Posts etiquetados como ‘amistad’

Qué bella la amistad (parte III y final)

Recuerdo que una vez

una mujer me dijo

que en algunas ocasiones,

los mejores amigos . . .

Los mejores amigos,

los mejores amigos

a veces son aquellos

desconocidos

La mujer que habló con Dieguito Frenkel tenía toda la razón del mundo. Aparte, con toda precisión intelectual (y con toda modestia a la vez) aclaró: “en algunas ocasiones”. Porque es una cosa que sucede muy cada tanto, pero que sucede: eso de que los desconocidos pueden ser mejores amigos que tus propios amigos. A mí por lo menos me consta

Porque ésta amistad que nos ocupa tiene algo de la del amigo del alma y de la amistad liviana (temas de Qué bella I y Qué bella II, respectivamente) pero es diferente a ambas. Es una especie de “amistad del alma express” con la importancia de la primera y lo instantáneo de la segunda. Y está buenísimo que al menos alguna vez en la vida nos toque

La mujer estaba sola,

sentada al borde del abismo

Y el abismo en ese momento era el río

Su bicicleta estaba, al lado,

tirada en el cemento

Iluminada por la noche del sur

Entonces pasó un hombre

y le dijo: “Nena,

si te tirás, la bici me la quedo yo”


La voz casi susurrada de Frenkel en el tema de La Portuaria nos da una pequeña gran lección. Es que si algo bueno tiene la amistad del desconocido es, precisamente, la frescura con que de golpe se mete en nuestros problemas y opina sobre ellos. Uno está llorando a la ingrata que se fue, al empleo perdido, la enfermedad del familiar, los kilos de más, el campeonato que no pudo ser . . . cualquiera de esas cosas que, justificadamente o no, nos tienen nocaut. O casi. Y este fulano o fulana (ocasional conocido de juerga, peluquero, empleado bancario, compañero de banco de plaza o lo que sea) a veces propone algo ridículo. Claro: no entiende la gravedad de la situación

Es que es justamente así, hermano: como no la entiende, le resta dramatismo al tema. Lo ve de afuera; por lo tanto, de otra manera. Sus palabras nos pueden parecer en primera instancia una burla a la tristeza casi terminal que nos invade. Pero tal vez luego nos ayuden a ver que todo tiene solución. Que nada es tan grave como parece. Y que, en medio del dolor, nos podemos llegar a reír de nuestra propia desgracia

La mujer que era joven

y creía en la risa

tomó su bicicleta, y se levantó

Luego anduvo un rato largo

y en los bosques se perdió

Y frente a un bar estacionó

En la barra había un muchacho

que intentaba ahogar sus penas

Inundándolas en alcohol

La mujer miró su rostro

y le dijo: “Nene, lo mío es peor”

Y el hombre entonces comprendiendo sonrió

Los mejores amigos,

los mejores amigos

a veces son aquellos

desconocidos

De una manera casi evangélica, Frenkel nos da el final feliz: aquel que fue ayudado, ayuda a otros a la vez

Así que este post (o esta serie de posts) culminan con moraleja. Parafraseando a Charly diremos que cuando estés mal, cuando estés solo, levantá la cabeza

Capaz que la palabra justa viene de donde menos la esperás

(Eso sí: Si se te da, después volvés a este blog para comentar conmigo: “Qué bella la amistad . . .”)

Qué bella la amistad (parte II)

Drinking wine and killing time,

sitting in the summer sun

Seven days in sunny june / Kay, Johnson / Jamiroquai

“Se armó la amistad”, diríamos con el Gato. Hay vino, hay tiempo de sobra y el escaso y preciado solcito inglés del verano calienta el césped, el mejor césped del mundo. Y hay amigos y amigas. Nuestro también flaco ilustre Jay Kay nos canta un tema con el marco de esta otra cara de la amistad: no la profunda, la verdadera amistad del hermano del alma. Simplemente esa más superficial, (liviana, escribíamos en Qué bella I): la de sólo pasarla bien

Porque precisamente la expresión “Qué bella la amistad” (repetida hasta el hartazgo por este blogger en su vida cotidiana) tiene que ver con eso: con la redundancia de decir “Qué bueno es pasarla bien”. Actitud que nace fundamentalmente de uno mismo, porque más allá de nuestro entorno, es uno el que se propone andar por la vida más a los ladridos o más a los besos. Porque podría decirse que en cuanto a lo que les toca vivir hay seres humanos marcados por la varita y otros orinados por los perros, pero también que muchos sobrellevan sus penas con mucha onda y que otros, más allá de una situación objetivamente aceptable (al menos), hacen un culto de la queja y del mal humor

And then you dropped the bomb

that I’ve known you too long

for us to have a thing

Para algún cavernícola en inglés como yo, la traducción de esto viene a ser algo así como “Y entonces soltaste la bomba / ésa de que te conozco demasiado / como para que tengamos algo”. Porque en el contexto de esos placenteros días de amistad hay un rebote. Y si hay un rebote es porque primero hubo un lance, obvio. Porque el amplio abanico de esta “amistad” va desde la muchachada jugando un picado y un par de amigas que van al shopping, por un lado, hasta esa chispa que surge en alguien y le hace pensar que con “esa persona amiga” la podría pasar bien en circunstancias más íntimas, digamos, por el otro

Y ese paso, ese cruce de la línea que separa a la “amistad” del “tengamos algo” en nuestros días está mucho más al alcance de la mano que nunca antes. De las formas más tradicionales (a lo Jay Kay en una fiesta) y de las nuevas maneras que posibilita la era digital: celulares, chats, sitios de encuentro, facebook, blogs . . . en fin: el “approach” está siempre a un paso. Y los que están (estamos) en pareja teniendo que “re-pactar” códigos y modos de manejarse y preguntando y/o respondiendo acerca de quien es Fulan@, a quien aceptaste como amigo. O porque Mengan@ te escribió eso en tu muro de Facebook (o en tu blog) Y, reafirmar que, cuando todo va bien, la opción por la pareja es una elección consciente y feliz y que, con el respeto y los códigos del caso, no excluye el “pasarla bien”, por supuesto

Lazy days, crazy dolls . . .

Sí, claro: demasiado análisis. Nos pusimos demasiado serios cuando creo que a esta altura lo mejor es disfrutar de este temazo, con (para mí) el mejor video de “amistad” de la historia. Y nos ubicamos allí, con pareja o sin ella, entre las chicas en bikini que lavan el Fiat 600, el disfrazado de oso panda, Jay Kay con su buzo de Perú, sus camisas, inigualables y su pollera escocesa. Las carreras de bicis y motos, las chicas tiradas a la pile y el negro que hace jueguitos. Y esa especie de tanque acuático, conducido por Jay Kay con su sombrero de Napoleón

Y volvemos a pensarlo

Sí . . . Qué bella es la amistad . . .

Qué bella la amistad (parte I)

Que Dios te bendiga
por el resto de los días
Oh Tony, permiso:

tu nombre está aquí

Aunque no te siga
yo te siento en la armonía
Oh Tony, amigo
te quiero decir

que aprendí
a mirar en el fin de este mar
Sombra marfil,
hoy yo siento que llegas a mí
a curar mi mal

La amistad. Una realidad que puede ser tan profunda y tan liviana a la vez. En realidad escribí primero “bastardeada”, pero lo cambié: no quiero ser peyorativo de esas amistades livianas, que también tienen su encanto. Y que serán las protagonistas de la segunda parte de este “Qué bella la amistad”

En este caso, una de las otras. Nuestro amigo Luisito cierra los créditos del álbum “Spinetta y los Socios del Desierto” (1997) diciendo “Dedico este disco a la memoria de María Laura Rufino y de Tony”. Y escribe esta bella canción al amigo que ya no está

Hay algo que se agita,
es tu fuerza cada día
Silencio, silencio,

entre toda la luz

Ahora es primavera
yo te siento en la armonía
Oh Tony, querido
te quiero decir

que aprendí
a mirar en el fin de este mar
Sombra marfil
hoy yo siento que llegas a mí
Oh Tony, sí, oh Tony . . .

Allá en mi secundaria, yo tenía un profe de física que nos decía, casi como Viejo Vizcacha: “Amigo es el hermano elegido; hermano, el amigo obligado”

Creo que lo que se trasluce en esta letra del Flaco es un amor fraternal, obviamente, pero que se expresa fundamentalmente en la honra, el respeto y la trascendencia de ese amor. El que canta al amigo ya no tiene el dolor y la desesperación de la pérdida: eso parece haber cicatrizado. La profundidad y la magnitud de esa amistad ha sido más fuerte que esa angustia y que la mismísima muerte: Spinetta hace un homenaje a la grandeza del ser de ese amigo (“permiso: tu nombre está aquí”) y le habla, con la fe de que Tony lo escucha

Yo también creo que, al escuchar la canción del Flaco, desde algún lugar Tony se sonríe

O se le llenan los ojos de lágrimas, por la emoción

Sos Gardel

- Gato: Y con quién vas a pasar esta noche?

- FD: Solo, nomás . . . Mis hijos están con la mamá, mis viejos se van a los de unos tíos afuera y yo no quiero ir, mi hermana no sé que hace . . . Pero a mí no me molesta: ya cuando era chico tuve un año nuevo en la calle, esperando para salir, y la pasé rebién . . .

- G: No, boludo . . . Cómo vas a pasar solo un año nuevo? Te venís a casa. Lo único es que acá van a estar mis suegros, pero vos los conocés . . . Venite igual . . .

- FD: No, no . . . Pásenla uds en familia, tranquilos . . . Yo solo, en casa, estoy fenómeno. Y después de las 12 nos juntamos, si querés

- G: No . . . Esta noche cenás en casa. No me rechaces la invitación . . .


Y fui, nomás. Ya en los primeros minutos de 2009, nos fuimos a escuchar música solos: el ritual de siempre. Yo anuncié que me iba al auto a buscar lo que tenía: el último de Spinetta, Un mañana, que me acababan de regalar mis hijos para esa Navidad. Lo traje y le mostré al Gato la caja: un arte excelente, de cartón y tipo sobre, con la particularidad de que sus ángulos no son rectos: es un paralelogramo. Mi amigo lo puso en su equipo y dijo:

- G: Vamos a ver en qué anda el Flaco . . .
- FD (indicando la jugada): Poné la 5

Sabía que ese sonido de solamente la guitarra acústica y voz le iba a gustar al Gato. Bah, a cualquier persona con cierta sensibilidad, diría yo. Y se escuchó a Luisito entonar aquello de:


Oh, mi amor,
dime cuando queme el sol
Con mis manos haré brisa para que no . . .

Oh, oh, oh,
dime si podré jugar,
sin los sueños la armonía no tiene lugar

Dime ¿qué impide ayudarte?
Sólo dime que te cuesta sentir,
que en tu alma también hay amor

Oh! Tal vez, tal vez,
yo te abrace donde estés,
Sin encuentro la armonía no tiene pie

Todos los espejos se han disuelto bajo el mar,
todos los espejos sin volver . . .

Dime quién eres
o quizás no estés aquí

Y qué dulzor
regresa a mí
desde el Edén, hiedra al sol

Oh, mi amor,
dime cuando queme el sol
Con mis manos yo haré brisa para que no
Con mis manos yo haré brisa para que no . . .

Hiedra al sol / Luis Alberto Spinetta
http://www.youtube.com/watch?v=ARf8M6A9MsQ


El 2008 fue duro para mí. Y ese fin de año, bastante especialmente. 2 días antes, el 29, abrí mis dos blogs: Flacos y Actitud y leches derramadas , aunque a éste último le puse otro nombre: se llamaba “Qué hacer frente a la leche derramada”, un poco expresando la duda de si seguir llorisqueando aquello o ya no. Pero el 1 de enero le cambié el nombre y el “Sobre este blog”. Había que ponerle actitud, evidentemente

2009 está bueno para mí. Movidito, pero bueno al fin

Así que gracias a la Vida (o a Dios, es lo mismo) por darme siempre un mañana
(Y a Luis, por “Un mañana”, gracias y felicitaciones, Gardel)

Sabes a lo que me refiero, nena

“Y no sabes que no puedes cambiar,
aquello que anda mal
sólo pensando inútilmente”

.
.
No. Solamente pensando no se cambian las cosas. Y menos inútilmente
A veces hay que tomar decisiones. Aunque sea duro hacerlo
Pero, como decíamos, “No hacer nada es también tomar una decisión. Habrá que pensar que te gusta como están las cosas”
.
.
“Hoy, que tu lagrima cayó
temblando en el desierto
que riegas vanamente
.
Te sientes la aguja de un reloj, amor,
que no sabe marcar
y solo da las vueltas”

.
.
Qué al pedo es regar un desierto, no? Cómo las vueltas de esa aguja de un reloj que no marca la hora . . .
Basta ya de dar vueltas
Es necesario crecer, subir, volar
Sacarnos el velo de los ojos y descubrir que podemos hacerlo
.
.

“Descubre tu vuelo al fin
Descubre tu vuelo al fin
Descubre tu vuelo al fin
Tu vuelo al fin, tu vuelo al fin.
.
Desnuda tu velo, así
Desnuda tu velo, asi
Descubre tu vuelo al fin
Tu vuelo al fin, tu vuelo al fin.
.
Tu vuelo al fin
(sabes a lo que me refiero, nena)
.
Tu vuelo al fin . . .”
.
Tu vuelo al fin / Luis Alberto Spinetta
http://www.youtube.com/watch?v=rUq1vcSKAz0