Octubre 20, 2008 | Por alex-lascano | Claves: delta, islas, parana | # Enlace permanente
Capítulo 3.
Se hacía cada vez más dificil vivir en el río, la contaminación llegaba de todos lados,el alimento había que conseguirlo río adentro y casi siempre remontando el río Parana o bajando hacia la salida al mar, cerca de la Bahía de San Borombon, hacia la costa del Atlántico, pero los peces eran escasos, los lobos marinos estaban fuera del río, cerca de Mar del Plata y en toda la costa,con toninas y delfines había un código de no hacercarse, los lobos marinos eran muy grandes y pesados, era peligroso intentar una contienda, con sus grandes colmillos causaban mucho daño, igual que con los tiburones, a esepción de los cazones, los tiburones pequeños, esos sí se podían capturar y tenían buen sabor.
Después del incidente de la mujer y el delincuente que había asesinado en la costa,en esos dias era peligroso acercarse, demasiado movimiento en la playa al descubrir el cuerpo, muchos hombres tomando muestras de la arena, Fishman había visto desde lejos como se llevaban el cuerpo del hombre en una cama,tapado, y la gente se agolpaba más en ese sector, claro, todos querían ver donde fueron los hechos, pero el gran interrogante era “qué” había matado a ese hombre.
Era indescriptible el estado de la cara, los ojos salidos de las órbitas, habían tenido que ser puestos en frascos para poder hacer la autopcia, la cabeza con partes reventadas como si ronchas hubieran explotado, la putrefacción del río tambien había hecho lo suyo,era un rejunte de ser humano lo que la policia llevo a la morgue.
De la mujer núnca se supo nada, ella no habló por temor a que la creyeran loca, por lo que la policia dedujo que el hombre que encontraron en la playa, era quizás un indigente que bajo a dormir, ya que no tenía identificación y tampoco se presento nadie a reclamar el cuerpo, solo se supo por la huella digital del único dedo que el ácido no había carcomido que era un ladrón y violador, ya había cumplido cinco años de prisión y hacía tres que estaba en libertad, su nombre Gerardo Alvarez.
Las lanchas de prefectura recorrían con más esmero que antes la costa,la salida del puerto,buscaban algo pero no sabían que…los medicos de la morgue habían dicho que el cuerpo tenía escamas pegadas y algas pero nadie podía negar que después de veinticuatro horas con el río pegando en él, era normal que el cuerpo tuviera estas pequeñas cosas.
Fishman había decidido replegarse al delta del Tigre, la zona con sus islas y recovecos era más segura para no ser visto,el frío ayudaba a mantener a los pescadores lejos y la gente de la zona, los isleños creían que él solo era una leyenda más de islas y monstruos en la noche, los cuentos para no dormir que se contaban entre pescadores que tenían la costumbre de salír en bote de noche.
Se contaban estas leyendas mientras intentaban con coñac o ginebra mantener el calor del cuerpo, por eso sabía que aunque lo vieran, los pescadores creerían más en los efectos del alcohol que en sus propios ojos.
Desde siempre le gustaba acercarse sigiloso a los botes y escuchar, así sabía como era el mundo desde fuera del río, así supo que los investigadores estaban desconcertados por la muerte del delincuente en la costa, los pescadores hablaban de todo y comentaban lo que decían los diarios, eran grandes los silencios porque se sabe que los peces no se acercan si hay ruido, pero Fishman pegado a la popa del bote, por debajo, escuchaba, era importante saber que no era buscado, era importante saber que podía seguir en su río sin que los hombres fueran tras él…
Agosto 25, 2008 | Por alex-lascano | Claves: asesino, llantos, pensamientos, plata, rio | # Enlace permanente
Capitulo 2.
A veces subía a la superficie del río para boca arriba ver los aviones que pasaban sobre él. No sabía que eran ni para que servian esas máquinas, pero le atraían su ruido ensordesedor porque tapaba el llanto de los pensamientos.
Un día una mujer de mediana edad se recostaba sobre la baranda de la costa y gritaba en su mente con desesperación.
-Porqué lo mataron?, porque mi marido, estoy tan sola, no puedo soportar este dolor, quiero que los delincuentes esten muertos como él.-
Así, el llanto interior de la mujer se ahondaba más y era ensordesedor.
La noche se cerraba, no había luna y estaba nublado, desidio arriesgarse y salir del agua, hacía mucho frío y esto evitaba el gentío en la costanera, nado hasta la costa y se empezo a incorporar para salir y pisar tierra firme, allí estaba parado, intentando dar las bocanadas de aire para que sus pulmones humanos lo dejaran respirar, de pronto escucho un forcejéo y un grito ahogado de mujer, alguien bajaba por las escalinatas a la playa, esto era raro, casi nadie lo hacía desde la contaminación.
De pronto vio dos cuerpos que luchaban denodadamente, una mujer y un hombre, los pensamientos de la mujer llegaban a él tan claros como los otros.
-Me va a matar,dios, me va a violar, por favor dios ayudame, no quiero morir asi-
Ya estaban en el suelo, la mujer y el hombre, revolcados en la arena llena de basura que trae el río y la que dejan los que pasan, el hombre desgarraba la ropa de la mujer con una mano entre sus piernas y la otra en su boca, para evitar que gritara.
No pudo con el impulso, igual que cuando empujaba en el río algún bote en la sudestada para ayudarlo a llegar a la costa y que no naufragara, se fué asercando y cuando llego junto al hombre lo tomo del cuello y lo levanto en el aire.La mujer se incorporó trastabillando y corrio despavorida escaleras arriba para salir de la playa sin mirar atras, el hombre estaba tan asustado que su boca abierta no emitia sonido alguno, lo que veia era indescriptible, ese monstruo mitad hombre mitad pez, más pez que hombre, ese olor penetrante que emanaba de él, lo enorme de su cabeza y la boca de bagre con los bigotes de cincuenta centímetros de largo, gruesos, casi blancos, los ojos de pez sin expresión y tan grande como un luchador de sumo, alto, de más de dos metros.Se le cayo la gorra cuando empezo a sacudirse en el aire tratando de zafar de la garra que lo sostenía, quiso gritar pero el horror lo dejaba sin aliento, trato con sus manos de agarrarlo pero la piel era resbalosa y hedionda, se escurría como gelatina, entonces Fishman abrio la boca y dejo caer sobre el hombre sus babas, el hombre se retorcia quemado por el acido contaminado de la baba, la piel de la cabeza y de la cara del hombre se hinchaba en grandes burbujas y reventaba dejando la carne viva y de color verde, los ojos salieron de las orbitas y la baba que entraba en su boca abierta lo quemaba por dentro.Escucho el último pensamiento del hombre desesperado antes de morir.
-No tuve que tratar de violar esa mujer, voy a morir!!!!!!!!, no quiero morir!!!!-
Y murio intoxicado por Fishman, por la baba de su boca contaminada, él vio como se salian los ojos de las orbitas y los estertores del hombre, por primera ves veía morir a un humano y se sintio bien, felíz porque la mujer había huido de los dos.Tiro el cuerpo entre la basura, en la arena y lentamente volvió al río, de a poco fue sumergiendose y cuando ya el agua le llegaba a la boca, le dio la última mirada al cuerpo que a esa altura solo se veía como un bulto.
Entonces desidio que lo que había hecho estaba bien, que no se arrepentía y que por una vez los llantos y lamentos de los pensamientos de los humanos se habian acallado, claro acababa de matar sin saberlo a un delincuente asesino y violador, el mecanismo estaba en marcha, como todo animál empezaba su aprendisaje de saber que esta acción tenía la consecuencia directa de liberarlo de su martirio, del horrror de escuchar el lamento de los que sufrian por alguien que era inocente y habia sido asesinado.No tenía remordimientos, al fin y al cabo era un animal…
| Por alex-lascano | Claves: bagre, hombre | # Enlace permanente
Capítulo 1
Ya no soportaba más seguir escuchando los pensamientos de horror y asesinatos de aquellos que se acercaban a la empalizada de la costanera de Buenos Aires, muchas veces se había preguntado porqué solo escuchaba los pensamientos de aquellos que lloraban y se retorcían en la angustia y en la tristeza. Todos los pensamientos se mezclaban y los llantos y lamentos lo aturdían y lo apabullaban, en su tiempo, que era un tiempo sin medida, ni día ni noche, ni horas ni segundos, su tiempo de hombre pez era incontado sin principio ni fin.
Algunas veces los pensamientos de angustia tenían vos de mujer, otras, vos de hombre pero casi nunca vos de niños, deseaba poder dejar de escucharlos, lo peor era cuando se dejaba llevar por la corriente del río hacía la costa, de noche, muchas voces sonaban al unísono lamentando las muertes, todas de manera cruenta, esos seres que él no conocía habían sido todos brutalmente asesinados, desmembrados, maniatados, acuchillados, baleados, formas de muerte que él, no conocía sino a través de los llantos.
Siempre que había visto a un ser humano, la mayoría de las veces eran ahogados, gente que naufragaba en medio de las corrientes turbulentas de la sudestada, cuando el viento soplaba y él se dejaba llevar, solo para poder acercarse un poco más a la costa sin ser visto en la oscuridad de la noche. Esos eran los mejores momentos, los únicos momentos en que tenía paz y no escuchaba los llantos y lamentos por los asesinados de cada día, el viento de la sudestada bramaba y tapaba todo ruido, si llovía era mejor, subía casi a la superficie para relajarse con el masaje que a través del agua las gotas de lluvia le daban, solo unos minutos y luego abriendo bien sus branquias tomaba aire y se sumergía en su mundo oscuro de lodo y porquerías que tiraban desde la costa los pescadores. Esos pescadores eternos que en la noche, sin importar la sudestada, venían a pescar, siempre había, cada tantos metros, algunos, muchos lo habían visto cuando se dejaba llevar casi hasta la costa pero en la inmensidad de la noche y las pocas luces de la costanera los que lo veían no lo identificaban, él con sus grandes ojos de pez los miraba apenas sacando el ojo del agua, veía a los hombres pescar y de ves en cuando alguno que achicaba los ojos esperando poder distinguir que era esa cosa en el agua, después de un rato sin lograr saber se daba por vencido y seguía con su pesca, a veces, se consultaban entre ellos para ver si los dos veían lo mismo, pero el lodo del río en su piel escamosa y babosa no dejaban distinguir su figura de hombre bagre, ni siquiera sus bigotes grandes y puntiagudos hacían sospechar porque parecían filamentos de algún árbol sobresaliendo del agua.
Sus piernas de piel gruesa y sus brazos unidos al torso por la membrana gris, le daban ese aspecto humanoide, también el poder durante algunas horas, nunca más de tres, de poder respirar aire sin tener que estar bajo el agua, tenía que hacer grandes esfuerzos en varias bocanadas y expulsar con fuerza los restos de agua que quedaban en las branquias para poder respirar como humano, ya había probado varias veces en las islas más alejadas del delta del Tigre, salir del río y pisar tierra firme, había que tener mucho cuidado para que los humanos no lo vieran, una sola ves la lancha de prefectura lo avisto pero inmediatamente se tiro al río, se sumergió y cuando estuvo cerca de la lancha se conformo con saber que lo habían confundido con un buzo.
Estos eran los otros hombres que alguna ves había confundido con seres como él hasta que el tiempo le ayudó a saber que eran humanos vestidos de pez, para eso utilizo muchos momentos de espiar y seguir las diferentes lanchas de prefectura, alguna ves había llevado hasta la superficie empujando a uno que otro buzo, desorientado por la cantidad de lodo del río, nunca supieron que el hombre pez les había salvado la vida.
Otras veces había llevado en la sudestada algunos botes perdidos hasta la costa, empujando con todo su inmenso cuerpo, desde abajo, para que esos seres pudieran seguir viviendo, nunca supo porque tenía estos impulsos de salvar a los humanos, realmente le eran indiferentes todo su mundo era su río y si que era un mundo grande, era el río más ancho que había visto y recorrido, era su casa, su espacio y su medioambiente, su lugar. Un lugar en el que era cada día más difícil sobrevivir, pero ya sabía discernir entre las botellas que flotaban, la consigna era todo lo que flota no se come, bolsas de plástico, latas, estas eran las más peligrosas porque podían rajar las entrañas desde adentro, había visto morir muchos peces de esta forma, las porquerías que tiraban al río lo estaba dejando cada ves más solo y cada ves debía internarse río adentro para comer sus peces, en la costa o cerca de ellas casi no quedaban, por eso sabía que los tiempos muertos de los pescadores no serbían de mucho, era poco lo que podían sacar y el río cada ves más contaminado pronto lo obligaría a salir del agua para buscar alimento.
continuara…
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