Silencio y olvido

Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.
Jorge Luis Borges, “He cometido el peor de los pecados”

Las antiguas luces de los esplendores juveniles ya se van apagando.
Estoy aquí. Presintiendo mi hora.
No hay dolor. No hay remordimiento.
Sólo la inmensa paz de quienes ya no esperan.
El silencio es un suave manto que arrulla el ser.
Quisiera despojarme para siempre de la memoria.
Para ser solo olvido y vacío.
Una pura libertad sin pasado, sin presente, sin futuro.
Ya los vientos azules me cubren de nieves.
Es el tiempo que me envuelve en su inexorable magia.
Adiós a las alegrías infantiles.
Adiós al amor materno que alguna vez fue.
Adiós a los perfumes alados del amor.
Adiós al brillo refulgente de la pasión.
Irme solitario por el viejo camino.
En pura paz.
En puro silencio.

Elogio de Gian Franco Pagliaro

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Ayer falleció Gian Franco Pagliaro.
Quienes pertenecen a mi generación (soy del 57) seguramente lo han conocido y escuchado.
Algunos, entre quienes me encuentro, lo hemos admirado. Como poeta, como cantante, como hombre de convicciones, como loco lindo.
Tuve la suerte de verlo en vivo dos veces. La última, hacia 2004, en uno de sus tantos regresos, en el teatro Coliseo.
Gianfranco era un verdadero showman. Un tipo carismático, que sabía matizar las virtudes del narrador, el humor, la balada romántica y la canción de protesta (como le llamábamos en aquella época)
Compuso bellas canciones que quedaran en la memoria de quienes lo hemos seguido.
Quizás mereció mayor trascendencia. Quizás eso ya no interese. Quizás por aquello de que, en última instancia, el éxito y el fracaso son dos impostores.
Lo que sí importa es el recuerdo de sus canciones, para quienes las llevamos en nuestra memoria..
Mi preferida siempre fue “Todos los barcos, todos los pájaros”: “Te regalaré, mi rebelión, mi soledad, mi juventud (…)”
En aquel recital del Coliseo le escuché una canción que yo desconocía.
Antes de buscar la letra en Internet (que transcribiré abajo) quisiera hablar de mi recuerdo de esa canción que, justamente, sólo escuché aquella noche:
Trataba de la historia de un encuentro en un baile. Quizás fuera una noche de verano. Quizás hubiera una luna clara recostada sobre el fondo de un cielo estrellado. El protagonista masculino se daba cuenta que la magia del amor se había presentado en el rostro de una muchacha joven de ojos claros. Y se daba cuenta de que esa magia, así, tal como se presentaba, sería sólo esa noche. No habría otra noche.
No recuerdo un final definido. Sólo esa tensión oscilante entre la felicidad y la angustia que se siente cuándo se intuye profundamente que algo del orden de la maravilla sólo podrá darse en un único momento.
Quizás en nuestras vidas alguna vez hemos dejamos pasar esa noche en que habríamos conocido el sabor del cielo. Quizás alguna vez en nuestras vidas nos animamos a saborear ese dulzor del cielo. Y quizás fue sólo esa noche. Quizás no hubo otra.
Gianfranco querido: ya no podremos volver a verte. Pero me da paz saber que aquella noche única del Coliseo escuché esa canción que me quedó para siempre en el recuerdo. Como tu pinta de tano cantautor, loco lindo, eterno baladista del amor.

MIRA QUE LUNA, MIRA QUE CIELO
(Gian Franco Pagliaro)
Mira que luna, mira que cielo
Es una pena que te vayas esta noche
Es una pena, cuanto lo siento
No habrá otra luna, tan hermosa, ni otro cielo
No habrá otra luna, ni otro cielo
No habrá otra noche, tan perfecta para amarnos
Habrá tan solo, algún recuerdo
Que se perderá en el tiempo
Bajo otra luna, bajo otro cielo

Mira que luna, mira que cielo
Es una noche, para no dejarse nunca
Pero me dejas, que desencuentro
Con esta luna, te amaría hasta el cielo

Mira que luna, mira que cielo
Es una pena, que te vayas esta noche
Es una pena, porque te quiero
Y sé que no habrá en mi vida
La misma luna, ni el mismo cielo

Es una pena, porque te quiero
Y sé que no habrá en mi vida
La misma luna, ni el mismo cielo
Mira que luna, mira que cielo
Mira que luna, mira que cielo

Los ríos de la angustia

De pronto una fuerza oscura y despiadada se instala en el centro de nuestro ser.
Es la angustia. Una opresión sin forma parece que habrá de aniquilarnos.
La angustia es una puñalada en el alma.
La angustia es un fuego que nos carcome.
La angustia es una llaga sangrante que brota sin cesar.
La angustia es una palabra hueca cuyo significado podemos entrever pero no precisar.
La angustia es la expresión de nuestra insuficiencia.
La angustia es la prueba certera de nuestra nada.
La angustia es un silencio brumoso que nos lastima.
La angustia es un desierto árido y sin contorno.
La angustia es el cuerpo atravesado por la pena.
La angustia es el último escalón de la tristeza.
Y es la expresión más contundente de la desesperanza.
La angustia es un enigma que no tiene nombre
Es un sufrimiento atroz que no sabemos dónde mora
Pero que nos va matando de a poco.
Sin que podamos defendernos.
No no sé cuantos rostros tendrá el infierno,
pero sé que la angustia es uno de ellos.

La noche negra del alma

Hay momentos en que la angustia es tan honda que se siente que el alma va estallar en mil pedazos.
El dolor es parte indisoluble del estar vivo.
La angustia es el certero testimonio de nuestra precariedad.
Ríos de pesares se deslizan por las grietas del alma que sufre.
Hay un centro que nunca termina de encontrarse.
La fuerza de la vida y su eterna batalla contra la noche.
Hay momentos en que sentimos que podríamos caernos.
Sentimos el violento salvajismo del abismo.
Vivir es resistir.
Vivir es la permanente lucha del ser contra la nada.
Vivir puede ser una oscura pesadilla en la que quedamos atrapados.
Quizás nunca encontremos la fórmula.
Quizás los dioses ya nos han sentenciado.
Pero seguimos allí, corazones de niños anonadados frente a lo incomprensible.

La metamorfosis de Kafka y la aridez del alma

En su diario fechado el 3 de julio, Juan se refirió a un extraño sentimiento que lo invadió aquella tarde:
Súbitamente sintió que su corazón se había secado. Entonces recordó el argumento de la metamorfosis de Kafka. En realidad nunca había leído el original sino un comentario de otro escritor. En esa versión, sólo el personaje percibía que su cuerpo había experimentado una mutación. Pero nadie podía advertirlo. Entonces, luego de una lucha imposible, el personaje se resignaba.
Así se sintió Juan en aquella infausta tarde. Se daba cuenta que ya no podía sentir nada de lo que había alguna vez sentido. Sin embargo, todo se había trasmutado en una angustia hueca. Sintió deseos de llorar, pero no pudo.
Estuvo así varias horas. Su principal problema radicaba en cómo haría para disimular su alteración.
Hacia la noche, Juan volvió a marcharse bajo la intensa llovizna.
Nadie volvió a verlo.

La fascinación de la mirada

Te miro y disfruto del enigma, de la maravilla de saberte.
Tus ojos. Tus ojos infinitos.
Fascinación del contemplarte.
Estás allí.
Existe un centro de luz, donde sos plena, real, única.
Sos mi ilusión de joven enamorado.
Te miro y sos mi éxtasis secreto.
El amor en silencio y soledad elige tenerte en mi mirada.
Recorrerte desde el bien que me habita.
Ser en vos.
Dulce vibración de tu nombre que perfuma el aire de soles.
Tu claridad hecha a la medida de mi emoción.
Te llevo en mi ser.
Sos la maravilla.
Te siento en el aire que respiro.
Tu ser me ilumina de brillos.
Sos la esencia del cielo,
en forma de mujer.

Al caer la tarde

La tarde que va cayendo.
Las luces que se encienden tapando la agonía del día.
De pronto podemos descubrir una ausencia, una presencia, o una esperanza.
La tarde cae y nos trae una paz fugaz que acompaña al silencio.
Hay un momento único en que no es día ni es noche.
Ese borde puede ser apertura o cierre.
Un momento de silencio puede revelarnos un sentido.
O ser apenas una señal de algo que no sabríamos descifrar.
La tarde avanzará despacio hasta convertirse en noche simple, en bruma, en densidad.
El pulso del tiempo y sus infinitos matices. Sus vaivenes.
A veces sabemos adonde debemos ir. Pero no siempre.
En las ciudades, algunas personas permanecen solas en las oficinas.
Y pueden sentir una extraña plenitud hecha de silencio y soledad.
Saben que la vida bulle en otra parte. En las calles, en los pubs, en hogares que aún pueden ser acogedores.
Pero postergan esa salida hacia el centro donde habitan las cosas.
Hay algo indómito que los retiene contra ese desierto de soledad y papel.
Hay algo que posterga la huida hacia el ancho mundo.
Saben que existe un momento preciso, ni antes ni después, para afrontar esa promesa del afuera.
Pero insisten en esos vanos ejercicios que forjan murallas.
Quizás parte de la magia sea saber que esas murallas sólo son parte de un juego que podrán quebrar con un simple golpe de voluntad.
Quizás han decidido impostar la existencia de muros ficticios que podrán derribarse con solo desearlo, para esconder la realidad cierta de otros muros, no menos ficticios, pero imposibles de doblegar.
En algún lugar de la ciudad alguien permanece en su reducto forjado con los retazos de una angustia que no podrá descifrar.
Por aquí yo creo que ya es momento de partir. Para vivir la única vida posible que ahora intuyo que pasa por afuera. Una bocanada de aire fresco.
Derribar los muros como quien derriba un castillo de naipes.
Quizás la noche incipiente nos muestra que los muros son apenas una ilusión del alma extraviada.
O que la vida está siempre del lado en que sentimos que puede estar.
Afuera de las cárceles imaginarias.
Maravilla de la libertad de volar.
De ser donde se quiera ser.
Encantos del devenir.
Sorpresas al caer la tarde.

La inercia mental: apuntes sobre un matiz de la psicología del votante, a la luz del resultado de las elecciones primarias

La inercia mental: apuntes sobre un matiz de la psicología del votante, a la luz del resultado de las elecciones primarias
Federico González

El difícil arte de explicar el voto
¿Por qué el pasado 14 de agosto, en las elecciones primarias, la gente votó como votó? , ¿Por qué Cristina ganó como ganó?, ¿Qué es lo que votó la gente?
Las razones del voto son múltiples y heterogéneas. En otro trabajo , traté sobre los límites en nuestra capacidad para explicar los hechos políticos y sobre nuestra irrenunciable necesidad de transponerlos. Transposición que —en aquel trabajo— puse en acto enumerando 42 razones conjeturales para el triunfo de Cristina Kirchner, cuya enumeración trasciende el marco del presente artículo.

La tesis de la inercia mental del votante
Aquí me detendré a ampliar sólo una de aquellas razones, a la que denominaré tesis de la inercia mental del votante. Por cierto resulta apenas una razón más dentro de aquel vasto conjunto. Su verosimilitud no se contrapone a la de otras. Su peso relativo no se pretende mayor. La definiré por oposición:
En nuestro afán explicativo solemos conjeturar a un votante ideal que conoce, evalúa y decide. Así, pensamos que esa abstracción que denominamos “la gente” forjó una imagen de las diferentes ofertas electorales (Vg. los candidatos), analizó sus pro y sus contra para, finalmente, decidir su voto.
La tesis de la inercia mental nos muestra un cuadro diferente: mucha gente simplemente decidió en base a lo que emergió en su mente con mayor facilidad. En otros términos, la decisión del votante obedecería más a una lógica consistente en evaluar si lo más conocido (Vg. los candidatos oficialistas) es suficientemente satisfactorio como para poder decidir. Si la respuesta es afirmativa, simplemente se decide en consecuencia, sin necesidad de atender demasiado a las restantes ofertas.
Por supuesto, tanto aquel votante ideal como el que sugiere la tesis de la inercia mental, no son sino los extremos puros de un continuo de posibilidades.
No obstante, la invocación al fenómeno de la inercia mental ilumina algunos aspectos posibles de la lógica de algunos votantes. En primer lugar, la tendencia a satisfacer en lugar de optimizar (en efecto, si la información disponible conocida es suficiente, ¿para qué buscar más?) En segundo lugar, lo anterior semeja más un proceso simple y casi automático que otro de carácter reflexivo. Y, por último, nos permite considerar esa tendencia que aqueja a muchos y que consiste en cerrar la mente ante las diferentes alternativas de la oferta política.
Lo anterior conlleva algunas implicancias para explicar el fracaso de la oposición.

La oposición tiene debilidades, pero también tiene propuestas
Aquí no se trata de negar los simples o groseros errores estratégicos y tácticos cometidos por los diferentes candidatos opositores. Sí se trata de comprender que aquel fracaso no puede ser atribuido por entero a esos errores.
Muchas de las explicaciones sobre ese fracaso son una amalgama entre verdad, prejuicio, lugares comunes y metáforas ad hoc. Así, quizás se asista al abuso de sostener acríticamente que la oposición no tenía propuestas. O que si las tenía, no supo comunicarlas. O, en versión pasional, que la oposición no alcanzó a “enamorar al electorado.”
Todo eso puede tener una cierta dosis de verdad, pero también escamotear la otra campana: tal vez la oposición sí tenía alguna propuesta, tal vez algunas fueron comunicadas de un modo aceptable, tal vez las propuestas de la oposición no fueran ostensiblemente inferiores a las del oficialismo; pero quizás del otro lado no hubo suficientes receptores dispuestos genuinamente a escuchar.
Al respecto, la metáfora de la seducción puede ser esclarecedora: quien seduce debe conocer su arte, pero sí de antemano el otro ha decido negarse a considerar el juego de la seducción, ese arte se tornará estéril e impotente.
La inercia mental puede ser un mecanismo doblemente perverso: primero obtura la posibilidad y, luego, ante el hecho está consumado, aplica racionalizaciones que lo justifican (Vg. “elegí al oficialismo que conozco porque en realidad no había opciones, no había nada que elegir”)
A pocos menos de un mes de las elecciones, desde algunos medios se sigue insistiendo en que la oposición no tiene estrategia, no tiene rumbo, no tiene propuestas o no tiene convicción. Puede ser. ¿Pero será tan así?
Cuando se dispone verdaderamente a escuchar a varios de los candidatos se observa, por el contrario, que, tanto antes como ahora, sí existieron y existen propuestas.
Comencemos por Ricardo Alfonsín. Entre otros proyectos, ha presentado públicamente los siguientes: 1) el Plan Casa Joven, orientado a solucionar el problema de la primer vivienda de jóvenes de bajos ingresos, a través de créditos hipotecarios accesibles y con bajo interés (se aspira a otorgar 150.000 créditos por año); 2) el Plan Crianza, orientado a universalizar el beneficio de la asignación a la niñez y a transformarlo en un derecho al ingreso garantizado para la seguridad social de los niños (incluye al Plan Hambre Cero, encaminado, entre otros aspectos, a bajar drásticamente el índice de mortalidad infantil); 3) el Plan de Incentivos al Empleo Joven, basado en otorgar incentivos a las empresas que contraten jóvenes; 4) el Plan Nacional de Formación de Ingenieros, orientado a formar recursos humanos para achicar la brecha tecnológica y mejorar la matriz productiva del país; 5) el Plan Ferroviario, que apunta a extender el servicio ferroviario nacional; 6) El Plan Medioambiental para el Desarrollo Sustentable, orientado a pasar del crecimiento al desarrollo sustentable, en el marco de una gestión ambiental que garantice un manejo inteligente los bienes naturales.
Por su parte, Eduardo Duhalde, ha propuesto en forma pública: el programa “Hambre cero” y la renta básica de ciudadanía; un aumento de la inversión en la prevención y represión del delito; una concepción integral de los derechos humanos de modo tal que se incluyan los derechos a la vida, a la salud, al privilegio de niños y ancianos; la lucha frontal contra los narcotraficantes y prevención de la drogodependencia; la recuperación del sistema federal de gobierno; garantizar el derecho al arraigo y a la tierra para la vivienda en todas las poblaciones del NEA y el NOA que no superen los 100.000 habitantes; poner los organismos de control del estado en manos de la oposición; crear las condiciones para producir un shock de inversión.
Por su parte, Hermes Binner ha presentado un plan integral de gobierno en base a 10 ejes, con propuestas específicas en cada uno: Alimentación, Salud, Educación, Vivienda; Trabajo Decente, Jubilación Digna, Seguridad, Justicia, Medio Ambiente Sustentable e Inserción de Argentina en el mundo.
Alberto Rodríguez Saá, también hizo público un pormenorizado Programa de Gobierno que incluye varias decenas de propuestas desglosadas en las siguientes áreas: Educación, Salud, Protección Social, Justicia, Seguridad, Política Fiscal, Integración Global, Transporte, Energía, Plan Nacional de Energía, que incluya las energías alternativas que cuidan el medioambiente, Desarrollo Sustentable, Jefatura de Gabinete, Decretos de Necesidad y Urgencia, Superpoderes, Auditoría General de La Nación, Consejo de la Magistratura, Defensorías del Pueblo, Corte Suprema de Justicia de la Nación, Federalismo Fiscal y Digesto Nacional.
Elisa Carrió y otros dirigentes de la Coalición Cívica también han presentado de modo público su Plan Integral de Gobierno que incluye: Desarrollo económico sostenible, Rol decisivo de las PyMEs, Desarrollo Social: Distribución del ingreso e igualdad de oportunidades, Políticas públicas que universalicen y garanticen el trabajo digno, Acceso a la vivienda y desarrollo territorial, Educación, Seguridad pública y ciudadana, Políticas penitenciarias y Derechos de las personas privadas de libertad, Salud, Ciencia, tecnología e innovación, Cultura, Deportes, Turismo, Política estratégica de Relaciones, Defensa, Inclusión y ciudadanía plenas, Política agropecuaria, Políticas de desarrollo pesquero marítimo, Energía, Minería, Políticas ambientales y territoriales, Política institucional, Política de medios y acceso a la información pública.
En el ámbito provincial, Francisco de Narváez ha presentado en forma pública varias decenas de propuestas concretas agrupadas en estas áreas: Educación, Salud, Trabajo, Vivienda, Seguridad, Política Social, Infraestructura, Medio Ambiente, Inflación, Federalismo

Reflexión final: ¿Cómo romper la inercia mental del votante?
La tesis de un mecanismo de inercia mental del votante aspira a describir y no a valorar ciertos aspectos de la psicología de los electores. Por supuesto, no se trata de cuestionar a ningún votante y menos de deslegitimar los resultados de la democracia. Simplemente se pretende arrojar alguna luz en la ardua empresa de la comprensión.
Tampoco se pretende ser indulgente con las miserias de la oposición, que quizás no sean pocas.
Pero, nada de lo anterior quita la pretensión de ecuanimidad.
Oportunamente, Lilita Carrió lo expresó con claridad. Palabras más, palabras menos, ello habría dicho: “Estamos tranquilos: dijimos lo que debíamos decir, denunciamos lo que debíamos denunciar, hicimos lo que teníamos que hacer, nos preparados con equipos y con ideas; ¿qué más podríamos hacer?”. Su catarsis anticipada dejaba entrever, a modo de consecuencia lógica, que si la gente no comprende, si no quiere escuchar, si no quiere votar por algo distinto; entonces, ¿qué más puede hacerse?”
Luego del fracaso de las primarias, la oposición no ha padecido una sino dos derrotas: primero, la de la urnas; luego, de ser ubicada en el lugar del escarnio reservado a quienes no habrían podido ni sabido. Paradójicamente es como si “la gente” hubiera decidido votar al oficialismo y, luego, le reprochara a la oposición su magro desempeño.
Sin duda, insistiré, hay mucho para cuestionar a la oposición. Pero, ¿No será demasiado?
Ciertamente siempre podría hacerse algo más de lo que se hizo. Siempre podría haberse aplicado mayor, fuerza, mayor inteligencia, mayor coraje, mayor convicción.
Tal vez el fracaso opositor, su capital pecado, sea no haber advertido que si se pretende ser un digno oponente del oficialismo eso significaba un fin extraordinario. Y los fines extraordinarios deben ir precedido por causas extraordinarias. Algo del orden de la epopeya.
Romper la inercia mental del votante sería lograr hacerse escuchar, penetrar la mente y el corazón del votante para que, verdaderamente, conceda una posibilidad. Para que, finalmente, pueda realizar el poco frecuente ejercicio consistente en imaginar “Bueno, a ver, vamos a pensar en serio, ¿qué pasaría si ese candidato —a quien descarto— por inercia, accediera al gobierno?, ¿Cómo sería entonces ese país, o esa provincia?
Si eso ocurriera, quien sabe si el resultado cambiaría. Tal vez sí, tal vez no.
Quizás a la oposición tampoco le alcance para torcer su destino. Pero un resultado basado en la mayor reflexión de más votantes, sin duda, sería mucho más justo que aquel determinado en parte por una simple inercia mental.

Los límites de la explicación política y la necesidad de traspasarlos (reflexiones luego de las elecciones primerias del 14 de agosto de 2011)

Pregunta inocente: “¿Me podría decir por qué votó la gente?
Interpretación literal: “¿Me podría decir por qué aproximadamente 20 millones de personas votaron cómo votaron?!!!!”
Imaginemos que habrá muchos votantes que pueden dar una respuesta contundente y taxativa sobre sus razones de voto. Pero también imaginemos que habrá muchas personas que no tendrán una respuesta sencilla, o que no sabrían bien qué responder, o que no responderían.
Si multiplicamos los últimos casos por una cantidad elevada de ciudadanos, apreciaremos con claridad el carácter desmesurado de ensayar una respuesta razonable a la inocente pregunta; ¿por qué votó la gente?
A pocos días de las elecciones primarias conjeturé sobre los límites de las explicaciones de los hechos políticos y sobre la necesidad de trasponerlos.
Referí a la tesis del escepticismo empírico de Nassim Taleb, que enfatiza la importancia del azar y, por ende, advierte sobre la tendencia a sobrevalorar las explicaciones racionales de los hechos sociales.
Aludí a una idea que alguna vez balbuceé (probablemente inspirada en algún texto de Sorokin) y que sostiene que la estructura de una sociedad es tan compleja que cualquier intento de comprensión produce una especie de “corto-circuito mental”, que desencadena algo análogo a la “invención” o “fabulación” de explicaciones. En tal sentido, toda explicación socio-política sería una inevitable mistificación de la compleja realidad social, que —en rigor— quizás sea un arcano insondable.
Insistí señalando una obviedad que, al formularla, ilustra sobre el real abismo de lo no explicable: no tenemos la máquina de leer con precisión el pensamiento y los sentimientos de las personas. Quizás tampoco quisiéramos jamás contar con semejante artilugio, aunque su realización fuera técnicamente posible. Además, ese terrible lector generaría tal maraña de informes que deberíamos tener otra tecnología fenomenalmente prodigiosa que interpretara esa inmensidad informativa y la tradujera sin pérdida en un texto sencillo e inteligible.
Señalé también que la pasión por explicar es una motivación tan irrenunciable que no podíamos sino sucumbir a la tentación de esbozar un vasto repertorio de razones para, en ese caso, explicar por qué Cristina Kirchner ganó del modo en que lo hizo.
Luego de aquella introducción esbocé 42 explicaciones conjeturales sobre las razones de aquel triunfo, cuya enumeración no es objeto del presente análisis.
¿Por qué votó la gente?, ¿Por qué Cristina ganó como ganó?
Preguntas simples. Preguntas difíciles. Respuestas conjeturales. Tan conjeturales como irrenunciables.

Algunas reflexiones antes de votar

Antes de las elecciones primarias escribí un aserie de reflexiones antes de votar. Hoy las vuelvo a publicar de modo ampliado.

Dentro de un mes tendremos que votar nuevamente. A diferencia de las primarias, esta vez nuestro voto resultará determinante.
La importancia del hecho justifica un llamado a la reflexión. Apenas se trata de una invitación al ejercicio del pensamiento. Si se prefiere: palabras al viento que quizás encuentren eco en alguien. Ojalá.
En principio, la propuesta es tan simple que parece una obviedad: cuando un candidato habla, hay que escuchar qué es lo que dice.
Más allá de cómo lo dice, de cómo gesticula, de su tono de voz. Simplemente analizar qué es lo que dice:
Atender a la densidad conceptual de lo que se dice. Cuántas son ideas. Cuántas son frases huecas. Cuántos slogans vacíos de contenido.
Cuántas auténticas ideas-fuerza. Cuántos golpes bajos.
Recomiendo el ejercicio. Yo lo hice. Quizás nos llevemos algunas sorpresas. Cuando uno se dispone realmente a escuchar muchas cosas son distintas a lo que parecen.
Y, cuando se escuchan ciertos discursos y se los compara con otros, no se comprende por qué las inteligencias de los candidatos/as a veces están tan poco alineadas con sus respectivas intenciones de voto.
Sería bueno que no votáramos a impostores/as ni a demagogos/as. Algunos candidatos/as lo son, otros/as no. Deberíamos evitar a los impostores/as disfrazados/as de corderitos salvadores.
Hay algunos/as candidatos/as de cuya honestidad no puede dudarse. Hay otros/as que generan serias sospechas.
Quizás valdría pensar quién es el candidato/a más impostor/a. Si inmediatamente se nos viene alguien a la mente, ¿Por qué votarlo/a entonces?
Quizás valdría el esfuerzo de pensar que pasaría el día después si ese candidato/a ganara. ¿Nos suenan familiares las palabras venganza o revancha?
¿Por qué votar entonces a alguien capaz de vengarse de alguien?
A veces se piensa a la política y a los/as políticos/as como entelequias que trascienden a los aspectos humanos básicos. Pero, vaya obviedad, los/las políticos/as son personas y, como tales, algunos/as son buenas personas; otro/as no.
¿Por qué votar por malas personas, cuando podemos hacerlo por buenas personas?
Seguramente la inteligencia es un valor. Pero, vaya obviedad, a veces está al servicio de causas innobles.
No estaría de más pensar en quienes aplican o aplicarían su inteligencia al servicio de causas nobles y quienes lo harían a causas innobles y/o egocéntricas. Políticos/as que aplican o aplicarían su inteligencia a la causa de sus egos o de acumular poder por el poder mismo.
Sería útil recordar que para algunos políticos/as primero están ellos mismos, segundo ellos, tercero ellos; finalmente quizás haya algún otro. Quizás.
Es tan tremendamente obvio saber quién es quién que no se comprende porque hay cosas que son cómo son.
Resultaría oportuno considerar que existen políticos/as que han construido fortalezas con una retahíla de palabras rimbombantes que no expresan nada.
¿Para qué votar entonces a esos encantadores/as de serpientes, embaucadores/as de verbo fácil y sustancia nula?
Antes de votar quizás valga la pena pensar en la diferencia entre las apariencias y la sustancia. Entre la imagen y la verdad. Entre el “chamuyo” estéril y el discurso conceptual.
¿No es acaso más que evidente la diferencia entre los/las políticos/as verseros/as y los/las creíbles?
¿Por qué extraño arcano hay tanta gente que se deja embaucar por políticos/as que no son más que charlatanes/as de feria. O por psicópatas disfrazados/as de salvadores/as?
Sería saludable desconfiar de políticos/as que se victimizan demasiado. De quienes hacen del golpe bajo un estilo de vida. De los lobos/as disfrazados de corderos/as.
Y también desconfiar de los políticos/as ego-maniacos/as, cuyo único vínculo verdadero es con el espejo.
Quizás nos suceda que tenemos que votar y nos asalten miedos de “lo que pueda pasar”. Pero seamos ecuánimes: las cosas preocupantes que puedan suceder, podrían ocurrir tanto si se cambian como si no se cambian las personas. ¿Por qué los miedos siempre deberían homologarse a los cambios y no a las permanencias?
Quizás un buen ejercicio radique en ordenar esos miedos para descubrir sus diferencias de magnitudes. Pensar con claridad a qué exactamente tememos cuando suponemos que podría ganar tal o cual candidato/a. Quizás nos sorprenda descubrir que, antes de reflexionar, creíamos temer a cosas que es difícil temer y, también, que no temíamos a cosas que si deberíamos temer.
Para finalizar: por supuesto, cada ciudadano es dueño de pensar o dejar de pensar sobre lo que se ocurra. Lo anterior no es sino una simple invitación a que, a la hora de votar, pensemos un poco más de lo que una especie de inercia mental nos impide hacer.
Cada uno sabrá de qué se trata.


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