50, 38, 12, 12, 10: Lo que los números de las primarias dicen, lo que no dicen y lo que parecen decir, pero no dicen

Un diálogo imaginario a modo de introducción:
—¿Así que Cristina ganó con más del 50% y le sacó 38 puntos al segundo?
—Sí, la diferencia entre ella y los opositores es abismal!

Las primarias ya han quedado muy atrás. El resultado fue contundente. Aplastante. Inapelable. Irreversible. La ciudadanía le ha dado un amplio apoyo a la Presidente Cristina Kirchner.
Las anteriores afirmaciones, deliberadamente adjetivadas, surgen de los resultados y éstos le confieren aval.
Las metáforas no escapan a esa lógica de magnificencia: las urnas, que son la voz del pueblo, hablaron; la magnitud de las cifras expresarían que más que hablar, el pueblo gritó.
La anterior conceptualización puede sintetizarse en el austero lenguaje de los números: Cristina obtuvo un 50.7%, Alfonsín 12.17%, Duhalde 12.15%, Binner 10.26%. La distancia entre Cristina y sus inmediatos seguidores fue de 37.9 puntos.
Tomados literalmente, es decir con énfasis más descriptivo que interpretativo, los números significan, ni más ni menos, que cada candidato fue elegido por determinado porcentaje del electorado.
Pero, adicionalmente, los números transmiten, por resonancia, algo que desborda a lo que indica su fría austeridad.
Por un lado, como se dijo, parecen justificar diferentes adjetivaciones como las arriba señaladas. Tales énfasis representan ya un primer nivel interpretativo. En efecto la distancia de 38 puntos entre Cristina y Alfonsín es un dato objetivo. Pero la calificación de “diferencia casi irremontable”, aunque verosímil, supone decir algo más que lo que la cifra indica per se.
Por otro lado, resulta inevitable apoyarse en tales números para avanzar sobre el terreno de las interpretaciones: la gente votó gestión, la gente apoyó el modelo de crecimiento con inclusión, la gente priorizó la gobernabilidad, la gente no vio alternativa en la oposición, la oposición atomizada no supo enamorar al electorado, etc.
En un tercer nivel se ubican aquellas interpretaciones que, de modo explícito o implícito, sugieren algo decididamente erróneo. El caso paradigmático radica de homologar el caudal de votos de un candidato a la magnitud de las adhesiones al mismo por parte del electorado. Más específicamente, que Cristina Kirchner haya más que cuadruplicado a los votos de Alfonsín o de Duhalde no significa en absoluto que cada votante (o el promedio del conjunto) considere que la primera es cuatro veces mejor candidata que los segundos.
En síntesis: las diferencias de proporciones en los resultados electorales no equivalen a diferencias de magnitudes en las valoraciones que los votantes habrían realizado sobre los candidatos.
Los ciudadanos simplemente eligieron. Mayoritariamente esa elección recayó sobre la actual Presidente. Pero eso no justifica entender que las distancias de esas desproporciones equivalgan a diferencias en las valoraciones hacia cada candidato.
No se trata entonces de menoscabar ni de relativizar un resultado contundentemente favorable para la actual Presidente. Ni tampoco defender la performance de una oposición que obtuvo un resultado magro. Sólo se trata de no utilizar los fríos números para avalar lo que decididamente no puede desprenderse de éstos.

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