Junio 2, 2008 | Por darwin-pinto | # Enlace permanente
En serio. Evo dijo ante una nación que lo creía lo
mejorcito en la historia democrática del país en enero de
2006: Bolivia es la Sudáfrica de Sudamérica. Y después,
el vicepresidente, intelectual con pasado de intento de
insurgencia, dijo con la solemnidad de su pinta de
académico: Evo es el Nelson Mandela de los Andes.
Y entonces muchos se lo creyeron, aunque a los
admiradores del gran líder sudafricano aquella
comparación les haya caído más gorda que la inflación
que pesa sobre la espaldas de los bolivianos ahora por la
prohibición de exportaciones, por el desplome del dólar,
por la crisis alimentaria, por los desastres naturales, etc,
etc, etc…
Cuando ambos dijeron eso, al parecer ni Evo ni García
Linera sabían que antes de ser elegido presidente Mandela
llamó a una asamblea constituyente conformada por todos
los partidos sudafricanos (de izquierda, centro, derecha,
pronegros y racistas), quienes llamaron a elecciones.
Mandela ganó y el 20% de la población blanca creyó que
con don Nelson en el poder, los negros se vengarían. Pero
no. Mandela tuvo la grandeza de invitar de Frederick De
Klerk como su vicepresidente para que entre ambos, entre
blancos y negros, arreglen a un país que estaba enfermo de
intolerancia y odio por ambos bandos.
Frederick De Klerk era el presidente saliente, miembro del
racista Partido Nacional que formaba parte del proyecto
que había impuesto el terrible y vergonzoso Apartheid en
1948 (segregación racial defendida desde el Estado
blanco). Pese a eso, Mandela lo retuvo a su lado y fue más
lejos. Junto a De Klerck, el primer presidente negro de
Sudáfrica dejó en manos de la derecha racista sudafricana
carteras claves como la Economía, el Ministerio del
Interior y la Defensa Nacional, sin el menor atisbo de sed
de sangre y revancha como lo hubieran supuesto aquellos
que creían que este nieto de un rey africano buscaría
revancha por los 28 años que había estado preso por culpa
del partido nacionalista blanco.
Y ojo que Mandela tenía motivos para vengarse y tenía
con qué aplastar a la minoría blanca (un 20 % de los 40
millones de sudafricanos), porque había ganado con un
85% de los votos. Pero no lo hizo, en vez de encender los
odios, o acusar de separatistas a los blancos (ellos habían
reducido a territorios autónomos a los negros) o reavivar
las heridas de los 300 años de dominación colonial de su
país y los 40 años de vergüenza del Apartheid, pactó con
sus enemigos.
Mandela estuvo los 28 años en la cárcel pensando en cómo
pacificar su país y lo hizo. Hubo una verdadera
reconciliación nacional al punto que los blancos no se
sintieron amenazados y De Klerk dejó el cargo de
vicepresidente con la confianza de que los blancos no
serían reprimidos.
Una vez concluido el periodo de gobierno de cuatro años,
Mandela no tuvo la tentación de perpetuarse en el poder
como algunos gobernantes latinoamericanos de la tierra de
Martí y Simón Bolívar. En vez de aferrarse a la idea de
300 o 500 años de reinvindicaciones de su pueblo
oprimido, Mandela se negó a la reelección y dejó el paso
libre a un sucesor siguiendo el viejo precepto de que un
caudillo que se perpetúa en el poder siempre debilitará a la
instituciones y un país sin estas, está destinada al caos.
De modo que cuando Mandela invitó a de Klerk como su
vicepresidente, los negros no lo podían creer y los blancos
suspiraron de alivio, ya que la pesadilla de una venganza
negra esfumaba.
Evo Morales, el “Mandela de los Andes”, ¿sería capaz de
tal acto de grandeza, cuando se ve cómo se acarrean
campesinos para chocar contra opositores en Cochabamba,
Sucre, Santa Cruz, Beni y Pando y en todos los lugares
donde el MAS no tiene hegemonía?
Los gobiernos de Sánchez de Lozada y Bánzer deportaron
a Evo a confinamientos en la selva y el altiplano, pero en
ningún caso esa experiencia se compara con la de
Mandela, encerrado siete veces y la última vez duró 28
años.
Con este antecedente, la pregunta es: ¿Se justifica la
violencia del Estado y de los sectores afines al MAS bajo
el argumento de 500 años de explotación contra un sector
de la población que disiente de pensamiento?
Mayo 31, 2008 | Por darwin-pinto | # Enlace permanente
Por: Darwin Pinto
Alguien dijo: Evo Morales es el Mandela los Andes… ¿será así?, ¿hasta qué punto la vida, obra y milagros de estos dos hombres, llamados a dirigir la suerte de las masas indígenas de dos países (uno de África y otro de América Latina) son similares o distintas? Veamos: Evo era un lloqalla de cinco años que crecía bajo la pollera de su madre pateando cualquier cosa que parecía una pelota en la planicie pelona del remotísimo Orinoca, cuando en Sudáfrica a Nelson Mandela lo condenaron a cadena perpetua por el gran delito de pelear contra el racista Apartheid del gobierno del Partido Nacional que obedecía a la minoría blanca descendiente de los boers holandeses dominadores del país durante 300 años. Eso ocurría en 1964, Barrientos, el responsable de la masacre de San Juan contra los mineros y el encargado de acabar con la guerrilla del Che, gobernaba Bolivia y los Beatles dominaban Inglaterra y Estados Unidos.
En el año del mundial de Italia1990, cuando Frederick De Klerk liberaba a Mandela de la cárcel tras una insostenible presión internacional, con paciencia de padre Filemón Escobar le explicaba a Evo el hecho de que en vez de hacer apalear a los campesinos con los militares erradicadores de cocales, sería prudente crear un partido político para defender sus intereses desde el Parlamento liberal y no desde los sindicatos y carreteras del Chapare.
En 1994 (otro año de Mundial de fútbol en el que Bolivia debutaba ante la Alemania de Klinsman en EEUU), Mandela era elegido el primer presidente negro de Sudáfrica con un 85% de los votos de un país de 40 millones de habitantes, mientras que un año después, recién en 1995, Filemón Escobar terminaba de armar el proyecto político para que Evo haga y deshaga con el país gobernando por decreto y movilizando a campesinos para que se cumpla su voluntad.
En 1995, con Mandela ya un año en el poder, Evo en Santa Cruz creaba el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, que luego se llamaría MAS, una sigla originalmente de la ultraderechista Falange Socialista Boliviana (los republicanos rojos españoles que perdieron la guerra civil contra los falangistas de Franco se deben estar revolcando en sus fosas comunes a lo largo y ancho de toda España, especialmente en las carreteras catalanas).
Y paremos de contar. Al parecer hasta ahí llega la relación que pueda tener el gran líder sudafricano, Nelson Mandela con el magnífico dirigente cocalero Evo Morales. Las distancias entre ambos son enormes (incluso las generacionales), pese a que Evo y García Linera, a su turno, compararon a Bolivia con Sudáfrica y a Morales con Mandela.
| Por darwin-pinto | # Enlace permanente
Por: José Mirtembaum*
Con certeza, Nietzsche es el único filósofo que se atrevió a explorar la compleja geometría subjetiva de los íntimos deseos humanos de ejercer una “voluntad de poder-hacer”. Añado al concepto de poder, el hacer, porque en el lenguaje alemán de lo que se trata es tener la voluntad de hacer con el poder. Aclarada esta definición, tenemos que entender que nuestro presidente Evo Morales se encuentra entrampado subjetivamente entre el placer del poder y el dolor de hacer. ¿Que significa esto?, en las actuales circunstancias en las que Evo Morales se encuentra en un país de ciudadanos constituyentes que han decidido controlar su poder personal, porque sabemos todos que Evo quien fue nuestra ilusión de ayer, es el desencanto de hoy. Nietzsche dice en su aforismo 603 en la “Voluntad de Poder”[1]: “Que la destrucción de una ilusión no produce la verdad, sino una pieza más de la ignorancia, una extensión de nuestro ‘espacio ‘vacío’, un incremento de nuestro ‘desierto’”. Esto se aplica a nosotros los ciudadanos bolivianos en relación a nuestro presidente. Por su carácter de persona carismática, pero absolutamente solitaria, el poder que tiene como tal, es insuperable y probablemente es casi un afrodisíaco permanente para el y su entorno inmediato. Empero, el hacer algo coherente con ese poder, es algo que probablemente le da mucho dolor, porque simplemente no puede. Un presidente que centra todo el mundo en su eje de poder, no puede hacer nada, porque el mundo que lo rodea no le deja. Si fuese único que decide que hacer, pues caeríamos en las manos de un adolescente caprichoso, un “llokalla” como le dice Filemón Escobar, quien en su más intimo deseo no haría sirvientes de su voluntad de poder, tal como nuestros hijos adolescentes no hacen sirvientes de la suya. Obviamente, el chantaje emocional es la mejor arma del poder, para no hacer lo que el pueblo quiere que se haga: construir una nueva nación en paz y armonía. En este marco, Evo está en contraposición de Nelson Mandela. Mandela simplemente aplico, el poder hacer, haciendo lo que estaba en su poder, pero con amor y tolerancia a quien el consideraba su “enemigo intimo”, el mismo. El resultado de exiliar el “odiador” de su propio corazón, pues ha dado los resultados que vemos en Sud África hoy, una sociedad que ha superado más de cien años de guerra racial con una Constitución donde no se menciona ni la palabra “negro”, ni la palabra “blanco”. Nuestro presidente tiene que salir de su etapa de adolescente, si quiere acercarse un poquito a la madurez de Nelson Mandela. Crecer duele….así nomás es el ritmo natural de la vida, por más poder que uno tenga. [1] Edición de Walter Kauffman. Vintage Books. New Cork. 1968.pag. 327
*José Mirtembaum es jefe de la carrera de sociología de la universidad pública de Santa Cruz
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