Veintiséis veces, no debo fallar

El torneo de la ¨B¨ de 1982 quedó marcado como el primero que disputó un grande en la segunda división del fútbol argentino. San Lorenzo fue él grande que cayó en desgracia, sin embargo, no le costó demasiado volver a primera ya que fue campeón de punta a punta.

Ese torneo se disputó a dos ruedas y todos contra todos, pero a diferencia del año anterior, solo el primero ascendió directamente, mientras que los ocho siguientes se enfrentaron en un octogonal que determinó el segundo ascenso.

Al octogonal clasificaron; Gimnasia y Esgrima de la Plata, Chacarita, Atlanta, Almirante Brown, Banfield, Español, Temperley y Deportivo Italiano, en este orden. La primera serie se disputó a partidos de ida y vuelta en los propios estadios de los equipos, mientras que a partir de las semifinales se jugaron a dos encuentros pero en canchas neutrales.

En la primera rueda, Gimnasia eliminó a Italiano, Chacarita fue derrotado sorpresivamente por Temperley, Atlanta venció a Español y Banfield hizo lo propio con Almirante Brown. Para las semifinales la sorpresa la volvió a dar Temperley, que derrotó al favorito Gimnasia de la Plata, mientras que Atlanta se impuso a Banfield y ambos alcanzaron aquella final que quedó para la historia.

Atlanta llegaba como el mejor posicionado en la tabla general, había terminado cuarto, aunque no podía sentirse confiando ante Temperley que terminó octavo en la tabla de posiciones pero había eliminado a Chacarita y a Gimnasia, tercero y segundo respectivamente.

Ambas finales se disputaron en la cancha de Huracán, Atlanta contaba con jugadores reconocidos como; Horacio Bianchini, Enrique Hrabina, Jorge ¨Ruso¨ Ribolzi y Alfredo ¨Murcielago¨ Graciani. Mientras que Temperley, con un equipo más modesto, estaba integrado por Héctor ¨el mudo¨ Cassé en el arco, Hugo Issa, Hugo Nelson Lacava Shell, Mario Finarolli, Néstor Scotta y Carlos Pachamé como director técnico.

El primer partido se disputó el sábado 18 de Diciembre, fue dirigido por el árbitro Juan Rolando y la victoria fue para Temperley por dos a uno, con goles de Eduardo Massoto y Ricar do Dabrowski de cabeza, mientras que Omar Rodolfo Porté, de penal, mancó para los bohemios. Fue un partido en el que temperley pegó al comienzo y al final, en el que Atlanta mereció más pero el arquero visitante Cassé, la figura del partido, evitó de manera espectacular.

El martes 21 de diciembre se jugó la final, fue dirigida por el ahora conocido Mario Gallina, y fue un partido vibrante. Atlanta arrancó dispuesto a llevarse por delante a su rival, aunque cargado de nervios, no lograba crear situaciones demasiado claras. Se fue poniendo nervioso con el correr de los minutos, tal es así que a los 29 minutos del primer tiempo sufrió la expulsión del ¨murcielago¨ Graciani por pegar un codazo. Temperley, parado de contra, apostaba a alguna escapada de sus delanteros, cosa que ocurrió a los 5 minutos del segundo tiempo y por lo que Bianchi, defensor bohemio, debió bajarlo y se fue expulsado. A los 10´, Ribolzi y Massotto se agredieron mutuamente y también vieron la roja. El partido quedó planteado de la siguiente manera; Atlanta, con ocho jugadores, yendo a buscar la victoria y Temperley, con diez, buscando aguantarlo.

Como presagio o anticipo de lo que sucedería luego, los penales empezaron a aparecer en escena dispuestos a copar el espectáculo. A los 20´, Gallina cobró un penal dudoso que Porté cambió por gol, así la serie quedo igualada y parecía mantenerse de esa manera, ya que a ninguno le quedaban fuerzas suficientes para cambiar la historia. Sin embargo, a los 18´del tiempo suplementario, el arbitro volvió a señalar el punto de penal aunque esta vez el favorecido fue Temperley, que a través de Piris tuvo la posibilidad de llegar a primera, pero el destino y el arquero de Atlanta, Alberto Parsechian, se hicieron presente y mandaron la final a los penales.

El Tomas Adolfo Ducó era puro nervios, ni los de celeste ni los de azul y amarillo podían siquiera respirar, todo aquel año, el campeonato largo, el octogonal y los suplementarios no habían bastado, y todo se definía con cinco tiros para cada uno a once metros de distancia del arco, después de aquella caminata infernal desde la mitad de la cancha.

30 mil personas esperaban la definición, sabido es que los nervios iban a dejar paso a la desilusión para unos y la alegría para otros pero vaya si se demoró. Aquella noche se ejecutaron 26 penales, con cada uno de ellos la inquietud fue creciendo y varios corazones amenazaron a no aguantar. Fueron los primeros diez y todos gol; Porté, Raffaelli, Bianchini, Latreite y Parsechian para Atlanta; mientras que Del Ducca, Spataro, Dabrowski, Scotta y Piris convirtieron para Temperley. Las almas presentes se detenían en cada caminata desde el centro del campo, ni que hablar la de los hinchas celestes cuando Piris, el mismo que había fallado durante el encuentro, fue el designado para el último penal de la serie de cinco, aunque este convirtió con autoridad.

Comenzó la serie de un penal para cada uno y la puntería era, llamativamente, perfecta, por lo que el final se dilataba. Fueron Hrabina, Olmedo, Jones, Porté y Raffaelli para Atlanta, que pateaba primero, y cada uno seguido por Aguilar, Lacava Shell, Issa y Villalba para Temperley. Hasta ahí, diez a nueve para los bohemios. El sufrimiento era general cuando llegó el turno del ¨Mudo¨ Cassé, único jugador que todavía no había pateado. El arquero fue, acomodó, se paró recto a la pelota y enterró la punta de su botín derecho en la tierra, la pelota salió mordida al medio, los corazones de unos y otros se detuvieron, el arquero se quedó mirando su envío que lentamente y boyando ingreso al arco de Parsechian que ya se había jugado a una punta, la historia y la incertidumbre seguía, diez a diez y a seguir rezando.

Luego, siguieron para Atlanta Bianchini y Latreite, mientras que para Temperley empataron Del Ducca y Spataro. El decimotercer penal le correspondía a Hrabina, que se dispuso a patearlo con la personalidad que lo caracterizaba, pero su intención fue adivinada por Cassé, que loco de alegría festejó como si ya lo hubiera ganado. Con el lamento de unos y la alegría de otros Dabrowski fue hacia la pelota, se acomodó en la medialuna y no lo pensó, con la orden de Mario Gallina, definió al costado izquierdo del arquero bohemio, que fue hacia el otro lado y determinó el ascenso de Temperley a primera división después de veintiséis penales y una historia que interminable.

Agradezco las fotos y la información a www.intercele.com.ar y a www.caatlanta.com.ar

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