Posts etiquetados como ‘fito paez’

Quien otorga, calla

La frase al derecho es: QUIEN CALLA, OTORGA.

Significa que si alguien hace algún comentario o tiene algún interrogante, y nos quedamos callados, en silencio, es como que estamos aceptando tácitamente lo que el otro ha dicho, le estamos dando la razón.
Creo que no es el único motivo del por qué a veces uno calla. A veces uno quisiera hablar, pero la prudencia nos aconseja no hacerlo, porque “la imprudencia es hija de la ignorancia”, dice otro dicho. Y el silencio muchas veces es el mejor maestro que hace dupla con el tiempo y todo lo acomoda.

Esta frase está bastante arraigada en nuestro accionar cotidiano.
Pero la que no está tan arraigada es la frase dada vuelta. Cómo sería?
EL QUE OTORGA, CALLA.

La frase así, dada vuelta, estaría significando todos aquellos actos de los que DAN en forma silenciosa. Puede ser una sonrisa, puede ser una palabra, puede ser un gesto, también objetos. En forma silenciosa no significa “no hablar”, sino no hacer alarde de lo que se está dando.
Una frase dice: “DAR PARA RECIBIR NO ES DAR SINO PEDIR”.

Se puede dar sin esperar reconocimiento?
Acaso el acto de dar no contiene en sí mismo y solapado el deseo de ser reconocido?

Una cosa es ser reconocido, elogiado, admirado, y otra es sentirse lleno y ancho porque lo que estamos dando produce felicidad en el otro. Ver felicidad en el otro es lo que nos produce felicidad. Si a eso lo llamamos “reconocimiento” estaría bien… porque sería tener la expectativa de que lo que estamos dando producirá felicidad en otro, y que en definitiva, ese es el verdadero objetivo del dar no?

Pero no solo debemos aprender a DAR, sino también a RECIBIR.

Dar nos colma porque uno siempre se atiborra, rebosa de aquello que ofrece o entrega.
Es una felicidad poder dar y es sabiduría saber dar en el momento justo, de la manera precisa y adecuada a quien realmente lo necesita y puede hacer un uso responsable y constructivo de aquello que se le entrega.

Solemos asociar la generosidad al hecho de dar, pero aún mayor es la que encierra el gesto de recibir: cuando permito que otro me dé, estoy permitiendo que goce con su ofrenda, que se realice en su ofrecimiento, que se llene de lo que me entrega.

Saber recibir es saber abrirse, tornarse disponible y receptivo.
Saber recibir es un movimiento especialmente hermoso en la coreografía de la humildad porque sólo los humildes saben recibir, agradeciendo.

Sabe recibir quien sabe agradecer.
Es desde este agradecimiento, que surge de sentirse regalado por la vida, que brota espontáneamente y de manera natural el deseo sincero de corresponder a tanta generosidad dando algo a cambio. (1)


(1) Extraído del libro de José María Toro “La sabiduría de vivir”)

A veces nos equivocamos. Creemos que estamos dando y en realidad solo estamos recibiendo.

También nos puede pasar que damos lo mejor a desconocidos y no le damos nada a los conocidos, o a aquellos con vínculos más cercanos.

Dar puede ser un “cómo estás hoy?” .

Dar es un acto trascendente.Es el hermano mayor de la EMPATÍA, por eso siempre es bueno que la lleve de la mano.

Al dar estamos saliendo de nosotros mismos para ver qué quiere el otro, qué necesita, qué lo haría feliz.

No hacerlo es un acto egoísta, sería (como me gusta decir) recorrer el propio ombligo y no salir de allí.

Se dice que los niños son egoístas porque siempre están buscando atención sobre sí mismos y porque siempre demandan… pero los niños saben dar. Los adultos-niños son los que no saben dar.


Encontré un poema de L. Longfellow que dice:

Disparé una flecha al aire,

y cayó, no supe donde.

Mi vista no podía

seguir su raudo vuelo.


Lancé al aire una canción,

y cayo, no supe donde.

¿Qué vista podría seguir

una canción por los aires?


Mucho después, en un roble,

encontré la flecha intacta;

y la canción, toda entera,

en el pecho de un amigo.


Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.