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El amor astillado

Hay un momento en que los corazones comienzan a llorar la despedida.
Quizás sabían desde hace tiempo que la magia había terminado.
Las luces de ayer hoy son agonía.
Agonía de los cielos que nos fundieran en abrazos.
Caminantes lunares adolescentes
Queriendo asir los rayos del sol con las manos.
Pero el destino ya urdió su trama
Y nos marca a fuego con su veredicto inquebrantable.
Los amantes deben separarse para que la vida comience a tejerse en otras tramas.
Bajo otros soles.
Con otras pieles.
Cuando llegue el momento de adiós
Habrá una desolación que inundara las almas.
Es el amor que se va transmutando en vacío.
Es el vacío que se irá transmutando en tristeza.
Es la tristeza que se irá transmutando en angustia.
Es el penoso tránsito del amor al recuerdo.
Continuar siendo en el recuerdo.
Hechizo de nada.
Sol sin brillo.
Emoción sin cauce.
Paisaje desierto que está ahí.
Para recordarnos que la magia del amor
Puede dejarnos inermes.
Desnudos ante tanta intemperie.
En días de frío.
Desangelados.

Encuentro abolido detrás de las palabras

Encuentro abolido detrás de cataratas de palabras hechas para mi desdicha.
Ahogarse en palabras. Palabras traicioneras.
Preso del decir. Decir lo que no se quiere decir. O lo que no debería decirse.
Hablar de más. Irse en palabras. Absurda compulsión del verbo.
No es que se trate de ocultar o de callar. Sí, de manejar el arte de los silencios.
O el arte de saber cuándo decir y de saber cuándo callar.
Elogio del silencio que no supimos elegir. No pude cumplir la promesa de escuchar.
Esa es mi pequeña condena. Mi remordimiento.
Palabras que pueden liberar. Pero también lastimar.
Cuchillos filosos hechos de la sustancia de las palabras.
Palabras que tejen castillos de amor en el aire.
Para después construir muros invisibles e inviolables.
Me dejaste solo. Te quedaste sola.
Nos quedamos solos detrás de esa densidad viscosa que fuimos hilvanando.
El encuentro que no fue.
Los brillos que no llegaron.
(No me consuela saber que el eclipse fue por la realidad de hierro que no podía ni debía ser silenciada y no por las palabras dichas a destiempo. Ya lo sé: no fueron las palabras sino mis realidades, pero lo inevitable eran las realidades (…) no las palabras)
Palabras que ahogaron la dulzura y anegaron las magias presentidas.
Palabras que acallaron el silencio pacífico.
Para dejarme este silencio hueco.
Este silencio que es angustia y llanto contenido.
Pájaro solitario sin canto y sin vuelo.
¿Que debería haber hecho con las palabras dulces?
Con los abrazos que no fueron.
No fue danza de delfines.
Sí eclipse de sol apagado.
Y nos encontramos sólo en nuestras nadas.
¿Pero cómo podría protegerte allí, donde no es posible llegarte, si ni siquiera pude abrazarte aquí, donde fuiste a esperarme?
Esta necesidad de seguir ahora hablándote.
Demasiadas palabras que no traen sosiego.
Esta tristeza de encuentro abolido
Que no es luz y es cruz.
Espejo de soledades.
La dulzura del chocolate mientras pronunciaba las palabras amargas.
Palabras que sellaron despedidas.
Palabras que construyeron murallas.
Amurallarlo al deseo. Acorralarlo para que no hable.
Palabras de no sé donde para acallar las voces del deseo.
Aunque sea justo (…)
Pero esta soledad desnuda en que nos despedimos, ese frío de noche (…)
Te desilusioné.
Porque las palabras dulces no llegaron.
O sí llegaron, pero ya era tarde.
Impotentes para revertir en muro infranqueable.
Fragilidades del amor.
Esa eterna dificultad de “asir el amor”
Amor que se escurre delante de nuestros corazones azorados.
Poesías tristes que se transmutan en historias tristes. Profecía auto cumplida.
Historia repetida de adolescente que ve el mundo detrás de la ventana.
De joven que ve la puerta del cielo que no podrá abrir.
De hombre solitario que no podrá develar el misterio.
Me quedé de este lado.
En la intemperie de hielo.
Vacío de tu magia.
Adiós.

El amor en ocaso

La mansa certidumbre que agita mis pesares,

Desgaste de las horas que pasan sin señal.

Aquí estoy yo y mi congoja.

Allí estarás tú, tus ojos y tu piel.

Mi corazón doliente de náufrago sin rumbo

Se pierde entre penumbras de fría soledad.

Destellos de tus brillos inundan mi tormento

Lacerando la carne al filo de tu adiós.

Rebelde de renuncias, peregrino en las sombras

Las dichas de tu nombre, son tristezas del ayer.

Absorto en tu recuerdo, me pierdo entre la bruma,

Ansiando en mi agonía volver al tiempo aquel.

Al barrio de los sueños, refulgente de dicha

En calles de dulzura, donde te acunó mi luz.

Recuerdos anegados en rutas peregrinas,

Remansos otoñales donde se extravió tu amor.

Querer recuperarte más allá del ocaso,

Soñar con tu imposible, inventar un nuevo sol.

Mas allá de las sombras, de los silencios huecos,

Descubrir nuevamente tu corazón en flor.

Pero es vana quimera, no puedo descubrirte,

Ahora sólo habito este pálido ocaso,

La sequedad de arenas donde se tejió ese adiós.

Volver la vista tierna del ansia y de la dicha

Al mismo centro frío del insondable dolor.

Quisiera reencontrarte en las calles de tierra,

Pasear tus alegrías del brazo del amor.

Maravilla que acechas detrás del suave trino

De pájaro cegado por un vano esplendor.



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