Historia de vida de un Drogadicto

Posadas:

Por curiosidad de experimentar la sensación de los estupefacientes Adrián conoció un mundo lleno de adicciones que casi acaba con su vida a los 17 años.

Cuando un amigo le ofreció, al principio tenia miedo pero también intriga de experimentar esa sensación.

-“Me dijo que solo probaría un cigarrillo con mezcla de marihuana, a veces cuando uno es adolescente y mas siendo varón, tenemos miedo a pasar por humillaciones de no encontrar valor para enfrentarnos a los retos que nos ponen, fue entonces que decidí probar” contó Adrián.

Cuando la influencia de los adolescente recae sobre quien es el mas fuerte o quien tiene mas valor, solo uno mismos puede pensar y tomar decisiones de acuerdo a lo que cree que es bueno o malo.

El se involucro por decisión propia creyendo que tenía el control de la situación, pero tras los efectos de la primera sensación, quiso arriesgarse a más, hasta que su cuerpo comenzó al punto necesitar mas droga.

Una noche llena de exceso Adrián y su amigo se reunieron junto a desconocidos, sin imaginarse que seria una noche que quedaría marcada para ellos. Una mezcla de cigarros y de bebidas compartidas, comenzaron reaccionar en su cuerpo alucinaciones y mal de estado.

-“En un momento veía a todos moverse en cámara lenta, como si adecuaban sus movimientos al ritmo de los segundos.

Comencé a temblar sin sentir frío, miraba mis manos perder su color. Cuando mire el espejo en el baño me asuste al verme con los ojos totalmente ojerosos y mi piel como si estuviera muerto. Nadie entendía mi reacción hasta que caí al piso” explico Adrián.

El recordar momentos como esos, llevan nuevamente a la persona a vivir la experiencia, recapacitando y proyectando un objetivo de alejarse a las drogas.

-“Cuando me despierto estaba en lo de mi amigo, sentado en un sofá. Pero volvía a ver las mismas escenas que al principio.

¿Qué me pasa? ¿Qué fue lo que consumimos? Pregunte, y repentinamente me invadió la sensación de ir perdiendo las palpitaciones, escuchaba muy despacio como mi corazón latía aceleradamente.

A pesar de tener los ojos abierto observaba como lentamente la habitación se oscurecía, ahogándome en la negrura y robándose mis palpitaciones.

La oscuridad fue tal, que solo alcanzaba ver una luz a través de un orificio, en la cual vi reflejada etapas de mi vida mostrándome todos mis errores, el delirio reiteraba  pensamientos absurdos e incoherencia en mi, sintiendo la cabeza volar, viviendo etapas o capítulos. Sentía las mismas sensaciones una y otra vez.

De pronto vi a mi hermano mirándome asustado mientras yo estaba en aquel sofá” explico. Adrián sintió alivio al saber que su hermano estaba acompañándolo en ese momento, y a la vez vergüenza por no demostrarle un buen ejemplo. Le contó todo lo que vio, lo que sintió, las sensaciones de quedarse sin palpitaciones en una absoluta oscuridad en la cual luchaba por mantenerse vivo, tratando de volver a estar sobrio para dejar de diferenciar cuales eran los momentos que debía enfrentar y cuales eran parte de su imaginación.

Su hermano no respondía nada, miraba a ese cuerpo convaleciente escuchar decir que se moría, que solo necesitaba su compañía para no sentirse solo. Pidiendo perdón y expresando su autentico cariño.

-“De verdad sentí morirme. Cuando mis palpitaciones se aceleraban, mi cuerpo caía a gran velocidad en un abismo oscuro. Llegaba al punto de no respirar y ver de lejos otra vez esa luz del orificio en la habitación que me incitaba a recobrar un hondo respiro para sentirme vivo nuevamente.

No quería dormirme, ni cerrar mis ojos porque volvían a consecuencia de eso las sensaciones de verme morir.

Lo último que recuerdo es que mi hermano me había dejado solo, yo sentí como un abandono, como si nada de lo que le conté le importara. Ojala hubiese sido un sueño” lamentaba.

De pronto, su cuerpo sin color se paralizo quedando sin palpitaciones, sus ojos mirando fijo y sin ningún movimiento. Al verlo así, su hermano quebró en llanto y creyó en la confesión cuando vio el cuerpo sin vida de Adrián.

-“Yo también me vi sin vida y a mi hermano tomarme el pulso. Aunque le gritaba pidiéndole ayuda que me estaba muriendo, el no me escuchaba. Yo no estaba en mi cuerpo.

No veía nada, era todo negro. No escuchaba las palpitaciones de mi corazón, ni mi respiración. Me había dado por vencido, ya no luchaba por mantenerme despierto y vivo. Hasta que después de un tiempo, volví a ver la luz del orificio, reflejándome esta vez todos los momentos maravillosos que me dio la vida junto a mi familia, un hogar lleno de amor y contención que no supe aprovechar y lo estaba perdiendo.

No me resignaba saber que no vería mas a las personas que amaba, perdía mi vida sin realizar tantas cosas y no quería eso.

Y escuche mi nombre, reconocía es voz. Cada vez la escuchaba más fuerte, más cerca.

Descubrí que era mi hermano, fue quien me devolvió a la vida una vez mas gracias al amor que nos unía. La vida me ofreció una nueva oportunidad y hoy después de eso me pongo a pensar ¿cual es el limite que uno tiene que enfrentar para dar fin a las drogas?


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