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Cuántas veces yo quise tener una guacha

Cuántas veces yo quise tener una guacha
que tuviera el pelito así, como vos . . .

Y . . . Uno, que busca lleno de esperanzas, sabe de lo que nos está hablando el poeta. El deseo masculino, tantas veces acusado por nuestras colegas en la especie humana de obvio, predecible, mecánico y demás, suele ir detrás de las guachas; al menos detrás de las que nuestra cultura considera como tales. Y en eso (perdón chicas) lo que suele tirar más que un par de bueyes no es precisamente la inteligencia o la bondad. El “típico macho”, diría Tina Turner, corre detrás de ciertas curvas, como ya es archisabido. Pero, además de eso, lo que muchas veces pierde a muchos tipos (y cataloga a las minas como guachas) es, más que un cuerpo perfecto, la connotación sexual de cosas no tan vinculadas a lo genital: estilos, modos de moverse, de vestirse, de caminar, de mirar. Actitudes. Forma de mostrarse. Y en eso, muchas cosas juegan. Y el pelo cumple un rol muy importante

Yo recuerdo aquel tiempo en que caminaba con vos
y los negros chiflaban . . .
Y los negros chiflaban de amor

El poeta insiste con llevarnos a situaciones conocidas. Es uno de tantos dilemas del varón, sobre todo el del posesivo o el celoso: si querés tener una novia que esté buena, una auténtica guacha, andá sabiendo que tus congéneres la van a mirar. Y mirar, digamos . . . se dice como para empezar

Así que quien “entiende el juego” (Passarella dixit) y tiene una mínima idea de cómo se manejan las guachas y los negros enamoradizos, ya puede intuir ciertas cosas que suceden aún antes de que los protagonistas las cuenten

Hipppielight dice:

· pensé que era una manguera que perdía

· y llamé al auxilio primero

Hipppielight dice:

· demoró una hora y no lo pudo arreglar

Flaco Delmontón dice:

· ajá

Hipppielight dice:

· así que después llamé a una grúa para llevarlo al taller

Flaco Delmontón dice:

· cómo te miraba el de la grúa, mamita

Hipppielight dice:

· seeeeee

· ése y el del auxilio tenían una cara . . .

(Chat entre este blogger y la guacha con quien está en pareja actualmente)

Igual, volviendo a la poesía, todo transcurría bajo el espectro de lo conocido, pero un íntimo pensamiento del protagonista origina un desenlace totalmente impensado

(Antes de pasar a eso, me veo en la obligación de aclararles a las ciberlectoras y/o a los varones menores de 30 que no sepan, que Rubén “el Chapa” Suñé fue un áspero nº 5 que jugó en aquel Boca del inefable Toto Lorenzo, allá a fines de los ’70)

Y volviendo al final . . . No, mejor véanlo. O escúchenlo

Es mucho mejor a que yo se los cuente

El extraño orgullo de saberse argento

Tuve que decírselo a aquel alumno. Su idea demasiado elogiosa de esa producción europea, otorgándole un rol de vanguardia que fue copiada aquí, en los mundos periféricos, debía al menos ser cuestionada. Y sabía que mi intervención iba a ser apoyada por el otro profe que me acompañaba en el aula en ese momento, quien no se cansa de pregonar en sus clases “no acepto la idea de que acá se copia tarde y mal todo lo que se hace en el llamado Primer Mundo”

Obviamente, eso no implica que uno, en tanto argentino, deba sentirse el centro del universo y la cereza del postre. Según mis fuentes googleadas, los 40 millones de argentinos somos el 0,6% de la población mundial. Demasiado poco para un pueblo que muchas veces tiene demasiado ego, parafraseando a García, y cree que merece ser el nº 1 de cualquier tipo de competencia que se desarrolle en el planeta. Lo cierto es que no somos ni los mejores ni los peores. Un país más (Delmontón, como yo), con sus glorias y vergüenzas. Ni los inventores de la pólvora ni unos buenos para nada que únicamente copian lo que hacen los cerebros de afuera

En música popular sucede, no? La historia oficial nos cuenta el papel protagónico que tienen las figuras de “allá” . . . qué sé yo: Elvis, los Beatles, los Rolling, Bob Dylan . . . Y en buena hora que lo tengan todos esos grandes. Y nosotros tenemos los nuestros también, que hacen lo suyo: son parte de ese grupo, tengan o no reconocimiento universal. Ésa es otra historia. Pero, a priori, no me parece que, por poner un ejemplo, Charly sea una mera copia berreta de Lennon o de Prince: García es un grande de la música, con todas los particularidades de haber vivido aquí y que está a la altura de los grandes del mundo, diría yo. Y hay otros artistas argentinos que copian, como también lo hacen músicos de todos lados. Esa rivalidad, esa competencia de si somos más o menos, para mí no tiene demasiado sentido: los artistas son diferentes entre sí y son grandes o chicos según su obra y no su procedencia. Porque cuando B. B. King invitó a Pappo a tocar, o Pat Metheny sumó a Pedro Aznar a su banda, pienso que no les importó su pasaporte. Lo hicieron por la calidad musical que tenían

Bueno . . . uds ya me conocen: se bancaron toda una perorata que fue sólo la excusa para presentarles un videíto de youtube. Pero (coincidirán conmigo?) . . . qué videíto . . . Con éste, aunque tenga algunos años, me animo a ir al Mundial de Covers, sin ninguna duda. Que creo que viene a cuento porque es la versión de músicos de nuestras pampas de un tema super, archi, hiper hit de la música popular “de allá” de fines de los ’70. Ya van a ver de qué se trata

Lo que sí les digo es que con éste tema yo iría muy, pero muy confiado. No pasaríamos vergüenza. Tiene una calidad interpretativa que no tiene nada que envidiar a nadie

Y creo que nos traeríamos al menos nominaciones en los rubros Mejores Arreglos, Mejor Bajista, Mejor vocalista femenina, Mejores Gambas y Mejor Baile Sexy

Pero si no les parece me dicen, si?

Estamos en democracia

http://www.youtube.com/watch?v=ULVjt87jY-I