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Silencio y olvido

Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.
Jorge Luis Borges, “He cometido el peor de los pecados”

Las antiguas luces de los esplendores juveniles ya se van apagando.
Estoy aquí. Presintiendo mi hora.
No hay dolor. No hay remordimiento.
Sólo la inmensa paz de quienes ya no esperan.
El silencio es un suave manto que arrulla el ser.
Quisiera despojarme para siempre de la memoria.
Para ser solo olvido y vacío.
Una pura libertad sin pasado, sin presente, sin futuro.
Ya los vientos azules me cubren de nieves.
Es el tiempo que me envuelve en su inexorable magia.
Adiós a las alegrías infantiles.
Adiós al amor materno que alguna vez fue.
Adiós a los perfumes alados del amor.
Adiós al brillo refulgente de la pasión.
Irme solitario por el viejo camino.
En pura paz.
En puro silencio.

El amor astillado

Hay un momento en que los corazones comienzan a llorar la despedida.
Quizás sabían desde hace tiempo que la magia había terminado.
Las luces de ayer hoy son agonía.
Agonía de los cielos que nos fundieran en abrazos.
Caminantes lunares adolescentes
Queriendo asir los rayos del sol con las manos.
Pero el destino ya urdió su trama
Y nos marca a fuego con su veredicto inquebrantable.
Los amantes deben separarse para que la vida comience a tejerse en otras tramas.
Bajo otros soles.
Con otras pieles.
Cuando llegue el momento de adiós
Habrá una desolación que inundara las almas.
Es el amor que se va transmutando en vacío.
Es el vacío que se irá transmutando en tristeza.
Es la tristeza que se irá transmutando en angustia.
Es el penoso tránsito del amor al recuerdo.
Continuar siendo en el recuerdo.
Hechizo de nada.
Sol sin brillo.
Emoción sin cauce.
Paisaje desierto que está ahí.
Para recordarnos que la magia del amor
Puede dejarnos inermes.
Desnudos ante tanta intemperie.
En días de frío.
Desangelados.

El amor esquivo. Elogio de “Me amas y me dejas”, una canción de Sandro

Existen tantas clases de amores como los matices de un atardecer.

“Me amas y me dejas” es el transparente título de una de las primeras (y no tan conocida) baladas de Sandro.

Narra la historia de alguien que ama, pero que no puede asir el amor de su partenaire.

La letra de la canción no revela el motivo de éste último. Aunque sí revela la desdicha del primero.

“Me amas y me dejas” ilustra sobre el carácter esquivo de algunos amores. Alguien que ama pero no alcanza a ser feliz. Porque el amor, como la vida, a veces muestra las puertas del cielo pero no las abre.

El personaje de la canción espera con angustia.

El encuentro se produce pero se siente su finitud. Su evanescencia.

Ella se irá y él quedará pleno de su vacío, encerrado en una habitación.

En ese lugar testigo mudo y silencioso de la muerte de una pasión, en horas desoladas.

Esperando. Siempre esperando.

Esperando encuentros que devuelven la vida y curan heridas.

Para después volver a ahondarlas.

Un canción es una historia y un sentimiento.

O la historia de un sentimiento.

Como muchas de las baladas de Sandro, “Me amas y me dejas” es simple y a la vez compleja.

Tan simple como lo anuncia su nombre.

Tan compleja como los matices del alma y las dichas y desventuras del amor.

“Me amas y me dejas” ilustra sobre la arbitrariedad del amor. Su imposibilidad de poseerlo realmente.

Sobre el desencuentro de los que están destinados a nunca encontrase de veras.

Sobre la ansiedad de la espera.

Sobre lo prohibido en el amor.

Sobre la eterna falta.

Sobre la imposibilidad de saltar el ciclo.

De revelarse hacia el camino incierto de una luz tan fácil de imaginar como difícil de alcanzar.

Porque: “Mañana será igual, historia sin final, me amas y me dejas. Me amas y me dejas”

Me amas y me dejas

Música y letra: Sandro y Oscar Anderle

No puedo concebir

Que vuelvas a partir

Si apenas has llegado

Quisiera yo creer

Que puedes comprender

Mi amor desesperado

En esta habitación

Se muere una pasión

En horas desoladas

Vibrantes de emoción

Palpita un corazón

Que espera tu llegada

Y cuando estás aquí

Te amarras junto a mí

Volviéndome la vida

Tus labios al besar

Me obligan a olvidar

Cerrando mis heridas

Y vuelves a marchar

Y yo a agonizar

Más tú igual te alejas

Mañana será igual

Historia sin final

Me amas y me dejas….me amas y me dejas.

http://www.youtube.com/watch?v=nXBBkMBUC4Y

El silencio en el amor

Hay ausencias de palabras
Que cargan el aire con la intensidad del deseo.
Un fondo de ansiedad cercana a la angustia
Podría hacer estallar los corazones que ya se han elegido.
Es el silencio de las miradas deseantes.
Lo que antecede al momento del éxtasis que se presiente.
Una atmósfera hecha de pieles y texturas.
A la espera del frenesí de los estallidos.
El silencio del deseo.
Cuerpos ardientes que son palabra no dicha.
Ser en la pasión.

Hay silencios expresan
La imposibilidad de decir el amor en palabras.
Porque cuando el amor estalla de veras
No hay palabra que puede colmarlo.
Porque el centro del amor,
Su infinitud,
Su inconmensurabilidad,
Habitan la zona de lo inefable.
De los intersticios innombrables dela alma
Que a veces es dicha y a la vez angustia.
Como todo amor que se sabe tan cielo
Con la misma certidumbre que se sabe nada.
Rosa fugaz.
Sol inasible.
Sustancia de lo efímero.
Es el amor acosado por el tiempo.
La dicha y la tristeza de lo condenado a morir.
Mientras el alma se tensa contra los arrullos de dicha.

Hay otros silencios llevan el signo del secreto.
Lo que se decide callar.
El umbral que no se debe trasponer.
Porque las palabras pueden ser puentes,
O alas,
Pero también anclas,
Y eclipses.
Los sabios amantes han aprendido el doloroso rito de la prudencia.
Hay una palabra que jamás pronunciaré.
Que sé que no debo pronunciar.
Que no podría pronunciar aunque quisiera.
Y elegimos entonces atarnos a este silencio secreto
Como un talismán que preserve al amor niño,
Huérfano, frágil.

Quizás ya hemos aprendido, por fin
Que las palabras del amor
Pueden ser las puertas del cielo.
O el pasaje al infierno del eclipse.
O la expresión certera de nuestra desnudez como amantes.
De nuestra infinita soledad ante tanta sol y tanta luz.
Que no termina de traernos la dicha de la paz.

Ser de aquí y ser allá: Elogio de Facundo Cabral

Querido Facundo. Ya no tendremos la dicha de seguir escuchando esa voz y esas palabras únicas. Pero “No soy de aquí ni soy de allá”, vivirá en nosotros como un himno a la vida, al amor y a libertad.

Hoy es un día muy triste. Y la conmoción es mayor ante la extraña paradoja de una muerte violenta y absurda para alguien que supo celebrar la vida, el amor y la libertad, y que nos transmitió sus profundos sentidos.

Desde mi adolescencia siempre admiré a Facundo Cabral. En aquellos años me parecía un loco lindo. Alguien capaz de andar de acá para allá con el sólo poder de su simpatía y su guitarra. Tipo entrador y divertido, me provocaba esa particular envidia sana que los introvertidos (así me sentía yo) sienten hacia quienes tienen el don de la expresión.

La sabiduría de los años y de la vida me permitieron dimensionar su poesía y su filosofía.

Facundo era un auténtico juglar de los que van quedando pocos. Era también un narrador exquisito, heredero de la tradición de los mejores payadores rioplatenses.

Pero creo que la dimensión más esencial de Facundo era la de su singular alquimia entre filosofía, poesía y sabiduría existencial.

Facundo fue un poeta de la libertad. Pero no se limitó a cantarla sino a vivirla. Transmitía la intensa vibración de quienes se sienten auténticamente libres. Un hombre para quien su hogar tenía las dimensiones del mundo. Un hombre que andaba ligero de equipaje porque sabía profundamente que el único bien que realmente tenemos e es ese sólo el milagro de estar vivos.

Facundo era un optimista para quien la vida es alegría y amor. Facundo creía en el amor de los hombres y en la posibilidad de su redención.

Facundo era un místico, un sabio, un poeta, un cantor, un loco lindo, un “atorrante que anima la fiesta”, un amigo, un filósofo, un gurú. Era todo eso y era más que eso. Facundo nos reconciliaba con el género humano.

Facundo portaba un don. Y acercarse a ese don se tornaba en desafío existencial para quienes podían escuchar.

Aunque suene al lugar común más simple o fácil, diría que Facundo “no es aquí ni es de allá”; sí es uno con todos los corazones de quienes lo hemos querido y admirado.
Gracias Facundo, porque tu voz siempre nos recordó la belleza de la vida, el sabor de la aventura del existir, la importancia de la libertad, la magia del amor.
Gracias Maestro!

Soliloquios en noche de invierno

La noche densa, refugio de alma que tiene frío. O de espíritu templado a prueba de infiernos glaciares.

Glaciares que queman por dentro. Porque, a veces, el alma está desnuda ante tanta intemperie.

Vientos gélidos que portan belleza. La serenidad de quienes aún pueden mantener la mirada firme.

Mientras la luna nos recuerda que la magia puede ser el rostro escondido. Detrás de la máscara. Al fin de la espera. En la otra orilla.

El frío como dimensión cierta del ser. La plenitud de la desnudez. La ausencia que no es agobio. Sino poesía del sentimiento.

En páramos anónimos. Belleza clandestina siempre acechante.

Porque el amor siempre es uno con el dolor y la dicha.

Morada de refugio. Altivez de los corazones.

No es pena. Ni siquiera tristeza. Es celebración de los abismos que nos llenan.

Haces de luz brotando fosforescencias azuladas.

En tiempo detenido. Quizás no hay espera. Solo estar.

Presencia en noche profunda. Paz del alma. Soledad con brillos.

Quizás haga falta escribir un elogio del invierno. Tanto frío y tanta luz. Alquimia majestuosa. Inmensidad sin límite.

La noche espesa que nutre los corazones en refugio de éxtasis. La noche que ilumina las soledades que ansían el sabor de lo ausente.

Hay un ahogo. Hay un abismo. Hay algo que no se atreve a ser luz. A estallar en pétalos de emoción.

Quizás sólo se trate de completar el giro. Y entonces encontrar el mismo rostro, pero con la nueva plenitud.

No se trata de un juego de voluntades inútiles. Es algo más vasto…

Como aquello de recuperar la mirada maravillada del niño que fuimos. Corazón mágico. Quimera de soles.

El niño que alguna vez fuimos. Y que late a la espera de una revelación.

Ese niño que nos mira extrañado, con su ternura, con su absoluta libertad.

¿Cómo escuchar a ese ángel dormido, mientras se tejen los sueños de las vanidades?

Ese niño guarda una clave. Posee una cifra. Sabe de un nombre y de un lugar.

Y quizás nos espera, mientras nos extrañamos ante el espejo.

Quizás la poesía o lo poético sean como destrabar los grilletes.

Esas cadenas invisibles que alguna vez fuimos forjando, sin darnos cuenta.

Mientras comenzábamos a extraviarnos.

Somos un sueño imposible que busca la noche – Un austero homenaje a Mario Clavel

Hoy, a los 88 años, falleció Mario Clavel, cantautor de canciones inolvidable.

Aunque no pertenezco a la generación que le dio fama, pude descubrirlo en años tardíos.

Mari o Clavel fue el creador de exquisitos boleros románticos. De esos que cuentan sobre amores pasionales, imposibles, dulces, ardientes.

Tuve la suerte de conocerlo en vivo hace algunos años, en ocasión de presentar un espectáculo de canciones y humor junto al entrañable Carlos Garaycochea.  Mario era un hombre tremendamente sencillo y simpático que transmitía juventud y jovialidad. Como todo cantautor poseía el don de la narrativa. Lo que permitía disfrutar no sólo de sus canciones sino de las historias asociadas a su creación.

Si tuviera que escoger  su canción emblemática sin dudas  elegiría “Somos”.

“Somos” trata de un amor imposible que se revela tras una despedida.

De un amor que es sueño en ansia de noche para aspirar al olvido. Olvido total que arrastre al mundo y al tiempo.

Porque se trata de un amor de la sustancia de la quimera. Quimera tan querida como dolorosa, como es la dicha del amor condenado a morir.

Jugando a construcciones Borgianas, podría decirse que tal vez la vida de un hombre puede justificarse por algunos  versos. Si así fuera, creo que a Mario Clavel lo justificarían estos:

(Somos) Dos hojas que el viento junto en el otoño (…)

Somos dos gotas de llanto en una canción.

Nada más que eso somos, nada más

Somos

Letra y música: Mario Clavel

Después que nos besamos… con el alma y con la vida…
te fuiste por la noche de aquella despedida,
yo sentí que al irte mi pecho sollozaba… la confidencia triste de nuestro amor asi…

Somos un sueño imposible que busca la noche
Para olvidarse del mundo, del tiempo y de todo,
Somos de nuestra quimera, doliente y querida,
Dos hojas que el viento junto en el otoño-o-o…

Somos dos seres en uno que amando se mueren
Para guardar en secreto lo mucho que quieren
Pero que importa la vida con esta separación?
Somos dos gotas de llanto en una canción
Nada más que eso somos, nada más

Las letras del amor

Amor.
Simplemente amor.
Estar en tu mirada.
Contemplar tu luz.
Tu rostro de hechizo.
Tu hermosura infinita.
El paraíso de tu piel.
Estar en vos.
Estás en mí.
Esta sensación de vorágine sublime.
Esta paz que inunda las mañanas de tu perfume.
Evoco tu nombre y es la llave de mi dicha.
Porque tu ser carga la atmósfera con tu maravilla.
Tu nombre es la llave del misterio.
Porque las letras del amor son refugio y vastedad.
Cadencias sin forma.
Magia alada.
Morada de ángeles.
Cuerpo de mujer.
Horizonte de llegada.
Este baile de ensueño en que te abrazo.
Danza sin fin de los enamorados.
Te miro y tiemblo.
Porque el tiempo se detiene ante tu ser.
Y siento la plenitud de la vida.
Porque sé que estás ahí.
Como siempre.
Como eternos amantes clandestinos.
Con la inocencia única de lo que comienza.
Magia de a dos.
Océano de felicidad.

Hay una mujer

Hay una mujer
En algún lugar hay una mujer.
Ella es dulce. Intensamente dulce.
Y hay algún lugar en que ella existe.
Ella tiene una belleza salvaje que podría doblegar hasta el corazón más frío.
Ella tiene esa belleza intensa que agita el ser.
Una belleza que es remanso y a la vez infierno.
En algún lugar hay una mujer que puede acariciar tu alma.
Si besas a esa mujer sabrás lo que es pasión.
Alas y prisión.
Ansiedad y hechizo.
En algún lugar existe una mujer que está hecha a la medida de tu sentimiento.
No sabes si la encontrarás algún día.
Quizás ya pasó por tu vida sin que pudieras verla.
Quizás todavía te espera.
Quizás no la encuentres jamás.
En alguna parte, en algún lugar, hay esa mujer.
Quizás los dioses ya han escrito tu destino.
Pero tal vez no conocerás esos designios.
Una mujer que es el nombre del amor puede estar escondida en un rincón del universo frío, o del tiempo.
Y es un enigma.
El único que realmente te importa.

Pesares del existir

Este eclipse en el alma.
Esta nostalgia de mañanas desoladas.
Esta noche sin rumbo.
Este aguijoneo que carcome las horas.
Esta niebla densa que opaca las esperanzas.
Añoranzas de azules.
De ríos cristalinos.
De la sonrisa dulce de la ternura adolescente.
Ya los pasos dibujan el zigzagueo del límite.
El alma duele transmutándose en cuerpo.
En angustias que oprimen.
En ansiedades sin forma.
No sé que buscaba detrás de la máscara de la vida.
No pude desandar el laberinto de mi tiniebla.
Esa libertad de vuelo de pájaro nunca consumada.
Este encierro infinito desde el lado oscuro de las cosas.
Ya mi ventana se cierra inexorablemente.
Mientras los destellos de la dicha crepitan sobre los antiguos esplendores.


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