El presente constante como Futuro. Pulso y templanza. Sabiduría y entendimiento. Nobleza y saber-cuestión.

Dicen que hizo frío este comienzo temprano del verano.

Pero el 31 de octubre de 2005, día que recuerdo perfectamente porque nació la primer hija del Príncipe de Asturias, el árbol del frente estaba pelado y tuve que prender la estufa.

Fue un día helado y solamente me aferraba al calorcito de lo humano la imagen que veía en la televisión.

Y bueno, un par de años después nevó en Buenos Aires, se cayó la pared del Perito Moreno en invierno, granizó piedras en Capital al mismo tiempo que implosionaban fuerzas ambientales en el mar de la china y hasta tuvimos aguaceros un día lunes, en el que un alumno, hizo un comentario diciendo irónicamente “estamos en jamaica” cuando dije “¿ven esto que estuvo pasando? Es un aguacero como en las zonas tropicales”.

Dicen que hablo estupideces. Que de Geografía hablan todos porque lo que pasa es lo que hay. Que la Geografía es como el fútbol. Todos son directores técnicos como filósofos, en términos de Gramsci.

Cuando ves la película de la realidad y sabés el porvenir, entendés el significado de la condición de posibilidad. Porque dadas ciertas condiciones, si pudieras evaluar las probabilidades finitas de los voluntarismos en un sistema de suma cero, la ingeniería social piensa el futuro y no lo crea.

Pretender crear el futuro es lo que convierte a un sociólogo en futurólogo. Pero partir de las condiciones de existencia hace que toda plausibilidad esté autocontenida en el lanzamiento de los dados. Para figurartelo: es como la función “skip” del reproductor musical. Todos los temas de un disco tienen algo en común y la secuencia de canciones se pueden calcular en su ordenación. Ahora, imagina que la sociedad global y los mundos circundantes fuesen una armonía de esferas de suma cero. La escisión entre solidaridad y reciprocidad es como la escisión entre literalidad y figuración. Para figurarlo mejor: es como una partida de ajedrez donde trabás los peones del rival con los tuyos. ¿Quién gana? ¿El que posee la capacidad de ruptura o el que juega otra partida sea de trebejos negros o blancos? Para figurarlo a la decimonovena potencia: si supieras de política de base e hicieras de la práctica común una práctica política, y todo gesto, toda sonrisa tendría su intencionalidad, en suma, la sexualidad de la cotidianeidad, el uso de los placeres como puesta en juego de la verdad y la mentira en un juego de verdades, seguramente le creerías al sofista. De ahí la importancia del concepto de alienación geográfica: tanto tiempo en la Tierra que el verso termina convirtiéndose en sustantivo y el sujeto en verbo actuante, poniendo la realidad de cabeza coronando la mente en Keter y no en Malkut la Prometida.


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