Posts etiquetados como ‘memoria’

Silencio y olvido

Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.
Jorge Luis Borges, “He cometido el peor de los pecados”

Las antiguas luces de los esplendores juveniles ya se van apagando.
Estoy aquí. Presintiendo mi hora.
No hay dolor. No hay remordimiento.
Sólo la inmensa paz de quienes ya no esperan.
El silencio es un suave manto que arrulla el ser.
Quisiera despojarme para siempre de la memoria.
Para ser solo olvido y vacío.
Una pura libertad sin pasado, sin presente, sin futuro.
Ya los vientos azules me cubren de nieves.
Es el tiempo que me envuelve en su inexorable magia.
Adiós a las alegrías infantiles.
Adiós al amor materno que alguna vez fue.
Adiós a los perfumes alados del amor.
Adiós al brillo refulgente de la pasión.
Irme solitario por el viejo camino.
En pura paz.
En puro silencio.

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Tiempo, presente dualidad y pluralidad

Vivir el presente. Extraño imperativo de los tiempos modernos y no tan modernos.

Habitar en el presente como si se pudiera entrar y salir de las distintas variedades del tiempo por un acto mágico de libertad y autodeterminación.

Vivir  el hoy para evitar esa temida trampa de hundirnos en un pasado que podría atraparnos cual agujero negro del alma.

Vivir el presente para salvaguardarnos de ser expulsados hacia el futuro por la insistente daga de la ansiedad sin cauce.

Pero quizás en el fondo sospechemos la imposibilidad de vivir realmente en un puro presente.

Esa frenética necesidad de fotografiar los instantes, de guardar los recuerdos, de perdurar en la memoria…

Somos sujetos duales, porque vivimos en el presente pero nos proyectamos como recuerdo.

Somos sujetos plurales, porque no podemos renunciar a ese abismo futuro expresado oscuramente por la palabra “siempre”

Vivir el presente. Realidad de hierro. Extraña quimera.

Filo de navaja de la existencia humana.

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Letanía del tiempo que se está yendo

Mi tiempo se va yendo.
Centro de angustia, relámpago de ansiedad.
Siento el peso de lo que no pudo ser.
Me quedaré sin el anhelado rostro de la belleza dulce.
Porque llega un momento en que vivir, también es capitular
(certeza inquebrantable aguijoneando agazapada tras nuestras fantásticas quimeras)
Destino de poeta triste
Condenado a nunca poder encontrar las palabras.
La palabra es la cifra,
La señal secreta que podría franquear el pasadizo.
Pero no pude encontrar el corazón del laberinto.
Ya el perfume se va evaporando,
Mientras los ecos de tu nombre ausente se tornan inaudibles.
Eterna belleza adolescente hecha para mi tristeza y mi condena.
Luz que se apaga.
Fuego tibio de ardores ya consumidos.
¿Qué me llevaré?
La magia plena del primer beso.
Tu nombre en la arena.
Tu sonrisa limpia.
Y, después, ese abismo del mar que me separa.
Desierto de la dicha que se me fui escurriendo,
Porque sí.
Novia única.
Hechizo luminoso hecho de amor.
Cuando se acerque el final sólo quisiera tenerte en mi mente.
Para sentir los destellos de tu esplenderosa magia.
Y así, despedirme.
Abrazado a tu imagen.
Para siempre.

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Reminiscencias musicales de amores perdidos

Cadencias musicales

Se deslizan por los pliegues de la memoria.

Tesoros escondidos desfilan como hechizos

De antigua miradas angelicales.

Sonrisas evanescentes detrás del pasado abolido

En las inciertas entrañas de los corazones dormidos.

Pétalos de rosas que se deshicieron

Para evaporarse en el tiempo de la ausencia.

El saber dulce y triste de la dicha adolescente.

Y esta paz que no me calma.

Ríos extraviados en vendavales

De viento y arena.

Luz desvanecida en la eterna noche sin rumbo.

Amores que no pudieron ser.

Despertares desiertos de tu magia aniñada.

Esta opacidad de no saberte.

Esta espera ansiosa

Del otro lado de la dicha.

Te oigo y no puedo hablarte.

Te siento pero no puedo alcanzarte

Mientras el cielo se cierra sin retorno.

Porque el tiempo se consumió

Matando la llama de tu juventud.

Y no fuimos sino desierto de imposible.

Pequeños barquitos a la deriva en alta mar

En noches borrascosas.

Puerto sin destino.

Anochecer sin día.

Muros invisibles.

Cadenas de hielo.

Noche sin luna.

Voz sin sonido.

Angustia sin centro.

Mirada aniñada que reapareces

Desde la noche sin tiempo

Convocada por el encantamiento de cadencias musicales olvidadas.

Símbolo de lo que se escapó.

Agua cristalina escurrida de manos de niño.

Arrullo dulce hecho sólo para el recuerdo

Escondido para siempre

Detrás de canciones que alguna vez escuchamos

Pero que nunca pudimos cantar.

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Evocaciones

Retazos de poesía y canciones tristes

Que quedaron anegadas en la memoria

De un pasado adolescente, escrito con fuego y ausencias.

Beber una vez más la tristeza dulce de la nostalgia

Para ilusionar el imposible regreso.

El otro lado.

La promesa cifrada.

El tiempo que se expandía.

La dulzura de tu sonrisa,

Cuando todavía el secreto no había sido develado.

Tu belleza atemporal.

La edad de la espera ardiente.

Corazones entrelazados en veranos perfumados por tu piel.

Esa angustia honda que transcurre entre los intersticios de la dicha.

Esa oscura intuición de la evanescencia del encuentro.

Esa ansiedad ciega que precede el saber que los momentos únicos, son sólo eso.

Y luego esa interminable letanía de la memoria.

Morir en el éxtasis

Para comenzar a vivir en el recuerdo, que es dicha y ausencia.

El sino inevitable de nacer y morir para, finalmente, seguir siendo recuerdo,

Fantasma, angustia.

Hechizo de luna,

Brillo espejado.

Tu silueta reflejada en el lago,

O en mis ojos, o en el mar.

Y después, el fin de fiesta.

Ya es hora de irse.

El espejo roto y la daga del tiempo.

Ese febril adiós huérfano de palabras.

Tu imagen en el lago que se desvanece y mi memoria imperfecta que pretende reconstruirte.

Y te volvés a escapar.

Como ayer y como siempre.

Porque el amor es hechizo de una noche de verano,

Espuma de sueños,

Trampa del destino.

Silencio cargado de nuestras ansiedades juveniles,

Inundadas de las intemperies de lo frágil.

Sol de verano para esa tristeza eterna.

Para esta nostalgia perdida en los entresijos de las canciones tristes y bellas.

Como tu juventud.

Como la mía.

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Elogio de Verano del 42

Cada historia de amor tiene un encanto único y nos deja una huella de fuego en el corazón.
Ví por primera vez Verano del 42 cuando tenía 20 años. La última vez que volví a verla estaba ya cerca de los 40. Este es mi recuerdo:

La historia empieza en una playa de verano, en estados Unidos. Es la época de la 2ª Guerra Mundial. Los personajes son tres amigos próximos a entrar en plena adolescencia (tendrán unos 14 años) razón por la cual están ávidos por descubrir los secretos del amor y del sexo, aún cuando todavía siguen haciendo cosas de chicos.

Hermie, el personaje principal, conoce un día a Dorothy, una mujer bellísisma bastante mayor que él (tendría entre 27 y 30 años). Dorothy está casada y ama a su esposo, quien debe marchar a la guerra.

La historia transcurre entre las aventuras de los tres chicos y el enamoramiento in crescendo de Hermie hacia Dorothy, quien apenas lo ve como un chico.

La historia de amor cobra sentido cuando se produce el desenlace: Dorothy recibe un telegrama donde le anuncian que su esposo ha muerto en batalla.

Justo esa noche, Hermie visita a Dorothy. Dorothy está llorando, angustiada, mientras se escucha una música de fondo que le agrega dramatismo a la escena de su terrible dolor : ESCUCHAR

Entonces surge la magia, lo inesperado. Dorothy y Hermie comienzan a bailar muy juntos, mientras el espectador queda perplejo presintiendo que está a punto de pasar lo que no puede creer que vaya a pasar: finalmente Dorothy y Hermie terminan haciendo el amor.

Es un momento único y mágico en la película. Y es extraño: hay encuentro y hay dolor. Hay el dolor inevitable de lo efímero. Hay lo sagrado y lo profundo. Hay la angustia honda de lo que no puede traducirse a palabras.

Se adivivina la oscura conciencia de Hermie de que ese instante no volverá a repetirse y, fatalmente, lo acompañará el resto de su vida.

Se adivina también, el dolor inconmensurable de Dorothy y su inmensa necesidad de protección. Me aventuraría a decir (es mi interpretación) que Dorothy parece haber intuido que ambos están desnudos ante sus propios sufrimientos y que esta desnudez es lo que finalmente los une, permitiendo la desnudez real del encuentro físico.

A la mañana siguiente, como era esperable, Dorothy ya se ha marchado para siempre. Pero deja una carta, donde le decía a Hermie cosas que yo ya no recuerdo, aunque sí recuerdo el final:
“Te deseo cosas lindas”

Y mientras va terminando la película, sólo falta la voz en off del Hermie ya adulto que dice (palabras más, palabras menos):
“En aquel verano (enumera las cosas que él y sus amigos hicieron) (…)
“(…) y yo conocí a Dorothy (…)”
“(…) nunca nadie me hizo tan feliz y tan desdichado a la vez, tan seguro y tan inseguro al mismo tiempo (…)”
“(…) después de esa noche jamás volví a verla, y de una manera extraña perdí a Hermie para siempre”

Verano del 42: una película mágica para corazones románticos.

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Elogio de El Principito (y del amor a su rosa)

Texto de Federico González (2009)

Como dice esa hermosa letra de la “Canción de las simples cosas” (escrita por Armando Tejada Gómez) “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Será por eso que tarde o temprano volvemos a El Principito.
Tanto se ha ya escrito sobre El principito, ese libro mágico escrito para grandes que no olvidan su corazón de niños, que se torna difícil agregar algo original.
Pero los resquicios del alma siempre esconden algún matiz que nos deleita descubrir.
Este es el mío, en esta noche:
Como toda verdadera poética, la imagen de un universo que no es el mismo si en algún planeta lejano un cordero se ha comido o no a una rosa amada, transmite una estética maravillada.
La tensión entre un universo luminoso y otro oscuro, transmite ese incierto intersticio entre la dicha y la tristeza. Que la rosa sea o no sea: esa es la verdadera cuestión existencial que habita el corazón del enamorado.
Pero intuyo que no es sólo eso. Porque, como escuche decir certeramente a un querido psicoanalista1, “toda estética remite a una metafísica”. Lo cual -para mi- significa que el fondo de la pregunta que horada el corazón de nuestro Principito (¿pero es que el zorro se habrá comido a no a la rosa?) se revela no sólo el enigma y la angustia del sentimiento, sino también los del conocimiento.
Cabe recordar que en palabras de George Berkeley, el fundador del idealismo, “ser es ser percibido”. De modo que todo ese andamiaje de un universo infinito inmutable e indiferente a nuestro destino, se derrumba en ausencia de una conciencia que lo contemple. Para decirlo más sencillo: según ese filósofo británico, si súbitamente desaparecieran todas las conciencias del universo, entonces éste caería con ellas; ¿Por qué qué cosa podría (continúa Berkeley) resultar más inimaginable que un universo tangible que nadie puede ver o tocar?
Llego entonces al núcleo de la “mini tesis” que anima estas líneas: el dilema de El Principito no es sólo sentimental, sino –también- existencial. Porque quizás el verdadero amor sea la única garantía de existencia tanto del Otro como de Uno. (Eso que algunos psicoanalistas podrían llamar “narcisismo espejado”).
Me gusta imaginar lo que se imagina ese Principito perdido en un mundo de ausencia pero recordando una presencia hecha de “la sustancia de los sueños” (la frase es de Borges).
¿Vivirá o no la rosa? Si vive, entonces el universo es un regocijo hecho de luces de estrellas, en el cual habrá una rosa (otra conciencia) desde la que seré pensado y amado. Pero si no vive, entonces ese universo no será sino el vestigio inerte de lo que fue, pero ya no es; esa nada que me inunda y me arrastra al hielo del olvido. (Y no nos engañemos, es cierto que la rosa de algún modo vive en El Principito, pero quizás su angustia profunda sea saber si él también perdura existente en el corazón de la rosa”)
Decía el Gran Alejandro Dolina que hay dos ingredientes en la vida: conocimiento y sentimiento. Probablemente tenga razón.
Por eso quizás será que de tanto en tanto vuelvo a El principito, ese libro mágico que siempre nos recuerda que aún somos el niño que fuimos, pero que está noche extrañamente me reveló que aquello de que el universo es un vasto misterio hecho de amor, quizás tenga algún sentido.
Y eso a pesar del escepticismo que nos empezó a invadir cuando comenzamos a perder aquella inocencia del niño que fuimos y que El principito se encargará de recordarnos.

1Guillermo Martin, psicoanalista argentino.1Guillermo Martin, psicoanalista argentino.

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Reflexiones sobre la memoria a partir de una vieja foto de unos amigos

A mi Querido Amigo Ricardo Lonzi:
Por permitirme evocar los recuerdos más lindos.
Por no olvidar al niño y al adolescente que fuimos.
Por hacer un culto de la amistad más allá de la distancia.
Por no olvidar.
Porque, parafraseando a Dolina: los que recuerdan siempre serán nuestros hermanos.

Ricardo:

Es una gran emoción verte a vos y a Beto cuando “éramos tan niños”

Las fotos tienen esa extaña magia de “contrariar” un poco nuestros recuerdos:

Porque (no sé cómo lo hace la mente, pero sí que lo hace) lo cierto es que los Ricardo y Beto de ese época, en mi memoria son pibés muy jóvenes, pero no son estos niños.

Para hacerlo más simple: La Srta. María Leticia Ferrero en mi recuerdo es una mujer joven, pero de una juventud evanescente y atemporal que -además- es algo más joven que yo ahora, pero no mucho más (para decirlo más simple: “no me puedo imaginar que fuera la pendeja de 18 años!!!! que inequívocamente mostraría su foto).

Es algo curioso, como si en el recuerdo la autoimagen de uno tuviera que “bajar algunos años”, pero no los necesarios, para así poder acompañar la imagen del otro, que necesariamente tenemos que “adultizar” o “envejecer” (o tal vez sea al revés: cómo “la Leticia” era mayor que nosotros, y nosotros ya no somos pibes (¿o sí?) entonces tenemos que “verla” un poco más grande.

Otro tema: ver a la hermana menor del “gordo” me produjo otra vivencia poco frecuente a la que trato de atender como “estudioso” de la memoria humana:
Sucede que llega un momento en que es difícil recuperar “recuerdos vírgenes”, porque casi todos nuestros recuerdos son ya “recuerdos de recuerdos” o, de otro modo, hechos que ya hemos recordado varias veces. En cambio, la hermana menor del “gordo” durante todos estos años había desaparecido de mi memoria. De modo que recuperarla fue una revelación.

Bueno, nada más por ahora.

Espero que estés disfrutando tu estadía por allá.

Un fuerte abrazo.

Federico

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Versos tristes y herméticos

Versos tristes y herméticos

“Hoy empiezo a transitar la larga senda del recuerdo”.

Reminiscencia de tango “Hoy vas a entrar en mi pasado”

Porque el recuerdo es esa inmensidad hecha de tiempo.

En el fondo de esa claridad hecha de espíritu.

Esa flecha cierta hacia un destino incierto.

Esa irrealidad hecha de espuma.

Sustancia de sueño

Plenitud de nada.

Sombra luminosa.

Luz sin sustancia.

Misterios de la memoria.

Vientos de ausencia

Sol apagado.

Luna sin brillo.

El presente es de hierro.

El futuro es quimera

El recuerdo es tu ausencia

Y en el medio tan soólo,

los vestigios del tiempo.


Poema escrito en Twitter bajo la técnica del automatismo psíquico

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El proceso reconstructivo de la memoria humana

El video que acompaña este post constituye una aceptable introdución al carácter reconstructivo de la memoria humana.

Resultan muy significativas las ideas expresadas en algunas frases:

  • “(…) nuestra memoria no es un fiel registro de las experiencias vividas”
  • “El cerebro crea, completa e inventa para dar coherencia al pasado”
  • “La memoria nos falla y nos juega malas pasadas para unificar mejor el yo presente con el del pasado e, incluso, con el del futuro”
  • “Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento; sin ella no somos nada”

A mi juicio resulta especialmente destacable lo que se trata en la primera parte, cuando se refiere a la función del hipocampo en el proceso reconstructivo de los recuerdos.

Independientemente de que el hipocampo sea el subsistema cerebral responsable, lo que resulta interesante es la descripción del eventual mecanismo implicado en la “puesta en acto” de los recuerdos. En otros términos: cómo el cerebro / mente genera en tiempo real la recuperación de los recuerdos.

El relator del video, en referencia a los estudios del investigador Daniel Schacter, señala que el hipocampo “orquesta una verdadera recreación de las situaciones pasadas” constituyéndose así en un “árbitro de la puesta en escena necesaria para revivir un recuerdo”

Como puede observarse en las imágenes, el hipocampo actúa como una especie de ensamblador de las heterógeneas imágenes que componen la escena de un recuerdo

En tal sentido, la memoria reconstructiva humana funcionaría como una suerte de arquitecto o de director cinematográfico (quizás más específicamente, como un montajista) que debe tomar su materia prima de fuentes diversas para producir el ensamblaje que representa al recuerdo vivido.

Tal función resulta muy similar a la explicación proporcionada por Freud en su interpetación de los sueños, cuando refiere al carácter de “puesta en escena” del “sueño soñado” (Vg. las imágenes oníricas) en cuyo seno se condensarían (entre otros factores) tanto los restos diurnos del soñante como la fantasmática representativa del deseo reprimido

El video continúa mostrando diferentes aspectos de la memoria a a través de una alegoría antropomórfica entre un sujeto recordante y un alter que simbolizaría a su memoria.

De ese modo, se cumple con la función de describir de un modo didáctico diferentes vicisitudes del proceso de la memoria, tales como los olvidos en la vida cotidiana, los recuerdos traumáticos reprimidos, la sobrecarga de información en la memoria de largo plazo, etc.

Tal vez el recurso narrativo al que se apela resulte algo exagerado, pero -sin duda- se logra transmitir en escasos minutos los aspectos básicos del sutil mecanismo reconstructivo de nuestra memoria. Lo cual no es poco.

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