Elogio de Verano del 42

Cada historia de amor tiene un encanto único y nos deja una huella de fuego en el corazón.
Ví por primera vez Verano del 42 cuando tenía 20 años. La última vez que volví a verla estaba ya cerca de los 40. Este es mi recuerdo:

La historia empieza en una playa de verano, en estados Unidos. Es la época de la 2ª Guerra Mundial. Los personajes son tres amigos próximos a entrar en plena adolescencia (tendrán unos 14 años) razón por la cual están ávidos por descubrir los secretos del amor y del sexo, aún cuando todavía siguen haciendo cosas de chicos.

Hermie, el personaje principal, conoce un día a Dorothy, una mujer bellísisma bastante mayor que él (tendría entre 27 y 30 años). Dorothy está casada y ama a su esposo, quien debe marchar a la guerra.

La historia transcurre entre las aventuras de los tres chicos y el enamoramiento in crescendo de Hermie hacia Dorothy, quien apenas lo ve como un chico.

La historia de amor cobra sentido cuando se produce el desenlace: Dorothy recibe un telegrama donde le anuncian que su esposo ha muerto en batalla.

Justo esa noche, Hermie visita a Dorothy. Dorothy está llorando, angustiada, mientras se escucha una música de fondo que le agrega dramatismo a la escena de su terrible dolor : ESCUCHAR

Entonces surge la magia, lo inesperado. Dorothy y Hermie comienzan a bailar muy juntos, mientras el espectador queda perplejo presintiendo que está a punto de pasar lo que no puede creer que vaya a pasar: finalmente Dorothy y Hermie terminan haciendo el amor.

Es un momento único y mágico en la película. Y es extraño: hay encuentro y hay dolor. Hay el dolor inevitable de lo efímero. Hay lo sagrado y lo profundo. Hay la angustia honda de lo que no puede traducirse a palabras.

Se adivivina la oscura conciencia de Hermie de que ese instante no volverá a repetirse y, fatalmente, lo acompañará el resto de su vida.

Se adivina también, el dolor inconmensurable de Dorothy y su inmensa necesidad de protección. Me aventuraría a decir (es mi interpretación) que Dorothy parece haber intuido que ambos están desnudos ante sus propios sufrimientos y que esta desnudez es lo que finalmente los une, permitiendo la desnudez real del encuentro físico.

A la mañana siguiente, como era esperable, Dorothy ya se ha marchado para siempre. Pero deja una carta, donde le decía a Hermie cosas que yo ya no recuerdo, aunque sí recuerdo el final:
“Te deseo cosas lindas”

Y mientras va terminando la película, sólo falta la voz en off del Hermie ya adulto que dice (palabras más, palabras menos):
“En aquel verano (enumera las cosas que él y sus amigos hicieron) (…)
“(…) y yo conocí a Dorothy (…)”
“(…) nunca nadie me hizo tan feliz y tan desdichado a la vez, tan seguro y tan inseguro al mismo tiempo (…)”
“(…) después de esa noche jamás volví a verla, y de una manera extraña perdí a Hermie para siempre”

Verano del 42: una película mágica para corazones románticos.



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