Septiembre 23, 2011 | Por fede1234 | Claves: elecciones primarias 2011, resultados | # Enlace permanente
Un diálogo imaginario a modo de introducción:
—¿Así que Cristina ganó con más del 50% y le sacó 38 puntos al segundo?
—Sí, la diferencia entre ella y los opositores es abismal!
Las primarias ya han quedado muy atrás. El resultado fue contundente. Aplastante. Inapelable. Irreversible. La ciudadanía le ha dado un amplio apoyo a la Presidente Cristina Kirchner.
Las anteriores afirmaciones, deliberadamente adjetivadas, surgen de los resultados y éstos le confieren aval.
Las metáforas no escapan a esa lógica de magnificencia: las urnas, que son la voz del pueblo, hablaron; la magnitud de las cifras expresarían que más que hablar, el pueblo gritó.
La anterior conceptualización puede sintetizarse en el austero lenguaje de los números: Cristina obtuvo un 50.7%, Alfonsín 12.17%, Duhalde 12.15%, Binner 10.26%. La distancia entre Cristina y sus inmediatos seguidores fue de 37.9 puntos.
Tomados literalmente, es decir con énfasis más descriptivo que interpretativo, los números significan, ni más ni menos, que cada candidato fue elegido por determinado porcentaje del electorado.
Pero, adicionalmente, los números transmiten, por resonancia, algo que desborda a lo que indica su fría austeridad.
Por un lado, como se dijo, parecen justificar diferentes adjetivaciones como las arriba señaladas. Tales énfasis representan ya un primer nivel interpretativo. En efecto la distancia de 38 puntos entre Cristina y Alfonsín es un dato objetivo. Pero la calificación de “diferencia casi irremontable”, aunque verosímil, supone decir algo más que lo que la cifra indica per se.
Por otro lado, resulta inevitable apoyarse en tales números para avanzar sobre el terreno de las interpretaciones: la gente votó gestión, la gente apoyó el modelo de crecimiento con inclusión, la gente priorizó la gobernabilidad, la gente no vio alternativa en la oposición, la oposición atomizada no supo enamorar al electorado, etc.
En un tercer nivel se ubican aquellas interpretaciones que, de modo explícito o implícito, sugieren algo decididamente erróneo. El caso paradigmático radica de homologar el caudal de votos de un candidato a la magnitud de las adhesiones al mismo por parte del electorado. Más específicamente, que Cristina Kirchner haya más que cuadruplicado a los votos de Alfonsín o de Duhalde no significa en absoluto que cada votante (o el promedio del conjunto) considere que la primera es cuatro veces mejor candidata que los segundos.
En síntesis: las diferencias de proporciones en los resultados electorales no equivalen a diferencias de magnitudes en las valoraciones que los votantes habrían realizado sobre los candidatos.
Los ciudadanos simplemente eligieron. Mayoritariamente esa elección recayó sobre la actual Presidente. Pero eso no justifica entender que las distancias de esas desproporciones equivalgan a diferencias en las valoraciones hacia cada candidato.
No se trata entonces de menoscabar ni de relativizar un resultado contundentemente favorable para la actual Presidente. Ni tampoco defender la performance de una oposición que obtuvo un resultado magro. Sólo se trata de no utilizar los fríos números para avalar lo que decididamente no puede desprenderse de éstos.
Septiembre 18, 2011 | Por fede1234 | Claves: adios, amor, despedida, dolor | # Enlace permanente
Hay un momento en que los corazones comienzan a llorar la despedida.
Quizás sabían desde hace tiempo que la magia había terminado.
Las luces de ayer hoy son agonía.
Agonía de los cielos que nos fundieran en abrazos.
Caminantes lunares adolescentes
Queriendo asir los rayos del sol con las manos.
Pero el destino ya urdió su trama
Y nos marca a fuego con su veredicto inquebrantable.
Los amantes deben separarse para que la vida comience a tejerse en otras tramas.
Bajo otros soles.
Con otras pieles.
Cuando llegue el momento de adiós
Habrá una desolación que inundara las almas.
Es el amor que se va transmutando en vacío.
Es el vacío que se irá transmutando en tristeza.
Es la tristeza que se irá transmutando en angustia.
Es el penoso tránsito del amor al recuerdo.
Continuar siendo en el recuerdo.
Hechizo de nada.
Sol sin brillo.
Emoción sin cauce.
Paisaje desierto que está ahí.
Para recordarnos que la magia del amor
Puede dejarnos inermes.
Desnudos ante tanta intemperie.
En días de frío.
Desangelados.
Septiembre 16, 2011 | Por fede1234 | Claves: amor, soledad | # Enlace permanente
¿Por qué será que los ocasos del amor apagan las luces del alma?
Los acasos del amor, los quizás, los podría ser, los algún día.
Tal vez deberíamos poder vivir varias vidas para poder vivir aquello que no pudo ser.
Tal vez deberíamos vivir varias vidas para curarnos de las heridas del amor.
A veces está todo. Pero no hay nada. El vacío es esa extraña fuerza que nos impulsa a tocar esa puerta. A abrir ese horizonte. A surcar el abismo.
Los abismos de los corazones. La imposibilidad de comunicarse. El milagro del encuentro. Somos tan complejos que el encuentro es un don del cielo. Por eso el amor habita en la zona del misterio y de lo sagrado.
La inmensidad del horizonte. Los paisajes lunares. Siempre hay alguien inerme ante la infinitud sin cielo.
Hay algo que no se nos revelará. Hay algo que se nos desvanece delante de los ojos. Imagen de hechizo sobre el estanque. Un viento leve puede ser suficiente. Y los falsos oasis pueden dejarnos en la soledad de los desiertos.
Las desdichas del amor. Su vano encantamiento. Habitantes nocturnos ebrios de pieles que se evaporan. Las pieles de las noches de invierno que son refugio. Estamos aquí, del lado de adentro de la intemperie. Y eso es la única magia que nos preserva. El instante en que sentimos la plenitud de la presencia.
Tocar un alma es como tocar un pedazo de cielo. Un cielo con gusto a besos. Un néctar que enciende el deseo y la pasión. La vida es la perpetua búsqueda de los cielos cotidianos. El amor es una brújula hacia algo que no podemos terminar de definir. Pero que siempre nos vuelve a llamar.
Tocar una piel es un intento de tocar un alma. A veces sentimos esa alma. Y eso es emoción.
De nuevo es la noche que deja entreabierta un sendero hacia el sentimiento. A veces, es necesario estar en la soledad avanzada de la noche para sentir la plenitud de la luna.
La luna de los enamorados donde el tiempo se ha detenido. Amar es un encantamiento dulce donde el tiempo ha quedado abolido.
Quizás la felicidad sea ese fugaz salvajismo del presente en que se contempla un rostro, se acaricia una piel, se cruzan las miradas, se murmura un nombre, se grita un éxtasis.
Septiembre 8, 2011 | Por fede1234 | Claves: autorrealización, Cristobal Colón | # Enlace permanente
En la última escena de “1492”, película sobre la vida del descubridor de América, un Cristóbal Colón ya anciano asiste al acto en que la corte del reino español reconoce a Américo Vespucio como el auténtico descubridor de América
Al finalizar el acto, Francisco de Bobadilla, su eterno rival, cruza una mirada con Colón que parece decirle: “Finalmente, te he vencido”. Colón, con serenidad y firmeza, simplemente le responde: “Yo lo hice”. Bobadilla, guarda silencio.
Lo que conmueve de la escena no es tanto su faz visible, sino lo que se intuye que sucede en el interior de ambos rivales. Colón manifiesta su certeza de autorrealización. Bobadilla lo sabe. Ambos saben lo que los dos saben. Y ese es el límite irreversible que salvaguarda a Colón mientras hunde a Bobadilla.
Bobadilla asiste al oscuro goce de privar a Colón de su triunfo. Pero su fracaso deviene de saber sobre la certeza de Colón. Es algo más sutil que un juego de miradas. Es la diferencia entre la sustancia y la apariencia. Bobadilla puede jugar a las intrigas cortesanas. Y puede también ganar la batalla por los oropeles que le priva a Colón. Pero el engaño externo no alcanza siquiera la dimensión de autoengaño conciente. Porque Bobadilla no puede negar la evidencia del saber de Colón. Y esa será su cruz.
Colón lo ha hecho y lo sabe. Ninguna insignia robada lo privará de su conquista.
Porque quizás el verdadero carácter de ésta reside en haber hecho lo que hizo. Y ante esa certeza ninguna privación terrenal será relevante.
Colón lo ha hecho. Esa es su realización. Ese es su premio. Su triunfo secreto.
En cambio Bobadilla puede jugar el juego de las apariencias y saborear el falso triunfo. Pero la certidumbre de su falsedad es su falta. Y su infierno.
Porque Colón lo hizo.
Imagino que antes del minuto final de Bobadilla, Colón volverá a aparecérsele como un fantasma. Para decirle una vez más: “Yo lo hice”.
La paz de Colón. El infierno d Bobadilla. Todo en una mirada.
En una simple frase: “Yo lo hice”
Septiembre 3, 2011 | Por fede1234 | # Enlace permanente
Leemos en Wikipedia que “La ventana de Johari es una herramienta de psicología cognitiva creada por los psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham —las primeras letras de cuyos nombre conforman la palabra Johari— para ilustrar los procesos de interacción humana
La ventana Johari es un esquema de clasificación (en rigor, un cuadro de doble entrada) que permite distinguir diferentes zonas (ventanas) de la mente humana.
El esquema es extremadamente sencillo: se trata de distinguir, por un lado, las partes de la mente que son auto-conocidas para la persona misma y, por otro, aquellas porciones que son conocidas o no por los demás.
Por combinatoria simple, quedan determinados cuatro cuadrantes o ventanas:
1. La zona pública: refiere a todo aquello de una persona que resulta conocido tanto por él como por los demás.
2. El área privada: refiere a lo que todo lo que el sujeto conoce sobre sí mismo, pero que los demás ignoran.
3. El área ciega: refiere a aquello que los otros pueden, de algún modo, conocer sobre una persona, pero que ésta, por diversos motivos ignora.
4. El área desconocida: refiere a todos los aspectos que resultan ignorados tanto por el propio sujeto como por los demás. Incluye tanto lo que resulta intrínsecamente incognoscible, como aquello que aunque potencialmente cognoscible, no lo es en acto.
La zona pública:
Ámbito de la transparencia. La magia de la comunicación. La comunión de las almas. Vibrar al unísono. Dulce danza de las almas gemelas. De los corazones entrelazados. O también del estar mutuamente desnudos. Descarnadamente expuestos a la mirada del otro que sabemos que sabe lo que no podemos dejar de revelar. Porque no queremos, porque nos resulta imposible. No hay máscaras. No hay velos que oculten. Ser en la absoluta transparencia ante el otro. Para nuestro cielo o par nuestro infierno.
La zona privada:
Un lugar donde elegimos no revelarnos. El reino de lo secreto. De nuestra intimidad más pura. Estar detrás de la máscara. Morada de refugio. Es la barrera que decidimos colocar. Son nuestros escudos. Nuestras férreas corazas. Nuestros diques. Nuestros muros. O el ámbito de lo inefable. De lo que está más allá de las palabras. De lo que no podríamos revelar aunque quisiéramos.
Extraña paradoja: es también el teatro secreto donde actuamos nuestro guión, nuestra comedia, nuestra tragedia. Actuamos ante una deidad invisible. Inasible. Incorpórea. El ojo de la cámara cósmica. El Dios oculto y omnisciente testigo único de nuestros actos. Porque allí, en la zona del secreto, tramamos la urdimbre de nuestra vida. Forjamos el sentido. Inventamos nuestra propia historia. Proyectamos el futuro que no nos atreveríamos a revelar. Nuestro para qué más primordial. Somos soledades entregadas al eterno soliloquio de estar con nuestros pensamientos.
La zona ciega
Allí donde nos desconocemos pero nos conocen. Algo que ignoramos pero que nos delata. Donde los demás aben lo que yo no sé. O no quiero saber. O decido no saber. Estar desnudos ante los otros sin saberlo. Quizás ahí es donde somos extraños a nosotros mismos. Pero con una extrañeza que sólo comprenderíamos desde la mirada del otro. Es nuestro talón de Aquiles. O nuestra fortaleza ignorada. Si tan sólo pudiéramos ver lo que esos ojos empapados de amor ven. O quizás sea mejor nunca saber de esa mirada ante la cual ya somos meros objetos. Cosas entre las cosas. Tal vez nuestra ceguera sea un sutil modo de protegernos. De no sucumbir al peso del ojo que es infierno. Aunque paguemos el costo de no advertir las miradas celestiales. Esas que podrían por fin justificarnos.
La zona desconocida
Lo ignoto. Lo incognoscible. Ser allí en un desierto de miradas. Auténtico mar de soledades. Donde estamos sin estar. Donde la nada se confunde con el ser. Ser desde allí y no ser allí. Arcano imposible. Aporía inescrutable.
Una reflexión final
La ventana Johari. Apenas un extraño simplismo clasificatorio capaz de señalar los vastos misterios del alma, sus ventanas, sus muros, sus oscuridades, sus transparencias, su íntima e inescrutable sustancialidad.
Septiembre 1, 2011 | Por fede1234 | Claves: asesinato candela, inseguridad | # Enlace permanente
El salvaje asesinato de Candela motiva estas breves reflexiones:
La vida es un milagro acechado por un mar de fragilidades.
La impiedad y el mal existen.
Quizás parte de nuestra sociedad ha confundido comprender el mal, con bajar la guardia y tolerarlo.
Quizás hubo un día, luego de muchos días, en que la sociedad comenzó a acostumbrarse a lo que nunca debería haberse acostumbrado.
Hay algo que, profundamente, está mal. Hay algo que, profundamente, parece que no termináramos de comprender.
Hay límites que aunque son difícil de transitar, deberíamos adquirir la sabiduría para hacerlo: el límite entre la comprensión de las causas y la determinación para reclamar seguridad y justicia; el límite entre un sutil sentimiento de culpa social y el accionar preventivo contra la delincuencia organizada; el tramposo límite entre intercambiar bienestares económicos tangibles por inseguridades probables, que pensamos que no nos tocarán.
Lo cierto es que una niña inocente ha muerto. Eso es tragedia. Es dolor. Y, sobre todo, es irreparable.
| Por fede1234 | Claves: atardecer, sensaciones | # Enlace permanente
Cae la tarde. Las sombras ya tiñen el cielo. Hay una paz difícil de transmitir.
Cada momento del día esconde una magia. Un misterio único. Un matiz.
El mundo puede ser un caleidoscopio incesante. Un ritmo. Un compás de emociones.
Los pensamientos se suceden mutando en recuerdos. O en sueños.
Estamos acá, frente al mundo. Pero estamos en nuestro eterno soliloquio.
Una mirada nos devuelve la ilusión de la compañía.
Entonces el mundo se torna luminoso.
Un centro lleno de estrellas para regocijo del alma.
Mientras cae la tarde y nace arcano de la noche.
Agosto 29, 2011 | Por fede1234 | Claves: elecciones 2011, fraude, primarias | # Enlace permanente
Desde hace días asistimos con cierto estupor a la presentación de información que revelaría que en las elecciones primarias se habrían cometido irregularidades, picardías, anomalías o, simplemente, fraude.
Entre otras cosas nos hemos enterado que en la provincia de Buenos Aires, tales irregularidades han sido muy recurrentes y que eso se estaría verificando durante el escrutinio definitivo, aún no finalizado.
En ese contexto nos enteramos también de opiniones disímiles vertidas por jueces electorales, funcionarios gubernamentales del oficialismo y candidatos y apoderados de la oposición.
Por supuesto, la eventual comprobación fehaciente por parte de la justicia de la existencia de tales irregularidades y la posibilidad de que dichos sesgos revistan un carácter intencional, representarían, en sí mismas, un caso de singular gravedad para la salud del sistema democrático basado en la voluntad soberana de los electores.
Independientemente de lo anterior, tanto para el ciudadano común, como para la oposición y el oficialismo, la magnitud de eventuales discrepancias entre los guarismos del escrutinio provisorio y definitivo deberían resultar relevantes.
En efecto, el sentido común más básico indica que si, finalmente, la presidente Cristina Kirchner obtuvo 50%, 49%, 45%, 42% o 53%, esas diferentes cifras poseen significados diferentes respecto al modo en que se presenta el escenario electoral de octubre, aun cuando ninguna quita mérito a la existencia de un triunfo holgado del oficialismo por encima de las fuerzas opositoras.
Y sin embargo, pareciera ser que a ninguno de los actores opositores, oficialistas o jueces le importara realmente cuál es o podría ser la magnitud de las discrepancias.
Evidentemente si, por caso, la Presidente terminara sacando un 48% en lugar de 50%, el desafío de la oposición casi seguiría teniendo similar carácter de epopeya. Pero si el porcentaje definitivo fuera, por caso, el 45%, el desafío que la oposición debería asumir para octubre radicaría en capitalizar apenas un 5.1% del votante oficialista. Tarea sumamente difícil, pero ya no epopéyica. En contraposición, si finalmente la Presidente obtuviera un 52% en lugar del 50%, no sólo significaría que la oposición bajaría sus chances tendiendo a cero, sino que se evidenciaría que el tan mentado fraude que se supone habría perpetrado el oficialismo no sería otra cosa que una mera ficción generada por anomalías del sistema o, por qué no, por intencionalidades non sanctas de la oposición!
Ante ese cuadro resulta incomprensible no sólo el reiterado silencio de los medios y de los actores políticos directamente involucrados, sino la pertinaz insistencia en sostener que, como no se cambiará sustancialmente el resultado de que el oficialismo ganó holgadamente, entonces la cifra carece de importancia.
A modo de ejemplo, esta noche en el programa de Mariano Grondona acaba de verse un bloque dedicado al tratamiento del tema donde asistieron los representantes de la Coalición Cívica, del Radicalismo, del Duhaldismo y del Pro, que estuvieron directamente vinculados con la denuncia de irregularidades. A diferencia de otros periodistas, en este caso Mariano Grondona inquirió dos veces (y la segunda vez de modo enfático) sobre la real magnitud de la discrepancia. No sólo no hubo respuesta directa a esa pregunta simple sino que se insistió en la muletilla de que eso no es lo que importa porque lo que verdaderamente importa es lo que sucederá en octubre.
Confieso que me cuesta comprender tamaño desatino. Es como si se hubiera jugado la semifinal de un partido que se sabe que se perdió por varios goles, pero a la vez se sospecha que fueron menos que lo que se dice; y que la cantidad de goles a favor o en contra fueran relevantes respecto al partido final. Y que se reclama que se aclare el carácter procedimiento de un conteo sospechado, pero al mismo se dice que igual eso no importa porque el partido ya se perdió…!
Tal vez ninguno de los opositores presentes en el referido programa conozca a ciencia cierta la magnitud en cuestión. En tal caso hubiera sido más sencillo que expresaran su ignorancia al respecto. Nadie está obligado a saber lo que desconoce. Otra alternativa sería que los allí presentes efectivamente supieran que apenas se trata de guarismos decimales. En tal caso, su omisión a responder a la pregunta llana del periodista sería objetable. Por último, tal vez crean sinceramente que realmente tal cifra no tiene importancia.
En ese último caso mi reflexión es simple y contundente: tal vez no sólo asistimos a una violación de la voluntad del ciudadano, sino, simultáneamente, estamos asistiendo a una nueva violación del sentido común.
Agosto 28, 2011 | Por fede1234 | Claves: cinismo, impiedad, piedad | # Enlace permanente
Una de las grandes batallas de nuestro tiempo es la que se da entre el cinismo y la piedad.
El cinismo es el costado más salvaje de la ironía dañina.
Lo que más violenta del cinismo es su jactancia.
El cínico se jacta de su veneno como si tratará de una virtud.
El cinismo es un extravío de la inteligencia
O la expresión de una inteligencia extraviada por la ausencia de bien.
El cínico puede ser la expresión de un genio intelectual, pero agazapado contra un fondo de insuficiencia afectiva.
Ser cínico es creerse superior a causa de saber jugar con la miseria humana.
Sin darse cuenta que el cinismo, en sí mismo, es una miseria humana.
En el mundo del cínico sólo hay títeres, objetos sin alma, cosas entre las cosas.
El cinismo es una cruel manera de la arrogancia.
Hoy parece más cool ser cínico que piadoso.
Quizás confundimos piedad con debilidad.
Quizás hubo un día en que comenzamos a perder la piedad.
Y el cinismo es una forma elegante de la impiedad.
El cinismo es una mascarada para ocultar la ausencia de bien.
Su herramienta preferida es la burla. Burlarse del desvalido, del ignorante, del que no se da cuenta, del que, sencillamente, es feliz de manera simple.
Esos son los pretendidos méritos del cínico.
| Por fede1234 | Claves: Ricardo Alfonsín | # Enlace permanente
Las primarias han quedado atrás.
Si las urnas son la voz del pueblo, habrá que respetar y escuchar sus señales.
Con un resultado tan aplastante muchas ilusiones opositores quedaron comprometidas. Condenadas quizás a ser sólo ilusiones y no potencialidades probables.
Ricardo Alfonsín salió segundo, pero con un caudal demasiado magro como para quedar consolidado como una alternativa de peso real frente al oficialismo Cristinista.
Como en la vida, en política nunca está dicha la última palabra. Aunque la distancia es grande nadie debería perder las esperanzas. Nunca más atinados los versos del gran Almafuerte “No te des por vencido ni aún vencido”
Pero, convengamos, la realidad en acto ha dejado una herida importante para la realidad probable.
Las explicaciones post siempre resultan un ejercicio tan abusivo como irrenunciable. Sin duda, algo falló. Más allá de los aciertos del oficialismo (incluyendo la saga de acierto imaginarios y reales de la gestión), hubo algo que no salió como se esperaba.
Quien sabe de sus convicciones y está seguro del valor de sus ideas sólo puede apelar al fracaso en comunicar. Había sustancia, había ideas, había propuestas. Pero falló el mensaje. O el modo en que se lo ejecutó.
Una vez más la argentina podría perder (o perdió).
Podría perder la posibilidad de contar con un estadista en potencia.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la honestidad.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la sensibilidad.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la construcción de consensos.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la transparencia.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la institucionalidad.
Podría perder la posibilidad de un poder basado en la mesura.
Quizás el costado más absurdo de tales pérdidas radique en que, tal vez, ni siquiera se verán como tales.
Ricardo Alfonsín, quizás el mejor candidato a Presidente para una sociedad que no está dispuesta a disolver los prejuicios necesarios que le permitirían escuchar qué un país mejor es posible.
Tal vez sea injusto. Pero es real. A no ser que, esta vez, Almafuerte finalmente tenga razón.
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