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Lo que el país podría desaprovechar: Elogio de Ricardo Alfonsín

Las primarias han quedado atrás.
Si las urnas son la voz del pueblo, habrá que respetar y escuchar sus señales.
Con un resultado tan aplastante muchas ilusiones opositores quedaron comprometidas. Condenadas quizás a ser sólo ilusiones y no potencialidades probables.
Ricardo Alfonsín salió segundo, pero con un caudal demasiado magro como para quedar consolidado como una alternativa de peso real frente al oficialismo Cristinista.
Como en la vida, en política nunca está dicha la última palabra. Aunque la distancia es grande nadie debería perder las esperanzas. Nunca más atinados los versos del gran Almafuerte “No te des por vencido ni aún vencido”
Pero, convengamos, la realidad en acto ha dejado una herida importante para la realidad probable.
Las explicaciones post siempre resultan un ejercicio tan abusivo como irrenunciable. Sin duda, algo falló. Más allá de los aciertos del oficialismo (incluyendo la saga de acierto imaginarios y reales de la gestión), hubo algo que no salió como se esperaba.
Quien sabe de sus convicciones y está seguro del valor de sus ideas sólo puede apelar al fracaso en comunicar. Había sustancia, había ideas, había propuestas. Pero falló el mensaje. O el modo en que se lo ejecutó.
Una vez más la argentina podría perder (o perdió).
Podría perder la posibilidad de contar con un estadista en potencia.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la honestidad.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la sensibilidad.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la construcción de consensos.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la transparencia.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la institucionalidad.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la mesura.
Quizás el costado más absurdo de tales pérdidas radique en que, tal vez, ni siquiera se verán como tales.
Ricardo Alfonsín, quizás el mejor candidato a Presidente para una sociedad que no está dispuesta a disolver los prejuicios necesarios que le permitirían escuchar qué un país mejor es posible.
Tal vez sea injusto. Pero es real. A no ser que, esta vez, Almafuerte finalmente tenga razón.

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¿Puede Ricardo Alfonsín ser el próximo Presidente Argentino? [1]

¿Puede Ricardo Alfonsín ser el próximo Presidente Argentino? [1]

Lic. Federico González.

Director del Programa de Actualización en psicología y Opinión Púbica, Facultad de Psicología, UBA

Director de Opinión Autenticada, Consultores en Opinión Pública y Estrategia Política

alfonsin

1. El contexto: dos tesis contrapuestas sobre las chances de Cristina Kirchner y de la oposición en la primera vuelta

Desde hace meses la pregunta recurrente y multiplicada hasta el hartazgo en los medios es: ¿podría  Cristina ganar en primera vuelta?

Un puñado de encuestadores,  a los que -con ironía-  algunos se refieren como “elenco estable del oficialismo” (y que otros, con cierta sutil malicia, apodaron “encuestadores militantes”) pronostican la inexorabilidad de un resultado cantado: efectivamente, Cristina ganará en la primera vuelta.

Sus argumentos se basan principalmente en dos premisas, a saber: a) las encuestas (que ellos difunden) arrojan una intención de voto cuyo piso arranca en el 40% y cuyo techo, para los más osados, llegaría hasta el 46-48%; b) desde ahora y hasta octubre esta situación no cambiará.

Este cuadro es lo que algunos analistas críticos del oficialismo han denominado el mito de la invencibilidad de Cristina, que como tantos otros relatos oficialistas ­–dicen­– obedece más a operaciones propagandísticas mediático-discursivas que a conjeturas razonables. El objetivo, dicen los críticos, sería instalar la idea de que Cristina ya ganó.

Por el otro lado, un más reducido lote de encuestadores autodenominados independientes, insisten en la tesis de la cautela. En síntesis afirman lo siguiente:

Aunque es cierto que Cristina Kirchner encabeza hoy la intención de voto con cierta holgura (en promedio se le atribuye entre un 38% y 43%) superando por apreciable diferencia a una oposición fragmentada (que encabezaría Ricardo Alfonsín, con una intención oscilante entre  17% y 22% y/o Eduardo Duhalde, entre 12% y 15%) no es menos cierto que aún restan casi 100 días para una elección cuyos candidatos definitivos se definieron hace apenas algunas semanas.

Por su parte, desde el ámbito de algunos analistas políticos y de candidatos de la oposición, se viene argumentando lo que podría denominarse como la tesis del blanqueamiento a partir de las primarias de agosto.

En términos simples, la idea apunta a destacar que esas primarias servirán para orientar el denominado voto útil opositor. Así, quien logre imponerse claramente como el primer opositor se consagraría ante la ciudadanía como el oponente con mayores chances ante Cristina Kirchner y, por ende, acapararía la mayor proporción del voto opositor en la primera vuelta. Esto determinaría la posibilidad de forzar un ballotage, en la medida en que, o bien Cristina no alcanzaría los 40 puntos o, en el caso menos ideal, aún sacando entre un 40% y menos de un 45%, no podría superar por más de 10% a quien saliera segundo. Luego, en un  eventual ballotage, una mayoría contraria al oficialismo terminaría consagrando al candidato opositor como el próximo presidente argentino.

2.  Las chances de Ricardo Alfonsín

La respuesta a la pregunta ¿Puede Ricardo Alfonsín ser el próximo Presidente Argentino?  admite énfasis diversos.

Así, existe un sentido trivial donde cabe una respuesta afirmativa: evidentemente Alfonsín puede ser presidente porque su candidatura, como la de los demás, representa un hecho lógicamente posible.

Pero, obviamente, aquí no se trata de considerar las posibilidades sino las probabilidades.

Dado el contexto descripto en el parágrafo anterior, la pregunta  es: ¿Qué chances pueden atribuirse a la candidatura de Ricardo Alfonsín?

Determinar tales chances supone entonces determinar las probabilidades de una serie de eventos cuya concreción conduzca a la realización del evento final, es decir: Alfonsín Presidente.

Comencemos entonces por el primero de tales eventos: ¿Qué chances tiene Ricardo Alfonsín de alcanzar el segundo lugar en las elecciones primarias del 14 de alto?  La respuesta a esta pregunta es que esas chances resultan altas.  Y por las siguientes razones:

En primer lugar, Ricardo Alfonsín hoy se ubica claramente en ese segundo lugar en las mayorías de los sondeos serios de intención de voto, aventajando a Eduardo Duhalde por aproximadamente entre 5 puntos porcentuales. En promedio, su actual intención de voto supera ligeramente los 20 puntos, contra 15 de Duhalde.  Hermes Binner, Alberto Rodríguez Saá y Elisa Carrió aparecen recién en un tercer pelotón, pero a distancia apreciable (9, 7 y 5 puntos, respectivamente)

Adicionalmente, al comparar los respectivos posicionamientos electorales entre Alfonsín y Duhalde surgen claras diferencias a favor del primero. En efecto, comparado con Duhalde,  Alfonsín tiene un mayor índice de imagen de imagen positiva, una mayor consideración de voto (respuesta afirmativa a la pregunta “¿Podría llegar a votarlo?”) y un menor índice de rechazo (respuesta positiva a la opción “No lo votaría”)

Ante tal cuadro de situación, y a los efectos de responder a la pregunta central, resulta sustantivo analizar qué porcentaje podría alcanzar Cristina Kirchner en las referidas elecciones primarias.  Al menos una docena de encuestas independientes (es decir, no enroladas con el gobierno nacional ni adscriptas a ningún candidato en particular) le estaría otorgando un promedio cercano a los 40 puntos (con un rango de variabilidad oscilante entre 38 y 42 puntos)

No obstante, las chances electorales de la actual presidente deberán afrontar el efecto de un humor adverso al oficialismo asociado a tres posibles derrotas, previas al 14 de agosto, en tres distritos claves. En efecto, resulta altamente probable que el oficialismo pierda claramente las próximas elecciones en Santa Fe, Capital Federal y Córdoba.  Y, en consonancia,  tales derrotas podrían provocar que Cristina Kirchner arribe a las primarias de Agosto con un ánimo electoral adverso que podría redundar en la pérdida de algunos puntos de su caudal electoral actual.

Adicionalmente, cabe destacar que las performances de los actores locales en los referidos distritos tendrán también sus implicancias para los candidatos presidenciales opositores, de cara al 14 de agosto.  En tal sentido, resulta muy probable que si en Santa Fe termina imponiéndose Antonio Bonfatti, eso favorecerá grandemente la proyección  nacional de Hermes Binner y,  secundariamente las de Ricardo Alfonsín, en tanto aliado local.  En contraposición, el impacto de la elección de Córdoba deja indeterminado el modo en que podría incidir sobre las candidaturas de Alfonsín, Duhalde, Binner y Rodríguez Saá. Y otro tanto ocurre con el resultado final en Capital, donde el eventual triunfo macrista podría incidir de modo diferencial sobre las aspiraciones de Duhalde y de Alfonsín (quizás de modo ligeramente favorable al primero)  y menos sobre la de Hermes Binner.

Lo anterior permite entonces bosquejar, a modo de escenario probable, que el resultado de las primarias, efectivamente,  puede ordenar el mapa de modo más favorable a la oposición. Y, adicionalmente, reforzar  las chances de Alfonsín dentro de ese último espacio.

Por supuesto, aún cuando tal escenario se verifique, resultará cruciales las magnitud de tres diferencias: la existente entre el primero y el segundo (por hipótesis: Cristina respecto a Alfonsín), la del segundo respecto al tercero (por hipótesis: Alfonsín respecto de Duhalde), y la del tercero respecto a los eventuales cuarto, quinto y sexto (por hipótesis: Binner, Rodríguez Saá  y Carrió)

De tales magnitudes surgirá en definitiva las probabilidad de que Ricardo Alfonsín se transforme, de cara a octubre,  en el líder opositor con mayores y reales chances de disputar el poder a Cristina en la primera vuelta de octubre.

La “foto de hoy” (metáfora muy usual en los últimos tiempos) permite proyectar el desarrollo de una película donde el resultado final “Alfonsín Presidente” resulta un escenario de alta probabilidad.

En síntesis, y a modo de corolario parcial, cabe concluir positivamente a la pregunta de origen para concluir afirmando que, efectivamente, Alfonsín puede  llegar a ser el próximo presidente argentino.

3. Otros factores coyunturales a favor de las chances de Alfonsín

Independientemente del análisis anterior, corresponde destacar un par de circunstancias del contexto eleccionario que permitirían aún más reforzar las chances de Ricardo Alfonsín.

En primer lugar, y aunque resulte una síntesis redundante, cabe decir que el oficialismo parece haber entrado en un período de turbulencia preocupante; mientras que la oposición, luego de una larga serie de devaneos y desacierto previos, parece hoy claramente encaminada.

En segundo lugar, cabe realizar un parangón entre el rol de los dos principales fuerzas opositoras en  la presente elección respecto a la de 2007. En aquella oportunidad Elisa Carrió y Roberto Lavagna, establecieron una estrategia claramente competitiva para persuadir al electorado opositor.  Tal conducta, expresada en una serie de acusaciones cruzadas resultó ineficaz para las aspiraciones de ambos candidatos, que terminaron horadando sus mutuas chances.

En contraposición, la relación entre las campañas de Alfonsín y de Duhalde se presenta de modo armónico, sobre un fondo de tácito “pacto de no agresión”. En terminología de teoría de juegos, este tipo de estrategia es lo que se conoce como “coopetencia”, una síntesis sinérgica  entre cooperación y competencia. Traducido a terminología más sencilla, podría decirse que Alfonsín y Duhalde habrían asumido la importancia de no confrontar abiertamente  entre ellos mientras avanzan en pos de enfrentar con mayor fortaleza a Cristina Kirchner.

Volviendo entonces a la pregunta sobre las chances presidenciales de Ricardo Alfonsín, cabe concluir que la existencia de este particular modo de coopetencia con Eduardo Duhalde resulta un reforzamiento adicional de sus posibilidades, por dos razones:  por un lado, le permite avanzar hacia el 14 de agosto concentrándose en sus propia propuesta y atiendo sólo a la confrontación con el kirchnerismo; por otro lado, le asegura heredar, tanto para la primera vuelta como ante un eventual ballotage, el caudal de votos de Duhalde en caso de que éste¸ como resulta probable, terminara ocupando el tercer lugar.

Se concluye entonces en que, dada la serie de entramados estructurales del actual proceso eleccionario que ha sido analizada, la probabilidad de que Ricardo Alfonsí n resulte el próximo presidente electo de los argentinos resulta plenamente justificada.

Por cierto, en este artículo no se han analizado qué estrategias de campañas maximizarían dicha probabilidad. Eso será motivo de otro análisis.


[1] Este artículo corresponde a una serie donde se realizan análisis de las chances electorales de cada uno de los diferentes candidatos presidenciales 2011

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¿Quién es Ricardo Alfonsín? Cuando lo parecido puede ser diferente y lo diferente, parecido

Finalmente, el proceso eleccionario para las presidenciales de octubre ha ingresado en una zona de mayor certidumbre. Con excepción de la candidatura de la Presidente, al menos han quedado definidas varias de las fórmulas que conformarán la partida.

Adicionalmente, además de la evidencia del alto índice de intención de voto de Cristina Fernández (se mantiene firme alrededor del 40%), emerge como novedad que Ricardo Alfonsín se perfila como el principal candidato opositor, con una intención de voto que orilla los 20 puntos y superando a Eduardo Duhalde que apenas alcanza un 13%.

Dicha cifra resulta claramente exigua cuando se la contrasta con la de la Presidente (que la duplica) Pero adquiere significación al considerarse que resulta el doble de la que tenía el propio candidato hace menos de 30 días.

Respecto de la candidatura de Alfonsín, durante la semana que finaliza han surgido tres novedades relacionadas: la decisión de propiciar una alianza provincial con Francisco de Narváez; el anuncio del acompañamiento de Javier González Fraga como vicepresidente y, como consecuencia, la consumación de la ruptura de la anhelada alianza nacional entre la UCR y el socialismo, que decantó en la candidatura presidencial de Hermes Binner.

La decisión de Ricardo Alfonsín ha propiciado análisis disímiles tanto en el plano valorativo de las lealtades ideológico-partidarias, como respecto al impacto sobre sus chances electorales.

Por un lado, desde un análisis político más ortodoxo, algunos sostienen que la ecuación arrojaría un saldo negativo. Esta línea argumental expresa que la decisión de Alfonsín implica un giro hacia la centro-derecha, lo que implica cierta renuncia a valores en aras de cálculos electorales y que, además, menguarán sus chances debido a que parte del electorado radical migrará hacia el espacio de Binner, quien aseguraría mayor purismo ideológico.

Por otro lado, una tesis alternativa (a la que adhiero), más inspirada en el análisis de la opinión pública, sostiene lo contrario: las chances de Alfonsín aumentarán ahora de modo ostensible. Y no sólo porque el caudal de votos provinciales que podría aportar Francisco de Narváez superaría al que perdería a manos de Binner, sino porque -de cara al electorado- Ricardo Alfonsín se ha mostrado como un político con suficiente coraje para tomar decisiones, aún cuando éstas aparezcan como políticamente incorrectas respecto a cierta ortodoxia partidaria.

Lo anterior conduce al análisis de qué tipo de político es en verdad Ricardo Alfonsín. Convengamos que la ciudadanía aún no ha consolidado una opinión. Y, como suele suceder, cuando algo no se conoce plenamente se abona el terreno incierto de las comparaciones. El núcleo de este análisis radica en bosquejar un análisis crítico de algunas comparaciones que últimamente se han estado postulando, en el marco de otras también posibles.

Comencemos enunciando el catálogo de lo obvio: Ricardo Alfonsín es Ricardo Alfonsín. Lo cual significa que no es Rául Alfonsín, ni Fernando de la Rúa, ni Julio Cobos, ni Carlos Menem ni Arturo Illia. Pero avancemos en el posible significado de semejante comparaciones.

1. Ricardo Alfonsín no es Raúl Alfonsín:

    Comparar a Ricardo Alfonsín con Raúl resulta un ejercicio tan lógico como de resultado inevitable: un padre político que dejó su huella en la historia en contraposición a un hijo que, por ahora, sólo aspira a un cargo presidencial.

    En ese marco, donde  resulta fácil destacar las virtudes carismáticas de aquel caudillo radical y presidente emblemático, la figura de Ricardo no puede sino quedar disminuida. Entonces pasa a ser “Ricardito”, un hombre que expresa un anhelo presidencial pero que padece la sombra de un padre poderoso.

    Sin embargo tal parangón no sólo resulta injusto sino falaz. Porque quizás la principal fortaleza de Ricardo no devenga de ese poder de seducción que portan los líderes carismáticos, sino tal vez de sus dotes intelectuales como estadista en ciernes. Al respecto, mi tesis es sencilla: al igual su fallecido padre , Ricardo Alfonsín es un hombre honesto y con profundos valores éticos-democráticos; pero, además, es un pensador y estratega político de alto vuelto.

    Para poner a prueba esa tesis he realizado un sencillo experimento exploratorio: simplemente extraje ideas centrales de discursos de candidatos presidenciales actuales, incluida la presidente, y pasados (por supuesto, cuidando de que no pudiera identificarse al autor) Luego, sobre una pequeña muestra de ciudadanos de nivel educativo medio, evalué la valoración de las ideas en términos de valor como propuesta para afrontar problemas del país, claridad de enunciación y grado de desarrollo (concepto explicado versus eslogan superficial de campaña). El resultado fue sorprendente: las ideas de Ricardo Alfonsín fueron las más valoradas entre los candidatos actuales y sólo superadas por las Arturo Frondizi.

    Mi corolario de lo anterior es simple: Ricardo Alfonsín tal vez carezca del carisma arrollador de su padre, pero, en el plano del ideario político, está plenamente a su altura y hasta quizás lo supere.

    2. Ricardo Alfonsín es radical, pero no es Fernando de la Rúa:

      La partida del helicóptero llevándose a un Fernando de la Rúa renunciante luego de las jornadas trágicas de diciembre del 2011, resulta el ícono elocuente del fracaso de la Alianza.

      Pretender asociar a Ricardo Alfonsín con De la Rúa a través de la dudosa ecuación: “De la Rúa, Alianza, radicales”; “Alfonsín, alianza, radicales”, no sólo es una simplificación: es simple deshonestidad intelectual.

      Porque Fernando De la Rúa nunca fue el Kennedy argentino que alguien avizoró allá por el 73, sino más bien, la mejor expresión de un político carente de ideas y con una imposibilidad casi patológica de tomar decisiones. Además, el discurso delarruista tenía un sello distintivo: simple retórica vacía de contenido.

      Corolario: que Ricardo Alfonsín no es Fernando de la Rúa es lo contrario a una tesis; es una verdad de Perogrullo.

      3. Ricardo Alfonsín no es Julio Cobos

        A raíz de le épica instaurada con el ya mítico “voto no positivo”, Julio Cobos alcanzó a tener todo lo que puede aspirar un potencial presidenciable: altísima imagen y similar intención e voto. Es cierto que le tocó también deslizarse por el filoso desfiladero entre la formalidad institucional de su cargo y su rol opositor. Lo cual no debe ser tarea simple.

        Pero no es menos cierto que apenas dos años después de aquel momento de gloria, sus permanentes indefiniciones sobre cuál era su lugar en el mundo político lo pulverizaron hacia la licuación de sus posibilidades. Julio Cobos irrumpió como un corajudo capaz de tomar la decisión más riesgosa. Pero terminó como la genuina encarnación del príncipe Hamlet, donde la permanente duda entre ser o no ser lo hicieron desaparecer de la escena política.

        En contraposición, cuando Ricardo Alfonsín decide correr el riego de comprometer el acuerdo con el socialismo en aras de una candidatura con posibilidades reales, lo que demuestra es el sello de un político de raza que sabe que aquello de que “la política es el arte de lo posible” no es una mera frase, sino un imperativo para la acción.

        Corolario: En 2008 Julio Cobos parecía tenerlo todo, mientras que Ricardo Alfonsín era apenas un dirigente más. Hoy Alfonsín es el  opositor más fuerte, mientras que Cobos no es candidato a nada. Ergo, Ricardo Alfonsín no es Julio Cobos.

        4. Ricardo Alfonsín no es Carlos Menem:

          Esta comparación parecería ajena al presente análisis. Es claro que nadie podría postularla con pretensión de seriedad. Sin embargo, aquí se la considera por la recurrente sentencia oficialista que expresa que la vuelta de un radical (cualquiera que sea) representaría una especie de retorno de una Alianza cuyo fracaso obedeció a la insistencia en mantener las recetas neoliberales de los 90, que Carlos Menem habría ejecutado de modo tan eficiente como catastrófico para el país y para el pueblo argentino.

          En el marco de esa lógica irreflexiva y acrítica, el acuerdo Alfonsín – De Narváez significaría algo así como una especie de “prueba del delito” o de “sincericidio”.

          Es obvio, que cuando la tesis se enuncia de forma clara y no meramente alusiva, se pone de relieve que apenas se trata de simple chicana de campaña sin peso conceptual.

          Corolario: Ricardo Alfonsín sólo puede ser comparado con Carlos Menem cuando se renuncia a la argumentación razonable para sucumbir a la tentación de la diatriba acrítica.

          5. Ricardo Alfonsín no es Arturo Illia

            He dejado para el final esta posible comparación que, por lo que sé, a nadie se le ha ocurrido postular. Pero hacerlo puede resultar aleccionador.

            La historia ha juzgado que el derrocamiento de Arturo Illia condensó dos desgracias en un mismo acto. Por un lado, la evidente prepotencia de los alzamientos militares de aquellos años difíciles; por otro, la indiferencia de una sociedad inmadura que no supo valorar lo que estaba perdiendo.

            A mi juicio, Arturo Illia es el símbolo de la virtud política incomprendida. Un hombre austero, casi gris, sin el carsima de muchos embaucadores de feria, pero con un nivel de honestidad y de coraje para enfrentar al Poder, cuya conjunción resulta escasa en la historia argentina.

            Sin duda, Illia era mucho más de lo que parecía. Aunque podía parecer un abuelo bonachón, era un estadista con agallas. Sin embargo, la sociedad argentina no se dio cuenta.

            Evidentemente -que duda cabe- Illia fue un presidente honesto. Pero también fue un hombre que supo plantarse con firmeza ante los poderes de aquellos años.

            Corolario. Arturo Illia era mucho más de lo que parecía. Pero cuando las sociedades se acostumbran al seductor de turno suelen confundir las apariencias con las realidades.

            Tal vez haya algo de cierto en aquello de que Ricardo Alfonsín no alcance el fuego del carisma que otrora detentaron figuras políticas como Raúl Alfonsín o Carlos Menem.

            Pero sugiero el ejercicio de apreciar que su eventual falta de carisma sea, tal vez,  superada con creces por la calidad de sus ideas, por su honestidad, por su pasión y por su coraje para avanzar hacia un país mejor.

            Quizás una sociedad recién esté madura cuando puede discernir con claridad y sin preconceptos la gran diferencia entre el parecer y el ser.

            Corolario final: Ricardo Alfonsín: el candidato presidencial que es mucho más de lo que parece.

            Simplemente invito a la ciudadanía a pensar seriamente en esa posibilidad.

            Agregado final: he intentado demostrar dónde, a mi juicio, residen las fortalezas de Ricardo Alfonsín. Sí en la sustancia, no en la apariencia. Pero también sería injusto no conceder una distinción: cuando Alfonsín conversa exhibe un estilo sereno, amable, austero y, por momentos, lindante en la parquedad. Pero esa imagen contrasta con el Alfonsín orador en un acto de campaña. Allí sí, puede advertirse plenamente el parentesco con su padre. Al igual que el ex presidente, Ricardo Alfonsín tiene la potencia de llegar al núcleo emocional del auditorio. Y esto, sin duda, es también una de las genuinas expresiones del carisma.

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            ¿Podría Ricardo Alfonsín ser Presidente? Vigencia de una visión formulada hace cinco meses

            En Diciembre de 2010, Ricardo Alfonsín lanzó su candidatura presidencial.

            En ese tiempo Julio Cobos y Ernesto Sanz se perfilaban como candidatos en internas de la UCR.

            Por parte del PJ Federal, Mario das Neves también se había lanzado.

            Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá aún no habían protagonizado ese tan confuso como grotesco papelón pre-internil.

            Pino Solanas también se presentaba como presidenciable.

            Mauricio Macri, aunque no había formulado intenciones enfáticas, aún no había sido corroído por la duda hamletiana del ser o no ser que hoy parece aquejarlo.

            Aquel lanzamiento no tuvo demasiada trascendencia mediática. Sin embargo, en su discurso inaugural, Ricardo Alfonsín enunció palabras importantes para quienes pudieron leer entre líneas.

            Por ese entonces, quien escribe, esbozo un documento señalando seis razones por las cuales Ricardo Alfonsín podía llegar a ser presidente.

            Hoy, cuando el repertorio de los presidenciables inexorablemente se va achicando y, por ende, “suben las acciones” de quienes sostienen candidaturas que se van imponiendo, aquellas observaciones adquieran plena vigencia.

            Lo que justifica su reproducción.

            Ecos de un discurso de lanzamiento: Seis  razones por las que Ricardo Alfonsín podría ser Presidente (diciembre de 2010)

            No soy radical ni nunca lo fui.  Mi simpatía hacia el radicalismo sólo se relaciona con ese sentimiento de esperanza y entusiasmo que alguna vez me despertó el ex Presidente Raúl Alfonsín.  Esto no exime de subjetividad al  presente texto, pero considero que permite dimensionar mejor su alcance.

            Acabo de escuchar el discurso de Ricardo Alfonsín y, debo reconocerlo, me impresionó en forma positiva.  Luego de escucharlo mi sensación es simple: no sé si será o no presidente, pero existen sobradas razones para pensar seriamente en tal posibilidad. Por lo menos se me ocurren las seis razones siguientes:

            1.       Honestidad / Transparencia: Ante todo Alfonsín parece una buena persona.  A partir de su discurso y más allá de éste, Alfonsín transmite la poco frecuente virtud de un político regido por valores y por buenas intenciones,  que expresa con convicción y claridad.

            2.       Sentido común: Alfonsín expresa ideas complejas en un lenguaje simple. Aunque señaló explícitamente que no se adentraría en su programa de gobierno, su discurso fue una declaración de principios estratégicos propios de un estadista. Dejó en claro la diferencia entre crecimiento y desarrollo, destacando a la lucha contra la pobreza como uno de los fines básicos de la política. Refutó con argumentos simples pero a la vez sólidos varias de las objeciones que podrían menoscabar su candidatura. En tal sentido, logró develar con claridad y sencillez las falacias que se esconden detrás de ideas que se repiten de modo irreflexivo a la hora de valorar a un nuevo líder político.

            3.       Pasión genuina y mística: Alfonsín transmite una profunda pasión por la política como instrumento de mejora de la vida humana. Y esa pasión suena enteramente creíble.  Y llega a transmitir algo muy poco frecuente en los políticos contemporáneos: una voluntad de propósito que entusiasma y contagia. Alfonsín logra aunar el sentido de la política en una dimensión existencial. Y eso es mística.

            4.       Sensibilidad social: Como señalé antes, Alfonsín parece una buena persona. Y la sensibilidad hacia los más necesitados  se expresa con clara y convincente preocupación en su discurso.

            5.       Inteligencia e Ideas: el discurso de Alfonsín no tiende a la enunciación de eslóganes vacíos de contenido. Al contrario, posee la sustancia típica de quienes están orientados a la acción.

            6.       Coraje: Ricardo Alfonsín tiene algo de genuino idealista. Pero eso no va en detrimento de la fortaleza. Cuando se enfrenta al fantasma del poder sindical desbarata, con argumentos simples,  ese viejo lugar común que prescribe que este país sólo es gobernable por el peronismo.  Alfonsín transmite con vehemencia lo que nunca debería haberse olvidado: cuando se actúa con convicción a favor del pueblo, no hay motivos para temer a nada más que a la voz de ese mismo pueblo.

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