Archivo para la categoría ‘Recursos Humanos’

“Las escuelas deberían funcionar las 24 horas del día”.

En una entrevista publicada este domingo 1º de febrero por “La Nación Revista” uno de los futurólogos más prominentes del mundo, el norteamericano Alvin Toffler, virtió una serie de conceptos sobre la educación del mañana que me parecía interesante compartir con ustedes:

“Nuestros sistemas educativos hoy simulan el modelo de las fábricas, en las que los chicos siguen un horario fijo de ingreso y salida, y una rutina al estilo de un trabajo cualquiera, lo que estuvo bien mientras duró la sociedad de masas. Preparamos a los chicos para trabajos que, en su esencia, serán una suerte de línea de ensamblaje aun cuando esos empleos resultarán cada vez más escasos, y no avanzamos hacia una economía basada en el conocimiento individual”

“Como se combina lo que hoy aprenden los chicos en la escuela con lo que aprenden en Internet o en la calle?!”

“Preparan a los chicos para ayer, no para mañana”

“¿Por qué no sumar a las aulas a quienes sin ser maestros, pueden ofrecerles otras perspectivas de aprendizaje a los chicos? ¿Por qué no sentarlos durante media hora, una hora o lo que fuere con un piloto de avión? ¿O con un cocinero, un empleado de oficina o un empresario? Que se genere un ida y vuelta: ¿Que hacés? ¿Como es tu vida diaria? Y, más relevante aún, ¿Cómo introducir a los estudiantes al mundo actual, a la vanguardia de la tecnología de la información, cuando los maestros conocen tanto o menos de ellas que los alumnos?”

Que lejanos parecen estos planteos cuando todavía en nuestro país estamos discutiendo los empobrecidos salarios de los docentes y consideramos a la educación como un gasto y no una inversión. ¿Cuanta capacitación y formación podemos exigir y cuantas innovaciones implementar en estas condiciones?

  • Comentarios
  • 2 votos

Seis falacias sobre la crisis de Wall Street

A continuación reproduzco un artículo que me parece excelente, publicado por el portal Materiabiz.com y escrito por mi admirado Bernardo Kliksberg a quien sigo desde mis primeros años de estudiante de administración.

Conceptos muy similares a los planteados en el mismo fueron vertidos recientemente por Paul Samuelson en un reportaje publicado el fin de semana por el diario Clarín, cuando se refiere a los “demoníacos esquemas complejos que ningún CEO entendió y que ese sistema permitió que éstos ganaran 400 veces el sueldo promedio de sus empleados. Evidentemente hay cuestiones de la crisis que todavía muy pocos se atreven a decir, pero es bueno que sean prestigiosos pensadores los que tiren la primera piedra.Saludos.

Seis falacias sobre la crisis de Wall Street
“La crisis es coyuntural”, “la culpa es de los compradores de casas”, “el problema fue causado por errores técnicos fácilmente corregibles”, “los altos ejecutivos de los bancos perdieron mucho dinero con el derrumbe bursátil”. ¿Verdades o falacias?

Por Bernardo Kliksberg

Ante la crisis mundial, que generó la reunión del G-20 en Washington, circulan en América Latina una serie de falacias sobre sus causas. Falacias que pueden llevar a políticas que hagan “más de lo mismo”, agravando su impacto:

1) “La crisis es coyuntural”

Algunos economistas ortodoxos dicen que es una crisis más. Pero las cifras los desmienten.

El desempleo en los Estados Unidos ya saltó al récord del 6,5 por ciento, 10 millones de desocupados. De ellos, el 20 por ciento está desempleado desde hace más de seis meses, el más alto nivel de desocupación de largo plazo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Por algo afirma el Nobel de Economía, Paul Krugman: “es una crisis económica que será cruel, brutal, y larga”. Ocultar la importancia del problema no ayuda mucho.

2) “La culpa fue de los modestos compradores de casas”

Algunos afirman que los culpables son los esforzados trabajadores americanos que se endeudaron para comprar la casa propia, el gran sueño americano.

Pero, en muchos casos, no sabían de la letra chica de las hipotecas que los iba a colocar en situación imposible.

Además, explica el Premio Pulitzer, Tomas Friedman: “el banco que daba la hipoteca eludía el problema porque se la pasaba a un agrupador, y el banco de inversión que agrupaba esas hipotecas lo eludía porque se podía ganar mucho dinero dándoles buenas calificaciones. Así, algunos sectores de Wall Street empezaron simplemente a sacar dinero del dinero mediante ingeniería financiera”.

3) “El problema fue causado por gaffes técnicas fáciles de corregir”

No es lo que piensa Alan Greenspan, ícono de la ortodoxia económica, y Presidente de la Reserva Federal por 19 años.

Al ser interpelado por el Congreso de los Estados Unidos, declaró: “El paradigma moderno del manejo de riesgos estuvo en pie durante décadas. Sin embargo, todo ese edificio intelectual íntegro colapsó este verano”.

Autocriticándose, al revés de lo que hacen los economistas ortodoxos de la región, afirmó: “estoy en estado de estupor”.

4) “Hay que escuchar a las calificadoras de riesgos para que eso no suceda en América Latina”

Sin embargo, las calificadoras enfrentan graves problemas de credibilidad en sus países sede. El G-20 las criticó duramente.

En la interpelación que les hizo el Congreso norteamericano, Jerome Fons, ex Moody’s, declaró: “El modelo empresarial prevenía a los analistas de poner los intereses de los inversores primero”.

Frank Reiteró, ex Standard & Poor’s, afirmó “las ganancias presidían todo el show”.

5) “Los altos ejecutivos también perdieron, porque sus acciones bajaron”

Hoy se sabe que, como sus ingresos estaban ligados a las ganancias de sus empresas, las llevaron al más alto riesgo para ganar más personalmente en el corto plazo.

Ganaban 2000 a 1, lo que millones de laboriosos americanos perciben como salario mínimo. Pero además ganaban siempre.

Si la empresa ganaba, subían sus paquetes de compensación. Si perdía y los despedían, tenían que pagarles como indemnización los “paracaídas de oro”.

Sólo los 12 ejecutivos que presidían los grandes bancos durante la crisis recibieron, por su fracaso, 500 millones de dólares.

6) “Con cambios menores en el modelo todo se arregla”

Según las encuestas, los ciudadanos piensan diferente. Exigen intervención fuerte de las políticas públicas para detener la debacle, severas regulaciones, y control de los reguladores por la sociedad.

También piden responsabilidad social empresarial, topes a los salarios de altos ejecutivos, protección a los deudores hipotecarios, y a las multitudes de desocupados, progresividad fiscal, respeto al medio ambiente, fortalecimiento de las redes sociales, y reformulación del sistema económico mundial.

Sobre todo, los ciudadanos esperan que, como lo planteó Barack Obama, la economía vuelva a estar al servicio del “main street”, de la gente de la calle.

En América Latina urge todo eso, en lugar de justificar o minimizar la crisis.

Bernardo Kliksberg
Doctor en Ciencias Económicas. Asesor especial de la ONU, UNESCO, UNICEF y OEA. Autor, junto con el Premio Nobel Amartya Sen, del best seller internacional “Primero la Gente” (Planeta, 2008).

  • Comentarios
  • 2 votos

Una mirada con humor a la reestructuración empresaria y el trabajo improductivo (Segunda Parte)

Continuamos con el relato de Scott Adams sobre la reestructuración empresaria, en su libro “El principio de Dilbert”:

“La primera ronda de reestructuración acabó con personas como Dean y como yo, personas que ocupaban puestos de trabajo que parecían buenos en cuanto a su concepto, pero que no aportaban valor legítimo a nadie. La empresa mejoró sus ganancias y nadie tuvo que trabajar más duro a consecuencia de ello.

La segunda ronda de reestructuración fue mucho mas dura. Los empleados que quedaron tuvieron que trabajar más duro para hacerse cargo de los deberes de quienes habían sido despedidos. Pero en muchos casos hubo empleados “exentos”, lo que significaba que trabajaban horas extras sin montar una gran algarabía por el cobro de las mismas. Resultado: las empresas mejoraron sus ganancias. Sabían que habían encontrado un filón.

Durante la tercera ronda de reestructuración se eliminaron puestos de trabajo esenciales y en grandes números, pero sobre todo en aquellos departamentos en donde el impacto no se dejaría notar hasta por lo menos un año más tarde. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, la investigación, el desarrollo de nuevos sistemsa, la expansión del negocio y la formación. Resultado: las empresas mejoraron sus ganancias. Aquel condenado pozo de la reestructuración parecía no tener fondo.

Las empresas más osadas, que contemplan la cuarta ronda de reestructuración, confían en las promesas de la “reestructuración” para liberar algo de carbón humano para alimentar la barbacoa reducida.

El secreto del funcionamiento de la reestructuración es que los directores reconozcan el impacto psicológico. Los experimentos realizados con animales de laboratorio demuestran que si se aplican choques eléctricos continuos a un perro cautivo, su factura eléctrica terminará por ser tan grande que acabará enojándose con el perro. Las empresas aplican esta misma teoría médica a la reestructuración. Las primeras rondas suelen afectar a la gente que no le cae bien a nadie. Esos son fáciles. En las rondas posteriores, los directores empiezan a detestar genuinamente a los empleados que quedan. Se muestran lo bastante despiadados como para poder despedir incluso a miembros de la familia, mientras tararean melodías de moda. Es entonces cuando empiezan los verdaderos ahorros.”

  • Comentarios
  • 1 voto