionales y crematísticas entre creadores y usuarios.
Esa producción,- definidamente profesional y vinculada con un mercado popular tangible- permaneció marginada del corpus de la literatura nacional hasta hace relativamente poco, como cabal expresión de sub-literatura y marginalidad.

Un tipo de escritor múltiple, proteico…

Entre estas figuras, hay algunas que merecen un breve comentario, no solo por su notoria calidad artística sino por su íntima e inteligente adecuación a las exigencias y a las posibilidades de los nuevos medios y de los nuevos mercados. Nos referimos por ejemplo, a Enrique Santos Discépolo, que fue autor teatral (Los duendes, El Señor cura, Día feriado, El hombre solo, El organito), actor (Wunder Bar, Blue, El hincha), letrista (Cambalache, Yira Yira, Infamia), director de orquesta, director de cine, dirigente gremial, “nochero” y por sobre todas las cosas insomne auscultador de la cultura popular porteña en sus mas variadas facetas.
En la misma cuerda Homero Manzi, a quien encontraremos simultanea o sucesivamente como periodista( Critica, El Sol, Radiolandia), autor de algunas letras de tango mas hermosas, charlista radial, libretista (Por algo los quiso el pueblo), cronista de turf (“A golpe tendido”), critico de cine y radio, presidente de SADAIC, autor de guiones cinematográficos de señalada repercusión, etc.
Tanto Dsicépolo como Manzi pueden representar, por excelencia el tipo de escritor profesional vinculado con un esquema o con un proyecto industrial y cultural que quiere ser autónomo y que se nutre fundamentalmente en las ricas canteras de lo nacional y lo popular, aunque uno y otro no pierdan de vista, por cierto, las fronteras mas amplias del hombre y de la circunstancia universal.
Ambos encontrarán puntos de ataque correctos para abordar y resolver las antinomias entre lo culto y lo popular, y el resultado de estas búsquedas será una producción muchas veces sincretizadora, que ni traiciona su fondo popular ni resigna a las tentaciones de la facilidad cierto exigente nivel de tratamiento formal y conceptual.
Frente a muchas inepcias de entonces ( y de ahora), y frente a la miopía de quienes predican que toda obra masiva debe ser necesariamente trivial, los textos y los proyectos de Discépolo y Manzi, con su rigor, su calidad, su sentido de lo profesional y sus escasas claudicaciones, son muy elocuentes de cómo pueden aunarse masividad, belleza, observación de lo cotidiano, sentimentalismo de buena ley, humor, indagación de grandes instancias trascendentales como el tiempo, el amor, la muerte etc. Sin recaer en facilidades o en esquematismo primarios.
Los dos-auténticos creadores por sobre todas las cosas- se manejan con holgura aportando la forma novedosa, el alarde inventivo, el matiz antirretorico, la observación punzante contra el conformismo, y la comercialización sin talento.
Ambos mueren, por penosa coincidencia, el mismo año: 1951, ya en los umbrales de lo que sera la decadencia irremediable del cine argentino y el comienzo de uno de los eclipses mas prolongados de la producción tanguera , sin mencionar, por cierto. La incipiente pero ya inocultable crisis de la industria del libro.

Jorge B. Rivera. “El escritor y la industria Cultural” pág 115 a 117.

Infamia, Enrique Santos Discepolo

Escuchar
mientras leo
La gente, que es brutal cuando se ensaña,
la gente, que es feroz cuando hace un mal,
buscó para hacer títeres en su guiñol,
la imagen de tu amor y mi esperanza…
A mí, ¿qué me importaba tu pasado…?
si tu alma entraba pura a un porvenir.
Dichoso abrí los brazos a tu afán y con mi amor
salimos, de payasos, a vivir.

Fue inútil gritar
que querías ser buena.
Fue estúpido aullar
la promesa de tu redención…
La gente es brutal
y odia siempre al que sueña,
lo burla y con risas despeña
su intento mejor…
Tu historia y mi honor
desnudaos en la feria,
bailaron su danza de horror,
sin compasión…

Tu angustia comprendió que era imposible,
luchar contra la gente es infernal.
Por eso me dejaste sin decirlo, ¡amor!…
y fuiste a hundirte al fin en tu destino.
Tu vida desde entonces fue un suicidio,
vorágine de horrores y de alcohol.
Anoche te mataste ya del todo y mi emoción
te llora en tu descanso… ¡Corazón!

Quisiera que Dios
amparara tu sueño.
muñeca de amor
que no pudo alcanzar su ilusión.
Yo quise hacer más
pero sólo fue un ansia.
Que tu alma perdone a mi vida
su esfuerzo mejor.
De blanco al morir,
llegará tu esperanza,
vestida de novia ante Dios…
como soñó.

Homero Manzi, Sur

San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur,
paredón y después…
Sur,
una luz de almacén…
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote.
Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya…
Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé…

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.
Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog