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Los despojos del amor

Caminan en silencio, quizás para no seguir lastimándose.

Ese afuera de viento y arena templa sus espíritus.

Alguna vez se amaron.

O quizás nunca. Ya no importa.

Esbozan sonrisas y alguna palabra amable para llenar los silencios.

Pero ya no hay magia grácil.

Saben que, en algún sentido, lo han intentado todo.

Sienten en sus corazones el triste amargor del fracaso.

Una violencia interna podría hacerlos estallar.

Pero han aprendido la vana sabiduría de dominarla.

Un silencio tenso, intersticio entre el tedio y el dolor, tiñe cada acto.

Caminan al filo de la navaja del desamor.

La violencia que los anida, esconde el reproche mutuo de lo que el otro no pudo ser.

De las promesas que no pudieron cumplirse.

El fastidio los ha invadido para instalarse en la geografía de los pequeños infiernos cotidianos.

De las esperas huecas. Del mar de la confusión.

Laberintos de tristezas los extravían sin retorno.

Tal vez alguno o ambos todavía amen.

Pero los inunda la certeza de la impotencia.

Impotencia del amor. Fracaso del bien.

Se van perdiendo en la playa.

Son los despojos del amor.

¿Y después qué?

Quería llegar y no sé si llegué,

Ni adonde.

¿Qué puerta habrá detrás de la puerta anhelada?

¿Dónde se escondió mi estrella eclipsada por la luna oscura?

Quería tan sólo un remanso,

Un final de camino que fuera clave y destino.

Un refugio adonde estar definitivamente.

No estar más allá ni más acá,

Sólo estar en el certero centro donde el tiempo ya no duele.

No comprendí la vida.

Como un pájaro salvaje en fuga

Se me perdió su sentido.

No comprendí el misterio.

Tan sólo balbuceos de niño

Anonadados ante lo inexplicable.

No hay alegría.

No hay arrobamiento ante la magnificencia de lo sagrado.

No hay dicha, ni paz.

Sólo angustia hueca.

Tragicomedia  de lo efímero.

Destino escondido.

No es ni siquiera el amor que no me toca,

O tal vez sea eso, también.

Es algo más denso,

Corazón de alma ansiosa

De una revelación no consumada.

Mi mente vaga atormentada

Tratando de desentrañar la madeja.

Como si la ilusión de que existe un lado azul de las cosas

Justificara el empeño.

Sé que hubo un día en que definitivamente me perdí.

Y sé que no hubo ni habrá retorno.

Ilusiones infantiles que se fueron desvaneciendo

A fuerza de pequeñas muertes cotidianas.

Imposible atrapar el tiempo.

Inasible la dicha que no fue ni será.

La memoria me conduce en busca de una señal

Que no puedo encontrar.

No sé cuánto me perdí yo

Y cuánto es la vida la que nos pierde.

Lentamente.

Inexorablemente.

Impiadosamente.

Y los rostros maravillados de aquellos niños que alguna vez fuimos

Nos miran desconcertados preguntando qué nos pasó.

Por qué se apagaron las alegrías.

Por qué nos tuvimos que separar.

Por qué ya no podemos verdaderamente reunirnos

Sino en ese grotesco simulacro de intentar ser quienes ya no somos.

Las sombras esquivas del recuerdo no me consuelan.

Porque el ayer que escondía el futuro pleno

Ya no es.

Como tampoco es nada

Lo que nos esperaba del otro lado de la imaginada puerta.

Y esa es la verdadera tristeza de existir sobre el filo del tiempo.

Zigzagueo permanente entre el pasado dichoso

Que escondía la promesa de plenitudes imposibles,

Contra este presente de desierto inerte en que la maravilla no se ha mostrado.

Y donde ya no podría haber promesa.

Porque, ¿Y después qué?

Todo se va yendo – Elogio a “Je t’aime moi non plus”

Todo se va yendo

Elogio a “Je t’aime moi non plus”

Se va yendo todo.

Veo la cara de angelical de Jane Birkin,

Cantando Je t’aime moi non plus,

La imagen de un amor soñado,

Perfecto, inmaculado.

“Te amo, te amo”

Y me pregunto donde se ha ido el amor,

La sonrisa de Jane,

Los ecos de la canción,

Mi joven emoción.

La paloma que dejabas volar hacia la eterna libertad,

¿Dónde estará?

¿Dónde se han ido todas las flores?,

El recuerdo de otra canción.

Y aquí está anocheciendo.

Y siento que todo se va apagando.

Las alegrías del rostro de mi madre,

Que tan sólo son recuerdo desvaneciéndose

Junto a mi corazón de niño maravillado

Ante la inmensidad de lo sín límite.

Y ahora estos barrotes incrustados en el alma que me condenan al lento

Deslizarse de las cosas hacia la nada.

Me perderé algún día.

Moriré con mis fragmentos de la dicha consumida pero nunca revelada.

Me iré, como todo, al océano seco de lo sin tiempo

De la nada cósmica.

Del descanso sin brillo.

Y los ecos de mis amores se consumirán.

Como se consume el rostro de Jane,

Como se marchita esa sonrisa dulce,

Del amor soñado,

Perfecto, inmaculado.

Nunca encontrado.

Se van las cosas, los amores,

Las caricias, las esperanzas.

Y sólo queda ceniza,

Cifra no develada.

El secreto del tiempo,

Nos arrastrará con furia,

En agonía cierta,

Sin piedad de nuestros corazones.

Yo sólo quisiera, un segundo antes del fin,

Escucharte y mirarte, Jane.

Je t’aime moi non plus.


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