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Reminiscencias musicales de amores perdidos

Cadencias musicales

Se deslizan por los pliegues de la memoria.

Tesoros escondidos desfilan como hechizos

De antigua miradas angelicales.

Sonrisas evanescentes detrás del pasado abolido

En las inciertas entrañas de los corazones dormidos.

Pétalos de rosas que se deshicieron

Para evaporarse en el tiempo de la ausencia.

El saber dulce y triste de la dicha adolescente.

Y esta paz que no me calma.

Ríos extraviados en vendavales

De viento y arena.

Luz desvanecida en la eterna noche sin rumbo.

Amores que no pudieron ser.

Despertares desiertos de tu magia aniñada.

Esta opacidad de no saberte.

Esta espera ansiosa

Del otro lado de la dicha.

Te oigo y no puedo hablarte.

Te siento pero no puedo alcanzarte

Mientras el cielo se cierra sin retorno.

Porque el tiempo se consumió

Matando la llama de tu juventud.

Y no fuimos sino desierto de imposible.

Pequeños barquitos a la deriva en alta mar

En noches borrascosas.

Puerto sin destino.

Anochecer sin día.

Muros invisibles.

Cadenas de hielo.

Noche sin luna.

Voz sin sonido.

Angustia sin centro.

Mirada aniñada que reapareces

Desde la noche sin tiempo

Convocada por el encantamiento de cadencias musicales olvidadas.

Símbolo de lo que se escapó.

Agua cristalina escurrida de manos de niño.

Arrullo dulce hecho sólo para el recuerdo

Escondido para siempre

Detrás de canciones que alguna vez escuchamos

Pero que nunca pudimos cantar.

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Elogio de Verano del 42

Cada historia de amor tiene un encanto único y nos deja una huella de fuego en el corazón.
Ví por primera vez Verano del 42 cuando tenía 20 años. La última vez que volví a verla estaba ya cerca de los 40. Este es mi recuerdo:

La historia empieza en una playa de verano, en estados Unidos. Es la época de la 2ª Guerra Mundial. Los personajes son tres amigos próximos a entrar en plena adolescencia (tendrán unos 14 años) razón por la cual están ávidos por descubrir los secretos del amor y del sexo, aún cuando todavía siguen haciendo cosas de chicos.

Hermie, el personaje principal, conoce un día a Dorothy, una mujer bellísisma bastante mayor que él (tendría entre 27 y 30 años). Dorothy está casada y ama a su esposo, quien debe marchar a la guerra.

La historia transcurre entre las aventuras de los tres chicos y el enamoramiento in crescendo de Hermie hacia Dorothy, quien apenas lo ve como un chico.

La historia de amor cobra sentido cuando se produce el desenlace: Dorothy recibe un telegrama donde le anuncian que su esposo ha muerto en batalla.

Justo esa noche, Hermie visita a Dorothy. Dorothy está llorando, angustiada, mientras se escucha una música de fondo que le agrega dramatismo a la escena de su terrible dolor : ESCUCHAR

Entonces surge la magia, lo inesperado. Dorothy y Hermie comienzan a bailar muy juntos, mientras el espectador queda perplejo presintiendo que está a punto de pasar lo que no puede creer que vaya a pasar: finalmente Dorothy y Hermie terminan haciendo el amor.

Es un momento único y mágico en la película. Y es extraño: hay encuentro y hay dolor. Hay el dolor inevitable de lo efímero. Hay lo sagrado y lo profundo. Hay la angustia honda de lo que no puede traducirse a palabras.

Se adivivina la oscura conciencia de Hermie de que ese instante no volverá a repetirse y, fatalmente, lo acompañará el resto de su vida.

Se adivina también, el dolor inconmensurable de Dorothy y su inmensa necesidad de protección. Me aventuraría a decir (es mi interpretación) que Dorothy parece haber intuido que ambos están desnudos ante sus propios sufrimientos y que esta desnudez es lo que finalmente los une, permitiendo la desnudez real del encuentro físico.

A la mañana siguiente, como era esperable, Dorothy ya se ha marchado para siempre. Pero deja una carta, donde le decía a Hermie cosas que yo ya no recuerdo, aunque sí recuerdo el final:
“Te deseo cosas lindas”

Y mientras va terminando la película, sólo falta la voz en off del Hermie ya adulto que dice (palabras más, palabras menos):
“En aquel verano (enumera las cosas que él y sus amigos hicieron) (…)
“(…) y yo conocí a Dorothy (…)”
“(…) nunca nadie me hizo tan feliz y tan desdichado a la vez, tan seguro y tan inseguro al mismo tiempo (…)”
“(…) después de esa noche jamás volví a verla, y de una manera extraña perdí a Hermie para siempre”

Verano del 42: una película mágica para corazones románticos.

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