Adjetivando a Buenos Aires
Hace mucho tiempo
comés lo que yo tiro
Y cómo te bancás así?
No ves que están los niños?
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Yo me como que, al mirar,
sólo veo tu dolor
Veo lentamente:
te han usado para el mal
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El Flaco Spinetta lo usa como recurso desde el inicio de su carrera: frecuentemente adjetiva con sustantivos. En aquella enorme “Muchacha, ojos de papel” lo empleaba desde su título pero no se quedaba allí: hermosísimas imágenes eran sugeridas por Luisito al caracterizarla a “ella” como “voz de gorrión” o “pechos de miel”, entre otras. Y aquí me faltan conocimientos literarios técnicos para profundizar en como usa el Flaco este recurso, pero al menos menciono que al aludir a un segundo sustantivo para calificar al primero nos entrega una expresión más contundente y más movilizadora a la vez. Porque la mente se nos dispara en mil estímulos cuando Spinetta le habla a la mujer amada con versos como “tu rostro, luna en mi cristal”, “una piel y una flor / son tus pechos, que no piensan” o simplemente nombrándola como “crisantemo, que se abrió”
El Flaco no sólo se ocupa de hablarle a su amada, no. Ni mucho menos
En 2004 abría su disco Camalotus con “Buenos Aires, alma de piedra”. Y le dice así:
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Te cambiás la cara
cuando sube la marea
Eres sanguijuela
de la gente que te teme
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Lo que no tolerás
es la esencia inteligente
Una sobredosis
de amor te mataría
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Buenos Aires, alma de piedra
nadie nos esta esperando
Veo que bailan en la calle azul
y no es verdad
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En mi condición de “no-porteño” (rosarino, para ser exacto) igual quiero escribir este post en primera persona. Podría ser “Rosario . . .” o, si quieren, “Flaco Delmontón, alma de piedra”: no me siento afuera de esto para nada. Incluso, sé que me estoy refiriendo a algo tan viejo como el ser humano. En este domingo tan teñido para mí de todos los sentimientos por los comentarios, los conflictos y (subrayemos) las muertes de Villa Soldati, recordé primero la canción del Flaco y luego algún pasaje bíblico que tuve que googlear para identificarlo. Ese que dice “Les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne” resultó ser del libro del Profeta Ezequiel y data del año 600 antes de Cristo, según Wikipedia. Así que sigue vigente el concepto discepoliano de lo que el mundo fue y será
Pero (pero) pienso que, si nos queda grande cambiar al mundo, por lo que yo quiero empezar es por luchar por no acostumbrarme. Por no aceptarlo del todo. Porque me siga impactando el primer verso de la canción: no puede ser que durante muchos años haya seres humanos que coman de lo que yo tiro. Y sé que los veo revolviendo la basura las noches en que salgo a la calle y que lo tomo como algo “natural”. No: no es “natural”. Como tampoco lo es que haya gente que trabajando honestamente tenga cerrado su derecho a una vida digna, que la respuesta que le da una sociedad (o parte de ella) de un país con recursos a los pobres sea que no jodan y se las arreglen como puedan. Que haya muertos en un conflicto por el espacio urbano. Y que el dinero que las personas tienen sea la varita con que los medimos: si tenés, te respeto y si no tenés, no. Ni el color de la piel, la procedencia, ni todos los etcéteras que quieran
Para eso tenemos (tengo) que tener desanestesiado el corazón. Porque ése, si hablara libremente, sin prejuicios y sin la tiranía de nuestra comodidad y nuestro ego, no nos mentiría
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Tu corazón no te mentiría
Es así:
Es la ciudad, que se quedó vacía
Buenos Aires, alma de piedra / Luis Alberto Spinetta
