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Carta Abierta a un Hombre Equivocado

Estimado Señor? No se como llamarle. Usted no me conoce, ni me conocerá jamás, pero desgraciadamente yo lo conozco a Ud. mejor de lo que se imagina y se merece.

Permítame tutearlo…

Y decirte que a veces en la vida cometemos errores que parecerán tontos para nosotros pero cuyas consecuencias pueden ser muy graves. A veces abrimos una puerta sin cuidado, sin fijarnos que detrás puede estar un espejo frágil, una porcelana valiosa de esas que no se fabrican más, un juego de dominó que al sacar una sola ficha, hace caer una a una todas las demás. Ud cometió ese error, traspasó esa puerta con desparpajo (como quizás habría hecho muchas veces antes sin mayores consecuencias) enhebró su juego “inteligente” a través de un medio en el todos podemos ocultarnos detrás de una máscara y jugar, como cuando chicos, “pretender” que somos quien nunca podríamos llegar a ser:

“hombre sincero y cristalino busca mujer…”

Que tiene de malo? Si todos lo hacen? Miles y miles de mujeres y hombres, “solos” en una red, y todos “perfectos” “sinceros” “cariñosos” “frontales” que no pueden vivir sin amar, que creen en el amor y una relación seria….

Que tiene de malo? Si son solo palabras. Palabras que se escriben y no significan nada.

Quizás… pero quizás el mismo tonto que cree que las palabras no mueven montanas, jamás leyó la biblia, o el diario de una niña escondida en un ático de los Nazis, jamás se ha conmovido con un poema de Neruda, o simplemente una verdadera carta de amor.

No te conozco, pero sé que alguna vez amaste o creíste amar, alguna vez te emocionaste al ver por primera vez a tu hijo, alguna vez (o quizás más de una) te sentiste engañado y usado y por que no, tonto, tonto por creer, alguna vez lloraste por alguien, alguna vez, y aun si fuera por pequeños y fugaces momentos, fuiste feliz, alguna vez sentiste impotencia por las cosas que no pudiste cambiar. Sé que has sido hijo, hermano, esposo, y padre. Sé que hay personas por las cuales darías tu vida. Se que no soportas las injusticias y no soportarías que alguien le hiciera daño a los inocentes, y más si esos inocentes son carne de tu carne.

Ya te dije, vos no me conoces, pero yo te conozco. Te conozco porque vos te metiste en mi vida. Te metiste en mi vida cuando decidiste abrir esa puerta y herir a dos personas que amo profundamente y que no se merecen eso. Estoy segura que no lo hiciste intencionalmente, porque si es así, serias un psicópata. No lo creo. Supongo que lo hiciste como lo habrás hecho tantas otras veces. Pero es aquí donde cuestiono tu “supuesta experiencia.” Porque sinceramente, cualquier hombre que se precie con experiencia, debería haberse dado cuenta que estaba ante alguien muy diferente. Que detrás de esa mujer de 40 y tantos, había un niña herida, que sufrió muchos abandonos, un padre increíble, un poeta, un soñador, que a sus 50 años pierde su capacidad intelectual y se convierte en una sombra de lo que fue, y luego muere cuando ella es aun una niña, una hermana que se va a otro país para nunca regresar, nunca un novio que la amara hasta su adultez y quien también muere, y aferrándose a lo único que le queda, una mamá de 80 años que nunca la vio crecer, y ver pasar su vida, sin nada propio. Siempre de prestado. Así como de pequeña heredó mis vestidos y mis juguetes, ahora le desespera sentir que nunca va a tener la oportunidad de vivir su vida. Saber que lo único que quiere es que alguien la ame con toda la intensidad con la que ella es capaz de amar. Es perfecta? No! Quien lo es? Es súper-celosa, y como no serlo? Que son los celos sino miedo, miedo a perder, y como no entenderlo, cuando siempre SIEMPRE LO HAS PERDIDO TODO???

Si alguna vez le he reprochado algo a mi hermana, fue precisamente esa intensidad. Ese darlo todo, absolutamente todo, en cuerpo y alma, ese entregarse y creer que porque uno es sincero y lo apuesta a todo, los demás también lo son. En el mundo de hoy, es una ingenuidad no muy común, y a la vez muy peligrosa. Y entiendo porque quizás al principio no le hayas creído. Porque al principio te hayas preguntado que habría de verdad detrás de todo ese torbellino de emociones y de sentimientos que puede ser ella. Pero lo que no entiendo es como cuando entraste a la que yo aun llamo “mi casa,” a esa casa humilde y común y te encontraste con dos seres que quisieron brindarte lo poco que tienen, que te contaron las pequeñas “grandes” historias de su vida que quizás te parecieron tontas, que con lo poco que tenían, quizás te brindaron algo que te gustara, no entiendo como no te diste cuenta del mal que podías causar. No entiendo como no te diste cuenta que para satisfacer quizá una aventura sin consecuencia, agregar una conquista más en tu colección, o sentirte inteligente jugando un juego perverso, estabas matando una ilusión, estabas haciendo sufrir a dos seres que jamás le han hecho nada malo a nadie en esta vida. Dos seres indefensos, y solos. Sin nadie que los proteja. Dos seres que te abrieron las puertas de su vida con la única intención de ser felices haciéndote feliz.

Óyeme bien, no te deseo nada malo, porque en el fondo, no creo en los deseos. Los deseos son tonterías de los mortales que nos creemos omnipotentes. No me siento omnipotente como para desearte que te parta un rayo. No te deseo nada. Al fin y al cabo, si sos tan ciego que no supiste reconocer a una persona buena que no pretendía mas que amarte, tienes lo tuyo. Si eres tan tonto que no supiste apreciar a una persona cuya fidelidad vas mas allá de la muerte, que conserva un auto solo porque hace mas de 30 años lo condujo mi papá, o jamás toco o se deshizo de lo poquito que le perteneció al otro Hugo.

Mira las cosas de la vida. Nunca le escribí una carta al otro Hugo. A un Hugo a quien llegue a considerar hermano, compañero, amigo. Nunca llegué a decirle lo importante que era para mí por haber amado tanto a mi hermana. Por haber estado firme a su lado cuando más lo necesitaba. Por darme la tranquilidad de que cuando mi mamá estuvo mal, mi hermana no estaba sola. Con sus defectos e imperfecciones, Hugo era una persona sincera y cristalina que nunca necesitó esconderse detrás de una máscara para venderse. Hugo llego y se fue de este mundo sin dejar nada material, pero sin embargo dejó en cada cosa que toco su esencia, su capacidad de amor y empatía, su compromiso, su honestidad, y el hacerle recuperar a todos los que lo conocieron, la fe de que en este mundo existen seres cuya palabra vale de verdad, no tiene precio.

Vos no sabes cuando llegara ese día en tu vida en que tu día no tenga 24 horas. Y cuando llegue quizás hagas un recuento de tu vida. Y no creo que en ese recuento, te hagan feliz contar cuantas minas te llevaste a la cama. No creo que ese día te haga feliz saber que lograste comprarte el auto que ansiabas. Yo creo que lo único que podrás llevarte contigo es la satisfacción de haber sembrado algo aquí que hará que perdures más allá de la muerte. Saber que vivirás a través de aquellos a los que amaste y te amaron. Alguna vez te preguntaste que harías si supieras que estos 60 minutos serian los últimos en tu vida? Que harías? A quien llamarías? Que le dirías? No creo que llamarías a una de esas minas con quien compartiste unos momentos sin consecuencias. Ni a tu jefe ni a tus compañeros de trabajo. Ni te conectarías al internet a vender una mentira. Yo creo, que como la mayoría de las personas, lo único que querrías es llamar a todos los que amaste y te amaron y decirles lo que significaron para ti. Yo creo que como la mayoría de las personas, quisieras pasar tus últimos momentos mirando a los ojos a alguien que de verdad te quiso y en cuyos ojos reconozcas la desesperación que se siente de verdad por la pérdida de alguien que significó tanto en nuestra vida.

Y nunca se sabe, nunca se sabe cuando la vida te dará la oportunidad quizás única de conocer a esa persona y reconocerla. Cuando entre miles de mentiras y mascaras la felicidad estará detrás de esa puerta que decidiste abrir para darte una oportunidad o para romper en mil pedazos.


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