BUSCAMOS A MARIA CASH – AYUDANOS

BUSCAMOS A MARIA CASH – AYUDANOS Estimados, necesitamos de su ayuda para localizar a MARIA CASH. Se trata de establecer el paradero de la joven María Cash, de 29 años, quien abandonó sorpresivamente su vida cotidiana, en Buenos Aires, para ir a un curso de meditación en la vecina provincia de Jujuy, al que nunca llegó. La mujer, desde hace algunos años se había iniciado en las actividades trascendentales del Sahaja Yoga, una práctica espiritual muy intensa que busca despertar lo que denominan “energía kundalini”. Familiares de la desaparecida se encuentran en Salta siguiendo sus rastros, ya que en correos electrónicos reveló que estaría en la provincia. A las 19.40 del pasado lunes 4, María dejó el departamento en el que vivía, en el barrio de San Telmo, y partió sorpresivamente en colectivo a Jujuy, para realizar una práctica de meditación. Pero nunca llegó a destino. Misteriosamente, se sabe, abandonó el pasaje en Rosario de la Frontera, el martes 5, cerca de las 17.

Paro (Concurso Bicho de Letras)

Como todas las mañanas, desde el andén, veo como el subte es un gusano gigante emergiendo del tunel. Pero esta vez el guarda grita – ¡Esta formación no saaale!-inaugurando así un paro sorpresivo.
Tan sólo seis son las líneas de subte. No obstante, si se seca ese delta raquítico la ciudad colapsa. Siento una bronca tremenda que se desahoga en lagrimones. Me miro los ojos con el espejito que llevo en la cartera. Corre por mis mejillas un río negro. Lo que fue un maquillaje prolijo ahora es un manchón.
Atravieso el molinete como un alma en pena, subo las escaleras, me dirijo hacia una parada de colectivo y me pongo al final una larguísima cola.
La puta madre
En vez de treinta minutos, mi viaje al trabajo será de dos horas, Me desespero al saber que no podré llegar a tiempo a un lugar al que realmente no quiero ir. Porque lo que deseo, en este día tibio y celeste, es ir a tomar sol. Este loquero tendrá que prescindir de mí por un rato. Chau, me voy a la plaza.

Hermanos (3º concurso de cuentos cortos)


Julieta se para bien derechita. Lleva sus manos a cada lado de su cintura, y pone su mirada en el horizonte. Leonora mira como si fuera a devorarse al mundo. Cruza su brazo izquierdo sobre el torso, por debajo de sus senos imaginarios. En su mano derecha sostiene, apagado, el cigarrillo que le ha quitado al José, su hermano mayor.
Las nenas ensayan las poses de modelo que han visto demasiadas veces en las revistas. Sueñan con un futuro pletórico de lujos que no comprenden bien, tan ajenos a sus infancias pueblerinas.

Desde que regresó de Buenos Aires (con su esperanza de futbolista arrugada en el alma), al José ya no le interesan las revistas; para él sólo son mercadería que venderá en el kiosco. Las desprecia porque le evocan al despertador cantando antes que los gallos y a sus carreras en bicicleta para ganarle al frío de la madrugada ( ni siquiera les da la oportunidad de que le reflejen sus sueños rotos). El José vive desganado; ve sin mirar, y no ha leído el presagio en el extraño amanecer rojizo. Se estaban gestando las circunstancias que traerían fama y fortuna para Leonora, dejándolo a él sin nada

Gingerale

Adalberto (microrrelato)

La dirección que busco no existe y no puedo preguntarle a Adalberto en dónde me espera. Olvidé mi celular en casa y el suyo no tiene señal. Me desespero. Aunque estemos muy cerca, incomunicados nos diluimos en la ciudad. Despojados de tecnología, somos inevitablemente arrojados a sendas dimensiones paralelas. Asumo que nuestro encuentro pertenece a un destino imposible y pienso en regresar. Pero me equivoco, Adalberto aparece buscando esa misma dirección inexistente, justo a tiempo para besarme.

Gingerale

Culebrón Materno Infantil, así habló el bebé

I
El Idilio
Un día, el balbuceo adquirió sentido. Tus semillas de palabras germinaron.
Dijiste mamá y tu voz me besó el alma.
Lo nombraste papá y tu ternura le contó que no hay título más honorable.
Lo llamaste nene y tu hermano supo entonces que ya no eras tan bebé, que pronto serías su mejor amigo.
Leche, tita, Abu, guau guau. Más y más flores brotaron en tu jardín.
II
Momentos difíciles
Descubriste el “no” y por un tiempo te negaste a todo. Al grito de “mío”, intentaste convencernos de que el mundo te pertenecía. ¡Pusiste a prueba la paciencia de toda la familia!
Pasó la etapa del constante “no”. Aflojaste con el “mío” ¡Veníamos tan bien!…
Hasta que apareció esa palabra chiruza. Hubiera vendido mi alma al Diablo para que no la descubrieras. Aunque pensándolo mejor, debe ser Satán quien les enseña esa porquería a los niños.
Vos, mi dulce e inocente niño, aprendiste a decir COMPRAME y te transformaste en una fiera consumista.
¡Ay criaturita! Pedís autitos a cada rato, parecés un disco rayado. ¿Para qué? Tenés 50 autitos y sólo jugás con 2 o 3.
III
El amor es más fuerte
Me dijiste “mamá amo mucho”
Mi chiquito me dejaste sin palabras. Te abracé y te llené de besos.
Bendito el día en que llegaste a mi vida.
IV
El casamiento
Sospecho que tu hermano fue quien te la enseñó.¡En que momento se te ocurrió estrenarla! En el casamiento de mi primo, cuando dijo acepto, gritaste “BOLUDO”.

Niña, déjate de joder con la escritura

Poema escrito por una talentosa Gingerale de 10 añitos. Luego voló la mariposa de la infancia, dejándola sin don

Muñequita de Porcelana
que fuiste destinada
a unas tiernas manitos infantiles, desordenadas
y por unos ojos
cien por ciento celosos
que dictaron sentencia
estás condenada
a quedarte en tu estante-jaula
por indefinida permanencia

Fue un juicio sin conciencia
sin delito ni defensa
Tu vida está frustrada
como un ave que carece de alas

aquellos locos bajitos – serrat

Guía Básica para Entenderme

Majofa, quien sabe interpretar la realidad como nadie, a quedado perplejo y prácticamente me preguntó ¿Quienes sos?

He aquí un intento de respuesta:

Con Gingerale pretendo ser poeta; con Tarúpida me divierto jugando a la poeta (sospecho que es lo que me sale mejor) .

A través de Mamá Gingerale, relatos inspirados en anécdotas de mis hijos. Tengo un dúo de mocosos geniales, el blog se escribe sólo.

Como me gusta opinar y me hubiera gustado ser bruja, me inventé a la Brujita para no quedarme con el antojo.

Algún lector preferirá a alguna de ellas y otro las detestará a todas por igual. (¡Por favor que haya algún lector!)

(A mi psicóloga, quien nunca me mostró su título profesional, le pareció muy bien este despliegue multipersonalístico).

Balada para un loco – Adriana Varela & Goyeneche