Los límites de la explicación política y la necesidad de traspasarlos (reflexiones luego de las elecciones primerias del 14 de agosto de 2011)

Pregunta inocente: “¿Me podría decir por qué votó la gente?
Interpretación literal: “¿Me podría decir por qué aproximadamente 20 millones de personas votaron cómo votaron?!!!!”
Imaginemos que habrá muchos votantes que pueden dar una respuesta contundente y taxativa sobre sus razones de voto. Pero también imaginemos que habrá muchas personas que no tendrán una respuesta sencilla, o que no sabrían bien qué responder, o que no responderían.
Si multiplicamos los últimos casos por una cantidad elevada de ciudadanos, apreciaremos con claridad el carácter desmesurado de ensayar una respuesta razonable a la inocente pregunta; ¿por qué votó la gente?
A pocos días de las elecciones primarias conjeturé sobre los límites de las explicaciones de los hechos políticos y sobre la necesidad de trasponerlos.
Referí a la tesis del escepticismo empírico de Nassim Taleb, que enfatiza la importancia del azar y, por ende, advierte sobre la tendencia a sobrevalorar las explicaciones racionales de los hechos sociales.
Aludí a una idea que alguna vez balbuceé (probablemente inspirada en algún texto de Sorokin) y que sostiene que la estructura de una sociedad es tan compleja que cualquier intento de comprensión produce una especie de “corto-circuito mental”, que desencadena algo análogo a la “invención” o “fabulación” de explicaciones. En tal sentido, toda explicación socio-política sería una inevitable mistificación de la compleja realidad social, que —en rigor— quizás sea un arcano insondable.
Insistí señalando una obviedad que, al formularla, ilustra sobre el real abismo de lo no explicable: no tenemos la máquina de leer con precisión el pensamiento y los sentimientos de las personas. Quizás tampoco quisiéramos jamás contar con semejante artilugio, aunque su realización fuera técnicamente posible. Además, ese terrible lector generaría tal maraña de informes que deberíamos tener otra tecnología fenomenalmente prodigiosa que interpretara esa inmensidad informativa y la tradujera sin pérdida en un texto sencillo e inteligible.
Señalé también que la pasión por explicar es una motivación tan irrenunciable que no podíamos sino sucumbir a la tentación de esbozar un vasto repertorio de razones para, en ese caso, explicar por qué Cristina Kirchner ganó del modo en que lo hizo.
Luego de aquella introducción esbocé 42 explicaciones conjeturales sobre las razones de aquel triunfo, cuya enumeración no es objeto del presente análisis.
¿Por qué votó la gente?, ¿Por qué Cristina ganó como ganó?
Preguntas simples. Preguntas difíciles. Respuestas conjeturales. Tan conjeturales como irrenunciables.

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