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Diciembre 22, 2011 | Por elyerard | # Enlace permanente

Nenucha Bustamante Escauriza
Pingui ¿tas ay? bueh, nunca te angarro en el chart..paresé un semásforo paresé..por ay te veo en rojo, por ay en verde, por ay anaranjeado pero nunca te cacho en Desponible,taqueloparió.Bué, no importa..sabé que te quería chusmiar? ayer me yegó un emeil de la Nenucha, te acordá? si, la Maria de las Mercedes Bustamante Escauriza, aunque eya nunca quiso que se sepa que del lado de la madre, o sea la tia Teodora yevaba ese apeyido. La cosa es que resibo una cartita abastante amavle de esta prima que hase como veintes anios que no le veo la fisonomia, que a efetos de ser cincera la guacha era mui agraceada y por eso, de tanto salir Reyna de todo los ebento sosiales acá en Los Nogales se terminó enganchando al mesmísimo hijo del estansiero que vivia en la Capetal y pasava los veraneos en este pueblito olvedado de la mano de Dió. Te acordá del petitero ese? el Juan Manoel Echeverria que sino me enquivoco venia a ser medio desendiente del próser tan conosido, el Estevan, por el cual la escuela Segundaria yeva ese nombre creo…No era mui lindo el muchacho pero andava siempre vien empilchado el loco, asta sonbrero se ponia nel verano, y ensima manejava una Cupé Torino color verde clarito me acuerdo, con el tapesado que imetaba la piel de tigre, y asta pasacasetes tenia!Bué, la cuesteón es que la Nenucha se lo enganchó y se casorearon en la estansia, ebento al que la parte pobre de la familia, o cea nosotro, no acistimo…vó era chiquito y capas que no ricordá todo el suseso social, pero la vieja se angarró una bronca que creo que desde ay no le dio mas pelota a su hermana, la tia Teodora, que hiso de segunda madrina y le pucieron un vestido descotado de encage negro que paresia una heladera de luto,jeje. Y se jueron a vivir al Buenosaires, creo que a la Recolecta donde está el mesenterio..yo ni loca ni mamada me voi a vivir a un lugar en donde mis vesinos sercanos sean los defuntos, Pingui, te juro..prefiero a la Choly y al calenton del marido, y al Samuel Yornatengo, que no ve un pomo pero que te saluda segual sin errarle el nombre a nenguno.Redondando, hermanito, ayer me entra un emeil de esta prima, que parese ser que me bio en el Feisbuc y toda melosa y mui atenta me envita para que vaya a visitarla a la gran ciudá! Yo me pregunto, a qué cornos voi a ir pá´aya? a mi tanto ruido, tantos auto todo ajunto me dan pasvor, la jente que te empujea y ni te dice Buendia y ademá con está inseguridá totalmente insegura que ay ahi, ni en pedo voi! ya beo que me rovan o lo que es pior, me hacen un secuestro esprés y ensima a mi siempre me gustaron mas las Creoyitas, que me suenan má argentinas, no creé vó?Me desia que no se podiamo estar tanto tiempo sin estrechar los lasos fameliares..aora se acuerda la pioja resusitada esta?, que quiere que yo…pará que masmejor te lo copeo testual lo que me escrivió: -Bety querida, me encantaría que vinieses a pasar unos días a mi duplex de la Recoleta, ya que enviudé hace poco y me siento muy sola. Mis hijos viven en Europa y ya repartir mi tiempo en obras de beneficencia, visitas a los museos, teatros y compras en los shopping me aburren. Siempre te recuerdo tan fresca y divertida que me haría muy bien que estés unos días acá conmigo….Y sigue nomás la cartita..Má yo me pregunto, qué culpa tengo yo de que se le murió el marido, de que los ijos estén en las Uropas y de que eya se amburra de pasiar y rascarce las tarlipes? y ensima dise que vive en un duples que capas que asta tenga acensor, con el cagaso que me dan a mi lo acensores y las escalera metálica! má que se busque una dama de compania o una mascota que le ladre,jaja…eso si, nunca supe que se dedicara a la costrución? segual que el Juaninacio parese que anda por las obras…Bué, Pingui, por respeto le voi a contestar pero ni pienso irme pa´la Capetal! yo soi una mina de pueblo, tranquila y sin asperasiones de codiarme con la alta sosiedá como la oliendo caca de tu jermu, la Gladi…ni le comenté que la Nenucha me envetó a mi premero porque se va a querér ir eya pa´la Recolecta ya que estaria como sapo en la laguna,jeje.Lo uneco que me da pena es que si me desidiera a visetarla podria lusir toda mi ropa flor y flor, asta la blusita de puntiyas que me compré hase poco color fusia..¿te me imajiná, Pingui, tu hermanita la Bety en plena piatonal Florida pasiando su humanidá clamorosa y elegante? Qué Mirta Legran ni ocho cuartos,jajaTe mando un abraso imenso y espero verte alguna vés conetado nel chart, aci se ponemo al dia con los chisme. Cuidate soumach..esa me la ensenió la Itatí que pal alemán es una lus, te juro.Otro beso, hermano. Postrata – Aca mando tambien la Maria de las Mercedes Bustamante Escauriza fotos con rus hijas retoñas, cuando todavia no sa abian ido a las Uropas.
Septiembre 28, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente
Habría que verlos
mostrando su prosapia
que se remonta a algún lejano barco.
Su relación de estiércol 
con el vulgo
no es para nada casual,
mas bien es de asco.
Habría que ver
su napia resingada.
Su ilustre amor
por placas y por lustres,
su larga data en sindromes morales
aunque con la moral y el bien
asean sus tujes.
Mírelos desfilar
mostrando su elegancia
a las diez de un domingo,
revoloteando el atrio
deseosos de plasmar
pingüe arrepentimiento
pura formalidad
para coimear al santo.
Allí van
como loros, cuestionando
lo que su pontificio saber
pinta de negro
no por iluminados, señor,
son solo cerdos
que encubren el hedor
rezando salmos.
De igual sentir
sus vástagos encaran
aquella triste experiencia que acometen:
que “mastienes”, “masvales”,
algo fuerte
entre la sociedad virtual
que los contiene.
Cagatintas, cholulos,
socarrones,
perfectos adulones
de la diosa “Hectárea”.
No hacen mas que plagiar
aspiraciones
y aglutinar cual cófrades
sus mañas.
Los aires de progreso
que proclaman
se contrastan de plano
con el resto
de sus cien mil cinturas
reaccionarias
que apestan la cultura
de mi pueblo.
Septiembre 26, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente
Se trata de Fabián Gutiérrez, que habría contruído en El Calafate un edificio de 480 metros cuadrados con terminaciones de “primerísima calidad”, pileta climatizada y gimnasio. Lo afirma una agencia de noticias santacruceña.
Fabián Gutiérrez, uno de los secretarios privados de mayor confianza de la presidenta Cristina Kirchner, sería del dueño de una casa en El Calafate, Santa Cruz, que tendría un valor de casi un millón de dólares, según la agencia de noticias Opi Santa Cruz.
Se trata de una casa construida sobre la manzana 802, según la demarcación catastral, en la cual ayer todavía se observa a varios trabajadores finalizar terminaciones y detalles exteriores.
Los enviados especiales de Clarín en Estados Unidos y Venezuela intentaron anoche consultar a Gutiérrez por esta versión pero no pudo ser conectado debido a que, al cierre de este edición, estaba viajando con la presidenta hacia la isla Margarita.
Gutiérrez fue nombrado secretario privado de Cristina por el decreto 64/2007. Empezó su carrera como cadete de la Caja de Servicios Sociales de Santa Cruz en 1995.
Al año siguiente se acercó al entorno del entonces gobernador Néstor Kirchner y desde allí no se separó más de él y su esposa. Al entorno de los Kirchner habría llegado de la mano de su madre Teresa García quien durante muchos años fue interventora de esa caja de servicios sociales.
Luego fue asesor de Cristina en la cámara de Diputados y en el Senado.
Durante ese período habría tenido la franquicia de los alfajores Havanna en El Calafate, entre otros negocios.
La casa en cuestión posee una superficie cubierta de 480 metros cuadrados y está construida en un terreno de 1.000 metros cuadros.
“Desde la grifería que reluce con estilo hasta el porcelanato de sus pisos, denota buen gusto”, dice el informe de la agencia.
Desde el exterior se puede observar un sector de la casa vidriado, elevado a unos 6 metros del suelo que corresponde a una pileta de natación climatizada de 10 por 6 metros, abastecida desde la sala de máquinas que se encuentra en un sótano de 12 metros cuadrados, donde funcionan los equipos de calefacción, refrigeración y humectación. Estos por medio de un sistema de sensores inteligentes ayudan a mantener un clima estable y controlado en el natatorio de la casa. Para la inauguración de la casa se haría una fiesta a la cual los invitados deberán ir en traje de baño.
Entre las comodidades con las que se ha dotado el edificio figura un gimnasio de 40 metros cuadrados que tiene baño con ducha y sauna. Para completar la jornada de relax la casa posee una sala de juegos, además de comedor, un quincho amplio, estar en desnivel y una cómoda cocina.
Luego dispone de un estudio con toilette que ocupa 15 metros cuadrados, dos habitaciones, una principal con vestidor y baño y otra en suite con Jacuzzi. Completa las comodidades de la vivienda una habitación de huésped.
La construcción de esta propiedad “cuyo valor ronda el millón de dólares y un costo aproximado a los $ 7.900,00 el m2, está a cargo de la empresa Consur S.A, propiedad de Claudia Villavicencio y Gerardo Racetto, su esposo”, dice OPI.
La dirección técnica del proyecto se encuentra, desde sus inicios, a cargo de Arquitecto Mariano Musacchino y quien llevó adelante la dirección de la obra es un conocido amigo de Néstor Kirchner, Raúl “Tito” Lascano, el hombre que en los ‘90 el entonces Gobernador de Santa Cruz lo puso al frente de SPSE (Servicios Públicos Sociedad del Estado) para que “saneara” la empresa de energía.
En el mismo terreno donde se levanta la propiedad de Gutiérrez existe una robusta construcción de madera y tal como las fuentes le refirieron a la agencia OPI, allí viviría la abuela de Fabián. Esa casa de 60 metros cubiertos le habría sido donada por Pablo Grippo, titular de la empresa Grip S.A, quien en sociedad con Gotti en un estudio de arquitectura diseñó y construyó Los Sauces de Kirchner y oportunamente fue beneficiario de un terreno de 10 mil metros cuadrados precio irrisorio, por parte del ex intendente Néstor Méndez.
Gutiérrez también habría adquirido en la suma de 200 mil dólares un amplísimo terreno contiguo a su propiedad. También en calle Gobernador Gregores 1224 de esa localidad cordillerana habría terminado un edificio con cuatro departamentos VIP y dos locales comerciales para alquilar. Siempre según la agencia OPI Santa Cruz cuando se encuentra en Buenos Aires, a Gutiérrez se lo vio manejando un Porsche negro.
Septiembre 4, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente

Agosto 24, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente
Cinema Paradiso
Bigand revirtió la Historia
Quienes amamos recordar la magia que llegamos a respirar de espaldas a aquella vieja cabina humeante; quienes no podemos negar que a su manera supo ejercer el tipo de docencia que el pueblo necesitó desde siempre; quienes caminamos por las ruidosas tablas de pinotea, la
mayoría de las veces a tientas, no hicimos otra cosa que acelerar los latidos, contener la respiración y aprovechar la oscuridad obvia de la sala para esconder aquella lluviecita surgida detrás de los frontales, como bien dice Silvio Rodríguez, aquellas nubes bajas entre oreja y oreja. Fue ese histórico viernes 21 de agosto cuando nuestro querido cine San Martín volvió a la vida, como torciendo el destino de aquel tan mentado Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore. Y vaya paradoja, volvió de la mano de esta película, tras 24 años de latencia, y por iniciativa de Germán Tombolini, alguien que supo revertir el desenlace de lo que en pantalla supo verse esa noche: al mítico Cine paraíso lo demolió el progreso; al San Martín le devolvió la vida.
La humeante cabina le dio paso al sistema digital de última generación y el enorme parlante algo chillón cedió ante un sistema de sonido envolvente. Pero los fantasmas del cine siguieron ahí, exactamente, entre las miradas incrédulas de jóvenes que jamás lo vieron vivo y las lágrimas de viejos cinéfilos (y otros no tanto) que supieron de un cine San Martin de pie, quizás como única salida sabatina de años atrás, al percibir el llamado de “la bomba”, tal lo sucedido esa noche de viernes rememorando viejas épocas. Y volverán a desfilar los días miércoles, los fines de semana y hasta hablan de reflotar aquel espíritu sesentoso de convocar a los viejos y tradicionales matiné de los domingos de invierno. Altamente destacable es comprobar que los integrantes del grupo Mural, junto a Germán y la gente de la Sociedad Italiana trabajaron a destajo para reacondicionar la sala e instalar los equipos, logrando de ese modo que después de casi un cuarto de siglo pudiésemos los bigandenses ver nuevamente un film en esa misma pantalla inmaculada que –honestamente- creímos perdida para siempre.

Diciembre 29, 2008 | Por elyerard | # Enlace permanente
La mañana se despertaba en calma como casi todos los días de ese verano insoportable. Las luces de la calle, ralas desde siempre, dejaban entrever por qué al alba los ruidos típicos de los amaneceres de arrabal dejan de rtenecer mas al reino de las sombras para formar parte del crítico paisaje cotidiano. Con todo eso en su sitio como marco , Ismael Guzmán permanecía sumido en cierta catarsis extrañísima que le hacía ignorar el sueño.
La incongruencia de vivir a medias era la causa y efecto de sus tristes horas recorriendo callecitas angostas que desembocaban en baldíos malolientes, de semanas completas regurgitando pan duro en lugares miserables y de cerrados pastizales que se encargaban de proteger de día a niños inocentes en juegos sencillos, aunque de noche enmascaraban el sudor caliente de parejas tan faltas de inocencia como de inhibiciones.
Cerca de allí las casonas de Belgrano acentuaban la bohemia recurrente de algunos poetas que se regodeaban nutriéndose de rubias vivencias acordes con la época del año en que vivían. De las puertas de la villa para adentro lo poético solo se iba desgranando lentamente entre las muelas afiladas de la desesperación y el desaliento. No había rimas elaboradas.
No había métrica alguna. No había plegarias por la paz ni alabanzas a nadie surgidas de la boca de quienes en pleno siglo veintiuno solamente luchan por llevar a la misma un triste pedazo de comida magra y alguna que otra gota de tinto de procedencia incierta.
Entre las idas y las vueltas por su suerte de mierda, Guzmán había aprendido a agachar la cabeza y mirar de reojo el triste paisaje que brindaba el viejo boulevard. Y el boulevard, por llamarlo de alguna manera, no era mas que una larga lengua de asfalto periférico que desembocaba en ese basural donde miserablemente procuraba lograr el sustento.
Casi como al pasar las moscas lo hicieron despertar del letargo caluroso de principios de año. La bombilla, todavía tibia, le hizo reflexionar acerca de lo importante que resultaba un buen amargo para poder engañar al estomago en los momentos de crisis.Un poco mas atrás, cerca del banquito de madera donde se había sentado y casi en dirección a la puerta ,que no era mas que una rústica cortina de cotín floreado, se bamboleaba ennegrecido un viejo almanaque de Alpargatas cuya tosca imagen abrazaba el contorno del taco calendario. “Cinco de enero…”, decía mirando de soslayo el pobre paisaje que entraba sin querer por la ventana mientras se hundía en lo mas hondo de sus recuerdos. Y así empezaba a desandar el largo periplo que hubo de llevarlo al lugar que estaba ocupando dentro de ese mundo pleno de tardes calurosas hábiles en la dura tarea de hallarlo tirando del carrito con ruedas de alambre, cuyos crujidos toscos se entremezclaban con el grito lastimero de los pájaros alcanzados por un hondazo.
“Cinco de enero…” repetía lenta, pausadamente. Rostros de amigos que hacía años habían dejado de pertenecerle volvían para decirle presente y, como si el tiempo no hubiera hecho mella, extraían de su pequeña alcancía de las cosas gratas aquellas bruñidas monedas de cobre con que alguna vez para esa fecha supieron estirar sus sonrisas desdentadas y morenas.
La cañada donde supo criarse también estuvo ubicada de manera preferencial en su retina. Insistió en revolver tímidamente aquellas turbias aguas por donde chapoteaba de chico para tratar de no pensar demasiado y hacerle a la vez una gambeta a la indiferencia de los otros. 
El ruido de la canilla que goteaba lo hizo bajar de la nube. Las moscas, con su característico zumbido generador de ideas marginales también pusieron lo suyo. La impotencia para sobrevivir en la indigencia lo clavó una vez mas por la espalda ,esa misma espalda que a lo largo del tiempo supo ingeniárselas para hacer frente a los muchos espantos sufridos; espantos que fueron cacheteando una y otra vez su dignidad y entereza moral.
De repente, el canto de las aves de corral dejó de escucharse por un instante dando paso mágicamente al jadeo entusiasmado del carasucia, quien envuelto entre los tules de la inocencia, se arrodillaba con entusiasmo para poder cortar los tallos mas tiernos del verde pasto que crecía inconstantemente al costado del gallinero, lindando casi con el caminito de tierra despareja por donde pasean su resignación ancestral los desteñidos carros de la miseria.
Se preguntaba de dónde sacaría su pequeño de tres años las fuerzas necesarias para trasladar el enorme fardo que había recolectado y aguantarse sin chistar las excoriaciones que pudo ver entre sus manos. Poco tardó en darse cuenta que la razón era obvia, que lo místico y lo sobrenatural se confundían en cada uno de los actos de aquella criatura morena que vivía pendiente de su particular noche de reyes.
Cortaba, gemía y miraba hacia arriba como dirigiéndose a un tal Melchor compinche de toda una vida, una corta vida de tres años para la cual todo se limitaba a escuchar con atención los cuentos metafísicos que entre gruesas gotas de sudor caliente inventaba el nono Ismael a su regreso a casa.
Ismael, a todo esto, veía con cierto resquemor, y por enésima vez, desmoronarse el sueño de toda una vida. Siempre había añorado ser Rey Mago, aunque tan solo fuera para trasnochar justificadamente y embriagarse de gozo cada noche del cinco de enero, mientras media ciudad dormita entre el olor y las pisadas de mil ratas de albañal sedientas y la otra mitad -por decirlo de alguna manera- duerme su sueño de paz.
En su exclusiva y divagante utopía justiciera dibujaba mentalmente la sonrisa de los chicos de la villa, a quienes imaginaba llenándose de asombro al levantarse para manipulear el golpe bajo de la pena en los
trenes suburbanos, cuando entre sonoros gritos de admiración y carcajadas de júbilo descubrieran el hueco de sus zapatos atestado de juguetes.
El ruido de la canilla, regular e implacable, lo volvió a bajar del limbo. Cayó a la tierra, se revolcó en el barro de la injusticia y emitió un débil quejido que bien podría haber sido de resignación o de impotencia. Supo así que la bronca entumecida era el único bien con que podía contar en ese momento .Y supo también que las lagrimas de su nieto humedeciendo el triste par de zapatillas vacías en la mañana siguiente serían, quizás, las gotas que rebalsan el vaso de la paciencia.
Septiembre 12, 2008 | Por elyerard | # Enlace permanente
Un buen día, de aquellos que no hay virus que se atreva a borrar de nuestro propio disco
rígido, lo trajeron a casa. Creo que fue para fines de noviembre del sesenta y ocho; y yo, pibe
atorrante al fin, estaba volando de fiebre merced a una estúpida recaída, consecuencia directa de cierta gripe mal curada muy a pesar de los obsesivos cuidados de mi vieja.
Esforzándome un poco para mirarlo de soslayo alcancé a verlo, tímidamente, por entre las
pestañas pegoteadas que a contraluz formaban líneas amarillo brillantes en mi retina. Lo vi y mis
ocho años escasos se iluminaron en forma repentina bajo la penumbra bajoneante de aquella humilde piecita verde agua.
Todos se habían percatado de que quería un perro, que lo necesitaba , tanto quizás como a la
foto de Madurga en la pared del fondo o el crucifijo de mi cabecera, señor, coronado por esa humilde ramita de olivo reseca que desde abril venía aguantando los cimbronazos del viento del sur cortante y descarnado a la hora de filtrarse chillón por entre las aletas de la persiana rota.
Mi viejo lo dejo en la puerta y el pobre can se quedó como con miedo, ostentando un
cuerpo diminuto asido a aquellos dos pares de patas retaconas que lo hacían patizambo y
desproporcionado. Con el correr de las horas hizo prevalecer su caradurez innata cuando comenzó a horadar con cierto descaro el borde derecho de la sábana revuelta, usando su particular hocico mas ancho que largo.
Su raza cualunque y ratonera le confería extrema debilidad por los roedores, algo que por sistema ponía en practica cada vez que cruzaba oliendo y escarbando por debajo del tejidito enano que dividía el patio con la quinta de mi abuelo.
Sin dudas supo ganarse con creces el cariño de todo el barrio , periférico por naturaleza , cuyo humilde plantel de edificios se remontaba a una pobre amalgama de tapiales raídos camuflados con lengüetazos de cal amarillenta y casitas simples de una planta, donde los chicos hasta se peleaban fiero por llevarlo a pasear .Nadie osaba tirar el primer hondazo al aire sin que el Pelusa estuviera allí, haciendo acto de presencia con su ladrido agudo apuntado a los cuatro vientos, gritando y sacudiéndose con alegría desde el fondo de una cuneta saturada de yuyos donde revoloteaban con desenfado decenas de corbatitas, de mixtos o jilgueros tan libres como las alas de nuestra inocencia…
Y allá iba el cuzco, mostrando su chuequera entre los terrones blandos de la tierra arada, corriendo a una liebre a veces, toreándole a los chimangos otras,o simplemente lamiendo mis canillas escuálidas salpicadas de barro ,las que se elevaban unos pocos centímetros por sobre las zapatillas Pampero agujereadas. Allá iba por la vida, con su diminuta cabeza overa y triangular creciendo conmigo y ofreciéndose como mudo testigo de hitos importantes en el destino de un pibe de pueblo nacido en calle de tierra. Primero fue la comunión. Después el fin de la primaria . Y mas tarde los primeros bailes, las trasnochadas, las broncas y la andanada de lamentos ante el inevitable resultado de cada materia que por centésimos me volvía a convocar en marzo. Y el tumultuoso quinto año, que trajo acompañada la deshonra de tener que soportar la resaca de aquella primera curda que me dejó de cama, donde tan solo la húmeda lengua del Pelusa se acercó para despabilarme antes de caer tendido por segunda vez. Y el primer pucho en el baño, y las noviecitas, y aquella rudimentaria música progresiva atronando a todo el vecindario, mientras el cuzquito dormitaba plácidamente al lado del combinado de madera sin que el barullo haga mella en su tranquilidad perruna. Postales del barrio, quizás. Imágenes sencillas que a lo largo de casi diecisiete anos forjó ese perro desde su llegada hasta la ultima foto que logramos tomarle viejito, casi ciego posando cholulamente junto a mí, un negrito flaco con uniforme de soldado, que se creía Rambo cada vez que la “Santafesina” lo traía de vuelta al calor del hogar. Salvando las distancias temporales y de las otras. este muchachito emprendía el retorno a casa, como emulando
cada regreso de cada tarde infantil, cuando desandaba el camino de la escuela primaria, para poder disfrutar y compartir con el Pelusa un trozo del suculento pan con manteca de las cinco y media de la tarde. Tardes invernales de cuadernos Laprida y cortitos Faber con la punta gastada de escribir nombres queridos en el banco de madera. Tardes invernales tan grises y
tan caras como ésta, que hacen aflorar la sal de la nostalgia y transportan nuestros mezquinos intereses terrenales a un limbo de sentimientos nobles, habitado por millones de Buckis, de Rolos, de Tarzanes, de Colitas o Pingolfios. Póngale usted el nombre de su agrado.
3 Comments:
lo noto alterado. Por qué motivo agrede a esa gente casi santa, que tiene tantos sitios donde ayuda a los menos afortunados.
¿Que le pasa?
¿Por que no agradece las migajas que esos elementos regalan?
Cuidesé, hematófago, y cuenteme como joraca se puede tener un lugar como ese pa uso particular.
TE deseo lo mejor para este año, gomia.
Un gran abrazo para vos y los tuyos – deben estar grandecitos ya –
Senén