La inercia mental: apuntes sobre un matiz de la psicología del votante, a la luz del resultado de las elecciones primarias

La inercia mental: apuntes sobre un matiz de la psicología del votante, a la luz del resultado de las elecciones primarias
Federico González

El difícil arte de explicar el voto
¿Por qué el pasado 14 de agosto, en las elecciones primarias, la gente votó como votó? , ¿Por qué Cristina ganó como ganó?, ¿Qué es lo que votó la gente?
Las razones del voto son múltiples y heterogéneas. En otro trabajo , traté sobre los límites en nuestra capacidad para explicar los hechos políticos y sobre nuestra irrenunciable necesidad de transponerlos. Transposición que —en aquel trabajo— puse en acto enumerando 42 razones conjeturales para el triunfo de Cristina Kirchner, cuya enumeración trasciende el marco del presente artículo.

La tesis de la inercia mental del votante
Aquí me detendré a ampliar sólo una de aquellas razones, a la que denominaré tesis de la inercia mental del votante. Por cierto resulta apenas una razón más dentro de aquel vasto conjunto. Su verosimilitud no se contrapone a la de otras. Su peso relativo no se pretende mayor. La definiré por oposición:
En nuestro afán explicativo solemos conjeturar a un votante ideal que conoce, evalúa y decide. Así, pensamos que esa abstracción que denominamos “la gente” forjó una imagen de las diferentes ofertas electorales (Vg. los candidatos), analizó sus pro y sus contra para, finalmente, decidir su voto.
La tesis de la inercia mental nos muestra un cuadro diferente: mucha gente simplemente decidió en base a lo que emergió en su mente con mayor facilidad. En otros términos, la decisión del votante obedecería más a una lógica consistente en evaluar si lo más conocido (Vg. los candidatos oficialistas) es suficientemente satisfactorio como para poder decidir. Si la respuesta es afirmativa, simplemente se decide en consecuencia, sin necesidad de atender demasiado a las restantes ofertas.
Por supuesto, tanto aquel votante ideal como el que sugiere la tesis de la inercia mental, no son sino los extremos puros de un continuo de posibilidades.
No obstante, la invocación al fenómeno de la inercia mental ilumina algunos aspectos posibles de la lógica de algunos votantes. En primer lugar, la tendencia a satisfacer en lugar de optimizar (en efecto, si la información disponible conocida es suficiente, ¿para qué buscar más?) En segundo lugar, lo anterior semeja más un proceso simple y casi automático que otro de carácter reflexivo. Y, por último, nos permite considerar esa tendencia que aqueja a muchos y que consiste en cerrar la mente ante las diferentes alternativas de la oferta política.
Lo anterior conlleva algunas implicancias para explicar el fracaso de la oposición.

La oposición tiene debilidades, pero también tiene propuestas
Aquí no se trata de negar los simples o groseros errores estratégicos y tácticos cometidos por los diferentes candidatos opositores. Sí se trata de comprender que aquel fracaso no puede ser atribuido por entero a esos errores.
Muchas de las explicaciones sobre ese fracaso son una amalgama entre verdad, prejuicio, lugares comunes y metáforas ad hoc. Así, quizás se asista al abuso de sostener acríticamente que la oposición no tenía propuestas. O que si las tenía, no supo comunicarlas. O, en versión pasional, que la oposición no alcanzó a “enamorar al electorado.”
Todo eso puede tener una cierta dosis de verdad, pero también escamotear la otra campana: tal vez la oposición sí tenía alguna propuesta, tal vez algunas fueron comunicadas de un modo aceptable, tal vez las propuestas de la oposición no fueran ostensiblemente inferiores a las del oficialismo; pero quizás del otro lado no hubo suficientes receptores dispuestos genuinamente a escuchar.
Al respecto, la metáfora de la seducción puede ser esclarecedora: quien seduce debe conocer su arte, pero sí de antemano el otro ha decido negarse a considerar el juego de la seducción, ese arte se tornará estéril e impotente.
La inercia mental puede ser un mecanismo doblemente perverso: primero obtura la posibilidad y, luego, ante el hecho está consumado, aplica racionalizaciones que lo justifican (Vg. “elegí al oficialismo que conozco porque en realidad no había opciones, no había nada que elegir”)
A pocos menos de un mes de las elecciones, desde algunos medios se sigue insistiendo en que la oposición no tiene estrategia, no tiene rumbo, no tiene propuestas o no tiene convicción. Puede ser. ¿Pero será tan así?
Cuando se dispone verdaderamente a escuchar a varios de los candidatos se observa, por el contrario, que, tanto antes como ahora, sí existieron y existen propuestas.
Comencemos por Ricardo Alfonsín. Entre otros proyectos, ha presentado públicamente los siguientes: 1) el Plan Casa Joven, orientado a solucionar el problema de la primer vivienda de jóvenes de bajos ingresos, a través de créditos hipotecarios accesibles y con bajo interés (se aspira a otorgar 150.000 créditos por año); 2) el Plan Crianza, orientado a universalizar el beneficio de la asignación a la niñez y a transformarlo en un derecho al ingreso garantizado para la seguridad social de los niños (incluye al Plan Hambre Cero, encaminado, entre otros aspectos, a bajar drásticamente el índice de mortalidad infantil); 3) el Plan de Incentivos al Empleo Joven, basado en otorgar incentivos a las empresas que contraten jóvenes; 4) el Plan Nacional de Formación de Ingenieros, orientado a formar recursos humanos para achicar la brecha tecnológica y mejorar la matriz productiva del país; 5) el Plan Ferroviario, que apunta a extender el servicio ferroviario nacional; 6) El Plan Medioambiental para el Desarrollo Sustentable, orientado a pasar del crecimiento al desarrollo sustentable, en el marco de una gestión ambiental que garantice un manejo inteligente los bienes naturales.
Por su parte, Eduardo Duhalde, ha propuesto en forma pública: el programa “Hambre cero” y la renta básica de ciudadanía; un aumento de la inversión en la prevención y represión del delito; una concepción integral de los derechos humanos de modo tal que se incluyan los derechos a la vida, a la salud, al privilegio de niños y ancianos; la lucha frontal contra los narcotraficantes y prevención de la drogodependencia; la recuperación del sistema federal de gobierno; garantizar el derecho al arraigo y a la tierra para la vivienda en todas las poblaciones del NEA y el NOA que no superen los 100.000 habitantes; poner los organismos de control del estado en manos de la oposición; crear las condiciones para producir un shock de inversión.
Por su parte, Hermes Binner ha presentado un plan integral de gobierno en base a 10 ejes, con propuestas específicas en cada uno: Alimentación, Salud, Educación, Vivienda; Trabajo Decente, Jubilación Digna, Seguridad, Justicia, Medio Ambiente Sustentable e Inserción de Argentina en el mundo.
Alberto Rodríguez Saá, también hizo público un pormenorizado Programa de Gobierno que incluye varias decenas de propuestas desglosadas en las siguientes áreas: Educación, Salud, Protección Social, Justicia, Seguridad, Política Fiscal, Integración Global, Transporte, Energía, Plan Nacional de Energía, que incluya las energías alternativas que cuidan el medioambiente, Desarrollo Sustentable, Jefatura de Gabinete, Decretos de Necesidad y Urgencia, Superpoderes, Auditoría General de La Nación, Consejo de la Magistratura, Defensorías del Pueblo, Corte Suprema de Justicia de la Nación, Federalismo Fiscal y Digesto Nacional.
Elisa Carrió y otros dirigentes de la Coalición Cívica también han presentado de modo público su Plan Integral de Gobierno que incluye: Desarrollo económico sostenible, Rol decisivo de las PyMEs, Desarrollo Social: Distribución del ingreso e igualdad de oportunidades, Políticas públicas que universalicen y garanticen el trabajo digno, Acceso a la vivienda y desarrollo territorial, Educación, Seguridad pública y ciudadana, Políticas penitenciarias y Derechos de las personas privadas de libertad, Salud, Ciencia, tecnología e innovación, Cultura, Deportes, Turismo, Política estratégica de Relaciones, Defensa, Inclusión y ciudadanía plenas, Política agropecuaria, Políticas de desarrollo pesquero marítimo, Energía, Minería, Políticas ambientales y territoriales, Política institucional, Política de medios y acceso a la información pública.
En el ámbito provincial, Francisco de Narváez ha presentado en forma pública varias decenas de propuestas concretas agrupadas en estas áreas: Educación, Salud, Trabajo, Vivienda, Seguridad, Política Social, Infraestructura, Medio Ambiente, Inflación, Federalismo

Reflexión final: ¿Cómo romper la inercia mental del votante?
La tesis de un mecanismo de inercia mental del votante aspira a describir y no a valorar ciertos aspectos de la psicología de los electores. Por supuesto, no se trata de cuestionar a ningún votante y menos de deslegitimar los resultados de la democracia. Simplemente se pretende arrojar alguna luz en la ardua empresa de la comprensión.
Tampoco se pretende ser indulgente con las miserias de la oposición, que quizás no sean pocas.
Pero, nada de lo anterior quita la pretensión de ecuanimidad.
Oportunamente, Lilita Carrió lo expresó con claridad. Palabras más, palabras menos, ello habría dicho: “Estamos tranquilos: dijimos lo que debíamos decir, denunciamos lo que debíamos denunciar, hicimos lo que teníamos que hacer, nos preparados con equipos y con ideas; ¿qué más podríamos hacer?”. Su catarsis anticipada dejaba entrever, a modo de consecuencia lógica, que si la gente no comprende, si no quiere escuchar, si no quiere votar por algo distinto; entonces, ¿qué más puede hacerse?”
Luego del fracaso de las primarias, la oposición no ha padecido una sino dos derrotas: primero, la de la urnas; luego, de ser ubicada en el lugar del escarnio reservado a quienes no habrían podido ni sabido. Paradójicamente es como si “la gente” hubiera decidido votar al oficialismo y, luego, le reprochara a la oposición su magro desempeño.
Sin duda, insistiré, hay mucho para cuestionar a la oposición. Pero, ¿No será demasiado?
Ciertamente siempre podría hacerse algo más de lo que se hizo. Siempre podría haberse aplicado mayor, fuerza, mayor inteligencia, mayor coraje, mayor convicción.
Tal vez el fracaso opositor, su capital pecado, sea no haber advertido que si se pretende ser un digno oponente del oficialismo eso significaba un fin extraordinario. Y los fines extraordinarios deben ir precedido por causas extraordinarias. Algo del orden de la epopeya.
Romper la inercia mental del votante sería lograr hacerse escuchar, penetrar la mente y el corazón del votante para que, verdaderamente, conceda una posibilidad. Para que, finalmente, pueda realizar el poco frecuente ejercicio consistente en imaginar “Bueno, a ver, vamos a pensar en serio, ¿qué pasaría si ese candidato —a quien descarto— por inercia, accediera al gobierno?, ¿Cómo sería entonces ese país, o esa provincia?
Si eso ocurriera, quien sabe si el resultado cambiaría. Tal vez sí, tal vez no.
Quizás a la oposición tampoco le alcance para torcer su destino. Pero un resultado basado en la mayor reflexión de más votantes, sin duda, sería mucho más justo que aquel determinado en parte por una simple inercia mental.

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