Gestalt! by Gustavo, blog

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Gustavo Nisivoccia

La presencia del Coach

 

Tomo de Edwin Nevis (autor que ha llevado la práctica de la gestalt al mundo del coaching y las organizaciones), el concepto “presencia”. La presencia es “la vivencia de los valores de tal manera que en en el propio “ser y estar”,” el coach enseña al cliente estos conceptos importantes “(1).

Un coach entrenado hará que estas habilidades se integren y conviertan en naturales en su interacción con los clientes y por ello cada coach tiene la posibilidad de desarrollar su esencia en un estilo único.

La presencia denota una buena integración entre conocimientos y comportamientos. Cuanto más coherente y convincente es la persona, más rica es su presencia.

Digo lo anterior, porque en los ejercicios que practico con mis alumnos, uno bien interesante es comenzar a prestar atención a la presencia individual. ¿Qué genero en el otro? ¿Cuáles mis fortalezas, cuáles mi debilidades? Todos recibimos algún tipo de retroalimentación sobre nuestra forma de ser y estar en el mundo. Sin embargo, no siempre estamos conscientes de dicha forma y pocas veces la pulimos, la trabajamos, la desarrollamos.

Somos nuestra propia herramienta y por ello merece toda nuestra atención desarrollar y consolidar un estilo propio.

Yoga, deporte, y no sólo habilidades conceptuales. Amabilidad, sensibilidad, cultura y no únicamente técnica… etc.

El coaching, admite la integración de innumerables técnicas y destrezas al servicio de acompañar al otro.

Lamentablemente, en coaching, varias veces me he sorprendido con tamañas incoherencias: coaches fríos, distantes; o atrevidos, irrespetuosos;  autosuficientes y hasta sin escrúpulos… ¡Caramba! Qué poca integración… qué pobreza espiritual…

 El coaching trasciende la mera técnica. Vivir el coaching es también, crecer uno mismo, tomar de la propia medicina. Téngalo en cuenta, la persona que ud. ve, que ud. trata, ella misma tiene que resultarle buena compañía de camino.

@2010 | Gustavo Nisivoccia

1: Edwin Nevis, citado por Herb Stevenson en: OD PRACTITIONER, VOL. 37 , NO. 4 ( 2005)

El celular en el trabajo…

“Discúlpeme un minuto jefe, tengo una llamada”

Escenas ¿de una película?

Escena uno: la cola del supermercado no es tan ágil como sería de esperar. A medida que avanza hacia la caja, descubre que la cajera, con expresiones cambiantes, va pasando con una mano el lector del código de barras, y con la otra, como un pollo que picotea el maíz, va escribiendo un mensaje (SMS su expresión técnica) en su celular.

Escena dos: entra al banco y ve dos guardias en un rincón, riéndose y compartiendo algo en sus manos con atención… no es un billete que han encontrado, sino que están leyendo un mensaje que alguien más les envió al celular.

Escena tres: los periodistas acechan al ministro que finalmente va a dar su opinión frente a hechos de último momento…. sólo que el periodista recibe una llamada a su celular y la contesta, mientras los demás medios se quedan con la noticia.

Estas escenas no son de una película satírica, sino de la vida cotidiana moderna.

Tienen en común algunas cosas:

En todos los casos, las personas están en sus lugares de trabajo.

En todos los casos, desatienden sus obligaciones.

En todos los casos, la sensación de los demás, es de fastidio.

La revolución celular avanzó, decenas de promociones por año, precios constantemente a la baja, variedad de modelos y además, una moda. Todo eso confluye para que el celular se haya vuelto … el cigarrillo del futuro!!!

Entre los terrenos en que se lleva adelante la batalla por el mal-uso del celular, los cines, teatros y centros de espectáculos, así como mientras se maneja, son áreas “liberadas”, donde por lo menos es claro y aceptado que no es conveniente su uso.

En todos los demás sitios, no es tan clara la situación.

Sin embargo, cada vez está más clara la incomodidad que provoca la atención de llamadas frente a terceros: restaurantes, ómnibus, supermercados, por ejemplo. ¿O acaso no se incomodó cuando en aquél parador frente -al mar mientras disfrutaba del paisaje- la persona de la mesa de al lado se puso a hablar a los gritos por su celular? ¿Y sufrir la pelea de la joven del asiento de atrás en el ómnibus con su novio?

Tiempos modernos

Hay una idea que parece estar subyacente: estar disponible, estar accesible. El tiempo en que nos movemos es el de la “disponibilidad”.

Una pregunta que nos podríamos hacer, es ¿disponibles para quién? ¿disponibles para qué? A juzgar por cómo intercambiamos teléfonos y atendemos, la disponibilidad parece ser para cualquiera. Estar disponible pasa a ser un valor a ultranza, más allá de quién sea el otro interlocutor.

La segunda pregunta parece un poco más complicada. Disponibles para escuchar las demandas de otros, para estar a la orden, para lo que alguien nos comunique. Alguien que habíamos dicho, podía ser cualquiera.

En ese sentido, estamos presionados para estar en línea, disponibles. Cualquiera nos ubica en cualquier momento y nos irrumpe con su mensaje, pedido, demanda, duda, etc.

El actor en el London Theatre paró la escena cuando una señora se puso a hablar por teléfono, luego de dejarlo sonar varias veces. El mismísimo Kevin Spacey (Los Soprano) hechó a un espectador que dejó sonar varias veces el celular y lo atendió en el teatro donde él actuaba. Una persona demandó a otra por agresión, cuando la tomó de un brazo para que dejara de hablar en un cine de Estados Unidos.

Esta mayor disponibilidad, sin embargo, no parece verdadera, sino una vez más, estamos en un mundo de ilusiones, donde construimos una falsa disponibilidad. El mecanismo es perverso: estamos fácilmente ubicables, para prestar oído, pero cada vez tenemos menos concentración y posibilidades de hacer algo con lo que recibimos. Una solución al vuelo, un consejo poco meditado. Algo fugaz. Y nuevamente, cada uno en lo suyo. Flashes intermitentes. Contactos rápidos y pasajeros.

Para quienes llaman, la sensación de “sacarse el problema de arriba”, pues una vez hablado o mandado el SMS, ya está: es tu problema!

Para quienes reciben las llamadas, la disponibilidad fácil esconde su contraparte: soluciones fáciles, de poco compromiso u olvidos. A no ser que sea importante la llamada o mensaje, el ser humano encuentra mecanismos para dejarlos de lado. Por ese motivo, más accesibilidad no necesariamente significa más comunicación.

Mecanismos de interrupción

La forma en que nos manejamos, tiene que ver con los mecanismos que utilizamos y por ello no es tan simple cambiar la forma en que actuamos. Mi forma de defensa, mis mecanismos neuróticos son parte del tema.

Desde la Gestalt, podríamos ver los mecanismos personales que pueden estar en juego:

Introyecto

Mecanismo por el cual se da como verdadero algo que proviene de fuera, y que es aceptado sin digerir ni analizar. Los introyectos se aplican sin razonamiento, son mandatos.

En este caso, la necesidad de estar disponible, de atender una llamada telefónica “si o si” parece ser un introyecto social. Más allá de la conveniencia o no, de la discriminación entre si es posible atender o no, se responde automáticamente.

¿Será que siempre “hay que” atender?

Confluencia

La confluencia es la falta de límites entre mi persona y el otro. La necesidad de quedar “pegados” a los demás, de co-fluir, de fluir con el otro. Es la imposibilidad de despegarse, de “cerrar” la experiencia con el otro. En este caso, la imposibilidad de cortar la llamada, de decir “ahora no puedo”, “llamame en otro momento”, o lisa y llanamente de no atender.

¿Qué me impide diferenciarme, marcar el límite?

Deflexión

Otro mecanismo en juego es la deflexión. La deflexión es un mecanismo que nos permite evitar tomar contacto con lo que estamos viviendo, interrumpiendo el devenir, llevando la atención para otro lado. Quien deflecta, interrumpe algo.

Sin embargo, la atención de llamadas en cualquier momento, puede llevar a la interrupción de lo real, de lo que se está viviendo en el aquí y ahora. Esta evitación, cuando es permanente, nos arriesga a llevar a un mundo de mayor soledad, por falta de tomar contacto con lo que se está viviendo. No en vano, pese a que hablemos constantemente por teléfono (acompañamiento virtual), puede primar la sensación de soledad (que es lo real).

¿Qué estoy evitando o interrumpiendo? ¿Qué es lo que no quiero contactar?


Desde este punto de vista, el uso del celular es apenas una forma más de manejarnos con nuestros mecanismos, con nuestras formas de neurosis…

También tiene “el color” de las formas neuróticas modernas, organizacionales y sociales.

Estableciendo límites

Si al principio todo era novelería, y existía discreción, ahora el tema emerge como un problema. En el lugar de trabajo, la situación es más compleja. El mundo privado irrumpe con el mundo laboral. Ya no es necesario pedirle permiso al jefe para usar el teléfono. Tampoco “la patrona” filtrará más las llamadas a su empleada. Dependerá de la forma en que cada empleado maneje el tema.

Poner foco en el uso del celular en el trabajo es todavía un aspecto al que se ha entrado tangencialmente. Creo que conviene empezar a prestarle atención en lo laboral, porque cada vez más estamos expuestos a mal servicio, defectos o hasta accidentes por el mal uso.

Ya es común y existe algo así como la “etiqueta celular”, especie de decálogo de “buenos modales” que se han establecido para quienes usan el aparatejo en general, y en particular en el lugar de trabajo. En muchas empresas, se ha ido pautado el uso en el reglamento de personal, siguiendo los pasos del uso de internet y el correo electrónico.

En todo caso, es parte de la reflexión para una mejor convivencia, y las pautas deben trabajarse con dicho criterio.

Algunos ejemplos de pautas:

Uso del mute, en toda situación en que se dude respecto a la conveniencia o no de recibir llamadas.

Uso de ringtones que no le hagan pasar vergüenza, considerando los ambientes en que se mueve. Imagine la consultora de empresas, cuando en medio de una reunión muy solemne, le sonó el celular al ritmo de “la cucaracha”!!!!

Excúsese cuando recibe una llamada.

Cuando use el teléfono, evite hablar fuerte. Elija lugares alejados del resto de las personas.

Limite la atención de llamadas a lo importante, dejando el resto para la casilla de voz.

El ejemplo

La tarea no es tan fácil y como siempre, no sólo es exigir, sino también predicar con el ejemplo.

¿Está dispuesto a empezar por usted?


@2005 Gustavo Nisivoccia

Artículo presentado en el programa “Mercadomística”, 95.1 FM Studio 95, Punta del Este (Uruguay)

Formación internacional: Coordinador de grupos en organizaciones

curso 2011

El curso se desarrolla en Montevideo, Uruguay, y tradicionalmente ha contado con participantes provenientes de Argentina, Brasil y Paraguay.

Los precios se expresan en pesos uruguayos ($1 Arg = $5.40 Uru)

El Rey y su coach

La película “El discurso del Rey” plantea el caso del Rey Jorge VI y todo el proceso de tratamiento de su tartamudez desde que era príncipe, hecho que era un problema para el desempeño de sus funciones, máxime cuando finalmente fue coronado luego de la abdicación de su hermano.

En aquellos años, la radio abría a la Inglaterra colonialista, la posibilidad de que los discursos de la realeza se difundieran por todas sus colonias en el mundo. Es expresiva la escena que muestra la sala de transmisión de la BBC “Imperial” con todos los equipos transmisores para cada una de las colonias o territorios por los cinco continentes. Y Jorge tartamudeaba quedando en sufrido silencio durante eternos segundos, luchando con lo que tenía para decir y no pronunciaba…

El filme muestra como la esposa del príncipe (Isabel) se empecina en buscarle algún tratamiento, mientras él se ubica en un término medio entre el “quiero-no quiero”, en medio de tratamientos bastante vergonzantes, donde todos se concentran en “la voz, la tartamudez”.

Finalmente, llega al encuentro de quien lo acompañará a transitar el camino de superación de su tartamudez, Lionel, un actor australiano venido a menos y que se ha especializado en el tema de “los problemas del habla”.

Interesante, bien llevada la narración, la película nos relata un proceso que no es lineal, que está lleno de vericuetos, de altos, de retrocesos, de enojos y de alegrías, de intrigas y xenofobia… la primera queja del príncipe habla del cambio: en lugar de focalizarse en “su problema” con la voz, Lionel indaga -por primera vez- en asuntos de su vida particular…

Lo que vemos en esta película tiene mucho de un verdadero proceso de coaching. Existe una limitación, la conciencia de ésta y un cierto deseo de superación, todos los miedos y sentimientos de “no poder”, para lo cual se contrata a Lionel.

La zona de comodidad del príncipe Jorge es más o menos obvia: acompañar y sostener a la realeza, desde un lugar de apoyo, siendo incondicional de su hermano mayor (Eduardo VIII) como heredero de la corona. Ha sido criado para eso, para ser “segundo” y la tartamudez lo exime de ocupar algún lugar notorio…
La incomodidad o sufrimiento también es obvia: mal que le pese, ha de pronunciar discursos donde todo el mundo está expectante por sus palabras, y hasta es un obstáculo en la comunicación con sus hijas Elizabeth y Margarita. Es muy interesante cuando discute con su hermano el Rey Eduardo VIII, y queda totalmente trabado y sin capacidad de responderle, hecho que lo contacta -una vez más- con su limitación.

El papel de Lionel, como coach, no es menos interesante. Rechazado como actor, australiano y por lo tanto un “ciudadano de segunda” en la Londres imperial, sin títulos universitarios, Lionel es otro sobreviviente. Tras una máscara en la que se muestra seguro y hasta soberbio, Lionel sobrevive como puede en un apartamento en un subsuelo, húmedo y descascarado.

Como coach, se plantea muy acertadamente que sin la voluntad de Jorge, ningún tratamiento será posible y es bien interesante observar los diálogos tensos, donde desafía y provoca al esquemático príncipe. Es que Jorge ha construido al su alrededor toda una coraza de excusas y razones para no salir de su zona de comodidad: que no puede, que nació así, que los tratamientos “no sirven”, los esquemas de la realeza y el lugar y distancia que deben poner a los demás… Jorge tiene toda una construcción (aprendida) de “lo que es correcto e incorrecto”, de “lo que se puede y no se puede”, donde su lugar no ha de ser de destaque.

Me detendré en una escena en la que Lionel tiene la certeza que su cliente “tiene potencial” y podría ser el Rey. Sabe del desastre que es el hermano y su actitud como Rey, de los rumores de la abdicación, y se da cuenta de la potencialidad del príncipe Jorge.

Entonces, lo invita a pasear y dar una caminata, donde lo irá desafiando… Sin embargo, comete un pecado frente al coachee o coacheado: lo empuja a donde él quisiera llegar, a dónde a él le gustaría que su cliente vaya, donde le parece que es el mejor lugar para su cliente: le dice que debería ser el Rey, que tiene las mejores condiciones.

Obviamente, Jorge responde con enojo, marca el límite sobrepasado y lo abandona, muy muy enojado… para el príncipe, esta proposición es “traición”, nada más lejos de toda su formación como ”segundo” fiel e incondicional a la corona.
Y acaso ahí pudo estar el fin del proceso, y casi lo estuvo…

Quería reflexionar sobre este punto. Siempre nos puede pasar que “nos gustaría” que nuestro cliente estuviera en tal o cual lugar, que “es una pena” si no da tal o cual paso… Ahora bien, esa es una actitud que falta el respeto al otro.

No es donde nos guste a nosotros que irá el coachee, no somos nosotros los que hemos de decirle hacia donde debe ir. Hacer eso es ubicarnos en un rol paternalista, de alguna forma “superior” al cliente (”yo sé lo que te conviene”). Por eso, en coaching, trabajamos para que las personas alcancen aquellos lugares donde quieren estar, y nuestra tarea es la de apoyarlos incondicionalmente, sin juicio. Y si acaso sospechamos que hay lugares mejores, si acaso percibimos los boicots del cliente para no brillar, entonces, trabajaremos para que la propia persona haga sus procesos tenga sus “darse cuenta” y elija ir hacia donde quiera ir.
Es más difícil que dar una receta. Obvio!

Finalmente, pudieron volver a andar juntos, pidiendose disculpas y focalizando en el proceso a continuar… ahora sí podían retomar aquél camino, sinuoso, arduo, como la vida y nuestros procesos… desde el respeto mutuo y la horizontalidad. 

A la hora del coaching:
Como cliente: Cuidado con comprar bastones, recetas o soluciones fáciles a nuestros problemas.
Como coach: Cuidado con pararse en la certeza, la omnipotencia y el paternalismo, dando consejos.

@2011 Gustavo Nisivoccia


“El discurso del rey”/The king’s speech.
Dirección: Tom Hooper.
Reino Unido. 2010. Colin Firth (Bertie, rey Jorge VI), Geoffrey Rush (Lionel Logue), Helena Bonham Carter (reina Isabel), Guy Pearce (rey Eduardo VIII), Jennifer Ehle (Myrtle Logue), Derek Jacobi (Cosmo Lang), Michael Gambon (Jorge V), Timothy Spall (Winston Churchill), Anthony Andrews (Stanley Baldwin). 

Cultura de mierda

 

  • El gerente, recién casado, pasa no más de 5 días al mes con su mujer, mientras viaja de país en país el resto del tiempo. Con 27 años, y muy buen salario, luce bastante mayor. Está angustiado, porque elegir su matrimonio por sobre su carrera sería “un fracaso”…
  • El cadete se mató en un accidente. Después de agonizar un tiempo, murió una mañana, la misma en que su gerente (el del cadete) se reunió con otros colegas para hablar sobre la empresa, sin mencionar en ningún momento el tema. (”El show debe continuar…”).
  • Durante el curso de maestría que se realiza en una multinacional cervecera, los participantes (todos colegas) reciben una bolsa con tomates. Son estimulados a tirarle tomates al participante que diga “pavadas” durante alguno de los análisis de casos que estudian.
  • Con 25 días de nacido su primer hijo, la gerenta fue invitada a trasladarse a otro país. Pudo no aceptar, aunque confiesa que si lo hubiera hecho habría sido relegada… Hoy vive en un país, su marido en otro y el niño pasa con su niñera…

¿Vale la pena seguir con la lista? Ud seguramente conozca algún caso similar, menos rimbombante quizás, aunque igual de penoso para quien lo vive.

Si la cultura organizacional es “la forma en que hacemos las cosas aquí” (1), estas formas de hacer las cosas parecen una… mierda.
Al fin y al cabo, no sólo es lícito sino imperativo que nos preguntemos el para qué de lo que construimos. Y si la cultura organizacional es esa construcción colectiva, el para qué tiene que estar vinculado a qué queremos con un trabajo, con una empresa, con una organización.

Obviamente el lector se imagina que es “dinero”, “éxito” y cosas por el estilo las que animan a estas culturas a empujar hacia adelante sin mirar mucho la forma en que lo hacen. Y mientras tanto, la vida continua. Y un día -con más años encima- miraremos para atrás y nos preguntaremos “para qué” todo eso, y si valió la pena.

Una vez leí que nadie en su lecho de muerte pediría 15 minutos más de vida para ir a la oficina…

Entonces posiblemente otras cosas sean las importantes, y el trabajo sea un medio para poder transitar la vida sintiéndonos útiles y para tener los recursos necesarios para esas otras cosas.

Y si el camino que transitamos es lo importante, deberíamos cuestionarnos dónde trabajamos, cómo trabajamos y lo que realmente valoramos. Y desde ese lugar, cada uno con su granito de arena podremos construir mejores organizaciones, donde objetivos y formas sean más compatibles. Seamos críticos. Cuestionemos los modelos que vienen dados porque “el mundo es así”.

Incorporemos la alegría, el compañerismo, el compartir, el desarrollarnos desde nuestro lado luminoso, como valores importantes, esenciales, para los lugares donde trabajemos.

Y no tengamos miedo en decirlo, si ciertas prácticas parecen una verdadera porquería.

@2010 Gustavo Nisivoccia


(1) Edgar Schein

La oficina y la rueda de feisbuk

 

El tema de prohibir el acceso a ciertos sitios de internet desde la oficina anda dando vueltas… (1)

Lo que más me llamó la atención es la cantidad de expertos que salieron a protestar. Porque es ”taylorista”, porque la productividad no pasa por el tiempo que uno esté en la oficina; porque es mejor que la persona se administre, etc.

El posmodernismo también tiene estas cosas. Todo está bien, no hay drama, manejate… Todos somos grandes, educados y en este gran supermercado de la vida nos vamos surtiendo, eligiendo y tomando opciones. Esencialmente nada es malo, todo depende.

Ta bien. Yo mismo adhiero en parte a estas ideas, pues no creo mucho en lo “blanco y negro”.

Sin embargo, me pregunto si no está bien que lo que no se puede se diga así claramente: no. Me pregunto si todo está bien y si no hay acaso un cierto territorio de “derechos” y también de “obligaciones”.

El límite de velocidad era de 75 km/h y una señora que fue multada por ir a 80km/h escribió furiosa a Búsqueda por el tema. Que era una barbaridad, que por 5km/h más no pasaba nada, que cuántas cosas se dejan pasar y que porqué ella tenía que pagarlo. No me refiero a una indigente, iletrada o analfabeta, sino que a una señora de mediana edad de Pocitos, profesional y todo.Y se creía con derecho, eso es lo peor…

Entonces, ¿cuál sería el límite? ¿dónde está el borde del “no”?

Porque los límites existen. Si a usted por un milímetro se le cae el vaso del borde de la mesa, se le rompe. Y fue por un milímetro!!!!! Por un segundo perdió el ómnibus… Y fue por un segundo!!!! ¿a quién le reclamará?

Claro, hay límites de convivencia, acuerdos, que se van ajustando. Bien. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya (de nuevo) un límite.

El propio río forma y modela su cauce. Lo necesita para poder ser río, para portar vida. Y es verdad que el río desborda de vez en cuando, “protestando” por el límite, pero allí vuelve una y otra vez. De la danza de esas protestas se irán ajustando los límites, se negocian, pero ahí están para que toda su fuerza se canalice. Ahora bien, si no hubiera cauce, no tendría qué negociar…

Yo siento que la tarea de lo humano nos pone siempre frente a estos dilemas. En lo personal he aprendido a valorar los límites, porque mirar para otro lado -hacerse el nabo- es también una falta de amor y de cuidado hacia el otro.

Y que me perdonen, pero yo no creo que andar bajando pelis en la oficina sea de mucho provecho, qué quiere que le diga…

@2011 Gustavo Nisivoccia

 


(1) Nota publicada en Clarín, 25 de enero de 2011.

Internet en la oficina

 

El tema de prohibir el acceso a ciertos sitios de internet desde la oficina anda dando vueltas… (1)

Lo que más me llamó la atención es la cantidad de expertos que salieron a protestar. Porque es ”taylorista”, porque la productividad no pasa por el tiempo que uno esté en la oficina; porque es mejor que la persona se administre, etc.

El posmodernismo también tiene estas cosas. Todo está bien, no hay drama, manejate… Todos somos grandes, educados y en este gran supermercado de la vida nos vamos surtiendo, eligiendo y tomando opciones. Esencialmente nada es malo, todo depende.

Ta bien. Yo mismo adhiero en parte a estas ideas, pues no creo mucho en lo “blanco y negro”.

Sin embargo, me pregunto si no está bien que lo que no se puede se diga así claramente: no. Me pregunto si todo está bien y si no hay acaso un cierto territorio de “derechos” y también de “obligaciones”.

El límite de velocidad era de 75 km/h y una señora que fue multada por ir a 80km/h escribió furiosa a Búsqueda por el tema. Que era una barbaridad, que por 5km/h más no pasaba nada, que cuántas cosas se dejan pasar y que porqué ella tenía que pagarlo. No me refiero a una indigente, iletrada o analfabeta, sino que a una señora de mediana edad de Pocitos, profesional y todo.Y se creía con derecho, eso es lo peor…

Entonces, ¿cuál sería el límite? ¿dónde está el borde del “no”?

Porque los límites existen. Si a usted por un milímetro se le cae el vaso del borde de la mesa, se le rompe. Y fue por un milímetro!!!!! Por un segundo perdió el ómnibus… Y fue por un segundo!!!! ¿a quién le reclamará?

Claro, hay límites de convivencia, acuerdos, que se van ajustando. Bien. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya (de nuevo) un límite.

El propio río forma y modela su cauce. Lo necesita para poder ser río, para portar vida. Y es verdad que el río desborda de vez en cuando, “protestando” por el límite, pero allí vuelve una y otra vez. De la danza de esas protestas se irán ajustando los límites, se negocian, pero ahí están para que toda su fuerza se canalice. Ahora bien, si no hubiera cauce, no tendría qué negociar…

Yo siento que la tarea de lo humano nos pone siempre frente a estos dilemas. En lo personal he aprendido a valorar los límites, porque mirar para otro lado -hacerse el nabo- es también una falta de amor y de cuidado hacia el otro.

Y que me perdonen, pero yo no creo que andar bajando pelis en la oficina sea de mucho provecho, qué quiere que le diga…

@2011 Gustavo Nisivoccia

 

 

 

 


(1) Nota publicada en Clarín, 25 de enero de 2011.

Integrar o separar

Apuntes desde Bolivia

Días pasados, estando en Bolivia, el presidente Evo Morales visitó sorpresivamente al goberandor de Santa Cruz, Ruben Costas, acordando apoyos estatales a proyectos de infraestructura en la región, dando pasos en un camino de diálogo con la oposición, que aún se vive con desconfianza desde Santa Cruz.

La historia de desencuentros entre el occidente y el oriente boliviano son viejas y ha llegado a tener momentos de violencia importantes. La “nación camba” como hablan en la zona de Santa Cruz, expresa una identificación regional teñida por aspectos culturales, y también fuertemente político – económicos.

Así las cosas, la integración de un Estado Plurinacional y el efectivo ejercicio de las autonomías locales o regionales expone a este país latinoamericano a complejas tensiones entre la integración y la diferenciación, algo que también se ha observado en otras partes del mundo y se expresa en las tensiones entre lo global y lo local.

En lo organizacional, esto no es diferente. Fusiones y adquisiciones, empresas globalizadas, cooperativas, toda organización compleja expresa en su seno las tensiones a las que me refería.

En 2008, Carrocerías Irizar decide alejarse del grupo cooperativo Mondragón, al que estaba unida. Según fuentes de la empresa carrocera, la razón principal del abandono de Mondragón ha sido que “nuestro modelo de gestión es propio y diferente, basado en un estilo de relación en el que todas las personas del proyecto están dotadas de capacidad de decisión”, evidenciando una crítica velada al modelo de gestión imperante en Mondragón, sentido como lento, costoso y burocrático.

Desde Mondragón, el abandono fue criticado como una decisión poco solidaria, donde la exitosa empresa -que había recibido importante ayuda económica en épocas malas- ahora abandonaba el paraguas corporativo, cuando era su turno de colaborar con otros.

Lo cierto entonces, es que los procesos de integración y separación están siempre en juego y que desde lo organizacional es importante reconocer y anticipar, siendo la ruptura o separación la expresión final de viejas tensiones.

Generar culturas donde prevalezca el respeto y la consideración a las particularidades y diferencias de los demás como algo positivo, donde puedan expresarse las tensiones y donde buscar soluciones conjuntas sea una posibilidad, son todas medidas a favor de la integración.

Integrar no es anular las diferencias, sino reconocerlas y considerarlas. Integrar es permitir que haya un cauce claro por donde fluyan las diferentes corrientes, sabiendo que existen límites y reglas de juego basadas en el respeto, la consideración de las partes, la idea de un bien superior y comun que los incluye a todos.

Por eso, desde la construcción de las formas de trabajo, desde cómo se procesan los conflictos y las comunicaciones, desde las políticas de gestión y de personal, tenemos espacios para ir construyendo mecanismos para administrar estas tensiones. No es avasallando, no es negando, no es silenciando las diferencias que vamos a lograr la unidad. No es tampoco con mezquindad y pensando únicamente en el corto plazo.

Y tampoco nada nos garantiza que no ha de darse una fractura. Sin embargo, el trabajo duro y constante en construir culturas de inclusión siempre nos van a permitir manejar -incluso las rutpuras- de mucho mejor forma.

Mi mayor respeto a los bolivianos, que transitan con toda su pasión el camino hacia una sociedad mejor y ojalá el presidente Morales y el gobernador Costas logren avanzar en la construcción de caminos de confianza mutua. Lo sucedido el otro día, parece un buen indicio.

@2010 – Gustavo Nisivoccia

 


 

Ud. puede supervisar sus prácticas en materia de gestión humana.

Sesiones semanales, quincenales o mensuales, donde pasar revista a su gestión, reflexionando sobre la experiencia, aprendiendo de su camino.

Reserva absoluta.

Gnisivoccia en gmail

Psicología Organizacional y gestalt aplicado a organizaciones

El grupo de Psicología Organizacional de la profesora Lina Bosch trata entre sus contenidos la gestalt.
Desde ya esta página está a disposición del grupo, en todo lo que hace a la aplicación de la gestalt al mundo de las organizaciones.

  • La profesora Lina Bosch dicta clases en el Colegio del Uruguay, Concepción del Uruguay, Entre Ríos – Argentina.


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