Posts etiquetados como ‘tristeza’

Los despojos del amor

Caminan en silencio, quizás para no seguir lastimándose.

Ese afuera de viento y arena templa sus espíritus.

Alguna vez se amaron.

O quizás nunca. Ya no importa.

Esbozan sonrisas y alguna palabra amable para llenar los silencios.

Pero ya no hay magia grácil.

Saben que, en algún sentido, lo han intentado todo.

Sienten en sus corazones el triste amargor del fracaso.

Una violencia interna podría hacerlos estallar.

Pero han aprendido la vana sabiduría de dominarla.

Un silencio tenso, intersticio entre el tedio y el dolor, tiñe cada acto.

Caminan al filo de la navaja del desamor.

La violencia que los anida, esconde el reproche mutuo de lo que el otro no pudo ser.

De las promesas que no pudieron cumplirse.

El fastidio los ha invadido para instalarse en la geografía de los pequeños infiernos cotidianos.

De las esperas huecas. Del mar de la confusión.

Laberintos de tristezas los extravían sin retorno.

Tal vez alguno o ambos todavía amen.

Pero los inunda la certeza de la impotencia.

Impotencia del amor. Fracaso del bien.

Se van perdiendo en la playa.

Son los despojos del amor.

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Tristezas del adiós

Nuestro tiempo se va terminando.

Adiós anunciado entre lágrimas y congojas hondas.

Adiós cargado de memorias de canciones y poemas tristes:

“Beber el trago del dolor hecho de lágrimas

Sentir el sabor amargo del adiós último. (1)

¿Por qué se marchitó la flor de nuestro amor?

¿Por qué se voló el pájaro de nuestros sueños?

¿Por qué esta angustia tensa, si el vino estimulante del deseo aún no se apagó?. (2)

Beber las lágrimas del sin sentido, de lo incomprensible.

Porque ya no hay leña en el árbol de la fe,

Y ya nos probamos la mortaja del recuerdo,

Y nos acostamos en la tumba del pasado. (3)

Y el mundo ha dejado de ser mágico,

Y ahora todas las lunas son espejos del pasado,

Cristales de soledad. Soles de agonía. (4)

Hemos cometido el peor de los pecados de los amantes:

No nos hicimos felices. (5)

No pudimos querernos.

Impotencias de hierro.

Amores sin fe.

Ya atravesamos sin quererlo la puerta de la densidad.

Océano de brumas.

Mares de confusión.

Almas extraviadas.

Corazones de niños asustados.

Promesas incumplidas.

Cruz de desdicha.

Revelamos nuestro misterio,

Pero no encontramos la paz.

La espesura de lo denso urdió este infierno sin centro.

Laberinto sin forma.

Cristal de confusión.

Filo en la nada.

Roca desangelada.

Me pierdo y te pierdo.

Transmutarnos en nadas.

Nos mostramos las heridas

Y no fue suficiente.

Nos fundimos en éxtasis sublimes,

Pero nos quedamos vacíos.

Cuerpos y espíritus entrelazados en danzas ardientes,

Pero no encontramos la luz.

Amor hecho a la medida de mi pena.

Te vas alejando y ya no te tomo.

Me amas, pero te pierdo.

Te amo, pero te vas.

Me llamas y ya no escucho.

Nos abrazamos y somos calor.

Pero también somos cenizas.

Cenizas de sueños no consumados.

Ya tejemos el ocaso de nuestros soles.

Ya nos vamos separando.

El péndulo va y viene.

Pero sabemos que habrá de detenerse.

Pronto.

Nos quedaremos sin tiempo.

Y ya no existirán brillos para nosotros.

Adiós Mi Amor.

Adiós.

(1) “Cuando existe tanto amor”. Sandro, Anderle, Soldán

“Qué triste es despedirse cuándo existe tanto amor” (…)

“Ya bebo de tus lágrimas el trago del dolor,

con el sabor amargo que nos da el último adiós”.

(2), (3) ¿Cómo te diré?. Sandro, Anderle

¿Cómo te diré, que aquella flor

que era este amor se marchitó,

que el pájaro de sueños que tuvimos ya voló,

que el vino estimulante del deseo se acabó?

¿Cómo te diré, que ya mis ojos

se cansaron de llorar,

que ya mis brazos se durmieron de esperar

crucificado en la agonía de tu adiós,

de tu tal vez, de tu quizás?

¿Cómo te diré, que ya no hay leña

en el árbol de la Fe,

que la mortaja del recuerdo me probé,

que ya en la tumba del pasado me acosté?”

4) 1964. Jorge Luis Borges

“Ya no es mágico el mundo (…)

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay una

luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías”

He cometido el peor de los pecados…

5) He cometido el peor de los pecados. Jorge Luis Borges

“He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados”.

Pintura -autor desconocido-

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¿Por qué será que el amor se derrumba?

Por qué será que de pronto

Los amores devienen tan frágiles.

Barquitos de papel a la deriva en mares borrascosos.

Degradarse el amor

En pequeñas muertes cotidianas.

Transmutarse en infiernos absurdos.

Y las flores se han ido.

La inocencia perdida.

El candor apagado.

Beber el frío seco de la extrañeza.

Luces que agonizan

Después de la espera ardiente.

Desencatamiento.

El ansia del amor de ayer

Y esta soledad sin centro.

¿Por qué será que el amor

Se va muriendo lentamente?

Funeral de vanas esperas.

Promesas que no se cumplieron.

¿En qué extraña encrucijada nos perdimos?

Y ¿por qué?

No pudimos encontrar el atajo.

Peregrinos de rutas desoladas.

Vagar sin rumbo ni destino.

Te miro y no te siento.

Te toco y ya no estás.

Y me pregunto adonde quedó el amor.

¿Por qué nuestros corazones se anudaron?

¿Por qué se acabo la magia?

Y ahora donde iremos.

Reinventarlo al amor.

Pero ¿cómo?

¿Cómo apagar el incendio que se declaró en el agua?

Densas brumas ya se han levantado a lo lejos.

Ya puedo presentir el frío que nos invadirá sin piedad.

Gotas de llanto que caen y se derraman en nuestros corazones.

Ríos de furia nos arrastrarán al océano del olvido.

Irremediablemente.

Inexorablemente.

Y tal vez no habrá retorno.

Nuestros barcos ya han partido.

Quizás para siempre.

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Encuentro abolido detrás de las palabras

Encuentro abolido detrás de cataratas de palabras hechas para mi desdicha.
Ahogarse en palabras. Palabras traicioneras.
Preso del decir. Decir lo que no se quiere decir. O lo que no debería decirse.
Hablar de más. Irse en palabras. Absurda compulsión del verbo.
No es que se trate de ocultar o de callar. Sí, de manejar el arte de los silencios.
O el arte de saber cuándo decir y de saber cuándo callar.
Elogio del silencio que no supimos elegir. No pude cumplir la promesa de escuchar.
Esa es mi pequeña condena. Mi remordimiento.
Palabras que pueden liberar. Pero también lastimar.
Cuchillos filosos hechos de la sustancia de las palabras.
Palabras que tejen castillos de amor en el aire.
Para después construir muros invisibles e inviolables.
Me dejaste solo. Te quedaste sola.
Nos quedamos solos detrás de esa densidad viscosa que fuimos hilvanando.
El encuentro que no fue.
Los brillos que no llegaron.
(No me consuela saber que el eclipse fue por la realidad de hierro que no podía ni debía ser silenciada y no por las palabras dichas a destiempo. Ya lo sé: no fueron las palabras sino mis realidades, pero lo inevitable eran las realidades (…) no las palabras)
Palabras que ahogaron la dulzura y anegaron las magias presentidas.
Palabras que acallaron el silencio pacífico.
Para dejarme este silencio hueco.
Este silencio que es angustia y llanto contenido.
Pájaro solitario sin canto y sin vuelo.
¿Que debería haber hecho con las palabras dulces?
Con los abrazos que no fueron.
No fue danza de delfines.
Sí eclipse de sol apagado.
Y nos encontramos sólo en nuestras nadas.
¿Pero cómo podría protegerte allí, donde no es posible llegarte, si ni siquiera pude abrazarte aquí, donde fuiste a esperarme?
Esta necesidad de seguir ahora hablándote.
Demasiadas palabras que no traen sosiego.
Esta tristeza de encuentro abolido
Que no es luz y es cruz.
Espejo de soledades.
La dulzura del chocolate mientras pronunciaba las palabras amargas.
Palabras que sellaron despedidas.
Palabras que construyeron murallas.
Amurallarlo al deseo. Acorralarlo para que no hable.
Palabras de no sé donde para acallar las voces del deseo.
Aunque sea justo (…)
Pero esta soledad desnuda en que nos despedimos, ese frío de noche (…)
Te desilusioné.
Porque las palabras dulces no llegaron.
O sí llegaron, pero ya era tarde.
Impotentes para revertir en muro infranqueable.
Fragilidades del amor.
Esa eterna dificultad de “asir el amor”
Amor que se escurre delante de nuestros corazones azorados.
Poesías tristes que se transmutan en historias tristes. Profecía auto cumplida.
Historia repetida de adolescente que ve el mundo detrás de la ventana.
De joven que ve la puerta del cielo que no podrá abrir.
De hombre solitario que no podrá develar el misterio.
Me quedé de este lado.
En la intemperie de hielo.
Vacío de tu magia.
Adiós.

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¿Por qué será?

Por qué será que de pronto
Los corazones se cierran sin remedio
Y ya no vibran más como lo hicieron un día.
Esplendores fugaces como estelas en el mar
Que ya no veremos ni podremos sentir.
Y te quedaste en la otra orilla.
En esa quietud de congojas
El alma está desnuda
Ante el silencio vasto
De lo que se perdió.
Ese sueño que nos alumbraba.
Y ahora esta soledad sin perfume.
Ruta de nadas.
Caminos extraviados.
No pudimos comprendernos.
No aprendimos el arte de saber amarnos.
Esta soledad que golpea.
Este extrañamiento de niño asustado.
Espera tensa de que algo se revele.
Pero los corazones vacíos ya no tienen palabras.
Mutismo de lo que no pudo ser pronunciado.
Nos quedamos huecos de las palabras no dichas.
Y adonde iremos ahora.
Ese extravío que anticipa un eclipse.
Ya no pudimos tocarnos.
A fuerza de magias nos transformamos etéreos.
Y luego, fantasmas.
Sombras de recuerdos hechos de ausencia.
Esta ausencia que nos hiere el alma.
Y que no se irá.

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Letanía del tiempo que se está yendo

Mi tiempo se va yendo.
Centro de angustia, relámpago de ansiedad.
Siento el peso de lo que no pudo ser.
Me quedaré sin el anhelado rostro de la belleza dulce.
Porque llega un momento en que vivir, también es capitular
(certeza inquebrantable aguijoneando agazapada tras nuestras fantásticas quimeras)
Destino de poeta triste
Condenado a nunca poder encontrar las palabras.
La palabra es la cifra,
La señal secreta que podría franquear el pasadizo.
Pero no pude encontrar el corazón del laberinto.
Ya el perfume se va evaporando,
Mientras los ecos de tu nombre ausente se tornan inaudibles.
Eterna belleza adolescente hecha para mi tristeza y mi condena.
Luz que se apaga.
Fuego tibio de ardores ya consumidos.
¿Qué me llevaré?
La magia plena del primer beso.
Tu nombre en la arena.
Tu sonrisa limpia.
Y, después, ese abismo del mar que me separa.
Desierto de la dicha que se me fui escurriendo,
Porque sí.
Novia única.
Hechizo luminoso hecho de amor.
Cuando se acerque el final sólo quisiera tenerte en mi mente.
Para sentir los destellos de tu esplenderosa magia.
Y así, despedirme.
Abrazado a tu imagen.
Para siempre.

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Reminiscencias de la tristeza

Una tristeza antigua horada los instantes del presente.
Una antigua letanía de silencios y sombras tiñe de gris los amaneceres.
Yo tengo una tristeza de niño enjaulado por el adolescente que hizo del amor su cielo y su suplicio.
Belleza que se escapó para siempre en la esquina desnuda de la calle del barrio.
Ríos de nostalgia que invaden y penetran el vestigio del joven amor esperanzado.
Desiertos de orfandades anegadas por los vientos del desencuentro.
Laberintos de nada que sellaron la noche oscura de las soledades.
Glaciares portentosos encerrando de frío el cálido refugio.
Las puertas permanecieron cerradas y no pude ir.
Mientras las ventanas dejaban entrever el majestuoso signo de la dicha inasible.
Prisionero detrás del muro hecho de fantasmas, me perdí sin luz.
Soles eclipsados detrás de la máscara del niño sin rostro.
Cristales petrificados danzando alrededor del vuelo sin brillo.
No pude penetrar el misterio de la inefable alegría.
Condenado a navegar sin rumbo en la densidad de la niebla.
Bruma que se esparce por el interior de los pliegues de angustia.
Intersticio hueco del desamor atado a su centro.
Espíritu vagabundo condenado al océano de la congoja eterna.
El niño que perdí llora su sol extraviado.
Mientras el adolescente dormido añora los destellos de la luz que no pudo ser.

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Ese amor que dejamos ir sin saber por qué (elogio a la canción Puerto Montt)

Todos hemos tenido un amor al que dejamos ir incomprensiblemente.

Por que si…

Puerto Montt narra la desdicha de un enamorado que parte sin saber por qué

(Por qué será que el adiós en una playa parece todavía más triste)

Para luego retornar y sólo encontrar “silencio sin piedad”

Puerto Montt es una canción bella,

Una balada simple que toca el alma.

Puerto Montt es una canción triste

Porque siempre son tristes los amores desencontrados.

Puerto Montt es la historia de dos desdichas:

La de la amante abandonada sin motivo

Y la del remordimiento del amante fallido

Que retorna para enfrentarse con la nada.

Quien escribe estas líneas,

Fue alguna vez el amante fallido

Que abandonó a su amor en alguna playa.

Y es también el hombre absurdo

Que vuelve a esa playa para intentar comprender lo incomprensible.

Sombrías e inescrutables son las razones del corazón humano.

Abandonar un amor a la deriva puede ser apenas un pequeño extravío adolescente.

Pero se me hace que se trata de algo más profundo.

Acaso se trate del intento dejar una huella perdida en el tiempo, para recordar que había una felicidad posible para nosotros.

Acaso para torturarnos el resto de nuestra vida, añorando ese camino que no tomamos y que tal vez deberíamos haber tomado.

Puerto Montt: una canción bella y triste.

Una canción simple,

Pero acaso también un símbolo de lo irreparable en el amor.

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No ser de acá ni ser de allá (elogio a Facundo Cabral)

Andar sin rumbo ni destino.

Andar sin camino.

Andar, sólo andar.

La rueda que gira y el tiempo

Que es su sombra.

Ir y volver.

Caminante sin refugio.

No ser de ya de ninguna parte.

El centro se ha eclipsado.

Sólo es puro espacio sin tiempo.

Imposible el regreso.

No estar en ninguna parte.

La espantosa esfera de Pascal

Que entreviera Borges,

Contrapuesta al regocijo del universo infinito de Bruno,

Se parece a mi angustia de ser caminante sin camino.

No ser de aquí ni ser de allá,

Ser feliz como color de identidad,

Son dichas sólo posibles para Facundo,

Alguien tocado por la infinita gracia de lo trascedente.

En cambio, para un espíritu atravesado por la nostalgia y la melancolía,

Quizás sea apenas el triste sonido que nos advierte

Que la casa de la infancia está ya vacía.

Que no volvemos no porque no queramos,

Sino por que ya no sabríamos adonde volver.

No ser de aquí, ni ser de allá.

O ya no ser de aquí de ser de allá.

Caminante sin rumbo

Extraviado en la larga noche sin brillo.

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Reminiscencias por la partida de mi querida perrita Dana

Estamos todos muy tristes.

No paramos de recordarte y de pensar en vos.

La tristeza sin fin se mezcla con la certeza de que el Amor

Transciende vínculos de sangre y de especies.

Porque el verdadero Amor es ese encuentro mágico entre dos seres que se necesitan para siempre.

Y cuyo cielo es transitar su camino juntos.

Por eso mi Amor por Danita contenía la tristeza oculta.

De lo que estaba condenado a terminar.

Como todo.

Obedeciendo a ese oscuro designio de la vida

Que nos resignamos a aceptar

Pero que nunca podremos verdaderamente comprender.

Danita, has partido.

Y te extrañamos mucho.

Y nos duele tu sufrimiento de esos últimos días.

Y pienso en vos y recuerdo

Que te miraba impotente y quería decirte

Lo mucho que te amábámos.

Y ahora me inunda la tristeza, porque, lamentablemente,

El Amor nunca puede terminar de decirse

Entonces es la tristeza de pensar que podríamos haber amado mejor

Y ese sol que me golpea el alma en esta tarde de corazón acongojado.

Danita, te amamos mucho.

Te seguiremos amando.

Porque hemos conocido tu espirítu de bondad.

Y ese fue nuestro pequeño cielo chiquito en nuestras vidas.

Adiós, amiga de la vida!!!.

Adiós Danita!!!.

Adiós Mi Querida “Pirrunita”!!!!

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