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Adalberto (microrrelato)

La dirección que busco no existe y no puedo preguntarle a Adalberto en dónde me espera. Olvidé mi celular en casa y el suyo no tiene señal. Me desespero. Aunque estemos muy cerca, incomunicados nos diluimos en la ciudad. Despojados de tecnología, somos inevitablemente arrojados a sendas dimensiones paralelas. Asumo que nuestro encuentro pertenece a un destino imposible y pienso en regresar. Pero me equivoco, Adalberto aparece buscando esa misma dirección inexistente, justo a tiempo para besarme.

Gingerale

Niña, déjate de joder con la escritura

Poema escrito por una talentosa Gingerale de 10 añitos. Luego voló la mariposa de la infancia, dejándola sin don

Muñequita de Porcelana
que fuiste destinada
a unas tiernas manitos infantiles, desordenadas
y por unos ojos
cien por ciento celosos
que dictaron sentencia
estás condenada
a quedarte en tu estante-jaula
por indefinida permanencia

Fue un juicio sin conciencia
sin delito ni defensa
Tu vida está frustrada
como un ave que carece de alas

aquellos locos bajitos – serrat

Guía Básica para Entenderme

Majofa, quien sabe interpretar la realidad como nadie, a quedado perplejo y prácticamente me preguntó ¿Quienes sos?

He aquí un intento de respuesta:

Con Gingerale pretendo ser poeta; con Tarúpida me divierto jugando a la poeta (sospecho que es lo que me sale mejor) .

A través de Mamá Gingerale, relatos inspirados en anécdotas de mis hijos. Tengo un dúo de mocosos geniales, el blog se escribe sólo.

Como me gusta opinar y me hubiera gustado ser bruja, me inventé a la Brujita para no quedarme con el antojo.

Algún lector preferirá a alguna de ellas y otro las detestará a todas por igual. (¡Por favor que haya algún lector!)

(A mi psicóloga, quien nunca me mostró su título profesional, le pareció muy bien este despliegue multipersonalístico).

Balada para un loco – Adriana Varela & Goyeneche

Mágico realismo (cuento)

Para ejecutar una brujería perfecta , hay que estudiar muy bien la situación a fin de reducir el impacto de karmas negativos a su mínima expresión. Los hechizos tienen efecto espejo, tanto para los resultados buscados como para las consecuencias colaterarles (muchas veces difíciles de predecir). Por ejemplo, si separamos una pareja, nos sucederá lo mismo. Hasta las brujas más experimentadas son muy cautelosas al utilizar sus poderes, si es que no lo evitan.
Yo trabajo. Para mantener las apariencias, y porque el dinero obtenido mágicamente es falso. Falsificar es un delito, los delitos nos estan vedados. Es válido trasmutar piedras en oro; lástima que el proceso necesita oro genuino como catalizador, siendo éste muy escaso (la mayor parte del oro que circula es mágico).
Obviamente, no vuelo en escoba a plena luz del día. Puedo fácilmente convertir a un zapallo en el vehículo que se me antoje, pero no lograré patentarlo en forma lícita en el registro de la propiedad del automotor. Aún no he ahorrado los suficiente como para comprar un auto, viajo en colectivo.

Mi nuevo empleo me había conducido ha esperar al colectivo en una esquina donde el espacio y el tiempo coincidían con un encargado de edificio que todas las mañanas se empeñaba en asear la vereda como si bañara a un elefante, mojando a quien no tuviera los reflejos bien despiertos para esquivar el chorro de la manguera. Me contaron que no entraba en razones ni con los reclamos más amables ni con las puteadas más crudas; que el consorcio hizo oído sordo a innumerables quejas.
Me propuse acabar con tanto derroche de prepotencia, desconsideración y agua. Me hubiera resultado sencillo modificar, con un abracadabra, la ubicación de la parada, pero intuí que debí permitir que la situación continuara para lograr mi objetivo. Dos meses me llevó elaborar el encantamiento. Un mes más, validarlo con varias pruebas piloto hasta que obtuve la confianza necesaria para ponerlo en práctica. Mientras tanto, los transeúntes seguían sorteando la manguera despiadada.
Una mañana tras cerrar con llave la puerta de casa me dije “es hoy”. Con pasos
enérgicos alcancé la parada, resbalé, caí hacia atras, quedando inconciente en el
piso.
Desperté en el hospital Tornú, acostada en una cama, con un brazo enyesado. No recordaba mi hechizo perfecto, pero tampoco iba a necesitarlo. A mi lado estaba mi amiga Abigail, la primera en la agenda de mi teléfono celular.
-Sufriste un accidente en la calle, te desmayaste y te fracturaste el codo, pero vas a estar bien. Enrique llamó a un abogado para que inicies una demanda.-
No se preocupen por mi codo, sanó milagrosamente.

Inauguración

Cuando era chica me gustaba escribir. Lo disfrutaba. Era la poetiza estrella de la escuela, adulada por las maestras. Era una escuela de barrio, chiquita. Pero crecí y conocí más gente y de pronto ya no era adulada y por cierto no era la mejor. No sirvo para escribir, me dije, y no escribí más.

Hoy me doy cuenta que escribir me sirve a mí.

Y acá estoy, escribiendo.