Diciembre 22, 2011 | Por elyerard | # Enlace permanente

Nenucha Bustamante Escauriza
Pingui ¿tas ay? bueh, nunca te angarro en el chart..paresé un semásforo paresé..por ay te veo en rojo, por ay en verde, por ay anaranjeado pero nunca te cacho en Desponible,taqueloparió.Bué, no importa..sabé que te quería chusmiar? ayer me yegó un emeil de la Nenucha, te acordá? si, la Maria de las Mercedes Bustamante Escauriza, aunque eya nunca quiso que se sepa que del lado de la madre, o sea la tia Teodora yevaba ese apeyido. La cosa es que resibo una cartita abastante amavle de esta prima que hase como veintes anios que no le veo la fisonomia, que a efetos de ser cincera la guacha era mui agraceada y por eso, de tanto salir Reyna de todo los ebento sosiales acá en Los Nogales se terminó enganchando al mesmísimo hijo del estansiero que vivia en la Capetal y pasava los veraneos en este pueblito olvedado de la mano de Dió. Te acordá del petitero ese? el Juan Manoel Echeverria que sino me enquivoco venia a ser medio desendiente del próser tan conosido, el Estevan, por el cual la escuela Segundaria yeva ese nombre creo…No era mui lindo el muchacho pero andava siempre vien empilchado el loco, asta sonbrero se ponia nel verano, y ensima manejava una Cupé Torino color verde clarito me acuerdo, con el tapesado que imetaba la piel de tigre, y asta pasacasetes tenia!Bué, la cuesteón es que la Nenucha se lo enganchó y se casorearon en la estansia, ebento al que la parte pobre de la familia, o cea nosotro, no acistimo…vó era chiquito y capas que no ricordá todo el suseso social, pero la vieja se angarró una bronca que creo que desde ay no le dio mas pelota a su hermana, la tia Teodora, que hiso de segunda madrina y le pucieron un vestido descotado de encage negro que paresia una heladera de luto,jeje. Y se jueron a vivir al Buenosaires, creo que a la Recolecta donde está el mesenterio..yo ni loca ni mamada me voi a vivir a un lugar en donde mis vesinos sercanos sean los defuntos, Pingui, te juro..prefiero a la Choly y al calenton del marido, y al Samuel Yornatengo, que no ve un pomo pero que te saluda segual sin errarle el nombre a nenguno.Redondando, hermanito, ayer me entra un emeil de esta prima, que parese ser que me bio en el Feisbuc y toda melosa y mui atenta me envita para que vaya a visitarla a la gran ciudá! Yo me pregunto, a qué cornos voi a ir pá´aya? a mi tanto ruido, tantos auto todo ajunto me dan pasvor, la jente que te empujea y ni te dice Buendia y ademá con está inseguridá totalmente insegura que ay ahi, ni en pedo voi! ya beo que me rovan o lo que es pior, me hacen un secuestro esprés y ensima a mi siempre me gustaron mas las Creoyitas, que me suenan má argentinas, no creé vó?Me desia que no se podiamo estar tanto tiempo sin estrechar los lasos fameliares..aora se acuerda la pioja resusitada esta?, que quiere que yo…pará que masmejor te lo copeo testual lo que me escrivió: -Bety querida, me encantaría que vinieses a pasar unos días a mi duplex de la Recoleta, ya que enviudé hace poco y me siento muy sola. Mis hijos viven en Europa y ya repartir mi tiempo en obras de beneficencia, visitas a los museos, teatros y compras en los shopping me aburren. Siempre te recuerdo tan fresca y divertida que me haría muy bien que estés unos días acá conmigo….Y sigue nomás la cartita..Má yo me pregunto, qué culpa tengo yo de que se le murió el marido, de que los ijos estén en las Uropas y de que eya se amburra de pasiar y rascarce las tarlipes? y ensima dise que vive en un duples que capas que asta tenga acensor, con el cagaso que me dan a mi lo acensores y las escalera metálica! má que se busque una dama de compania o una mascota que le ladre,jaja…eso si, nunca supe que se dedicara a la costrución? segual que el Juaninacio parese que anda por las obras…Bué, Pingui, por respeto le voi a contestar pero ni pienso irme pa´la Capetal! yo soi una mina de pueblo, tranquila y sin asperasiones de codiarme con la alta sosiedá como la oliendo caca de tu jermu, la Gladi…ni le comenté que la Nenucha me envetó a mi premero porque se va a querér ir eya pa´la Recolecta ya que estaria como sapo en la laguna,jeje.Lo uneco que me da pena es que si me desidiera a visetarla podria lusir toda mi ropa flor y flor, asta la blusita de puntiyas que me compré hase poco color fusia..¿te me imajiná, Pingui, tu hermanita la Bety en plena piatonal Florida pasiando su humanidá clamorosa y elegante? Qué Mirta Legran ni ocho cuartos,jajaTe mando un abraso imenso y espero verte alguna vés conetado nel chart, aci se ponemo al dia con los chisme. Cuidate soumach..esa me la ensenió la Itatí que pal alemán es una lus, te juro.Otro beso, hermano. Postrata – Aca mando tambien la Maria de las Mercedes Bustamante Escauriza fotos con rus hijas retoñas, cuando todavia no sa abian ido a las Uropas.
Septiembre 28, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente
Habría que verlos
mostrando su prosapia
que se remonta a algún lejano barco.
Su relación de estiércol 
con el vulgo
no es para nada casual,
mas bien es de asco.
Habría que ver
su napia resingada.
Su ilustre amor
por placas y por lustres,
su larga data en sindromes morales
aunque con la moral y el bien
asean sus tujes.
Mírelos desfilar
mostrando su elegancia
a las diez de un domingo,
revoloteando el atrio
deseosos de plasmar
pingüe arrepentimiento
pura formalidad
para coimear al santo.
Allí van
como loros, cuestionando
lo que su pontificio saber
pinta de negro
no por iluminados, señor,
son solo cerdos
que encubren el hedor
rezando salmos.
De igual sentir
sus vástagos encaran
aquella triste experiencia que acometen:
que “mastienes”, “masvales”,
algo fuerte
entre la sociedad virtual
que los contiene.
Cagatintas, cholulos,
socarrones,
perfectos adulones
de la diosa “Hectárea”.
No hacen mas que plagiar
aspiraciones
y aglutinar cual cófrades
sus mañas.
Los aires de progreso
que proclaman
se contrastan de plano
con el resto
de sus cien mil cinturas
reaccionarias
que apestan la cultura
de mi pueblo.
Septiembre 26, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente
Se trata de Fabián Gutiérrez, que habría contruído en El Calafate un edificio de 480 metros cuadrados con terminaciones de “primerísima calidad”, pileta climatizada y gimnasio. Lo afirma una agencia de noticias santacruceña.
Fabián Gutiérrez, uno de los secretarios privados de mayor confianza de la presidenta Cristina Kirchner, sería del dueño de una casa en El Calafate, Santa Cruz, que tendría un valor de casi un millón de dólares, según la agencia de noticias Opi Santa Cruz.
Se trata de una casa construida sobre la manzana 802, según la demarcación catastral, en la cual ayer todavía se observa a varios trabajadores finalizar terminaciones y detalles exteriores.
Los enviados especiales de Clarín en Estados Unidos y Venezuela intentaron anoche consultar a Gutiérrez por esta versión pero no pudo ser conectado debido a que, al cierre de este edición, estaba viajando con la presidenta hacia la isla Margarita.
Gutiérrez fue nombrado secretario privado de Cristina por el decreto 64/2007. Empezó su carrera como cadete de la Caja de Servicios Sociales de Santa Cruz en 1995.
Al año siguiente se acercó al entorno del entonces gobernador Néstor Kirchner y desde allí no se separó más de él y su esposa. Al entorno de los Kirchner habría llegado de la mano de su madre Teresa García quien durante muchos años fue interventora de esa caja de servicios sociales.
Luego fue asesor de Cristina en la cámara de Diputados y en el Senado.
Durante ese período habría tenido la franquicia de los alfajores Havanna en El Calafate, entre otros negocios.
La casa en cuestión posee una superficie cubierta de 480 metros cuadrados y está construida en un terreno de 1.000 metros cuadros.
“Desde la grifería que reluce con estilo hasta el porcelanato de sus pisos, denota buen gusto”, dice el informe de la agencia.
Desde el exterior se puede observar un sector de la casa vidriado, elevado a unos 6 metros del suelo que corresponde a una pileta de natación climatizada de 10 por 6 metros, abastecida desde la sala de máquinas que se encuentra en un sótano de 12 metros cuadrados, donde funcionan los equipos de calefacción, refrigeración y humectación. Estos por medio de un sistema de sensores inteligentes ayudan a mantener un clima estable y controlado en el natatorio de la casa. Para la inauguración de la casa se haría una fiesta a la cual los invitados deberán ir en traje de baño.
Entre las comodidades con las que se ha dotado el edificio figura un gimnasio de 40 metros cuadrados que tiene baño con ducha y sauna. Para completar la jornada de relax la casa posee una sala de juegos, además de comedor, un quincho amplio, estar en desnivel y una cómoda cocina.
Luego dispone de un estudio con toilette que ocupa 15 metros cuadrados, dos habitaciones, una principal con vestidor y baño y otra en suite con Jacuzzi. Completa las comodidades de la vivienda una habitación de huésped.
La construcción de esta propiedad “cuyo valor ronda el millón de dólares y un costo aproximado a los $ 7.900,00 el m2, está a cargo de la empresa Consur S.A, propiedad de Claudia Villavicencio y Gerardo Racetto, su esposo”, dice OPI.
La dirección técnica del proyecto se encuentra, desde sus inicios, a cargo de Arquitecto Mariano Musacchino y quien llevó adelante la dirección de la obra es un conocido amigo de Néstor Kirchner, Raúl “Tito” Lascano, el hombre que en los ‘90 el entonces Gobernador de Santa Cruz lo puso al frente de SPSE (Servicios Públicos Sociedad del Estado) para que “saneara” la empresa de energía.
En el mismo terreno donde se levanta la propiedad de Gutiérrez existe una robusta construcción de madera y tal como las fuentes le refirieron a la agencia OPI, allí viviría la abuela de Fabián. Esa casa de 60 metros cubiertos le habría sido donada por Pablo Grippo, titular de la empresa Grip S.A, quien en sociedad con Gotti en un estudio de arquitectura diseñó y construyó Los Sauces de Kirchner y oportunamente fue beneficiario de un terreno de 10 mil metros cuadrados precio irrisorio, por parte del ex intendente Néstor Méndez.
Gutiérrez también habría adquirido en la suma de 200 mil dólares un amplísimo terreno contiguo a su propiedad. También en calle Gobernador Gregores 1224 de esa localidad cordillerana habría terminado un edificio con cuatro departamentos VIP y dos locales comerciales para alquilar. Siempre según la agencia OPI Santa Cruz cuando se encuentra en Buenos Aires, a Gutiérrez se lo vio manejando un Porsche negro.
Septiembre 4, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente

Agosto 24, 2009 | Por elyerard | # Enlace permanente
Cinema Paradiso
Bigand revirtió la Historia
Quienes amamos recordar la magia que llegamos a respirar de espaldas a aquella vieja cabina humeante; quienes no podemos negar que a su manera supo ejercer el tipo de docencia que el pueblo necesitó desde siempre; quienes caminamos por las ruidosas tablas de pinotea, la
mayoría de las veces a tientas, no hicimos otra cosa que acelerar los latidos, contener la respiración y aprovechar la oscuridad obvia de la sala para esconder aquella lluviecita surgida detrás de los frontales, como bien dice Silvio Rodríguez, aquellas nubes bajas entre oreja y oreja. Fue ese histórico viernes 21 de agosto cuando nuestro querido cine San Martín volvió a la vida, como torciendo el destino de aquel tan mentado Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore. Y vaya paradoja, volvió de la mano de esta película, tras 24 años de latencia, y por iniciativa de Germán Tombolini, alguien que supo revertir el desenlace de lo que en pantalla supo verse esa noche: al mítico Cine paraíso lo demolió el progreso; al San Martín le devolvió la vida.
La humeante cabina le dio paso al sistema digital de última generación y el enorme parlante algo chillón cedió ante un sistema de sonido envolvente. Pero los fantasmas del cine siguieron ahí, exactamente, entre las miradas incrédulas de jóvenes que jamás lo vieron vivo y las lágrimas de viejos cinéfilos (y otros no tanto) que supieron de un cine San Martin de pie, quizás como única salida sabatina de años atrás, al percibir el llamado de “la bomba”, tal lo sucedido esa noche de viernes rememorando viejas épocas. Y volverán a desfilar los días miércoles, los fines de semana y hasta hablan de reflotar aquel espíritu sesentoso de convocar a los viejos y tradicionales matiné de los domingos de invierno. Altamente destacable es comprobar que los integrantes del grupo Mural, junto a Germán y la gente de la Sociedad Italiana trabajaron a destajo para reacondicionar la sala e instalar los equipos, logrando de ese modo que después de casi un cuarto de siglo pudiésemos los bigandenses ver nuevamente un film en esa misma pantalla inmaculada que –honestamente- creímos perdida para siempre.

Diciembre 29, 2008 | Por elyerard | # Enlace permanente
La mañana se despertaba en calma como casi todos los días de ese verano insoportable. Las luces de la calle, ralas desde siempre, dejaban entrever por qué al alba los ruidos típicos de los amaneceres de arrabal dejan de rtenecer mas al reino de las sombras para formar parte del crítico paisaje cotidiano. Con todo eso en su sitio como marco , Ismael Guzmán permanecía sumido en cierta catarsis extrañísima que le hacía ignorar el sueño.
La incongruencia de vivir a medias era la causa y efecto de sus tristes horas recorriendo callecitas angostas que desembocaban en baldíos malolientes, de semanas completas regurgitando pan duro en lugares miserables y de cerrados pastizales que se encargaban de proteger de día a niños inocentes en juegos sencillos, aunque de noche enmascaraban el sudor caliente de parejas tan faltas de inocencia como de inhibiciones.
Cerca de allí las casonas de Belgrano acentuaban la bohemia recurrente de algunos poetas que se regodeaban nutriéndose de rubias vivencias acordes con la época del año en que vivían. De las puertas de la villa para adentro lo poético solo se iba desgranando lentamente entre las muelas afiladas de la desesperación y el desaliento. No había rimas elaboradas.
No había métrica alguna. No había plegarias por la paz ni alabanzas a nadie surgidas de la boca de quienes en pleno siglo veintiuno solamente luchan por llevar a la misma un triste pedazo de comida magra y alguna que otra gota de tinto de procedencia incierta.
Entre las idas y las vueltas por su suerte de mierda, Guzmán había aprendido a agachar la cabeza y mirar de reojo el triste paisaje que brindaba el viejo boulevard. Y el boulevard, por llamarlo de alguna manera, no era mas que una larga lengua de asfalto periférico que desembocaba en ese basural donde miserablemente procuraba lograr el sustento.
Casi como al pasar las moscas lo hicieron despertar del letargo caluroso de principios de año. La bombilla, todavía tibia, le hizo reflexionar acerca de lo importante que resultaba un buen amargo para poder engañar al estomago en los momentos de crisis.Un poco mas atrás, cerca del banquito de madera donde se había sentado y casi en dirección a la puerta ,que no era mas que una rústica cortina de cotín floreado, se bamboleaba ennegrecido un viejo almanaque de Alpargatas cuya tosca imagen abrazaba el contorno del taco calendario. “Cinco de enero…”, decía mirando de soslayo el pobre paisaje que entraba sin querer por la ventana mientras se hundía en lo mas hondo de sus recuerdos. Y así empezaba a desandar el largo periplo que hubo de llevarlo al lugar que estaba ocupando dentro de ese mundo pleno de tardes calurosas hábiles en la dura tarea de hallarlo tirando del carrito con ruedas de alambre, cuyos crujidos toscos se entremezclaban con el grito lastimero de los pájaros alcanzados por un hondazo.
“Cinco de enero…” repetía lenta, pausadamente. Rostros de amigos que hacía años habían dejado de pertenecerle volvían para decirle presente y, como si el tiempo no hubiera hecho mella, extraían de su pequeña alcancía de las cosas gratas aquellas bruñidas monedas de cobre con que alguna vez para esa fecha supieron estirar sus sonrisas desdentadas y morenas.
La cañada donde supo criarse también estuvo ubicada de manera preferencial en su retina. Insistió en revolver tímidamente aquellas turbias aguas por donde chapoteaba de chico para tratar de no pensar demasiado y hacerle a la vez una gambeta a la indiferencia de los otros. 
El ruido de la canilla que goteaba lo hizo bajar de la nube. Las moscas, con su característico zumbido generador de ideas marginales también pusieron lo suyo. La impotencia para sobrevivir en la indigencia lo clavó una vez mas por la espalda ,esa misma espalda que a lo largo del tiempo supo ingeniárselas para hacer frente a los muchos espantos sufridos; espantos que fueron cacheteando una y otra vez su dignidad y entereza moral.
De repente, el canto de las aves de corral dejó de escucharse por un instante dando paso mágicamente al jadeo entusiasmado del carasucia, quien envuelto entre los tules de la inocencia, se arrodillaba con entusiasmo para poder cortar los tallos mas tiernos del verde pasto que crecía inconstantemente al costado del gallinero, lindando casi con el caminito de tierra despareja por donde pasean su resignación ancestral los desteñidos carros de la miseria.
Se preguntaba de dónde sacaría su pequeño de tres años las fuerzas necesarias para trasladar el enorme fardo que había recolectado y aguantarse sin chistar las excoriaciones que pudo ver entre sus manos. Poco tardó en darse cuenta que la razón era obvia, que lo místico y lo sobrenatural se confundían en cada uno de los actos de aquella criatura morena que vivía pendiente de su particular noche de reyes.
Cortaba, gemía y miraba hacia arriba como dirigiéndose a un tal Melchor compinche de toda una vida, una corta vida de tres años para la cual todo se limitaba a escuchar con atención los cuentos metafísicos que entre gruesas gotas de sudor caliente inventaba el nono Ismael a su regreso a casa.
Ismael, a todo esto, veía con cierto resquemor, y por enésima vez, desmoronarse el sueño de toda una vida. Siempre había añorado ser Rey Mago, aunque tan solo fuera para trasnochar justificadamente y embriagarse de gozo cada noche del cinco de enero, mientras media ciudad dormita entre el olor y las pisadas de mil ratas de albañal sedientas y la otra mitad -por decirlo de alguna manera- duerme su sueño de paz.
En su exclusiva y divagante utopía justiciera dibujaba mentalmente la sonrisa de los chicos de la villa, a quienes imaginaba llenándose de asombro al levantarse para manipulear el golpe bajo de la pena en los
trenes suburbanos, cuando entre sonoros gritos de admiración y carcajadas de júbilo descubrieran el hueco de sus zapatos atestado de juguetes.
El ruido de la canilla, regular e implacable, lo volvió a bajar del limbo. Cayó a la tierra, se revolcó en el barro de la injusticia y emitió un débil quejido que bien podría haber sido de resignación o de impotencia. Supo así que la bronca entumecida era el único bien con que podía contar en ese momento .Y supo también que las lagrimas de su nieto humedeciendo el triste par de zapatillas vacías en la mañana siguiente serían, quizás, las gotas que rebalsan el vaso de la paciencia.
Octubre 7, 2008 | Por elyerard | # Enlace permanente
La otra mañana, al mediodía para ser mas exacto, tocaron a la puerta. Maldije un poco -a que negarlo- ante la posibilidad cierta de hallar tras el madero a un insulso cobrador o escéptico cartero de los que dejan boletas de impuestos que suelen amarillearse por meses y meses en el cajón del mueble. Pero tras el acto de girar el picaporte y entornar de a poco el acceso a casa me encontré con él. No voy a nombrarlo pero su sola referencia es hablar de teatro, de actores, de actrices, del arte en definitiva. Es ese que lleva sobre sus hombros, revoloteando, el sonoro tábano que suele acompañar a quienes valoran la necesidad de expresión y se encargan de formar talentos, de alegrarle en parte la vida a la gente, a la del escenario o a la de la platea, da lo mismo. Personaje éste al que los tipos sensibles llaman, sin temor a equivocarse, ” verdadero artista”. Uno de esos tantísimos artistas a los que la gente que tiene la sartén por el mango no sabe cuidar. Esos que algunos vivos dejan archivados en un rinconcito olvidado y los sacan a relucir solamente para “quedar bien” mostrando que a tal o cual lugar estuvo asistiendo gente de la cultura. Lamentablemente la chatura imperante en muchos de los grandes medios, esos que nos pintan la cara y elevan a niveles desconcertantes la producción de hormonas y otras yerbas olvidan a los artistas.¿Cuánto hace que no vemos en la señera televisión argentina a un escritor leyendo un pedacito de su obra… o a un actor de raza dando sus opiniones sobre lo que sucede en este mundo nuestro de cada día?
Porque en esta bendita tierra de los argentinos, como dice mi amiga Poldy Bird, parece ser que ” no es importante el que siembra luces… No es importante quien usa las palabras para reivindicarlas del horror y las miserias…No es importante el que detenta el poder de desentrañar los sentimientos más hermosos del ser humano… El otro poder es el que cuenta, porque hay quienes piensan que las personas son solamente un gran bolsillo o un enorme estómago” Un descomunal malón de ratones girando sin cesar por nuestras livianas cabezas, agregaría yo.Lamentablemente, no hay tiempo para los verdaderos artistas, no hay espacio para ellos.
Pero sin embargo -continúa-, cuando todo estalla, cuando todo sangra, cuando todo duele es la voz susurrante del artista la que te hace descubrir que las pequeñas cosas son las que verdaderamente valen, las que pueden darte esa pequeña alegría cotidiana que los grandes tecnócratas ignoran.¿O acaso sabe más del hombre el mandamás de turno, el yuppie de Wall Street o el super ministro económico con sabor a nada ?
Es el artista el que te señala hacia arriba para que levantes los ojos y descubras que estás vivo, que tenés un cielo para recrear la mirada y un norte al que sin dudas querés llegar.
Es el artista el que alguna vez escribió las frases que usás como lema, los versos que dejabas grabados de adolescente en ese viejo pupitre saturado de letras en una secundaria rosa de recortado estudio.
Son los verdaderos artistas los que trazan o repiten las notas de tu canción favorita, esa que quedó marcada a fuego en tus oídos y que siempre tarareas cuando algo bueno o jodido te sucede.
Es ese mismo artista el que te hace reír, el que te conmueve, el que te acepta como sos, el que te invita a adentrarte en vos mismo y a partir de ahí empezar la diaria rutina de ser mejor gente a cada paso y quien logra convencerte de que la vida vale la pena ser vivida. Porque los artistas te pertenecen. Trabajan para vos. Se nutren de tu afecto, gozan de tu cercanía y se alimentan de tu aplauso.
Por eso, cuando la escueta figura del viejo director teatral de mi pueblo pequeño se arrimó un fresco mediodía de estos fines de julio a golpearme la puerta; sentí la enorme necesidad de reivindicar a quienes desde la mentira piadosa, desde el mohín de compinche o la sonrisa cómplice se las rebuscan para componerte las cosas cuando todo te estalla, cuando todo te sangra, cuando todo te duele…
Y eso… Eso no tiene precio.
| Por elyerard | # Enlace permanente
Ahora usted vendrá apoyando sus enormes pies planos
engomados casi sin hacer ruido ,elevando hacia
el infinito ese mentón descomunal , enorme ,
que lleva como estigma perpetuo . Y mirando
casi de soslayo a mis ojos embroncados
preguntará por mi mujer y por mis chicos , sin
siquiera recordar que le expliqué unas
doscientas veces que no los tengo conmigo, que
la cuota alimentaria, que los fines de semana
de por medio,y después, por costumbre nada mas,
fingirá interesarse por la marcha del ranchito
en construcción frenado, ese pilón de ladrillos
bayos que me quita el sueño cada vez que paso
por la parte sur de La Galga. Y yo , que para
eso soy mandado a hacer , le contestaré con
solo dos o tres rebuznos diferentes casi sin
que fluya gota de saliva, porque seguro estoy
de que ni siquiera habrá de escuchar la
respuesta. Después dirá que está cansado,
cansado de que , pensare yo que tampoco le daré
bola a sus palabras;y suspirará diciéndole a
sus adentros que tal vez necesite unas buenas
vacaciones plenas de mar, y de sol,y de lomos
morenos moviéndose al ritmo de un son caribeño,
mientras mis manos apretarán cada vez con mas
fuerza la llave inglesa de ajustar bulones: fría,
dura como su indiferencia fraguada ,y así
seguirá probando suerte con Pedro el
entrerriano, con Pochito Peralta o con el Chino
Vieyra,y encontrará, gracias al cielo,
reacciones similares a las mías . Pero también
hallará a su paso al forro de Moscatti, quien
lo apabullará con detalles que hacen al ámbito
de su vida íntima, y con serviles mohines y
guiños de complicidad le hablará de las monerías
de sus cuatro críos y hasta será capaz de
ventilar verdaderas cerdadas acerca de la
incontinencia irreversible de su abuela
materna, ingeniero,y le hablará como erudito
sobre el avance y retroceso de la materia en
función de una virtual partición del átomo, y
reirá satisfecho, y hasta se animará a codearlo
como a un viejo amigo de la barra.A
usted,señor,al mismísimo ingeniero. Eso sí que
se llama forrear, lamentaré para mis vísceras,y
seguiré blandiendo cada vez con mas fuerza la
llave inglesa de apretar bulones.Y la prensa
hidráulica atronará el ambiente dándole forma
de algo al fierro en rojo, y tapará de igual
modo los tontos servilismos de Moscatti y mis
puteadas de libro,y los cantos de Pochito, y
los silbidos del Chino, y hasta ahogará sus
propios sueños vacacionales, ingeniero,
soberana hijaputez que se hace enorme, gigante,
que crece por kilómetros a medida que el ruido
de ambiente agobia los oídos y mata mi voz
cascada que le recrimina sin parar, a los
gritos, esa cizañera capacidad diplomática para
evitar las huelgas como la de mañana. Y sigo
empuñando la llave inglesa mientras lo invito a
participar de la olla popular que preparará el
Taca con ese arroz partido que le tuvimos que
robar al Super en complicidad con el sereno.
Pero la prensa hidráulica no lo deja
escuchar,señor,o quizás es usted quien se
escapa por la tangente apoyando sus
enormes pies planos engomados casi sin hacer
ruido,como siempre lo hizo desde que usurpó la
dirección de la planta a fuerza de trepar como
las hiedras,a cualquier costo, pero con la
simpatía que estima que el poder puede conferir
a los iluminados, aunque estos hambreen al
laburante y supongan tener la vida
comprada.Craso error,ingeniero,el de creerse
invulnerable y poder hacer , a su modo,lo que
siempre nos prohibió a nosotros los
piojosos,como por ejemplo el osar pasearse por
el borde de esa tea hirviendo,justo justo
cuando yo decida arrojarle a la altura del
sexo,por pura bronca nada mas, mi llave inglesa
de apretar bulones.
Septiembre 12, 2008 | Por elyerard | # Enlace permanente
Un buen día, de aquellos que no hay virus que se atreva a borrar de nuestro propio disco
rígido, lo trajeron a casa. Creo que fue para fines de noviembre del sesenta y ocho; y yo, pibe
atorrante al fin, estaba volando de fiebre merced a una estúpida recaída, consecuencia directa de cierta gripe mal curada muy a pesar de los obsesivos cuidados de mi vieja.
Esforzándome un poco para mirarlo de soslayo alcancé a verlo, tímidamente, por entre las
pestañas pegoteadas que a contraluz formaban líneas amarillo brillantes en mi retina. Lo vi y mis
ocho años escasos se iluminaron en forma repentina bajo la penumbra bajoneante de aquella humilde piecita verde agua.
Todos se habían percatado de que quería un perro, que lo necesitaba , tanto quizás como a la
foto de Madurga en la pared del fondo o el crucifijo de mi cabecera, señor, coronado por esa humilde ramita de olivo reseca que desde abril venía aguantando los cimbronazos del viento del sur cortante y descarnado a la hora de filtrarse chillón por entre las aletas de la persiana rota.
Mi viejo lo dejo en la puerta y el pobre can se quedó como con miedo, ostentando un
cuerpo diminuto asido a aquellos dos pares de patas retaconas que lo hacían patizambo y
desproporcionado. Con el correr de las horas hizo prevalecer su caradurez innata cuando comenzó a horadar con cierto descaro el borde derecho de la sábana revuelta, usando su particular hocico mas ancho que largo.
Su raza cualunque y ratonera le confería extrema debilidad por los roedores, algo que por sistema ponía en practica cada vez que cruzaba oliendo y escarbando por debajo del tejidito enano que dividía el patio con la quinta de mi abuelo.
Sin dudas supo ganarse con creces el cariño de todo el barrio , periférico por naturaleza , cuyo humilde plantel de edificios se remontaba a una pobre amalgama de tapiales raídos camuflados con lengüetazos de cal amarillenta y casitas simples de una planta, donde los chicos hasta se peleaban fiero por llevarlo a pasear .Nadie osaba tirar el primer hondazo al aire sin que el Pelusa estuviera allí, haciendo acto de presencia con su ladrido agudo apuntado a los cuatro vientos, gritando y sacudiéndose con alegría desde el fondo de una cuneta saturada de yuyos donde revoloteaban con desenfado decenas de corbatitas, de mixtos o jilgueros tan libres como las alas de nuestra inocencia…
Y allá iba el cuzco, mostrando su chuequera entre los terrones blandos de la tierra arada, corriendo a una liebre a veces, toreándole a los chimangos otras,o simplemente lamiendo mis canillas escuálidas salpicadas de barro ,las que se elevaban unos pocos centímetros por sobre las zapatillas Pampero agujereadas. Allá iba por la vida, con su diminuta cabeza overa y triangular creciendo conmigo y ofreciéndose como mudo testigo de hitos importantes en el destino de un pibe de pueblo nacido en calle de tierra. Primero fue la comunión. Después el fin de la primaria . Y mas tarde los primeros bailes, las trasnochadas, las broncas y la andanada de lamentos ante el inevitable resultado de cada materia que por centésimos me volvía a convocar en marzo. Y el tumultuoso quinto año, que trajo acompañada la deshonra de tener que soportar la resaca de aquella primera curda que me dejó de cama, donde tan solo la húmeda lengua del Pelusa se acercó para despabilarme antes de caer tendido por segunda vez. Y el primer pucho en el baño, y las noviecitas, y aquella rudimentaria música progresiva atronando a todo el vecindario, mientras el cuzquito dormitaba plácidamente al lado del combinado de madera sin que el barullo haga mella en su tranquilidad perruna. Postales del barrio, quizás. Imágenes sencillas que a lo largo de casi diecisiete anos forjó ese perro desde su llegada hasta la ultima foto que logramos tomarle viejito, casi ciego posando cholulamente junto a mí, un negrito flaco con uniforme de soldado, que se creía Rambo cada vez que la “Santafesina” lo traía de vuelta al calor del hogar. Salvando las distancias temporales y de las otras. este muchachito emprendía el retorno a casa, como emulando
cada regreso de cada tarde infantil, cuando desandaba el camino de la escuela primaria, para poder disfrutar y compartir con el Pelusa un trozo del suculento pan con manteca de las cinco y media de la tarde. Tardes invernales de cuadernos Laprida y cortitos Faber con la punta gastada de escribir nombres queridos en el banco de madera. Tardes invernales tan grises y
tan caras como ésta, que hacen aflorar la sal de la nostalgia y transportan nuestros mezquinos intereses terrenales a un limbo de sentimientos nobles, habitado por millones de Buckis, de Rolos, de Tarzanes, de Colitas o Pingolfios. Póngale usted el nombre de su agrado.
Agosto 29, 2008 | Por elyerard | # Enlace permanente
I
Encontrar un día de octubre fresco y ventoso como ése
no era tan extraño, y según los viejos
pobladores de la zona sería esa la razón por la cual el
cruce de rutas lucía deshabitado, siendo tan así que
las piedras yacentes al costado del camino
respetaban casi su antigua disposición original a no
ser que fueran movidas por algún peatón ocioso y
aburrido, como aquel flaco y desgarbado morocho que, al
igual que cada sábado al mediodía apenas pasadas las
doce y media enfilaba llevando el pulgar como un
ariete apuntado sistemáticamente hacia el
sur, mientras sostenía apenas su bolsito de badana azul
en bandolera y arrastraba cansinamente el par de
mocasines marrones opacados por el polvo del
camino. Juan Antonio Vargas, Varguitas, comenzaba
ya, entre lentos e imperceptibles lamentos, el prolongado
rito de intentar como cada semana ir a Buenos Aires a
dedo, algo que se había hecho casi una costumbre desde
su traumático encuentro con Juan Pedro Soitue el
caudillo, político frontal abocado a la dura tarea de
perseguir cierta reivindicación de aquellos antiguos
ideales que siempre caracterizaron a la izquierda, según
sus propias palabras. Lo cierto y lo concreto es que
cada acto, mitin, o simple panfleteada que tuviera lugar
en las veredas porteñas lo contaban puntualmente entre
sus filas, y como gozaba de una imaginación un
tanto desarrollada por cierto, fue soñador y bohemio en
el mas puro significado de ambos términos, y disfrutó
de cada uno de esos viajes como lo hubiera hecho
cualquier poeta o escritor que se precie, aunque por
motivos no del todo claros la soga que lo mantenía
asido al talado árbol de la fantasía se iba
deshilachando lentamente, pero de todos
modos, mientras sacudía de su cabeza la caspa de la
frustración, soñaba con escribir sobre un posible
encuentro con paisajes exóticos, con vegetaciones
exuberantes o con gente de otras razas hablando idiomas
distintos al suyo, aunque en realidad lo único que
hallaba a su paso eran grupos de aburridas vacas
mirando pasar los toscos vehículos que desandaban la
ruta desierta y por ahí, mientras aspiraba el penetrante
perfume a bosta de las campiñas argentinas, parecía
también percatarse e la existencia de ciertos lotes de
cereal reseco a los que veía pequeños, mustios y
generalmente bordeando algún que otro pueblito
casi fantasma con nombre de oficial del ejercito
levantado con torpeza a la vera del asfalto, algo que
muchas veces lo hacía divagar como estúpido pensando en
que su futuro podría haber visto la gloria al ser
coronado como un sagaz periodista de no tener la
soberana mala leche de nacer y transcurrir tantos años
de su puta vida en ese agujero llamado El
Serranito. Pero las cartas estaban echadas y a Varguitas
le tocó en suerte el triste destino de ser un ignoto
visitante reincidente que lejos estaba de florearse de
la mano del éxito bajo el inacabable techo de neón del
centro, les juro, aunque igualmente no se quejó
demasiado, ya que tal cual su anhelo conoció mucha gente
en esas excursiones. Claro que generalmente eran
viajantes de comercio mas preocupados por vender sus
mercancías a buen precio que por charlar de cosas
triviales , desde ya . También admitió haber viajado
en varias oportunidades sobre camiones de hacienda y
hasta creo se jactó de ser sabedor de las delicias de recorrer
larguísimos kilómetros en un pesado tractor, pero debió
reconocer que la mayoría de las veces concluyó su
periplo sobre la butaca de un colectivo de línea, como
acompañante mudo de alguna noble anciana entrada en
años y en kilos.
Bien, la cuestión es que ese día al
que hacíamos referencia el viento del norte continuaba
golpeando con fuerza el pecho de Juan y la tarde parecía caer
con excesiva rapidez logrando transformar el verde
claro de los juncos mas tiernos en grandes varas del
color del musgo, casi desagradables a la vista.
Y fue la velocidad con que se oscurecía el cielo
lo que lo hizo pensar en desistir del intento por
primera vez en su vida tan rápidamente. “Puta madre”,
gritó, “ahora que excusa le meto al caudillo”, fue
agregando con bronca mientras elucubraba que lo único
que le quedaba por hacer
era cambiar de ruta y caminar hacia el lado contrario
con vistas a conseguir un micro.
Sin dilatar demasiado la cosa se
dirigió hasta el refugio mas
cercano y comenzó pacientemente a esperar el arribo del
primero de los empolvados colectivos que debía tomar.
Casi sobre el filo de la media tarde llegó a Rosario,
donde hubo de esperar cuarenta y cuatro minutos exactos
hasta que pudo instalarse en el trasbordo, de pura
casualidad, a solo un palmo de su ocasional compañera de
viaje, la misma que horas mas tarde iría a cambiar el
rumbo de su vida, y si usted no se opone voy a
contarle la verdadera historia del ultimo viaje en
micro de mi querido Juan Antonio Vargas, Varguitas.
II
Subieron casi juntos. Por la fría
ventanilla plena de gotitas perladas podía
abarcarse todo el panorama de la ruta casi
en tinieblas. El viento hacia inclinar las
puntas de los pinos mas altos y ondulaba
la cresta de algunas lomas que se
levantaban tristes sobre el terreno
fértil, salpicado de sembradíos
amarillentos y un leve matiz rosa
viejo, indiscutido sello que rubrica el
tiempo en que los durazneros estrenan sus
flores. Dentro del autobús reinaba una
extraña calma propia del comienzo de un
viaje largo y tedioso por aquella
fastidiosa autopista Rosario-Buenos Aires.
- Vaya primavera- gritó ella en un pulido
español que denotaba su origen castizo.
-Tiempo loco -asintió el y se quedo
dormido,con la cabeza volteada en cuarenta
y cinco grados y los codos levemente
hundidos al respaldo.Al cabo de media hora
ensayó algo parecido a un bostezo,mientras
denotando un fraguado sigilo la miraba por
el rabillo del ojo. Con el ajado
borrador de una vieja novela escrita y
corregida tantas veces como viajes tuvo en
busca de vivencias, leía y releía el texto
buscando un párrafo que tachar o una
palabra que eliminar. Así era su vida:
emparchar sobre otros parches, resaltar
palabras sueltas y -por sobre todas las
cosas- jugarla de quijote en la mesa de un
bar tan solo poblado por bohemios
noctámbulos y barbados comunistas de café.
Charo -que así dijo llamarse- mantenía
intacta la dulce expresión característica
de las madrileñas de cuna, muy a pesar de
su perfectamente envidiable condición de
mujer mundana. Acusando una marcada pesadez
en el ambiente se quitó lentamente la
tricota color crema dejando apreciar sus
brazos perfectos, orgullosos de la
tersura de la piel con que estaban
cubiertos. El movimiento del cambio de
ropa, precedido de un lento suspiro
terminaron por despertar al pobre escritor
fracasado Juan Antonio Vargas, Varguitas. Cuando se
incorporó, entre el discreto ruido de
resortes provenientes del interior de la
butaca,rodó desde adentro de la carpeta un
retrato algo desteñido del Che. Rá pidamente lo alzó y lo extendió entre sus
manos adrede, como para intentar dar
comienzo al dialogo. Siempre imaginó a las
jóvenes españolas un poco cautivadas por
las ideas progresistas que aquel
profesaba, entendiendo así que para ellas
no había nada mejor que emplazar la roja
figura del rosarino muerto.
Se equivocó de medio a medio.Charo seguía
apuntando con sus ojos color de tiempo al
gris paisaje que se presentaba ante su
vista y la de las cuarenta almas que la
acompañaban en su viaje.Cada tanto un suspiro y un disimulado vistazo al reloj dorado. El adminículo se confundía con el
resto de su muñeca izquierda,la que hacia
ostentación de un bronceado para nada
usual si tenemos en cuenta la época del
año por la que estaban atravesando. No le
sacaba los ojos de encima. Un viento
cada vez mas fuerte azotaba los solitarios
carteles de la banquina.El,simulando otear
el horizonte continuaba recorriendo con la
vista sus curvas armónicas. Ella,moviendo
acompasadamente el pie izquierdo ,
devoraba las ultimas paginas del pequeño
libro de bolsillo.
La sudestada se les estaba tirando encima
pero ellos permanecían ausentes, cada cual
en lo suyo. Densos nubarrones formaban
extraños dibujos en el cielo, como
queriendo distraer la atención del puñado
de viajeros que ya se estaban quedando sin
luz. Unos pegaban su rostro a la ventanilla
húmeda mirando hacia arriba y esperaban
que se desate la inminente tormenta. Otros
observaban casi con premura las
inmediaciones, buscando un refugio seguro
por si acaso. Ellos dos solo parecían
disfrutar de su peligroso autismo.La línea
de un rayo se dibujó en el cielo y eso los
sobresalto un poco, pero le sirvió a él
como excusa para inyectar un pensamiento
trivial.
Parece que se viene -gritó señalando a
las nubes-! La tormenta, digo!
Ella solo se limitó a sonreír por
cumplido y tocarse repetidas veces la
oreja con el índice. Quería recordarle
irónicamente a su interlocutor que para no
elevar demasiado el tono de voz en una
conversación es conveniente apagar el
walkman.
-Perdonáme -contestó-.Lo que pasa es que
cuando escucho a Silvio Rodríguez me
olvido del mundo. -dijo secamente-.
-No es mi tipo de música y no entiendo como
necesitas convertirte en un autista para
escuchar a ese giripollas.
-De la misma manera que vos te enfrascás
en el Corin Tellado.
-Corin Tellado -suspiró-? Has dicho Corin
Tellado? No seas imbécil, quieres! Es
Chesterton -gritó mostrando con
exageración la carátula.
-Chesterton -preguntó socarronamente,
haciéndose el tonto-? Me suena a
cigarrillos.
- Perdóname,pero eres o te haces?
-Para el caso es lo mismo,te enfrascás y
listo.Fijáte que hace como una hora que no
paro de mirarte las lolas y ni te das por
aludida.
-Es que quería terminar cuanto antes con
el libro. Está oscureciendo y me faltan
pocas paginas.
-Ah, claro.
-Pero de todos modos -elevó el tono
sobremanera-; quien diablos te crees tú,
degenerado onanista, para yo tener que
justificar mis actitudes frente a un libro
atrapante.
-No será que lo que te atrapa es la idea
de ser observada?
-Vete de mi vista,por favor.Es la última
vez que te lo digo.Si no te vas ya mismo
llamo a la guardia civil.
-No seas fantasiosa, divina. Policía en un
micro?
-Entonces, grito.
-Viste? Es una actitud típica de los
Corin Tellado. Te deschavaste.
-Imbécil -masculló y cerro el libro.
Llovía a cántaros. La tarde caía
rápidamente y las sombras se apoderaban
del lugar entre cortísimos intervalos de
luz blanca; la luz de los relámpagos. Ella
luchaba contra el tiempo y los nervios le
minaban la paciencia para poder estrujar
su pollera que se hallaba empapada.El la
observaba subido a esa especie de estrado
imaginario en que creen hallarse los que
se dicen poetas, y sin animarse a cruzar
una palabra mas se calzo los auriculares.Con una acabada muestra de
egoísmo volvió a darle vida a la música
dulce del cantautor cubano.
-Es que no vas a ayudarme -preguntó
forzando la traba de la ventanilla
superior-? Esta lloviendo mas adentro que
afuera.
El seguía en intima comunión con las
letras elaboradas de Rodríguez al tiempo
que limpiaba sus uñas con la parte de
atrás de un boligrafo.La lluvia se estaba
haciendo mas persistente y el viento
congelaba su torso hasta hacerlo tiritar.
-No vez que no puedo -gritó-! Nos vamos a
morir de frío si no la cierro ya, imbécil!
De un salto,y sin esperar respuesta,se
colgó del cable del auricular y lo arranco
arrojando el aparato al suelo.
-Se puede saber por que lo hiciste?
-Simplemente porque necesito que
alguien me de una mano . Lamentablemente a
mi alrededor hay solo frágiles mujeres y
la única persona que puede ayudarme es un
lelo izquierdista que escucha tonterías y
habla sandeces todo el tiempo.
-O sea yo;no es cierto?
-Efectivamente.
Sus miradas se cruzaron instantaneamente.
Los oscuros ojos almendrados de él
chocaron con el par de esmeraldas de ella. Casi por
instinto ensayo una tibia sonrisa que con
la colaboración de Charo culminó en sonora
carcajada.Se levantó de prisa. Corrió el
vidrio hacia atrás y rascándose la
incipiente barba se apoltronó lentamente
en la butaca como un gato de solterona.Por
primera vez en largo rato se sintió
distendido,tranquilo. En el asiento de al
lado,una anciana regordeta cargada de
paquetes los miraba con cierta dulzura, con
cara de viejita soñadora disfrutando de un
culebrón . Codeando a su
compañera de viaje pareció decirle “hacen
una linda pareja” o algo similar.La otra
anciana,mientras observaba extasiada cómo
el guarda deglutía un enorme familiar de
jamón y queso, asentía con la cabeza.
Como buena española de pura cepa
convirtió al supuesto dialogo en un
monologo agradable, simpático y, por
momentos, harto interesante.Costaba
demasiado no enamorarse de aquella grácil
rubia de ensortijados cabellos
cayendo en cascada sobre los hombros.Decía
cosas duras, comprometidas con el
pensamiento izquierdista de Daniel,a veces
hirientes.Pero ese derechismo por momentos
fanático, lejos de provocar reacciones
adversas funcionaba como un bálsamo que
suavizaba cualquier intento de defender al
comunismo mas cerrado.Hasta llegó a tratar
de dictador a Fidel logrando que su
interlocutor estirara la comisura de los
labios en senal de inocente
complicidad.Todo esto no hacia mas que
corroborar la dulce calma que había en la
mansa originalidad de su discurso.No era
invento de Daniel,por supuesto,todos lo
notaban.Las manos, sin duda tan expresivas
como el resto del cuerpo, hablaban por si
solas y sus ojos se abrían , se cerraban o
se achinaban según correspondieran al
relato.Si miraba en lontananza se
entornaban;si se sorprendía por alguna
pregunta un tanto fuera de lugar los abría
descomunal y simpáticamente. Nunca llego a
verla enojada después de aquella fraguada
pelea,todo lo contrario.Ella sin pizca de
recelo le contó entre otras cosas de su
casa en Marbella y sus vacaciones de
verano en Canarias,de la tozudez de los
vascos y del chauvinismo exacerbado de
algunos catalanes.
Daniel se debatía entre creer y no creer
la esencia de lo que estaba
escuchando. Boquiabierto, mechando de vez en
cuando alguna personal apreciación solo se
limitaba a dejarse cautivar por el relato
y escuchar extasiado cómo su corazón de
poeta galopaba al ritmo tintineante de un
repique de campanas tocadas al vuelo.
La imaginaba mágica, desinhibida,
conduciendo su descapotable blanco a
ciento noventa y cinco kilómetros por hora
por alguna de las autopistas de su Madrid
extraña,cosmopolita y resplandeciente.Y
soñó.Soñó despierto como solo puede soñar
un enamorado que hace del amor a primera
vista su razón de ser espontánea y
duradera. No le importó imaginarla cara al
sol con la camisa nueva,ensayando el
saludo falangista mientras su boca de
grana sorbe un cargado cafelito en
cualquier mesón de la vieja
Andalucía, entre cante jondo y palmas dadas
hasta con el ultimo rincón de un alma
flamenca cedida gentilmente.
Sus ultimas frases lo hubieran herido de
muerte en otras ocasiones, como cuando
Charo, con toda la soltura del mundo,llegó
a hacer una reivindicación casi exagerada
de Pinochet en desmedro de Castro,para
quien no tuvo empacho en calificarlo con
su artillería mas pesada en lo que a
insultos se refiere.
Daniel,omnubilado, asentía permanentemente
y ni hubo de sobresaltarse siquiera cuando
ella dijo que el tango era una danza
aburrida,chata y para nada sensual.Solo se
desencajó sobremanera cuando el motor del
ómnibus se detuvo en la plataforma
veintidos,frente a una nutrida cantidad de
gente bien arropada que tenia los ojos
puestos solamente en la mugrosa
escalerilla de bajada.
III
Las afueras de la terminal de Retiro
estaban atestadas de gente y de agua.Un
ejercito de maleteros y changarines se
disputaban los centenares de valijas que
daban vueltas por la zona.Los refugios
eran insuficientes.Muy a pesar del mal
tiempo ,el fin de semana largo se había
descargado con todo sobre la metrópoli. La
gente corría, empujaba y se sometía a la
gigantesca tortura de llegar a una meta
distinta en cada caso.Y entre la jauría
humana,sin mediar saludo ni beso de
amistad ni sonrisa de cumplido,Charo fue
confundiendo sus mechones dorados con
movedizas cabezas de azabache y paraguas a
medio cerrar.JuanAntonio Vargas ,con el bolsito
de badana en bandolera masticaba su
impotencia parado junto a una cabina
telefónica inutilizada,a dos cuartas de la
puerta de salida.
Roberta,su mujer,al igual que Felicitas y
Nestor,sus hijos casi adolescentes juntan
datos y mas datos que con esperanza y
esmero llevan religiosamente a Buenos
Aires intentando saber de él. Doña Lola,esposa y madre ejemplar
dejó de caminar pasillos de comisarías
merced a una dolorosa hernia de disco que
la tiene postrada en su cama de hierro
opaca y ruidosa.
Servando Britos,que es ducho en el arte
de reconocer rostros entre la
multitud,dice haberlo visto tiempo atrás
en un noticiero de la TVE discutiendo
acaloradamente de política con un par de
exiliados artesanos en el Rastro.Su
aspecto de yuppie en decadencia
desentonaba con el entorno plagado de
cultores de la bohemia compartida ,para
quienes el habito está en estrecha
relación con el monje.
Julio y Ada Quintero,sin embargo,casi se
caen de espaldas cuando lo encontraron
borracho,con el saco raído y blandiendo un
ramo de rosas rojas marchitas por el calor
insoportable de aquel Madrid de
leyendas.Estaba sentado sobre un neumático
abandonado en la calle Orgaz al cien , a
pocas cuadras del estadio Santiago
Bernabeu.Llevaba el bolsillo lleno de
caramelos de goma y un sombrerito de luces
con la cara de Franco estampada.
-Que hacés Varguitas- gritó Julio,loco de
alegría, ostentando su mejor tonada
cordobesa-?
-Yo,señor? Solo espero un micro.
3 Comments:
lo noto alterado. Por qué motivo agrede a esa gente casi santa, que tiene tantos sitios donde ayuda a los menos afortunados.
¿Que le pasa?
¿Por que no agradece las migajas que esos elementos regalan?
Cuidesé, hematófago, y cuenteme como joraca se puede tener un lugar como ese pa uso particular.
TE deseo lo mejor para este año, gomia.
Un gran abrazo para vos y los tuyos – deben estar grandecitos ya –
Senén