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Crisis para todos. Oportunidades sólo para algunos.

Un siempre recurrente slogan del management nos dice que en cada crisis hay también una oportunidad, y se busca ratificarlo haciendo referencia a que en la escritura china la palabra “crisis” se escribe igual que “oportunidad”.
Por supuesto, ninguna de las dos cosas son totalmente ciertas.
Hasta en un capítulo de la serie animada norteamericana “Los Simpsons” se hizo referencia a este mito.
En el idioma chino, la palabra “crisis” se compone de dos ideogramas:
• Wēi (危) que se traduce como “peligro”.
• Jī (simplificado: 机, tradicional: 機) que, entre otras, se puede traducir como “chance” u “oportunidad”.
Es decir que, de acuerdo a la escritura china, podemos ver una crisis tanto como un peligro como una oportunidad.
En este sentido, numerosos especialistas han querido mostrar a la reciente crisis económica y financiera internacional como una oportunidad. Pero aquí es donde debemos detenernos y pensar seriamente, para que y para quienes es la oportunidad. Seguramente no es una oportunidad muy positiva para los nuevos millones de pobres y desempleados, o para los que perdieron su vivienda, o para los accionistas de los numerosas empresas quebradas o profundamente devaluadas. Como sí puede haber sido una gran oportunidad para los que especularon con la burbuja o los managers con “paracaídas de oro”.
Claramente si restringimos el término oportunidad a la posibilidad de encarar nuevos negocios o de abarcar nuevos mercados, seguirá habiendo ganadores y perdedores.
El caso de la Gripe A H1N1 es un ejemplo de ello: la excelente oportunidad de los fabricantes de productos de limpieza, alcohol en gel, barbijos, deliverys y alquiler de dvd’s fue la contracara de la profunda crisis del sector turismo, transporte, espectáculos y comercio minorista.
En estos casos la crisis nos llega a todos, pero sólo unos pueden aprovechar la oportunidad.
Pero, asimismo podemos ver otras oportunidades más convenientes, que no salven a unos pocos sobre el fracaso de otros, sino que sirvan a la economía en su conjunto, también para prevenir nuevas crisis.
Así esta crisis es una oportunidad para repensar seriamente el papel regulador de los estados en el mercado financiero, la importancia de la ética y la responsabilidad social en los negocios, la imperiosa necesidad de un desarrollo sustentable, el combate a la burocracia y la búsqueda de la eficiencia en el marco de un nuevo modelo gerencial productivo.

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Ante la crisis, salir hacia atrás o salir hacia adelante.

Más allá de la alegría inicial que pueda sentir por esa nueva ansia de recurrir a las lecturas que durante años el neoliberalismo nos planteó como vetustas y obsoletas, creo que este volver a las fuentes en el pensamiento económico merece un análisis, aunque sea breve.Como asiduo lector de los clásicos del management y la economía (Taylor y Simon; Weber y Marx; etc.), nunca tuve dudas en pararme en la vereda de enfrente del liberalismo y sus apologistas, y preferir las lecturas progresistas o, más llanamente, de izquierda.

Pero el pretender encontrar hoy las respuestas que nuestro mundo necesita para salir de la crisis en textos que tienen entre ochenta y ciento cincuenta años parece cuanto menos ingenuo. Sin dudas ese volver a los clásicos de Keynes o de Marx es el primer reflejo de una sociedad desconcertada que recurre a lo viejo mientras no lograr avisorar lo “nuevo”.

Y ese es el desafío: empezar a pensar y debatir que es y como debe ser lo nuevo. Y en ese camino, sin dudas, los clásicos pueden ser necesarios, pero nunca suficientes.

A continuación les dejo un artículo del diario “Clarín” del lunes 23 de febrero.

El regreso de las teorías económicas clásicas

Con la crisis, Marx resucita en la discusión económica

En la Argentina crecieron 35% las ventas de El Capital. Furor global por el filósofo alemán.

Por: Sebastián Campanario

Alguien tenía que vengar el cierre del cine Cosmos, que proyectaba películas rusas en la calle Corrientes. Y es ni más ni menos que Karl Marx, cuyas ideas, crisis mediante, cobraron un renovado protagonismo en el debate económico.

En la Argentina, las ventas de El Capital, la obra fundamental del filósofo, historiador y economista alemán, crecieron un 35% en el segundo semestre de 2008 el relación a los primeros seis meses del año. “Y la consultas de libreros y público con respecto a la obra han aumentado mucho también”, dice Laura Campagna, vocera de Siglo XXl. La editorial tiene media docena de libros de Marx en catálogo y la traducción más demandada de El Capital, que se hizo en los 70 un grupo multidisciplinario y demoró 8 años.

El estado de perplejidad en el que se encuentran los economistas a la hora de entender la crisis hizo resurgir el interés por los autores clásicos. La vuelta de las ideas de John Maynard Keynes, padre de la macroeconomía moderna, fue el dato del 2008. Pero a medida que la debacle se profundiza surgen interpretaciones más radicales. Y ahí entra Marx, que resucitó y arde en blogs, seminarios y revistas del ambiente económico.

“Esta crisis no es ni financiera ni actual; se trata de una expresión de la acumulación de capital a escala mundial, producto de la sobreproducción general inherente a las economías capitalistas”, explica Guido Starosta, economista argentino e investigador de la Universidad de Manchester, en Inglaterra. Starosta, una autoridad académica en economía marxista, sostiene que “el desarrollo de la crisis responde en rasgos generales a los mecanismos ya descubiertos y analizados por Marx”.


Los libros del padre del socialismo se agotaron en Alemania y otros países. El ministro de Finanzas alemán Peer Steinbruck dijo recientemente que las respuestas de Marx a los problemas de hoy “podrían no ser irrelevantes”. Y hasta el presidente Francés Nicholas Sarkozy se permitió posar para unas fotos leyendo Das Kapital.


“La implicancia de la renovada popularidad de Marx es que muchos ven al sistema capitalista como esencialmente quebrado”, dice Harold James, historiador de la Universidad de Princeton.


El enamoramiento es tal que tracendió el ámbito económico: en Alemania se prepara una película sobre El Capital y su merchandising también es demandado: “Sacamos varias agendas con personajes históricos para fin de año, y la más vendida por lejos fue la de Marx”, dice Campagna.


¿Qué cabe esperar de aquí en más según los marxistas modernos? “La respuesta de los Gobiernos fue una huida hacia adelante con bajas de interés y absorción de deuda tóxica”, sigue Starosta, “en el mejor de los casos, se retomará un crecimiento lento, pero el problema va a reaparecer”. Y concluye: “En cualquier caso, los descubrimientos de Marx muestran su vigencia: el capitalismo encierra contradicciones insalvables que, tarde o temprano, estallan en crisis sistémicas.”

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Krugman, el Nobel. Por Daniel Muchnik

Reproduzco a continuación el post publicado el día de hoy en el blog de Clarín del periodista y economista Daniel Muchnik con referencia al Premio Nobel otorgado al economista norteamericano Paul Krugman.

Saludos.

“Aquellos que creemos que la Economía no es tan sólo un asunto académico, no es un secreto guardado en torres de marfil y sí es una cuestión de compromiso con el presente, nos sentimos gratamente sorprendidos y halagados con el Premio Nobel otorgado a Paul Krugman.

Más allá de todo, incluso de algunos equívocos, propios de un hombre acelerado, Krugman ha transitado (y lo sigue haciendo), la mayoría de las veces en total soledad, todos los caminos de la vida intelectual: es profesor universitario en una de las más destacas universidades norteamericanas, es periodista y es por momentos un rabioso participante de las polémicas políticas. Y se ha jugado aunque fuera a contramano de pensamiento consagrado y supuestamente verosímil con opiniones y sugerencias muy personales que no concilian -para nada- con el establishment financiero y productivo de su país, la principal potencia mundial.
Fue casi el único, desde los Estados Unidos, que cuestionó la Convertibilidad de Menem y Cavallo (y advirtió a tiempo su derrumbe). Más tarde alertó sobre la timba financiera y criticó a fondo la acción del anquilosado zar Allan Greenspan, titular de la Reserva Federal, con sus manejos de las tasas de interés y su complicidad con la acción de los bancos que hacían crecer la bola de las hipotecas “sub-prime”. Krugman es un enemigo de la economía bélica y de sus corporaciones (las mismas que denunció el ex-presidente Eisenhower) y se erigió en la piedra del escándalo al oponerse a la participación militar en Irak cuando todos aplaudían a Bush y a su equipo, y se sometían a las mentiras de varios parlamentarios y algunas Tribunas Políticas.

Krugman es, entonces, un técnico en acción, que tiene los pies en la tierra, que habla de la gente y no de las fórmulas matemáticas, que formula propuestas y que no se calla. Que sabe comunicar y lo hace con gusto. En una de sus típicas volteretas, la Academia Sueca, sin duda, al premiarlo, está poniéndole la corona a quien adelantó la crisis global que estamos viviendo y acorraló contra la pared a sus culpables. Es un economista práctico, heterodoxo, profundo, inquieto y apasionado. Se vuelve a premiar -raras veces ha sucedido últimamente en el Nobel de Economía- a quienes ponen el oído al clamor ciudadano de todos los días y tratan de resolver sus problemas.”

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